EXPERIENCIA SOLIDARIA NÍJAR 2017

Del 8 al 12 de febrero, trece alumnos y alumnas de 1º de bachillerato del Colegio participaron en una experiencia solidaria en San Isidro de Níjar. Estos son algunos testimonios.

Clara Arias

Hace unas semanas tuve la suerte de participar junto algunos de mis compañeros en una experiencia que cambió mi manera de ver las cosas. El “viaje” a Níjar nos hizo cambiar de mentalidad a todos, nos hizo sacar lo mejor de cada uno, nos ayudó a valorar lo que tenemos, a aprovechar nuestras vidas, familia, amigos… y, aunque no fuera el motivo principal, también nos ayudó a fortalecer lazos entre todos, a conocernos y apoyarnos.

Salimos hacia Almería un miércoles, un poco desconcertados, yo, por lo menos, no sabía lo que me iba a encontrar, no sabía si reaccionaría de la manera adecuada o sí sabría llevar una situación así de dura, ya que soy muy sensible. Pero todo fue muy por encima de mis expectativas. El viaje fue largo, pero a la vez entretenido, para nada fue como el de la vuelta en el que volvíamos agotados. Nos pasamos el trayecto cantando, hablando, haciendo juegos, pero con la incertidumbre de saber lo que nos encontraríamos allí. Aun así, se nos veía ilusionados a todos.

Cuando llegamos, nos recibieron las Hermanas Mercedarias, que nos abrieron su casa como si fuera la nuestra, nos acogieron para vivir su día a día, eran las que nos guiaban durante la experiencia y nos aconsejaban para que todo fuera bien. María José, una de ellas, nos explicó el sentido de la experiencia y nos solía acompañar a cada uno de los talleres o actividades que hacíamos (repartir alimentos, organizar papeles, pintar casas de los asentamientos, recoger naranjas para repartirlas, taller de manualidades, visitar familias…). Cada una de estas actividades las hacíamos con muchas ganas: nos levantábamos temprano y nos acostábamos tarde, pero nunca perdíamos las ganas y la voluntad, nos esforzábamos al máximo y realizábamos cualquier cosa que se nos propusiera sin poner ninguna pega. Para mí, era muy satisfactorio finalizar el día y sentirme una persona nueva, contenta de haber hecho sonreír a un par de personas y saber que has ayudado a muchas otras. Todas las noches, me iba con un muy buen sabor de boca, y con el pensamiento de haber hecho algo positivo tanto para mí como para todas las personas con las que me cruzaba cada día e intentaba ayudar; y creo que este sentimiento lo teníamos todos.

Esta experiencia me ha ayudado a valorar todo lo que tengo. Era muy impactante oír las historias de algunos inmigrantes, desde su trayecto en patera hasta aquí, hasta su vida en España. Algunos incluso habían dejado a su familia en su país de origen y llevaban años sin verla. Era impactante y duro conocer todas las historias y ver como detrás de una persona hay un pasado. Es muy diferente ver todas estas historias en televisión a vivirlo en persona.

Durante estos cinco días no solo he ayudado, sino que me han ayudado a mí: con cada sonrisa, con cada acto de agradecimiento, con cada mirada, aprendías. Te hacían ver la cantidad de cosas que tienes, y cómo debes valorarlas. Ellos con lo poco que tienen son más felices que cualquiera de nosotros teniendo todo lo que tenemos, y eso era muy de valorar, una de las cosas que más nos “chocaba” a todos.

Por último, diría que repetiría esta experiencia mil veces, y meto la mano en el fuego diciendo que los quince que fuimos lo haríamos. Formamos un buen equipo, hemos sabido llevar todo juntos desde las tareas de la casa hasta las actividades en equipo, hemos congeniado y nos hemos apoyado unos a otros, por esto digo que también ha sido una experiencia que nos ha fortalecido como amigos. Recomiendo esta experiencia, de verdad, ha sido una de las mejores de mi vida y agradezco que se me haya ofrecido la oportunidad de ir, y también la disponibilidad tanto de las Mercedarias como de los profesores que nos han acompañado. Y lo dicho, Níjar ha sacado lo mejor de cada uno, ha sido una experiencia inolvidable.

 

Inma Gomar

Mi experiencia en Níjar significó para mí un salto a la realidad que no nos cuentan, porque vivimos en la parte bonita del bordado, pero, ¿cuándo se llega a ver la parte de atrás? Bueno, pues yo la descubrí en esos cuatro días.  Fueron como un jarro de agua que te despeja y te dice: – ¡Oye!  ¡Que no todo es luz y color! Y claro, entonces te das cuenta, piensas en la suerte que has tenido de nacer en tu ambiente. Cada vez que hacíamos cualquiera de las actividades, veías las condiciones en las que estaba la gente, es más, veías como entre la miseria y las malas condiciones ellos te sonreían, cuando tú, entre los algodones en los que vives, no eres capaz de decir algo amable, aunque se lo merezcan. Por ejemplo, cuando fuimos a pintar una “casa”, y la pongo entre comillas porque a esas cuatro paredes irregulares, donde el baño no tiene puerta y es un cubículo con menos de un metro cuadrado de ancho y la ducha es un simple tubo por donde sale agua (cuando hay), no se le puede llamar casa.  Pero cuando le dimos algo de color y la aseamos lo que pudimos, la mujer se deshacía en gracias y en ayudar, además, aunque no tenían para comer, te servían en cuanto llegabas una taza de té o de café para que estuvieras cómodo allí.
Otra cosa que me llamó la atención fue la disposición que presentamos todos hacia las actividades que había que realizar, porque lo que tocaba se hacía, ya fuera pintar, coger naranjas, hacer bolsas de comida, o ir a repartirlas.  Porque todos sabíamos que no había duda, no era broma, la gente lo necesitaba y no había excusas, ni nadie intentaba ponerlas tampoco.
Siempre oímos hablar de pateras, de si llegan tantos inmigrantes, de si han muerto en el mar, pero no sabemos de lo que están hablando hasta que tienes enfrente de ti a un chico,  que vino en patera y te cuenta que estuvo diez días en ella con los pies mojados y la incertidumbre de no saber si iba a llegar,  solo por la posibilidad de poder pasarles algo más de dinero a su familia. Y si lo consiguen se consideran afortunados …
Por tanto creo que ha sido una experiencia muy provechosa en todos los sentidos. Hemos aprendido cómo es la vida, a valorarla.  Estoy muy contenta de haber podido ir y vivirlo todo.

 

Pepe Ausina

Níjar… allá vamos… una experiencia realmente impactante para poder contarlo en esta pequeña reflexión, pero intentaré mostrar mi más sincero recuerdo.

Empezamos nuestro viaje, que más que un viaje para mi ha sido un paréntesis en mi vida, un poco nervioso, obviamente, ya que me conmovía el saber aquello que me iba a encontrar; un miedo a lo desconocido. Pero las dudas se despejaron ya el primer día. ¡Qué importante es el trabajo de un voluntario en estos lugares! En mi caso, no fui a Níjar por pasármelo bien, ni por sentirme un héroe, ni por sentirme mejor y orgulloso de mi mismo… Todo lo contrario, fui a Níjar, igual que voy al voluntariado de Korima (a pequeña escala) porque sé que realmente hay gente que me necesita, que nos necesita. Necesitamos sensibilizarnos de la realidad que nos rodea y del compromiso de estar presenta en ella, es decir, no podemos desarraigarnos de esta realidad y vivir en una burbuja de caprichos que es nuestra vida, pero también la mía.

Como bien dice el dicho: no todos los héroes llevan capa. Cierto es. Desde aquí quiero agradecer en primer lugar a las Hermanas Mercedarias, que con su ayuda continua durante todo el año se convierten en auténticas heroínas y, como las llamaban en Níjar, madres.

En segundo lugar, quiero agradecer el esfuerzo de nuestros profesores Juanjo y Juanra que nos acompañaron en esta experiencia: como nos dijeron ellos, fuimos señalados con el dedo para ir a esta experiencia, de la cual me siento lleno al 200%.

La vida de estas personas es una auténtica lucha, donde la victoria es dolorosa. Con esto quiero decir que, al contrario de nuestra realidad, su preocupación primordial y diaria es poder conseguir comida y lo mínimo que necesita una persona para poder malvivir, pero, aun así, la entrega y las gracias estaban siempre en la boca de estas personas. Estas gracias es un término recíproco, ya que ellos a mí realmente me transmitieron, de manera indirecta, muchas cosas, fue una verdadera lección de vida.

Gracias por hacerme valorar las pequeñas cosas, por hacerme reflexionar que nuestra vida es muy fácil, por contarme vuestras experiencias de vida y por hacerme visible la importancia de la familia, de nuestros padres y nuestras madres. Como decía Gran Jefe, que así le llaman en la población de Níjar, tenemos que dar las gracias a Dios de la vida que tenemos, yo joven que puedo estudiar y sembrar un futuro mejor que el que les espera a todos ellos. Después de la gran aportación que nos hizo esta grandísima persona, en mi reflexión diaria por la noche, me paré a pensar: ¿me lo está diciendo una persona que lucha únicamente por vivir después de haber venido con 14 años en patera? Realmente es gratificante poder darte cuenta que aun en las situaciones más difíciles de la vida, que yo mismo he podido ver en Níjar, siempre hay una pequeña esperanza, siempre hay una ilusión por vivir.

Por último, todavía tengo en mis retinas la imagen de niños corriendo para llenar su pequeña bolsa de plástico el día que fuimos a repartir las naranjas (todas ellas del suelo) a distintos lugares o poblaciones. Ahí es donde me di cuenta que realmente la gente muere de hambre.

Nunca se me olvidará aquella persona que se moría por una fuerte gripe que había cogido en la patera, pero, aun así, él nunca quiso recibir nada por el simple hecho de no poder aportar nada, realmente sorprende. No es necesario desplazarse a los campamentos de refugiados, que también sería muy importante, para poder ayudar a gente que realmente necesita de mí, al igual que de ti. Ya lo podéis comprobar en el Google Maps: Níjar se encuentra a tan solo 387 km.

Carlos Ramón

En el corazón del Mar de Plástico se encuentra una pequeña pedanía llamada San Isidro de Níjar.

En este pequeño lugar te das cuenta del valor de las cosas, de lo afortunado que somos. Durante esta corta pero intensa estancia he vivido el tercer mundo tal y como se nos cuenta, y en España.

Es duro ver como abres en tu casa la despensa y tienes mil cosas que no te apetecen, no sabes lo que es tener hambre pues siempre encuentras algo para saciar tus necesidades. En cambio, cuando ves que hay gente que vive con una bolsa de comida al día y que además te ofrece algo como té y galletas, sientes que algo en este mundo falla. Aquellos que no tienen son los primeros en darse a los demás y, en cambio, los que tenemos lo necesario parece que somos los primeros en ver hacia otro lado.

Personalmente, me ha impactado una imagen: ver como se me caía una naranja recogida del suelo de un campo y como un niño se acercaba corriendo, recogía la naranja y le daba un mordisco. Le pregunté por qué no la lavaba. Su respuesta fue que tenía hambre, no había merendado. Ahí me di cuenta que debía tomar otra actitud, al menos respecto al valor de la comida.

Por último, considero muy buena iniciativa la que se está llevando a cabo, pues nos permite conocer como es esa realidad y además ayudar a las mercedarias, cuya labor es digna de reconocimiento, pues dan su vida a los inmigrantes y lo mejor y lo que me ha enseñado, en particular Maria José, es a ver a personas como yo y no considerar a nadie inferior ni actuar por lástima.

Gracias por hacer que esta experiencia sea posible.

 

PROGRAMA DE ACTIVIDADES 2017

Programa en formato pdf: Programa Actividades 2017

Programa en formato digital.

MEMORIA GENERAL 2016

 

Memoria en formato pdf: Memoria 2016

Memoria en formato digital.

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 24 de abril de 2017

Queridos todos:

¡¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!! Confío que todos hayáis podido vivir una Semana Santa profunda, y que, de una u otra manera, podáis experimentar la presencia de Cristo Resucitado en vuestra vida.

Antes de nada, he de pedir disculpas por no haber enviado la carta el mes pasado. Realmente el mes de marzo fue tremendo puesto que, además de lo habitual, se me juntaron otras cositas propias de la Congregación y también las convivencias con cada uno de los cursos de la escuela, además de otras actividades de pastoral. Como me ha ocurrido otras veces antes, mentalmente debí escribir al menos cinco cartas, pero me faltó el tiempo para materializarlas por escrito 😉 Después, el 1 de abril salí de viaje por dos semanas. Estuve en Honduras y en El Salvador, prestando un servicio en las tres comunidades que tenemos en esos dos países. Fue una gozada compartir con las hermanas y conocer la misión que realizamos allá. Y me encantó, lógicamente, tener la oportunidad de visitar en El Salvador algunos de los lugares de Monseñor Romero. Como digo, una experiencia muy bonita que me siento muy agradecida de haber podido vivir. De antes de irme puedo contaros una estupenda noticia. Y es que el bueno de Elías, de quien os conté hace unos meses lo de la pierna, por fin ha podido operarse, gracias a la generosidad de un donante que apareció. Por el momento está todo bien, sólo falta que la recuperación llegue a buen término y pueda volver a caminar con normalidad. Luego, al regresar de mi viaje, me encontré con una noticia triste: la muerte de Contise, una de las personas más queridas del batey. Era un hombre mayor, de una fe increíble. Ya llevaba bastante tiempo mal, y en los últimos meses habían tenido que hospitalizarlo dos veces. Pero él siempre insistía a su mujer que, cuando lo viera mal como para morirse, no lo llevara al hospital, puesto que quería morir en casa y cerca de la iglesia y de su gente. Unos días después también murió Emisila, una señora también mayor, ciega y sin piernas. Solía estar siempre sentada en su silla de ruedas, a la puerta de su casa y realmente era toda una “tiguerona”, como dicen por aquí. A pesar de no ver, solía estar pendiente de todo el que pasara por delante, y le pedía unos pesitos, como los niños. Cuando yo me sentaba un ratito con ella a charlar, me decía que le encantaría montarse en avión y ver todo desde el cielo. Ahora ya lo estará viendo, sin necesidad de pagar un pasaje de avión…

Una noticia buena que me encontré al regresar es que por fin nuestra capilla de Bienvenido está siendo atendida por el nuevo párroco. Y al decir “atendida” me refiero, entre otras cosas, a que viene a celebrar la eucaristía con frecuencia. El anterior párroco tenía a su cargo once comunidades, y hacía lo que podía, pero a la nuestra sólo venía a celebrar el primer domingo de cada mes, y eso, si no surgía algún imprevisto de última hora. Lo destinaron a otro lugar y vinieron dos religiosos. De primeras se dedicaron más a las otras comunidades, pero después de una conversación, el mismo párroco decidió venir a apoyarnos. Así, excepto dos días a la semana, todos los demás viene a celebrar misa, está ofreciendo formación… se le ve con ganas de cuidar la fe de los miembros católicos del batey. Es una bendición, porque esa era una de las grandes pobrezas que siempre ha habido aquí. La falta de formación religiosa de la gente es un factor clave para muchas cosas, y provoca cacaos mentales tremendos. Estoy segura de que esto va a ser un gran bien para la comunidad.

Por otra parte, se siguen sucediendo historias entre esta gentecilla que a una le parten el corazón. Por ejemplo, la de Nègeli. Es una muchacha que tiene un bebé lindísimo. Apareció un martes, que es uno de los días que estoy en la oficina atendiendo a la gente que necesita documentarse. Venía para ver si la podía ayudar a hacerse su pasaporte. Como no tenía aquí su acta de nacimiento, le dije que íbamos a encargar primero un extracto que hace las veces de acta. Me contó que a su marido lo habían agarrado los de inmigración dos días antes y se lo habían llevado para Haití. Se había quedado sola, sin nada, y no tenía ni leche para darle al niño, así que le entregué una bolsa con alimentos básicos que tenía allí para otra persona. A los doce días volvió a aparecer, un sábado por la tarde. Venía con una pequeña mochila en su espalda, en la que cargaba “todo” lo que tiene, y con el niño en brazos. Estaba fatal, porque la dueña de la casa que tenían alquilada la había puesto en la calle esa misma mañana con la excusa de que, al no estar el marido, sabía que ella no iba a poder pagar el alquiler. Casi se iba a hacer de noche, así que llamé a mi compañera Ana, por ver dónde podíamos llevarla para pasar la noche. No localizamos a nadie de confianza que tuviera sitio en su casa, así que cogí de casa pan, galletas, leche, plátanos y una colchoneta, y la llevamos a la casita que tengo alquilada para dar las clases de alfabetización. No os podéis imaginar su cara de agradecimiento por tener un techo. Le dijimos que podía dormir el fin de semana allí, pero que al día siguiente debía ponerse a buscar alguna casita barata. El lunes por la mañana vino a decirme que la había encontrado. Le di el dinero para pagar el alquiler de un mes y le dije que fuera donde vivía antes y avisara a las vecinas, para que cuando apareciera su marido la pudiera encontrar. Él apareció por la escuela un rato después. No se habían cruzado por el camino. Me contó que había llegado la noche anterior, ya de madrugada. Al no encontrar a su mujer en la casa y no poder preguntar a nadie, se fue al parque y allí se durmió en un banco. Por la mañana volvió a ir y las vecinas le dijeron que lo último que supieron de ella es que el sábado se fue “a ver a la monja”. Venía a preguntarme si sabía algo de ella y ya le conté. Por su parte, él me contó sus peripecias. Cuando lo soltaron en Haití, sin un chele en el bolsillo, empezó a caminar rumbo acá. Después de varios días, pudo cruzar la frontera, con tan mala suerte que lo agarraron de nuevo y volvieron a llevarlo a Haití. Empezó de nuevo, la segunda vez con más suerte. Ya dentro de República Dominicana consiguió un trabajito por el que le dieron 2.000 pesos y con eso pudo pagar a un camionero que lo acercó a la capital y ya, desde ahí, llegó al batey. De veras, son historias increíbles las que esta gente, ¡y tantas otras!, viven en nuestro mundo.

Esta mañana, Négeli vino a verme de nuevo. Llamó a su familia ayer y le dijeron que su mamá está bastante enferma, con probabilidad de morir pronto. El marido no encuentra trabajo (parece ser que tampoco es que se esfuerce demasiado en buscarlo) y están pasando mucha necesidad. Me decía, con mucha angustia, que le gustaría estar con su madre cuando muera. Así que le he dado su extracto, unos pesitos para el viaje y le he recomendado que no vuelva. Al menos en Haití tendrá un techo familiar y podrá sembrar algo en el conuco, para poder alimentarse. Seguramente en estos momentos estará como aquel sábado, cargando atrás su mochilita y delante a su bebé, embarcada en la peligrosa aventura de cruzar una frontera sin tener más documentos que el extracto de nacimiento que le conseguí. La despedida ha sido muy emotiva. El agradecimiento que brotaba de su mirada, de sus palabras y de sus abrazos me ha hecho llorar. Supongo que no volveré a verla nunca más, ¡eso espero! Porque si malas son las condiciones de vida que puede tener en su país, peores son las que tiene aquí. Y ella y su hijo se merecen poder vivir con más dignidad. ¡Que el Señor de la Vida los bendiga a los dos!

Pensaba contaros más cosas, pero veo que llego ya al final del segundo folio y no quiero que, por larga, mi carta os aburra. Así que lo dejo aquí y el próximo mes vuelvo. Un abrazo grande para cada uno y mis mejores deseos para este tiempo pascual en el que, parafraseando la felicitación de hace varios años de un hermano querido, tenemos 50 días para aprender a vivir… pero de verdad.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

BOLETÍN INFORMATIVO MARZO 2017

Boletín en formato papel: BOLETÍN INFORMATIVO Nº 32

Boletín digital: pincha aquí.

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 28 de febrero de 2017

Queridos amigos:

Con la confianza de que todos os encontréis bien, llego a mi cita mensual. ¡Muchas felicidades a todos los que somos andaluces en el Día de Andalucía!

Este mes de febrero ha estado cargadito de actividades porque, aparte de lo habitual, hemos tenido algunas nuevas y otras extraordinarias. Una de las nuevas ha sido un Telar Vocacional que hemos comenzado a realizar con jóvenes de la zona. El Telar consiste en encuentros mensuales en los que se invita a profundizar en un tema concreto, sobre el cual se sigue reflexionando a lo largo del mes, hasta el siguiente encuentro. Es algo que llevábamos tiempo queriendo implementar, como Claretianas, a fin de ayudar a los jóvenes a situarse de manera madura en la vida, buscando el querer de Dios y, así, la propia felicidad. Este primer encuentro giró sobre el tema de “El encuentro con uno mismo, con los demás y con Dios”. No pudieron asistir varios jóvenes que estaban interesados y que se van a enganchar en el siguiente, pero, aun así, vinieron 25. ¡No está nada mal! Sobre todo, porque todos quedaron muy contentos, entraron muy bien en la dinámica y quedaron con ganas de más. Confío esta nueva actividad a vuestra oración, para que dé buenos frutos y tenga buenas repercusiones, no sólo en los jóvenes, sino también en los ambientes en los que se mueven. Hoy en día, tal como está todo y dada la superficialidad con la que la sociedad invita a vivir, es fundamental tener oportunidades para descubrirse uno a sí mismo, su verdadero ser, sus inquietudes… y tener herramientas que ayuden a vivir de un modo más auténtico, ¿verdad?39-telar

Por otra parte, en la escuela hemos empezado con las convivencias. Este año, por primera vez, las vamos a realizar con todos los cursos, incluyendo a los de Nivel Inicial, que tienen 3, 4 y 5 añitos. De hecho, la de ellos fue la primera. Esa y la de 1º y 2º las prepararon y dirigieron Aurimar y Gaby, de quienes os hablé en mi anterior carta. Ambas están siendo, con su gran creatividad y disponibilidad, una gran ayuda para la Pastoral. Para los muchachos es una novedad lo de las convivencias porque, hasta ahora, solo la habíamos realizado con un par de cursos. El hecho de salir del “recinto” escolar y de tener actividades diferentes es algo que les motiva mucho. Ahora estoy preparando las de los otros seis cursos, que las tendremos en el mes de marzo. 39-convivencias

En cuanto a la Pastoral de la Salud, la verdad es que este mes, como estoy con algunas cosas de la Congregación que me están llevando mucho tiempo, sólo he podido salir dos días a visitar enfermos. Eso sí, saqué un ratito para ir a ver a alguien muy especial para mí: la viejita Elodia. Quienes me seguís desde el principio la recordaréis. Es una mujer ciega a la que los dos primeros años de estar aquí iba a bañarla y ayudarla en lo que podía. Vivía de prestado en una casa del batey, pero, desgraciadamente, hace algo más de un año se encargó de ella otra gente que vive bastante lejos de aquí y, desde entonces, no había podido verla. Por fin encontré a la señora que la tiene acogida, me explicó cómo llegar a su casa y fui hace un par de semanas. Cuando llegué, Elodia estaba sentada en una silla, dormida. Me acerqué y le di un montón de besitos en la frente, como siempre fue mi costumbre. Se despertó sobresaltada y empezó a tocarme la cara gritando nerviosa: “Luna, ¿eres tú?”. Y es que, como en esta isla la gente tiende a tener apodos, ella hace tiempo que me llama Luna, porque dice que interiormente Dios la hace imaginarme así. 39-con-elodia

Os aseguro que fue un encuentro muy emotivo. Por supuesto, me preguntó por mi madre, por mi padre, por mi hermano, por las hermanas de la comunidad y por cada uno de los misioneros que han pasado por aquí a los que he llevado a conocerla. Es increíble cómo recuerda el nombre de todos. Y creo en sus palabras cuando me dice que sigue orando cada día por todos a los que le he encomendado. Esa viejita me robó el corazón desde el principio, y me quiere con locura. A todo el mundo le dice que soy “su madre”, que es como aquí llaman a la gente que se preocupa por uno. Es gracioso que alguien tan mayor (y no es la única) me diga que soy su madre, pero, más que gracioso, es algo precioso, por el valor intrínseco que hay detrás de sus palabras. Podéis creerme cuando digo que, para mí, es un auténtico regalo de Dios.

39-entrega-documentosPor lo demás, he seguido entregando los documentos haitianos que me han ido dando en la Embajada de Haití, con la correspondiente felicidad que supone para los afortunados. Y a los menos afortunados que siguen viniendo cada semana a ver si ha habido suerte, procuro repartir palabras de consuelo y esperanza. Ciertamente la situación está difícil. Dentro de la misma embajada, hay quienes me dicen que está habiendo problemas para hacer todos los pasaportes y que no se puede asegurar cuándo llegarán. Pero, por otra parte, hay quien me asegura que todos los documentos van a llegar. Se va acercando el tiempo en el que vence la residencia temporal de quienes se inscribieron en el Plan de Regularización y la gente se va poniendo nerviosa porque no llegan los pasaportes. Es complicado. Parece ser que igual se amplía el plazo, por aquello de que no han llegado los documentos y no es culpa de la gente, pero… ya veremos.

Ahora muchos están ansiosos por recibir su pasaporte, no ya para obtener la residencia dominicana, sino para irse a Chile. Es el boom del momento, porque se ve que hay mucho trabajo allí. Ya hay bastantes hombres y mujeres de los que he ayudado que se han ido para allá, con el equipaje cargado de esperanza, en busca de un futuro mejor. Otros, lo harán en cuanto puedan. Ojala tengan suerte y puedan salir adelante, porque el esfuerzo que supone dejar lo poco que tienen y, sobre todo, separarse de sus hijos, es duro.

El proceso de declaraciones de niños que han nacido aquí también sigue adelante. Ya estamos recogiendo los frutos de aquellos que fueron a declarar hace seis meses. No sé si os lo conté, pero los hijos de haitianos nacidos en el país después del 2010, si tienen todos los papeles en regla (son las declaraciones juradas con testigos que hago en la notaria), obtienen su acta dominicana en el momento. Pero los que nacieron antes del 2010 son sometidos a un proceso de investigación y, por eso, les dicen que hay que darles seguimiento en seis meses. Ahora estamos dando ese seguimiento a los que depositaron en junio, los primeros. Algunos ya la han conseguido y a otros les están poniendo más problemas, haciéndolos que vayan de acá para allá. Pero confío que todos lo conseguirán. 39-declaraciones-dominicanas

Como comprenderéis, esto está ocurriendo así, no sólo por el trabajo que yo hago, sino gracias a todos los que estáis detrás, apoyando económicamente y también con vuestra oración. Yo no podría hacer nada sin ese soporte. Por eso, ¡gracias una vez más, por lo uno y por lo otro! Dios lo premiará de alguna manera, porque estamos ayudando a hacer este mundo algo mejor, no os quepa la menor duda. En ese sentido, esto me recuerda una anécdota que me pasó el otro día. Resulta que una maestra de la escuela estaba contando lo que había oído a unas mujeres que estaban en la calle. Andaban criticándonos, como escuela, porque no teníamos inscripciones para sus hijos. La gente no se da cuenta que andamos sobrepasados y que no tenemos espacio para más alumnos… Pero, a lo que iba… la maestra contó después que una señora siguió con sus críticas amargas, esta vez ya expresamente referidas a mí, diciendo llena de desprecio: “y esa monja que no para de ayudar a ESOS haitianos”. Sinceramente, he de reconocer que el comentario me dio pena, porque el corazón de esa mujer está lleno de desprecio, y eso no es bueno. Pero, al mismo tiempo, en lo que se refiere a mí, me sentí muy alegre, ya que me vinieron a la mente las palabras de la Bienaventuranza: “Benditos vosotros cuando os injurien por mi causa”. Y es que… la Palabra de Dios sigue viva. Y experimentarla en mí me hace feliz.

39-con-idania-y-greisyBueno, aquí lo dejo. El próximo mes, más. Mañana comenzamos una nueva Cuaresma en nuestra vida. Ojala sea para todos un tiempo de mejorar, de acercarnos más al Dios de la Vida y a los hermanos que más nos necesitan. ¡Un abrazo para todos y cada uno!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

 

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 29 de enero de 2017

¡Hola a todos! ¿Qué tal?

Espero que hayáis tenido un buen comienzo de año y, aunque parezca que ya hace un siglo que pasaron las vacaciones de Navidad, pudierais descansar en esos días y disfrutar de la familia y seres queridos.

Como decía, me da la sensación de que hace mucho más tiempo del que realmente ha pasado, imagino que por la cantidad de vivencias que he tenido en estas últimas semanas. Empezando por hoy, os cuento que hemos viajado a San Pedro de Macorix, a visitar a Sandro y Alfredo, ¿los recordáis? Son esos dos hermanitos que quedaron huérfanos y que conseguimos que entraran en una institución que acoge a niños con ciertas características. Una vez al trimestre organizan “día de familias”, y nos es permitido ir a visitarlos, y hoy tocaba. Así que contraté una guagua y nos hemos ido los que cabíamos, solo catorce, entre adultos y pequeños. He llevado a los niños de las clases de alfabetización que ya estaban cuando ellos venían, y a algunas de las maestras. Fue impresionante ver las caras de alegría y felicidad que pusieron cuando nos vieron aparecer. Nos vieron a lo lejos y echaron a correr hacia nosotros para darnos un abrazo lleno de cariño y de ternura. Fue muy bonito, de verdad.

Además de pasar el día jugando, aproveché un ratito a solas con ellos dos, para que me contaran en confianza cómo se sentían. Ha habido algo que me encogió el corazón, al hablar del hermanito más pequeño de los tres, que fue adoptado por un primo de ellos que vive en el Batey. Sandro, el mayor, me dijo de pronto que no quería que nadie hablara a su hermanito de su mamá. Al preguntarle por qué, su respuesta fue: “Porque no quiero que sufra tanto como yo cuando la recuerde”. Os podéis imaginar… enseguida empecé a explicarle que ninguno de sus hermanos iba a sufrir nunca tanto como él al hablar de ella, puesto que ninguno de ellos tiene tantos recuerdos como él, que es el mayor. Y que, por grande que sea su sufrimiento, es bueno que le hable a sus hermanos de cómo era su mamá, para que ella pueda seguir viviendo en sus recuerdos y en sus corazones. No sé si quedó convencido o no, pero el desgarro de su corazón se palpaba a leguas de manera dolorosa. Después de eso siguieron jugando con los demás niños y, realmente, creo que han disfrutado de lo lindo. 38-en-san-pedroMe dio pena no poder llevar a todos los niños que tenemos en alfabetización, porque esos muchachos disfrutan de lo lindo con cualquier actividad que se les ofrece. Recuerdo en diciembre, el último día de clase, que organizamos una fiestecita de navidad. Fue algo sencillo, unos juegos y dinámicas, seguidos de una meriendita, pero gozaron tanto… Sus sonrisas pagan cualquier esfuerzo que se hace por ellos. Y enseñan. Ese día pasó algo que suele pasar. Y es que, una vez que les repartimos el platito de la merienda, en el que había varias cositas, ellos comieron algo y guardaron el resto para llevarlo a casa, para compartirlo con los suyos. Cualquier otro niño en otra parte del mundo daría buena cuenta de lo que se le da, sin pensar en nadie más, pero la mayoría de estos está acostumbrado a que “lo que se consigue”, se comparte entre todos los miembros de la familia. Me sigue pareciendo una lección para todos.

Cuando también han disfrutado mucho ha sido en el taller de manualidades que les ofrecimos la semana pasada. Lo dirigieron Aurimar, una joven que está haciendo en casa una experiencia misionera de varios meses, y Gabby, una de nuestras novicias, que también está haciendo una experiencia en casa por un par de meses. Con rollitos de papel higiénico les enseñaron a hacer unos gusanos muy graciosos. ¡Lo pasaron tan bien y se fueron a casa tan orgullosos en compañía de sus nuevas mascotas! ¡Hasta le pusieron nombre! En fin, las maravillas de la sencillez… 38-taller-manualidadesPor la parte del proyecto “Sin Papeles No Soy Nadie”, seguimos teniendo una actividad intensa, tanto en lo que se refiere a declaraciones de niños como a consecución de documentos de haitianos adultos. Aparte de los nuevos casos que siguen llegando desde lugares insospechados, como ya han pasado seis meses desde que se depositaron los papeles de muchos niños, están empezando a salir algunas actas gestionadas en su momento. Otras presentan alguna dificultad, pero seguimos en ello. Y respecto a los documentos de los haitianos, van llegando a cuenta gotas, pero van llegando, que es lo importante. Me sigue emocionando ver las reacciones de algunas personas cuando les entrego lo que me dan en la embajada porque, para algunos, es lo primero que reciben. 38-entrega-documentosEsta semana organicé un viaje conjunto con mujeres que iban a la Junta a declarar a sus hijos y con gente que iba a la Embajada de Haití a hacerse sus pasaportes. Yo iba sentada delante, junto al chófer. Hubo un momento en que me volví para decirles algo y me fijé en sus rostros. En la mayoría se podía leer sentimientos de esperanza, porque por fin iban a poder lograr algo tanto tiempo ansiado. En otros, me parecía leer incertidumbre, temor… porque sienten que tienen tan mala suerte que es casi imposible que puedan lograr lo que se proponen. Realmente la situación es muy desesperada para muchos. Ayer mismo un joven con dos hijos, que ha perdido el trabajo que tenía por no tener aún su pasaporte, me decía con palabras llenas de amargura: “¿llegará alguna vez mi día?”. En esos momentos, os aseguro que todas mis palabras me parecen pobres.

Como el otro día, que vino a verme una chica de ente 20 y 30 años que quiere declarar a sus hijos pero no puede hacerlo porque ella misma no está declarada. Cuando le pregunto por sus padres, me dice que ni siquiera los conoció. Le pregunto dónde nació y tampoco lo sabe. Y no es sólo lo que dice, sino cómo lo dice. Sus palabras están cargadas de la frustración de quien se siente abandonada, no querida, sin unos referentes familiares que le hablen de su historia familiar… Lo peor es que, en un caso así, ¿cómo ayudarla a declararse? Y, si no se encuentra una solución, sus hijos están abocados a vivir indocumentados durante toda su vida, con todas las consecuencias que ello tiene.

En fin, son mil y una historias, unas dulces, la mayoría amargas. Pero sigo considerando que soy muy privilegiada por ser partícipe de ellas. Una vez más me hacen agradecer todo lo recibido en mi vida, lo que me ha venido de Dios y lo que me ha venido de mis padres, mi hermano y la gente que me quiere. Me siento afortunada y esa dicha me hace desear seguir trabajando para que el mayor número de personas posible viva con mayor dignidad. 38-con-libiaLo dejo aquí por ahora pero, como siempre, “amenazo” con volver el próximo mes, por si aún os sigue interesando esta partecita tan linda del mundo en la que me encuentro. Un abrazo para cada uno y mis mejores deseos.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana