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CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 28 de agosto de 2019

 

Queridos amigos:

Espero que en este tiempo de vacaciones hayáis descansado, disfrutado y recargado pilas para comenzar el nuevo curso.

Yo vuelvo con vosotros para contaros cómo van las cosas por este rinconcito del mundo.

Después de mi última carta, tuvimos en junio la salida de fin de curso con los niños de La Escuelita. Como el año pasado fue muy buena la experiencia, este año repetimos y volvimos a ir a la playa. Todos iban emocionaditos: los que ya habían ido el curso pasado, porque sabían lo que iban a disfrutar, y los alumnos nuevos, por la gran expectativa que el acontecimiento suponía.

Efectivamente, fue un día estupendo. Para variar, no me dejaron salir del agua más que cinco minutos para comer, y todo el día tuve encima al menos dos o tres muchachos… A la vuelta todos preguntaban cuándo íbamos a volver, así que… ¡habrá que repetir!

Hace ya diez días que empezamos el nuevo curso. Afortunadamente, varios de los alumnos que teníamos el año pasado han conseguido inscripción en la escuela pública, con lo cual ya tienen la suerte de estar en el sistema, con la oportunidad que eso supone de poder seguir estudiando en el futuro.

No obstante, la mayoría de los que estaban continúan con nosotros, además de otros muchos nuevos que han venido a inscribirse. En total, por el momento, hay 78 inscritos entre los cuatro niveles. Todos ellos están muy contentos de iniciar el curso y poder asistir a “su Escuelita”. Ver su ilusión es algo que siempre me enternece y emociona. Por ello quiero agradecer una vez más a KORIMA por apoyar este proyecto tan generador de vida.

Aunque, además de a KORIMA, en esta ocasión quiero agradecer de manera especial el apoyo que han prestado dos personas. La primera de ellas es una de mis hermanas claretianas en Estados Unidos: Vivian. Cuando estuve allá en junio, volví a casa cargada con una maleta llena de materiales didácticos que generosamente donó su parroquia, gracias a su intervención. Por tanto, mi agradecimiento desde aquí una vez más.

La otra persona a la que quiero agradecer es mi amigo Ángel Luís Gómez, quien hace tiempo decidió donar a la Escuelita parte de los beneficios que obtuviera con la venta de un libro que publicó. Se llama “Un café en la ventana”. Si aún no lo habéis leído, os lo recomiendo encarecidamente.

Además de la actividad en la Escuelita, estos últimos días he tenido mucho movimiento con el proyecto Sin Papeles No Soy Nadie. Al haber estado un mes fuera, la gente me esperaba algo desesperada, tanto para declarar niños como para ir a sacarse su pasaporte o a recogerlo, según el caso. La buena noticia es que por fin han llegado todos los pasaportes antiguos de 80 dólares que se hicieron en el 2018 (excepto algunos, que son la excepción), así como los nuevos de 140 dólares que se empezaron a hacer en el mes de abril 2019.

Desde que cambiaron al personal de la embajada ya no me entregan a mí los pasaportes, sino que tengo que llevar a la gente para que lo reciban ellos directamente. Y eran tantos los pasaportes pendientes de recibir, que ahora cada semana no llevo una, sino dos guaguas cargadas de gente, por llevar a los que van a recoger y a los que van a hacérselo. Es una gozada verlos recibir sus ansiados documentos, especialmente a los que llevan esperando más de un año…

Por lo demás, en el batey hay en estos días un virus fuerte de gripe que está afectando a mucha gente, tanto mayores como niños. También hay algunos brotes de dengue. Y el calor es insoportable… ¡No hay manera de dejar de sudar aunque uno esté sin moverse!

Encima, a nosotras se nos estropeó el inversor la semana pasada, y hasta antes de ayer no me confirmó el técnico que no había nada que hacer y que había que comprar uno nuevo. Así que, durante casi una semana hemos estado como la mayoría de la gente del batey: alumbrándonos con velas por la noche, sin posibilidad de refrescarnos con un ventilador durante el rato que estamos en la capilla, esperando a que llegue la luz de la calle para poder imprimir, ver el correo, cargar el teléfono y el ordenador… pero bueno, ya está arreglado.

Ahora lo que me preocupa es la llegada de Dorian. Yo en este momento estoy en un avión, casi llegando a México, donde tengo una reunión. Así que esta vez me voy a perder… ¿la aventura? Por si no os han llegado las noticias, Dorian empezó como tormenta tropical la semana pasada, pero, a medida que ha ido avanzando, se ha convertido en huracán. Se prevé que esta noche entre en República Dominicana, después de pasar por Puerto Rico, y mañana azote con lluvia fuerte el país. Esperemos que los destrozos no sean demasiado graves, aunque, quién sabe, igual a última hora cambia la trayectoria y nos libramos…

Aparte de esto también me preocupa la situación de salud de algunas personas, que se encuentran bastante graves en este momento. La más conocida para quienes me seguís desde los comienzos es Odeta. Debido a unos dolores muy fuertes la llevamos al médico y, tras unos análisis y pruebas, nos derivaron al oncológico. No hace falta que diga más, ¿verdad? Ya os iré contando.

Bueno, pues eso es todo lo que os cuento por esta vez. De nuevo os deseo un buen comienzo de curso y mis mejores deseos para todo lo que cada uno estéis viviendo.

Un abrazo grande y hasta pronto,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

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DÍA MUNDIAL DEL REFUGIADO

20 de junio, Día Mundial del Refugiado
Hay muchos signos de esperanza: Pongamos en el centro la realidad de los migrantes y refugiados

Madrid, 19 de mayo de 2019.- En el Día Mundial del Refugiado, la Red Migrantes con Derechos –
integrada por la Comisión Episcopal de Migraciones, Cáritas, CONFER y Justicia y Paz— insta a los
líderes españoles y mundiales a fortalecer el compromiso con la realidad de las personas refugiadas y
migrantes, y a generar mecanismos de protección y de acogida desde la solidaridad y la hospitalidad.
En el mundo, hay más de 1.000 millones de personas que están en movimiento. De ellas, 70 millones
han tenido que abandonar sus hogares debido a situaciones de violencia, guerras o desplazamiento.
Muchas de ellas se incorporan a caravanas migrantes que cruzan fronteras a través de rutas que
recorren miles de kilómetros en condiciones inseguras y de extrema vulnerabilidad, y se convierten
en objetivo de las redes de tráfico y trata de personas.
Junto a estas situaciones de movilidad humana, asistimos en toda Europa, en un contexto de políticas
migratorias cada vez más estrictas y de mayor represión contra la migración irregular, a una
criminalización de los defensores de los derechos humanos y de aquellos ciudadanos particulares,
comunidades y organizaciones que tienden su mano a estos refugiados y migrantes.
Mientras avanza este cierre de “puertas” y puertos, y se repite el bloqueo de barcos humanitarios,
desde nuestras organizaciones somos testigos de la tendencia creciente a obstaculizar y estigmatizar
la asistencia humanitaria que las redes de ayuda y los voluntarios brindan a los migrantes en peligro.
Hay sobrados ejemplos de ello, que incluyen casos de procesamiento de miembros de organizaciones
no gubernamentales por haber impulsado operaciones de búsqueda y rescate en las aguas del
Mediterráneo.


Este ambiente hostil, al que no son ajenos determinados discursos políticos, genera un efecto
paralizante en la solidaridad y alimenta aún más los relatos tóxicos y negativos sobre la migración.
Más allá del impacto negativo directo que esto tiene en las vidas de los migrantes y refugiados, la
criminalización de la solidaridad también es peligrosa para la democracia, ya que erosiona la cohesión
social y amenaza a nuestra humanidad.
Recordamos el aliento del Papa Francisco que nos anima a tender puentes, a crear una cultura del
encuentro y a abrir nuestra puerta a aquellas personas que están en el camino, que se encuentran en
mayor vulnerabilidad, porque, como bien lo expresa en su mensaje para la Jornada Mundial del
Migrante y Refugiado, “la presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las
personas vulnerables, representan hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones
esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de
adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades”.
La Red Migrantes con Derechos –que integra a más de 400 instituciones, delegaciones y comunidades
de todo el país, y moviliza a más de 90.000 personas, entre voluntarios y profesionales contratados–
ha acompañado en este último año a cerca de 3 millones de personas en situación de vulnerabilidad
social. Desde esta realidad, queremos poner en valor el compromiso solidario y fraterno que tantos
ciudadanos y colectivos brindan a nuestra sociedad para construir entre todos un futuro en esperanza.
“Estoy intentando regalar lo que otras personas me han entregado”. Estas palabras de Dooa Sharif,
una joven voluntaria siria de una de las instituciones de la Red Migrantes con Derechos que llegó a
España como refugiada y presta apoyo ahora en un programa de acogida, son ejemplo del testimonio
de muchas personas que construyen nuestras sociedades desde los valores de la solidaridad con sus
convecinos y convecinas, especialmente con aquellas personas que se han visto forzadas a dejar sus
hogares.
En este Día Mundial del Refugiado, la Red Migrantes con Derechos lanza un llamamiento a los
responsables políticos y a la ciudadanía para que actúen contra toda criminalización del apoyo
humanitario proporcionado a los migrantes y refugiados, defiendan los derechos de las personas
migrantes y refugiadas, e impulsen sociedades acogedoras donde la solidaridad, el encuentro, la
convivencia y el respeto estén en el centro de las políticas y de la agenda social. Hay muchos signos
de esperanza y desde ellos queremos construir futuro.

Accede al documento completo: Nota MigrantesConDerechos Día del Refugiado 19,06.2019

ENCUENTRO DE FORMACIÓN DE VOLUNTARIADO

ATRÉVETE A SALTAR…

Bajo este lema estamos celebrando en el colegio María Inmaculada de Carcaixent un encuentro, dirigido por Luis Rodríguez, de formación con los chicos y chicas voluntarios que han participado en la experiencia solidaria en Níjar.

Saltar hacia dentro, para cambiar cada uno y cambiar el mundo: este es el eje a partir del cual los chicos están reflexionando en esta jornada.

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 31 de mayo de 2019

Queridos amigos:

Mis mejores deseos en este último día de mayo, fiesta de la Visitación de María, y día de la Vocación Claretiana dentro de nuestra congregación. Muchas felicidades a todas y cada una de mis hermanas, que compartimos este carisma misionero tan bello dentro de la Iglesia.

Las últimas semanas han estado tan cargadas de actividades que casi no sé por dónde empezar. Aunque… ¡sí! Ya sé, ¡empezaremos por las buenas noticias!

Una de las grandes novedades que tenemos es que, por fin, no solo han vuelto a hacer pasaportes en la embajada de Haití, sino que, después de más de un año, han llegado los que se hicieron entre los meses de marzo a julio de 2018, ¡todos juntos!

Respecto a los nuevos pasaportes que se están haciendo, lamentablemente, casi han doblado su precio, puesto que antes costaban 80 dólares y ahora cuestan 140. La ventaja es que antes duraban 5 años y ahora duran 10. Pero el cambio de precio hace que sean aún menos accesibles para la mayoría de la gente.

En cuanto a los pasaportes que han llegado, hasta ahora siempre me los habían entregado a mí, para que yo los repartiera sin necesidad de tener que llevar a la gente a la embajada. Sin embargo, quienes dirigen ahora la embajada han cambiado las normas y obligan a que vaya cada dueño a recoger sus documentos. Por tanto, en menos de 6 días me he visto obligada a llevar cuatro guaguas cargadas de personas para recoger sus pasaportes. No os podéis imaginar lo felices que estaban… después de tanto tiempo de espera… muchos de ellos han perdido sus trabajos en el último año, o no han podido ir a visitar a sus padres enfermos en Haití, a causa de no tener el pasaporte.

Además, los de Migración tienen bien cargadas las pilas y últimamente han hecho muchos estragos en todas partes, también en nuestro batey. Son muchas las personas que en este mes han venido a contarme que fueron agarrados por los de Migración y llevados a Haití, ellos o alguno de sus familiares. Algunos, incluso, más de una vez. Y son muchas las penurias que pasan para poder volver, no solo porque se los llevan con lo puesto, sino porque el camino de vuelta para los ilegales pasa por montes peligrosos en todos los sentidos.

Otra buena noticia dentro del proyecto “Sin Papeles No Soy Nadie” es que, como os decía en mi última carta, fui a ver al jefe de los alcaldes de la zona, para ver si se podía solucionar el tema de las declaraciones de niños que nacieron en la casa con una comadrona. La verdad es que yo iba dispuesta a todo, incluso a acusarlo de abuso de poder en caso de que fuera necesario, pero, afortunadamente, no hizo falta. El señor mostró buena disposición a colaborar y me dijo que iba a convocar una reunión con todos los alcaldes de la zona en la semana siguiente. Pasada la semana, tuve que recordárselo, pero efectivamente la convocó y nos reunimos en la oficina donde atiendo a la gente. Hubo muy buen ambiente entre todos y nos pusimos de acuerdo en cómo íbamos a ir llevando el tema. Realmente esto es un gran paso…

Por la parte del proyecto “Son Nuestros Hermanos”, puedo contaros que el pequeño Wander sigue recuperándose de sus quemaduras, aunque aún no ha podido ser operado por una infección que tiene.

Además de las ayudas ordinarias, hemos dado también otras ayudas importantes a personas que tienen cáncer y a gente que ha tenido accidentes de tráfico, como es el caso del joven Destiné, quien hace unos meses fue atropellado por un camión y sufrió una rotura de los huesos de la pierna. Después de varios meses de espera, por fin esta semana lo han operado. Me pidió que agradeciera a los donantes de KORIMA la ayuda recibida. Sin ella no hubiera podido operarse. Al mismo tiempo, os pide oración para el proceso de recuperación, que es igual de importante que la operación en sí.

En este proyecto, sabéis que además de a los enfermos atendemos a los envejecientes. Quienes me seguís desde el principio recordaréis a Elodia, mi querida viejita ciega a la que estuve cuidando y bañando casi diariamente durante mis primeros años en Santo Domingo. Con gran dolor de mi corazón, llegó un momento en el que se la llevaron a vivir a una zona bastante alejada, y eso hace que ya no pueda visitarla con tanta frecuencia como antes porque, solo para llegar donde vive, necesito caminar durante una hora. Pero me prometí a mí misma que no iba a dejar que pasara más tiempo sin ir a verla y el Viernes Santo, al terminar los oficios, me encaminé hacia allá. Llegué silenciosa, como siempre, sin decir nada empecé a darle besos en la frente, como siempre he hecho al llegar, y al darse ella cuenta de que era yo empezó a gritar “Luna, Luna, ¿eres tú?, ¡Mi luna!”. Creo que en alguna carta ya os conté que ella me pidió permiso hace años para ponerme ese apodo porque, en su interior, ella me ve como una luna. Lógicamente le dije que sí, que podía llamarme como ella quisiera y, desde entonces, ese es mi “apodo haitiano”. El caso es que echamos un ratito muy agradable, compartiendo lo de cada una y preguntándome ella por cada una de las personas que ha conocido estando conmigo, bien en persona, como es el caso de los diferentes voluntarios que han pasado por aquí, o por oídas, como es el caso de cada uno de los miembros de mi familia. Ver, no ve, pero la memoria la tiene estupenda porque, después de tantos años, sigue recordando el nombre de todos: Mariela, Paco, Francisco, Jesús, David, Patricia, Nidia, Mercedes, Antonio, Jose, Fermín, diferentes doctoras que la han visto y resto de voluntarios. Todos los nombres están en sus labios cada día porque ora por todos…

Por la parte de la Escuelita, la semana pasada tuvimos la celebración del día de las madres. Aquí se celebra el último domingo de mayo, por lo que nosotros las homenajeamos el viernes anterior. Cada curso preparó algo, un baile, una poesía, un canto, un pequeño regalito… y luego les dimos un trozo de tarta y refresco.

Con esto, el curso va ya casi llegando a su fin. La próxima semana tendrán sus exámenes, luego entrega de notas a los padres el día 14 y salida de fin de curso el viernes 21 de junio. Este año repetiremos la experiencia del año pasado e iremos a la playa. Confío que disfruten mucho. Para la mayoría de los alumnos que han entrado este año será la primera vez que vayan a la playa…

Por lo demás, en este tiempo he seguido con las actividades vocacionales, he participado en un encuentro de Familia Claretiana en República Dominicana, hemos tenido ordenación diaconal de un hermano claretiano, he empezado a dar un taller de Liturgia en la capilla… en fin, muchas cositas que hacen que ningún día sea igual a otro.

Ahora pasaré un tiempito fuera del batey, las primeras semanas por cuestiones congregacionales, y después porque me toca visitar a mi familia. Así que, con esta carta, me despido hasta el mes de agosto, en que volveré para seguir contándoos las novedades que haya.

Os deseo a todos unas felices vacaciones, con la posibilidad de tener el merecido descanso. Sigamos acogiendo la vida, tal como nos va viniendo, descubriendo la presencia de Dios en todo, especialmente en lo pequeño, en lo vulnerable, en lo frágil…

Un abrazo para cada uno, mi cariño y mi oración.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

BOLETÍN INFORMATIVO 38

Ya puedes leer nuestro último boletín informativo, donde recogemos las actividades más relevantes del último trimestre. Pincha aquí.

Testimonio Níjar – Colegio Mater de Madrid

“Sueña”. Qué bonitas palabras me decía mi abuela de pequeño, y yo, siempre el oído bien abierto le respondía: “mi sueño es ser futbolista”. Hoy lo pienso y se me ponen los pelos de punta.

Hace unos años teníamos unos sueños y unas aspiraciones para el futuro, y generalmente estos iban cambiando cada semana en función de la película que veía en el cine: un día policía, al otro militar, un gran empresario…En cambio, para mí el futbol-sala no ha sido fruto de la ciencia ficción, sino de la dedicación y ambición, y este se va incrementando con el paso del tiempo. Ese era mi gran sueño.

Y sí, digo era, porque hace un par de semanas he vivido una experiencia inolvidable que me ha hecho cambiar de opinión sobre el ámbito de los sueños y las metas, y ahora os explicaré por qué. Hace unos días estuve en San Isidro de Níjar (Almería) con el resto de mis compañeros de una actividad de voluntariado, y conocimos personas inmigrantes que de verdad nos tocaron el corazón. Nos contaron como habían llegado a España y la infinidad de adversidades que habían sufrido; algunos de ellos perdieron la familia y muchos estuvieron a punto de quedarse en el intento de entrar en el país; pero lo que más nos llamó la atención fue la sonrisa con la que siempre nos recibían y la ilusión que le ponen a todo.

Conocimos un chico que trabajaban en los almacenes y no tenía familia ni amigos; y apenas recibía un sueldo que era incapaz de cubrir sus necesidades básicas; en cambio, nos contó que lucharía por cumplir su sueño: ser carpintero en una gran ciudad.

Este tipo de vivencias me han hecho darme cuenta de que muchas veces somos unos inconscientes porque no valoramos las cosas que tenemos; empezando por la familia o la educación, y que damos por hecho bienes materiales que a otras personas les puede constar una vida entera trabajando para conseguirlos. Ellos tienen los mismos sueños que nosotros; pero posiblemente tengan el triple de dificultades para conseguirlos, ya que definitivamente lo único que nos diferencia de ellos es el país donde nacemos, únicamente eso.

Posiblemente, si hoy me preguntaran cual es mi sueño, me costaría más esfuerzo responder, no me expresaría con exactitud; pero este se basaría en asegurar un futuro feliz para todas las personas y que no tengan que vivir lo que han vivido esas personas que he conocido, al igual que otros millones de anónimos que sufren en silencio. Mis metas como futbolista o mis miedos en los estudios no merecen ni la décima parte de atención que esas personas. Como dijo un compañero mío: “y luego soy tan ingenuo de tenerle miedo a un examen, y en cambio estas personas han tenido que pasar semanas en la calle sin comida ni techo…¡Cuánta razón tiene!

A partir de ahora voy a empezar a contarle a la gente la experiencia que he vivido y les plantearé una pregunta muy directa: ¿Si ellos luchan por sus sueños, por qué no tú?

Jaime

EXPERIENCIA SOLIDARIA NÍJAR 2019 – TESTIMONIOS

Los alumnos de 1º de Bachillerato del colegio María Inmaculada de Carcaixent nos dejan sus testimonios de la experiencia vivida en Níjar.

Nijar… Creo que una buena definición para esta experiencia seria “inexplicable”. Necesitas vivirla porque sobre todo es una experiencia a nivel personal, y un muy buen momento para convivir tanto con compañeros como profesores.

Desde que subí a la furgoneta note que este “viaje” iba a ser distinto, pero supongo que eso dependerá de los compañeros y profesores que te acompañen. En mi caso ha sido una oportunidad para conocernos mejor, aprender que los profesores pueden llegar a ser uno más en nuestras conversaciones haciendo la cena, en el coche o minutos antes de dormir y aprender a convivir con gente diferente a ti pero con un mismo objetivo: hacer que la experiencia sea lo más enriquecedora posible y que todos estemos a gusto.

Al llegar a Níjar conoces a las hermanas mercedarias que, a pesar de la avanzada edad de algunas, transmiten más vitalidad que cualquiera de nosotros y empiezas a hacerte la idea de que van a ser unos días intensos pero con un sentido pleno y, lo más importante, con recompensa moral.

Una vez pasado el primer día, sobre todo cuando estaba intentando dormir, echaba la vista atrás y pensaba en todo lo que había hecho en el día. No había día en el que no me hubiera sentido útil y a la vez egoísta: útil porque te das cuenta que estés haciendo bolsas de comida, de ropa, dando clases de español o simplemente hablando con uno de los inmigrantes has aportado tu granito de arena, les has ayudado a sacar una sonrisa, pero el pensamiento que más abundaba en mi cabeza era que egoísta soy. Cuando te ves rodeado de tanta miseria y de tantos problemas cuya solución está todavía muy muy lejos, recuerdas las tonterías de las que te quejas o haces mala cara a la gente de tu alrededor. Por ejemplo, cuando estaba haciendo bolsas de comida pensaba en cuando no me gusta algo de comer o no me apetece y no acabo el plato o lo tiro. La realidad de estas personas es que van a tener que comer alubias, arroz o pasta aunque no les guste, porque no hay más, es lo único que pueden comer gracias a las hermanas.

Aprendes a valorar cosas que no se valoran normalmente, por ejemplo poder asistir a la escuela, tener ropa con la que vestirte o tener una casa en condiciones. Pero todas estas cosas son materiales, lo que de verdad importa es llegar a enseñarte a valorar cosas que van más allá: por ejemplo tener a la familia y a los amigos cerca para poder contarles tus días buenos y los no tan buenos, poder tener una seguridad de que la familia que está contigo va a estar bien y no durmiendo en medio de la nada bajo cuatro plásticos. A pesar de todos estos problemas todos te recibirán con una gran sonrisa y aprenderás más de ellos que ellos de ti.

Carla


Nada más llegar, la pobreza y las malas condiciones de vida se hacen obvias. Es suficiente con mirar a través de la ventana del coche en las inmediaciones de San Isidro, donde se encuentran los asentamientos, para crear una primera impresión de la pobreza y la necesidad con la que viven la inmensa mayoría de los inmigrantes allí. Es en ese momento cuando te das cuenta de que ninguno de los que vais allí vais a salvar el mundo, y mucho menos en cuatro días, pero que, en realidad, toda ayuda es poca y sobre todo necesaria.

A lo largo del viaje hubo detalles que fueron cambiando mi mentalidad poco a poco y es que los inmigrantes que habitan aquí se ven a ellos mismos de una forma totalmente diferente de la imagen de ellos que nosotros tenemos en mente. Y es por esto que en vez de un pueblo gris y afligido por una gran contrariedad como la pobreza y la falta de recursos, nos encontramos con un pueblo trabajador, hospitalario, con una mentalidad de grupo inquebrantable, con una sonrisa que no se desvanece ni al contar todas las tragedias que han pasado y con unas ganas enormes de aprender y crecer anteponiendo siempre las necesidades y el bienestar de los demás a las suyas.

El primer día, en el taller de español conocí a Moussa y lo invité a que viniera a cenar junto con su amigo Keita. Una vez en la mesa, vi un poco intranquilo a Moussa y le pregunté por qué no comía nada, entonces, en voz baja, me respondió que él no había hecho nada para ganar esa comida y que por tanto no la merecía. Los dos últimos días, estuvo con nosotros Qüesi el cual fue seguramente el que más nos marcó a todos ya que además de su apasionante historia de cómo había dejado a su madre y sus hermanos con tan solo 10 años para poder ganar más dinero y enviárselo para que tuvieran una mejor vida, nos contó la historia de cómo había perdido la movilidad en uno de sus brazos pero nos dimos cuenta de que ni esto ni la pobreza en la que vivía le impedía ser feliz y sobre todo más agradecido que todos nosotros juntos. Es por esto que el último día que nos acompañó nos regaló una bolsa con comida equivalente a su sueldo de un día y nos agradeció muchísimo uno por uno las dos comidas que había hecho en nuestra casa pero sobre todo el tiempo que habíamos pasado con él. ¡Qué belleza de persona! Además de esto el ambiente de grupo, el buen rollo y la buena convivencia por parte de todos los compañeros y profesores fue una de las cosas que marcó la diferencia para que esta experiencia pasara de ser una buena experiencia a una experiencia espectacular e inolvidable en cualquier aspecto.

Una vez pasada esta experiencia ya habiendo reflexionado en casa, llegué a la conclusión de que como dijo Juanjo y nunca voy a olvidar: NO hicimos una obra caritativa, hicimos una obra de ayuda entre iguales. Y después de todo lo que he vivido en este poco tiempo lo he entendido, obviamente nosotros ayudamos proporcionándoles algunos recursos básicos y nuestro tiempo pero ellos nos ayudan con algo mucho más valioso, transmitiéndonos sus historias de superación y de forma real y espontánea esos valores tan necesarios en nuestra sociedad y que ellos tienen tatuados a fuego en su código de conducta en su día a día.

Iago


A lo largo de nuestra vida, vivimos diferentes experiencias. Níjar ha sido una de estas. Recuerdo lo ilusionada que estaba por ir así como también recuerdo lo abismada que estuve los días posteriores a la experiencia, la cual calificaría como una de las más enriquecedoras de mi vida.

En primer lugar, quiero resaltar lo que ha significado para mí estar con personas que lo han dado todo y lo siguen dando para poder vivir de una manera digna. Han dejado atrás sus familias, sus casas, sus idiomas y sus culturas, entre muchísimos otros objetos y valores, para llegar a España. Me asombra el coraje de estas personas por el hecho de poner su vida en juego. Sin embargo, muchos de ellos viven en condiciones infrahumanas y son explotados en sus trabajos.

De igual modo, esta experiencia me ha evocado una serie reflexiones que hacen que me plantee qué es lo que yo he hecho para merecer la vida que vivo. ¿Por qué yo puedo vivir en una casa y comer todos los días y ellos no? Encontrar respuestas a estas preguntas me parece una labor muy complicada. De hecho, no creo que haya una justificación que explique tal desigualdad. Nadie se merece dormir en la calle o no comer durante varios días.

Por otro lado, quiero comentar que uno de los problemas que más me ha preocupado ha sido el hecho de que los inmigrantes no sean tratados como personas en muchas ocasiones. Cuando hemos estado con ellos en la escuela o en la casa, nos hemos dado cuenta de que, además de tener necesidades básicas como alimentarse o vestirse, necesitan ser aceptados y tratados como personas, ni más ni menos. Estoy segura de que hacer que un inmigrante se sienta integrado, aunque sea durante un corto periodo de tiempo, es algo que está en nuestras manos. Nosotros debemos ser capaces de escucharlos y de hablarles con total naturalidad y de la misma manera que conversaríamos con un compañero de clase o con un amigo.

Sin duda alguna, Níjar ha sido una experiencia de la que he aprendido muchísimo. Además, me ha incitado a una serie de reflexiones y me ha despertado unos sentimientos que no los he pasado por alto, sino que he profundizado en ellos. Sé que yo no voy a poder cambiar la triste realidad de tanta gente pero sé que debo y, sobre todo, quiero aportar todo aquello que esté en mis manos para contribuir a la lucha por un mundo justo e igualitario.

Inma


Cuando nos plantearon la idea de ir a Níjar dije “¿Por qué no?” Así que sin dudarlo me apunté, total así vivía algo distinto y pasaba más tiempo con mis amigos.

Ahora que ya ha acabado puedo asegurar que no es para nada como me lo esperaba. Una cosa de las que he estado pensando mucho es en la ignorancia, y es que hasta que no chocas con una realidad así no te das cuenta de lo que realmente está pasando.

Durante estos cinco días hemos conocido a gente con historias realmente duras, de esas que salen en la tele y dices “pobrecitos”, pero a día de hoy puedo decir que cambia mucho de verlo en una pantalla a que te lo cuenten en persona y, sin embargo, siempre estaban todos sonriendo y dando gracias por lo que tenían. Se les veía felices y para eso no tenían la necesidad de tener miles de cosas.

Sinceramente, más que ayudarlos siento que han sido ellos los que me han aportado a mí una mirada mucho más amplia del mundo, cosa que me ha marcado mucho.

Además, gracias a la convivencia del grupo, hemos cogido mucha más confianza entre todos nosotros, nos hemos reído, hemos llorado y hemos compartido momentos que nunca olvidaremos y eso, sin duda, ha sido de lo mejor de la experiencia.

Así que sí, sin dudarlo repetiría este viaje una y otra vez y creo que todo el mundo debería de hacerlo por lo menos una vez en su vida.

Por último quiero dar las gracias a todas y cada una de las personas que han formado parte de esto, ojalá repetir todos juntos.

Nuria


Siempre me ha gustado ayudar a los demás en todo lo que podía y más. De hecho, desde tercero de la ESO llevo idealizando esta experiencia y es que Níjar ha superado con creces mis expectativas, y además es un pueblo donde se mezclan todas las formas de ser de una persona. Por un lado, se encuentra la vanidad y el egoísmo de las personas, por otro la supervivencia y la guerra constante por hacerse un hueco en la sociedad. Por último, la bondad y la caridad de aquellas personas que socorren a las personas pertenecientes al segundo grupo.

Ya hace un mes que volvimos de Níjar y sigo pensando en qué puede llevar a una persona a tomar decisiones tan locas como para arriesgarse a perder la vida. Tampoco entiendo cuán vacío puede estar un corazón para ignorar a un ser humano con necesidades tan básicas como comer. Cuando llegamos a San Isidro de Níjar era de noche y por tanto no pudimos observar con todo detalle la realidad que allí existe día a día. Pasaron los días y tuvimos la oportunidad y el privilegio de escuchar historias tan impactantes como la de aquellas personas que por aquella casa pasaron durante los días que nosotros allí estábamos.

Tengo que decir que las cosas que vi allí me han ayudado a abrir los ojos. He aprendido a saber qué está bien y que está mal. Muchas veces regresábamos a la casa con dolor de cabeza, de espalda e incluso de pies, pero, en cuanto alguien necesitaba de nuestra ayuda, automáticamente dejábamos de lado el cansancio y ayudábamos en cuanto podíamos al compañero, así que en ese aspecto también hemos mejorado mucho a nivel de confianza grupal.

Realmente, ha sido una experiencia muy enriquecedora y por tanto totalmente recomendable a todos aquellos que tengan el afán de ayudar a los demás. Cuando llegamos a aquel pueblo, llegamos todos con la predisposición de ayudar a aquellos que lo necesitan, pero lo que menos esperas es volver con la cabeza llena de ideas buenas para ayudar a los demás y con el corazón casi más lleno de amor que cuando ingresamos en Níjar. Aquellas personas a las que ayudamos nos demostraban el amor y, pese a no compartir ni siquiera el mismo idioma, eran capaces de traspasar esa barrera y demostrar su amor y gratitud que tenían para con nosotros. Y, sinceramente, creo que en pocas ocasiones he sentido tanto amor y cariño sincero como cuando te agradecían aquello que nosotros, por muy insignificante que fuese, hacíamos.

Creo que no me equivoco si digo que allí aprendimos mucho más de la vida que en todos los años que llevamos viviendo. Al haber tenido la oportunidad de ir a este municipio hemos podido comprobar que pese a estar en un país desarrollado, hemos olvidado que los necesitados cada vez lo son más. Ya tienen suficientes barreras en la vida como para que nosotros y nuestra indiferencia sea una más de ellas, por tanto, me comprometo a hacer en lo posible un poquito la vida más fácil a los demás.

Por último, quería añadir, que al regresar de Níjar y pensar en frío sobre todas aquellas cosas que habíamos visto y vivido, me llevo a encontrar varias conclusiones, las cuales compartiré a continuación. La primera es que la avaricia transforma el corazón del ser humano haciéndolas explotadoras de aquellas personas necesitadas. La segunda es que cuando las personas sufren el corazón tiene dos opciones, o se hiela o, por lo contrario, se convierte en bondadoso. Me alegra ver que la mayoría pertenece al segundo grupo. La tercera es que muchas veces la ignorancia mata a las personas. La cuarta es que sigo preguntándome cómo los ayuntamientos permiten este tipo de vida infrahumana y no ayudan a estos inmigrantes. Y la última, y para mí la más importante, es que la justicia no existe y que encima es injusta.

No obstante, me gustaría concluir diciendo que esta ha sido sin duda la mejor experiencia de mi vida hasta el momento, ya que como he dicho antes tengo 17 años y mucho no he vivido. También quiero dar las gracias a todos aquellos que habéis hecho posible esta experiencia.

Paula