BOLETÍN INFORMATIVO Nº 33

 

Boletín en formato pdf. BOLETÍN 33

Boletín en formato digital.

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 2 de junio de 2017

 

Queridos todos:

Espero que os encontréis bien y que hayáis tenido un buen mes de mayo. El mío ha sido muy movidito, tanto a nivel de escuela, como de pastoral vocacional y de los proyectos.

En la pastoral vocacional hemos tenido varias actividades. Una de ellas es el Telar mensual que tenemos en casa, el cual se va poco a poco consolidando aunque siguen apareciendo gentecilla nueva que se va enterando. Hay muy buen ambiente y los chicos se lo toman suficientemente en serio. También a mediados de mes viajamos Aurimar y yo al norte del país con los claretianos, y tuvimos un encuentro al que asistieron 70 jóvenes.

Es algo que queremos continuar el próximo año. Y, por último, hemos montado también un Talent Show con motivo del Día de la Vocación Claretiana que las misioneras claretianas celebramos el 31 de mayo, y del cual os hablaré más tarde.

En la escuela, aparte de la Eucaristía de Pascua, hemos organizado varias actividades de Pastoral. Para empezar, como el 1 de mayo es el día del trabajo, montamos una mesa redonda a la que invitamos a participar a cinco trabajadores de diferentes profesiones: un contable, un chófer de guagua, un ingeniero, una persona de las que limpian la escuela y otra de las que se dedican a hacer frituras y venderlas en la calle. El objetivo era doble: por una parte, resaltar la importancia que tiene el trabajo en nuestras vidas y, por otra, dejar claro que todos los trabajos tienen la misma dignidad y son igualmente importantes. Tuvimos muchos inconvenientes porque a última hora me fallaron dos de los que tenía seleccionados y tuve que salir a la calle a buscar otros dos sobre la marcha… el micrófono de la escuela no funcionaba bien… y por si fuera poco, de pronto se puso a llover a cántaros y el ruido que hacía la lluvia sobre la uralita del techo era en algunos momentos francamente ensordecedor… pero la realidad es que la experiencia fue muy buena. Los participantes lo hicieron muy bien y los alumnos les hicieron preguntas bien profundas. Algunos de ellos, cuyos padres se dedican a trabajos no muy reconocidos, me contaron al día siguiente que les había gustado mucho y les había servido para valorar más a sus padres y aquello a lo que se dedican, a pesar de las burlas que suelen recibir por parte de otros compañeros.

Otra cosa que hemos realizado es una actividad de prevención sexual para los alumnos de 3º a 8º. Realmente la primera idea estaba pensada para 6º a 8º, pero en los cursos pequeños se están dando tantos problemas relacionados con este tema, que las mismas maestras pidieron que también se les ofreciera a ellos. Vinieron a dirigir la actividad dos de las chicas que trabajan en Fe y Alegría, a la cual pertenece nuestra escuela, y lo hicieron muy bien. Su estilo sencillo y cercano hizo que los alumnos se sintieran cómodos para contar todo lo que viven en su ambiente. Es difícil contar por este medio algunas cosas de lo que allí se oyó, pero os aseguro que escuchar a niños de 8 años hablar de abusos, violaciones e incluso muertes con tanta naturalidad, pone los pelos de punta a cualquiera. Con semejante escenario violento, es fácil de entender muchos de sus comportamientos… y un gran reto el que tenemos por delante como escuela.

Por otra parte, el pasado domingo llegó un grupo de voluntarios de Puerto Rico para hacer una experiencia misionera de una semana. Son profesores de una academia bilingüe y querían conocer esta realidad. Organizamos un plan de actividades de tal manera que pudieran estar por las mañanas en las Clases de Alfabetización y por las tardes en la Escuela. Así, han ofrecido diferentes talleres, cada uno de su especialidad pero combinados entre sí, mediante los cuales los niños y adolescentes han disfrutado al tiempo que han aprendido. Y para terminar, hoy nos han ayudado en la organización del “Talent Show” del que os hablé al principio, en el que, quien ha querido, ha mostrado sus talentos. Una manera de potenciar las cualidades y talentos de nuestros alumnos, muchas de ellas desconocidas. En fin, como veis, muchas cositas, y todas buenas.

En cuanto a la parte de los proyectos, las Clases de Alfabetización están ya casi a punto de terminar. Aún falta un par de semanas, pero hay que ir pensando en los exámenes finales… Los chicos han disfrutado mucho con las actividades organizadas por los voluntarios, y estos a su vez han alucinado con la capacidad que tienen muchos de los niños, sus ganas de aprender y lo mucho que valoran y agradecen lo que se les ofrece. Terminaremos el curso con una fiestecita de despedida en la que habrá juegos y merienda.

Los enfermos siguen con sus achaques y sus penas. Quienes más me preocupan ahora son dos personas. El primero, un chico joven del que os hablé hace ya un par de años o tres, que lo conocí porque la gente del batey me dijo que estaba muy mal. Cuando lo encontré lo convencí para llevarlo a hacerse análisis y ahí descubrimos que tenía VIH. Su madre había muerto tres años antes de eso y su padre también lo padece. Entró en el Plan de Salud Integral y durante todo este tiempo lo hemos estado ayudando con comida, medicinas y análisis médicos. Durante un tiempo se mejoró, incluso engordó, pero lleva ya un año con diarreas continuas y cada vez está peor. Últimamente ha tenido que ir varias veces al hospital, cuando ya se veía sin fuerzas, pero lo único que allí le hacen es tenerlo unas horas con suero y mandarlo a su casa. Hace un par de semanas, por fin, lo internaron varios días. Pero tampoco ha servido de mucho. No sé cuánto aguantará.

La segunda persona que más me preocupa es Luciana, una viejita de la que también creo que os he hablado alguna vez. Ella tiene muchos dolores que ya no tienen remedio, pero hará cosa de un mes tuvo que ir al médico por una infección vaginal. Lo que le recetaron era muy bueno y le aseguré que con eso se pondría bien. Sin embargo, no fue así. A las dos semanas volví a visitarla y seguía mal. Como me parecía imposible, le preguntamos muchas cosas y ahí fue donde descubrimos algo de lo que yo todavía no era consciente. Resulta que ella, como mucha gente, vive en unos barracones que se hicieron en un callejón. Se trata de cuartuchos pequeños en los que tienen todo: la cama, sus pertenencias e incluso el fogón para cocinar. Por supuesto, no hay baño. Toda la gente de esa zona usa unas letrinas que hay cerca del parque. La pobre mujer nos contó que, cuando va a las letrinas, las cucarachas y otro tipo de bichos le pican en sus partes íntimas. Obligatoriamente tiene que sentarse, porque las pocas fuerzas que tiene y el mal estado de sus huesos no le dan para hacer sus necesidades de pie. Fue muy triste saberlo, la verdad. Desde entonces, sueño con la posibilidad de tener algún sitio donde ella y otros viejitos que viven en circunstancias similares, puedan vivir con un poco más de dignidad y de atención. Pero eso requiere de muchos recursos que en este momento no tenemos. Seguiremos pensándolo, porque son muchos los que lo necesitan.

Y por la parte del proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, el movimiento ha sido tremendo. A lo largo del mes hemos conseguido declarar a muchos niños, algunos nuevos que han ido llegando, y también otros que, después de depositar sus documentos, les dijeron que había que hacer un proceso de investigación y que tendrían que darle seguimiento en seis meses. Sigue siendo precioso ver las caras de felicidad de esas madres y padres cuando ven que por fin sus hijos están declarados y van a poder inscribirse en la escuela.

Claro, que aún hay muchas que no pueden terminar su proceso porque son haitianas y tuvieron hijos con hombres dominicanos. A ellas les exigen tener el pasaporte para poder declarar a los hijos. Lo bueno es que a mediados de mes llegaron 12.000 pasaportes del PIDIH, de los que se hicieron hace tres años. Con ese motivo, y por cuestiones políticas, se organizó un evento desde la Embajada de Haití para anunciarlo a bombo y platillo, al que fui invitada. Mucho politiqueo y mucha cámara de televisión, pero bueno, fue interesante asistir.

El caso es que un par de semanas después me enfadé mucho con ellos. Hasta ahora yo siempre he ido y me han ido entregando los documentos que van llegando de la gente que tengo en mi lista. Pero se ve que esta vez, por eso de darle publicidad al tema de los muchos pasaportes que se habían recibido, ellos mismos me propusieron venir y entregarlos por sí mismos. Así, quedamos en que yo congregaría a la gente para el día 24 por la tarde, ellos vendrían y repartirían. Hice grandes esfuerzos por regar la voz para que todo el mundo se enterara, porque tengo gente de Hato Nuevo y Bienvenido, pero también de otros lugares bastante lejanos que han aparecido para que les ayude. Ese día había gente ya desde por la mañana, a los que tuve que decirles que volvieran a las 3 de la tarde. Hubo gente que se pidió permiso en el trabajo, gente que caminó desde muy lejos… A las 3 de la tarde tenía más de 300 personas allí. Como no llegaban, empecé a llamar por teléfono. No respondían. Cada vez me iba temiendo más lo peor. No fue hasta pasadas las 4,30 de la tarde que devolvieron la llamada y me dijeron que al final no iban a venir porque no tenían suficientes documentos para entregar como para que les fuese rentable venir a entregarlos y que Madame Celestine quería llamarme para pedirme disculpas. No sé cuál es el número de documentos que ellos consideran necesario para calificar como “rentable” un evento, ni tampoco quiero saberlo. Yo sólo sé que le dije un par de cositas con mucha claridad, colgué, lloré de rabia e impotencia, me sequé las lágrimas y salí a dar la cara y a dar una información que la mayoría de los congregados ya sabía que pasaría porque, según ellos, “conocen a su gente”.

Sinceramente, lo pasé francamente mal. Por mi parte, me parecía una falta de respeto, ya no sólo que no hubieran aparecido después de tener todo montado, sino el hecho de que ni siquiera se hubieran dignado a avisarme. Y si respondieron fue porque puse a alguien a seguir llamándoles desde un teléfono con prefijo de EEUU, y fue a ese número al que devolvieron la llamada. ¡Patético! Pero mi parte me daba más igual. Lo que realmente me dolía es el hecho de que jueguen con los sentimientos y con la vida de la gente, de “sus hermanos haitianos”, como los denominé cuando hablaba por teléfono con el responsable del plantón. Esta gente está desesperada por tener sus documentos. Muchos de ellos, que antes tenían trabajo, han sido despedidos hasta que salga su pasaporte. La sola posibilidad de que esa tarde pudieran recibir algo ya les llenó de ilusión y de esperanza. Una ilusión y una esperanza que quedó tan aplastada como una pobre hormiga pisoteada en el suelo. ¡De veras, me indignan estas cosas!

En fin, la gente fue muy comprensiva conmigo, todos tenían claro que no era culpa mía. Muchos, al ver mi indignación, vinieron incluso a consolarme… ¿no es irónico? En vez de consolarlos yo a ellos, ellos consolándome a mí y agradeciendo todos mis esfuerzos y desvelos, diciendo lo mucho que me quieren y reconociendo que nunca nadie ha hecho tanto por ellos. Muy conmovedor, de verdad.

El caso es que ya les dije que, como tenía que salir pronto de viaje, fueran ellos directamente a la Embajada a preguntar. Lo siento por los muchos que no se regularizaron y que corren peligro de ser atrapados por los de Inmigración si van a la ciudad. A algunos de ellos los llevé en la siguiente guagua que puse para la gente que no entró en ese plan y que aún no tiene pasaporte o lo tiene vencido. Esta es otra sección diferente del proyecto. En este caso, haciendo el recuento de los pasaportes que he hecho en este año, veo que hemos superado la centena. ¡Ya son 104! No sabemos cuándo irán llegando, porque todavía no han llegado los que hicimos a finales de septiembre del año pasado, pero al menos, ellos ya tienen la tranquilidad de haberlo solicitado.

Me temo que esta vez me ha salido una carta mucho más larga de lo habitual, pero bueno, así os pongo al día de todo y compenso el retraso a la hora de enviarla. Además, en julio no tendré posibilidad de escribiros porque tengo que asistir a un evento de la Congregación, con lo cual, me despido hasta agosto. Confío que todos tengáis un buen verano, con el merecido descanso en vacaciones.

Un abrazo grande y todo mi cariño,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

 

 

EXPERIENCIA SOLIDARIA NÍJAR 2017

Del 8 al 12 de febrero, trece alumnos y alumnas de 1º de bachillerato del Colegio participaron en una experiencia solidaria en San Isidro de Níjar. Estos son algunos testimonios.

Clara Arias

Hace unas semanas tuve la suerte de participar junto algunos de mis compañeros en una experiencia que cambió mi manera de ver las cosas. El “viaje” a Níjar nos hizo cambiar de mentalidad a todos, nos hizo sacar lo mejor de cada uno, nos ayudó a valorar lo que tenemos, a aprovechar nuestras vidas, familia, amigos… y, aunque no fuera el motivo principal, también nos ayudó a fortalecer lazos entre todos, a conocernos y apoyarnos.

Salimos hacia Almería un miércoles, un poco desconcertados, yo, por lo menos, no sabía lo que me iba a encontrar, no sabía si reaccionaría de la manera adecuada o sí sabría llevar una situación así de dura, ya que soy muy sensible. Pero todo fue muy por encima de mis expectativas. El viaje fue largo, pero a la vez entretenido, para nada fue como el de la vuelta en el que volvíamos agotados. Nos pasamos el trayecto cantando, hablando, haciendo juegos, pero con la incertidumbre de saber lo que nos encontraríamos allí. Aun así, se nos veía ilusionados a todos.

Cuando llegamos, nos recibieron las Hermanas Mercedarias, que nos abrieron su casa como si fuera la nuestra, nos acogieron para vivir su día a día, eran las que nos guiaban durante la experiencia y nos aconsejaban para que todo fuera bien. María José, una de ellas, nos explicó el sentido de la experiencia y nos solía acompañar a cada uno de los talleres o actividades que hacíamos (repartir alimentos, organizar papeles, pintar casas de los asentamientos, recoger naranjas para repartirlas, taller de manualidades, visitar familias…). Cada una de estas actividades las hacíamos con muchas ganas: nos levantábamos temprano y nos acostábamos tarde, pero nunca perdíamos las ganas y la voluntad, nos esforzábamos al máximo y realizábamos cualquier cosa que se nos propusiera sin poner ninguna pega. Para mí, era muy satisfactorio finalizar el día y sentirme una persona nueva, contenta de haber hecho sonreír a un par de personas y saber que has ayudado a muchas otras. Todas las noches, me iba con un muy buen sabor de boca, y con el pensamiento de haber hecho algo positivo tanto para mí como para todas las personas con las que me cruzaba cada día e intentaba ayudar; y creo que este sentimiento lo teníamos todos.

Esta experiencia me ha ayudado a valorar todo lo que tengo. Era muy impactante oír las historias de algunos inmigrantes, desde su trayecto en patera hasta aquí, hasta su vida en España. Algunos incluso habían dejado a su familia en su país de origen y llevaban años sin verla. Era impactante y duro conocer todas las historias y ver como detrás de una persona hay un pasado. Es muy diferente ver todas estas historias en televisión a vivirlo en persona.

Durante estos cinco días no solo he ayudado, sino que me han ayudado a mí: con cada sonrisa, con cada acto de agradecimiento, con cada mirada, aprendías. Te hacían ver la cantidad de cosas que tienes, y cómo debes valorarlas. Ellos con lo poco que tienen son más felices que cualquiera de nosotros teniendo todo lo que tenemos, y eso era muy de valorar, una de las cosas que más nos “chocaba” a todos.

Por último, diría que repetiría esta experiencia mil veces, y meto la mano en el fuego diciendo que los quince que fuimos lo haríamos. Formamos un buen equipo, hemos sabido llevar todo juntos desde las tareas de la casa hasta las actividades en equipo, hemos congeniado y nos hemos apoyado unos a otros, por esto digo que también ha sido una experiencia que nos ha fortalecido como amigos. Recomiendo esta experiencia, de verdad, ha sido una de las mejores de mi vida y agradezco que se me haya ofrecido la oportunidad de ir, y también la disponibilidad tanto de las Mercedarias como de los profesores que nos han acompañado. Y lo dicho, Níjar ha sacado lo mejor de cada uno, ha sido una experiencia inolvidable.

 

Inma Gomar

Mi experiencia en Níjar significó para mí un salto a la realidad que no nos cuentan, porque vivimos en la parte bonita del bordado, pero, ¿cuándo se llega a ver la parte de atrás? Bueno, pues yo la descubrí en esos cuatro días.  Fueron como un jarro de agua que te despeja y te dice: – ¡Oye!  ¡Que no todo es luz y color! Y claro, entonces te das cuenta, piensas en la suerte que has tenido de nacer en tu ambiente. Cada vez que hacíamos cualquiera de las actividades, veías las condiciones en las que estaba la gente, es más, veías como entre la miseria y las malas condiciones ellos te sonreían, cuando tú, entre los algodones en los que vives, no eres capaz de decir algo amable, aunque se lo merezcan. Por ejemplo, cuando fuimos a pintar una “casa”, y la pongo entre comillas porque a esas cuatro paredes irregulares, donde el baño no tiene puerta y es un cubículo con menos de un metro cuadrado de ancho y la ducha es un simple tubo por donde sale agua (cuando hay), no se le puede llamar casa.  Pero cuando le dimos algo de color y la aseamos lo que pudimos, la mujer se deshacía en gracias y en ayudar, además, aunque no tenían para comer, te servían en cuanto llegabas una taza de té o de café para que estuvieras cómodo allí.
Otra cosa que me llamó la atención fue la disposición que presentamos todos hacia las actividades que había que realizar, porque lo que tocaba se hacía, ya fuera pintar, coger naranjas, hacer bolsas de comida, o ir a repartirlas.  Porque todos sabíamos que no había duda, no era broma, la gente lo necesitaba y no había excusas, ni nadie intentaba ponerlas tampoco.
Siempre oímos hablar de pateras, de si llegan tantos inmigrantes, de si han muerto en el mar, pero no sabemos de lo que están hablando hasta que tienes enfrente de ti a un chico,  que vino en patera y te cuenta que estuvo diez días en ella con los pies mojados y la incertidumbre de no saber si iba a llegar,  solo por la posibilidad de poder pasarles algo más de dinero a su familia. Y si lo consiguen se consideran afortunados …
Por tanto creo que ha sido una experiencia muy provechosa en todos los sentidos. Hemos aprendido cómo es la vida, a valorarla.  Estoy muy contenta de haber podido ir y vivirlo todo.

 

Pepe Ausina

Níjar… allá vamos… una experiencia realmente impactante para poder contarlo en esta pequeña reflexión, pero intentaré mostrar mi más sincero recuerdo.

Empezamos nuestro viaje, que más que un viaje para mi ha sido un paréntesis en mi vida, un poco nervioso, obviamente, ya que me conmovía el saber aquello que me iba a encontrar; un miedo a lo desconocido. Pero las dudas se despejaron ya el primer día. ¡Qué importante es el trabajo de un voluntario en estos lugares! En mi caso, no fui a Níjar por pasármelo bien, ni por sentirme un héroe, ni por sentirme mejor y orgulloso de mi mismo… Todo lo contrario, fui a Níjar, igual que voy al voluntariado de Korima (a pequeña escala) porque sé que realmente hay gente que me necesita, que nos necesita. Necesitamos sensibilizarnos de la realidad que nos rodea y del compromiso de estar presenta en ella, es decir, no podemos desarraigarnos de esta realidad y vivir en una burbuja de caprichos que es nuestra vida, pero también la mía.

Como bien dice el dicho: no todos los héroes llevan capa. Cierto es. Desde aquí quiero agradecer en primer lugar a las Hermanas Mercedarias, que con su ayuda continua durante todo el año se convierten en auténticas heroínas y, como las llamaban en Níjar, madres.

En segundo lugar, quiero agradecer el esfuerzo de nuestros profesores Juanjo y Juanra que nos acompañaron en esta experiencia: como nos dijeron ellos, fuimos señalados con el dedo para ir a esta experiencia, de la cual me siento lleno al 200%.

La vida de estas personas es una auténtica lucha, donde la victoria es dolorosa. Con esto quiero decir que, al contrario de nuestra realidad, su preocupación primordial y diaria es poder conseguir comida y lo mínimo que necesita una persona para poder malvivir, pero, aun así, la entrega y las gracias estaban siempre en la boca de estas personas. Estas gracias es un término recíproco, ya que ellos a mí realmente me transmitieron, de manera indirecta, muchas cosas, fue una verdadera lección de vida.

Gracias por hacerme valorar las pequeñas cosas, por hacerme reflexionar que nuestra vida es muy fácil, por contarme vuestras experiencias de vida y por hacerme visible la importancia de la familia, de nuestros padres y nuestras madres. Como decía Gran Jefe, que así le llaman en la población de Níjar, tenemos que dar las gracias a Dios de la vida que tenemos, yo joven que puedo estudiar y sembrar un futuro mejor que el que les espera a todos ellos. Después de la gran aportación que nos hizo esta grandísima persona, en mi reflexión diaria por la noche, me paré a pensar: ¿me lo está diciendo una persona que lucha únicamente por vivir después de haber venido con 14 años en patera? Realmente es gratificante poder darte cuenta que aun en las situaciones más difíciles de la vida, que yo mismo he podido ver en Níjar, siempre hay una pequeña esperanza, siempre hay una ilusión por vivir.

Por último, todavía tengo en mis retinas la imagen de niños corriendo para llenar su pequeña bolsa de plástico el día que fuimos a repartir las naranjas (todas ellas del suelo) a distintos lugares o poblaciones. Ahí es donde me di cuenta que realmente la gente muere de hambre.

Nunca se me olvidará aquella persona que se moría por una fuerte gripe que había cogido en la patera, pero, aun así, él nunca quiso recibir nada por el simple hecho de no poder aportar nada, realmente sorprende. No es necesario desplazarse a los campamentos de refugiados, que también sería muy importante, para poder ayudar a gente que realmente necesita de mí, al igual que de ti. Ya lo podéis comprobar en el Google Maps: Níjar se encuentra a tan solo 387 km.

Carlos Ramón

En el corazón del Mar de Plástico se encuentra una pequeña pedanía llamada San Isidro de Níjar.

En este pequeño lugar te das cuenta del valor de las cosas, de lo afortunado que somos. Durante esta corta pero intensa estancia he vivido el tercer mundo tal y como se nos cuenta, y en España.

Es duro ver como abres en tu casa la despensa y tienes mil cosas que no te apetecen, no sabes lo que es tener hambre pues siempre encuentras algo para saciar tus necesidades. En cambio, cuando ves que hay gente que vive con una bolsa de comida al día y que además te ofrece algo como té y galletas, sientes que algo en este mundo falla. Aquellos que no tienen son los primeros en darse a los demás y, en cambio, los que tenemos lo necesario parece que somos los primeros en ver hacia otro lado.

Personalmente, me ha impactado una imagen: ver como se me caía una naranja recogida del suelo de un campo y como un niño se acercaba corriendo, recogía la naranja y le daba un mordisco. Le pregunté por qué no la lavaba. Su respuesta fue que tenía hambre, no había merendado. Ahí me di cuenta que debía tomar otra actitud, al menos respecto al valor de la comida.

Por último, considero muy buena iniciativa la que se está llevando a cabo, pues nos permite conocer como es esa realidad y además ayudar a las mercedarias, cuya labor es digna de reconocimiento, pues dan su vida a los inmigrantes y lo mejor y lo que me ha enseñado, en particular Maria José, es a ver a personas como yo y no considerar a nadie inferior ni actuar por lástima.

Gracias por hacer que esta experiencia sea posible.

 

PROGRAMA DE ACTIVIDADES 2017

Programa en formato pdf: Programa Actividades 2017

Programa en formato digital.

MEMORIA GENERAL 2016

 

Memoria en formato pdf: Memoria 2016

Memoria en formato digital.

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 24 de abril de 2017

Queridos todos:

¡¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!! Confío que todos hayáis podido vivir una Semana Santa profunda, y que, de una u otra manera, podáis experimentar la presencia de Cristo Resucitado en vuestra vida.

Antes de nada, he de pedir disculpas por no haber enviado la carta el mes pasado. Realmente el mes de marzo fue tremendo puesto que, además de lo habitual, se me juntaron otras cositas propias de la Congregación y también las convivencias con cada uno de los cursos de la escuela, además de otras actividades de pastoral. Como me ha ocurrido otras veces antes, mentalmente debí escribir al menos cinco cartas, pero me faltó el tiempo para materializarlas por escrito 😉 Después, el 1 de abril salí de viaje por dos semanas. Estuve en Honduras y en El Salvador, prestando un servicio en las tres comunidades que tenemos en esos dos países. Fue una gozada compartir con las hermanas y conocer la misión que realizamos allá. Y me encantó, lógicamente, tener la oportunidad de visitar en El Salvador algunos de los lugares de Monseñor Romero. Como digo, una experiencia muy bonita que me siento muy agradecida de haber podido vivir. De antes de irme puedo contaros una estupenda noticia. Y es que el bueno de Elías, de quien os conté hace unos meses lo de la pierna, por fin ha podido operarse, gracias a la generosidad de un donante que apareció. Por el momento está todo bien, sólo falta que la recuperación llegue a buen término y pueda volver a caminar con normalidad. Luego, al regresar de mi viaje, me encontré con una noticia triste: la muerte de Contise, una de las personas más queridas del batey. Era un hombre mayor, de una fe increíble. Ya llevaba bastante tiempo mal, y en los últimos meses habían tenido que hospitalizarlo dos veces. Pero él siempre insistía a su mujer que, cuando lo viera mal como para morirse, no lo llevara al hospital, puesto que quería morir en casa y cerca de la iglesia y de su gente. Unos días después también murió Emisila, una señora también mayor, ciega y sin piernas. Solía estar siempre sentada en su silla de ruedas, a la puerta de su casa y realmente era toda una “tiguerona”, como dicen por aquí. A pesar de no ver, solía estar pendiente de todo el que pasara por delante, y le pedía unos pesitos, como los niños. Cuando yo me sentaba un ratito con ella a charlar, me decía que le encantaría montarse en avión y ver todo desde el cielo. Ahora ya lo estará viendo, sin necesidad de pagar un pasaje de avión…

Una noticia buena que me encontré al regresar es que por fin nuestra capilla de Bienvenido está siendo atendida por el nuevo párroco. Y al decir “atendida” me refiero, entre otras cosas, a que viene a celebrar la eucaristía con frecuencia. El anterior párroco tenía a su cargo once comunidades, y hacía lo que podía, pero a la nuestra sólo venía a celebrar el primer domingo de cada mes, y eso, si no surgía algún imprevisto de última hora. Lo destinaron a otro lugar y vinieron dos religiosos. De primeras se dedicaron más a las otras comunidades, pero después de una conversación, el mismo párroco decidió venir a apoyarnos. Así, excepto dos días a la semana, todos los demás viene a celebrar misa, está ofreciendo formación… se le ve con ganas de cuidar la fe de los miembros católicos del batey. Es una bendición, porque esa era una de las grandes pobrezas que siempre ha habido aquí. La falta de formación religiosa de la gente es un factor clave para muchas cosas, y provoca cacaos mentales tremendos. Estoy segura de que esto va a ser un gran bien para la comunidad.

Por otra parte, se siguen sucediendo historias entre esta gentecilla que a una le parten el corazón. Por ejemplo, la de Nègeli. Es una muchacha que tiene un bebé lindísimo. Apareció un martes, que es uno de los días que estoy en la oficina atendiendo a la gente que necesita documentarse. Venía para ver si la podía ayudar a hacerse su pasaporte. Como no tenía aquí su acta de nacimiento, le dije que íbamos a encargar primero un extracto que hace las veces de acta. Me contó que a su marido lo habían agarrado los de inmigración dos días antes y se lo habían llevado para Haití. Se había quedado sola, sin nada, y no tenía ni leche para darle al niño, así que le entregué una bolsa con alimentos básicos que tenía allí para otra persona. A los doce días volvió a aparecer, un sábado por la tarde. Venía con una pequeña mochila en su espalda, en la que cargaba “todo” lo que tiene, y con el niño en brazos. Estaba fatal, porque la dueña de la casa que tenían alquilada la había puesto en la calle esa misma mañana con la excusa de que, al no estar el marido, sabía que ella no iba a poder pagar el alquiler. Casi se iba a hacer de noche, así que llamé a mi compañera Ana, por ver dónde podíamos llevarla para pasar la noche. No localizamos a nadie de confianza que tuviera sitio en su casa, así que cogí de casa pan, galletas, leche, plátanos y una colchoneta, y la llevamos a la casita que tengo alquilada para dar las clases de alfabetización. No os podéis imaginar su cara de agradecimiento por tener un techo. Le dijimos que podía dormir el fin de semana allí, pero que al día siguiente debía ponerse a buscar alguna casita barata. El lunes por la mañana vino a decirme que la había encontrado. Le di el dinero para pagar el alquiler de un mes y le dije que fuera donde vivía antes y avisara a las vecinas, para que cuando apareciera su marido la pudiera encontrar. Él apareció por la escuela un rato después. No se habían cruzado por el camino. Me contó que había llegado la noche anterior, ya de madrugada. Al no encontrar a su mujer en la casa y no poder preguntar a nadie, se fue al parque y allí se durmió en un banco. Por la mañana volvió a ir y las vecinas le dijeron que lo último que supieron de ella es que el sábado se fue “a ver a la monja”. Venía a preguntarme si sabía algo de ella y ya le conté. Por su parte, él me contó sus peripecias. Cuando lo soltaron en Haití, sin un chele en el bolsillo, empezó a caminar rumbo acá. Después de varios días, pudo cruzar la frontera, con tan mala suerte que lo agarraron de nuevo y volvieron a llevarlo a Haití. Empezó de nuevo, la segunda vez con más suerte. Ya dentro de República Dominicana consiguió un trabajito por el que le dieron 2.000 pesos y con eso pudo pagar a un camionero que lo acercó a la capital y ya, desde ahí, llegó al batey. De veras, son historias increíbles las que esta gente, ¡y tantas otras!, viven en nuestro mundo.

Esta mañana, Négeli vino a verme de nuevo. Llamó a su familia ayer y le dijeron que su mamá está bastante enferma, con probabilidad de morir pronto. El marido no encuentra trabajo (parece ser que tampoco es que se esfuerce demasiado en buscarlo) y están pasando mucha necesidad. Me decía, con mucha angustia, que le gustaría estar con su madre cuando muera. Así que le he dado su extracto, unos pesitos para el viaje y le he recomendado que no vuelva. Al menos en Haití tendrá un techo familiar y podrá sembrar algo en el conuco, para poder alimentarse. Seguramente en estos momentos estará como aquel sábado, cargando atrás su mochilita y delante a su bebé, embarcada en la peligrosa aventura de cruzar una frontera sin tener más documentos que el extracto de nacimiento que le conseguí. La despedida ha sido muy emotiva. El agradecimiento que brotaba de su mirada, de sus palabras y de sus abrazos me ha hecho llorar. Supongo que no volveré a verla nunca más, ¡eso espero! Porque si malas son las condiciones de vida que puede tener en su país, peores son las que tiene aquí. Y ella y su hijo se merecen poder vivir con más dignidad. ¡Que el Señor de la Vida los bendiga a los dos!

Pensaba contaros más cosas, pero veo que llego ya al final del segundo folio y no quiero que, por larga, mi carta os aburra. Así que lo dejo aquí y el próximo mes vuelvo. Un abrazo grande para cada uno y mis mejores deseos para este tiempo pascual en el que, parafraseando la felicitación de hace varios años de un hermano querido, tenemos 50 días para aprender a vivir… pero de verdad.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

BOLETÍN INFORMATIVO MARZO 2017

Boletín en formato papel: BOLETÍN INFORMATIVO Nº 32

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