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Carta de Luz Nogueira

Granada, 1 de octubre de 2012

 

Muy queridos hermanos: espero y deseo os encontréis bien.

Hoy hace tres semanas que llegué a Granada, donde viviré unos meses en esta comunidad. Esta ciudad es muy bella y la compañía de las hermanas muy grata. Tengo también la cercanía de mi familia, que vive en Sevilla. Gracias a Dios todo muy bello y bueno… Pero como dice el cantar: Me falta la risa de mis negros, el lenguaje de la selva, mis niños extendiendo sus manitas hacia mí y también la compañía de mis animales domésticos. ¡¡¡Todo tan querido!!! Y, por qué no decirlo, mi trabajo fatigante de cada día con sus fracasos y éxitos se sufre…

Os prometo que mis cartas no os faltarán y, con ellas, todo mi cariño, porque vosotros sois para mí y mis hermanos congoleses como nos dice el Señor: “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” Esos sois vosotros para mí y nuestros hermanos zaireños. Yo, 45 años en el Zaire. Vosotros, 30.  Dando vuestro amor, compañía y generosidad, ayudando siempre al vaso de leche que tantas vidas ha salvado. Por eso os pido una vez más vuestra ayuda. Ya sé que la crisis en España es grande, cada uno en lo que pueda. Gracias.

Como mis vivencias en el Congo son muchas, es como un pozo sin fondo, e iré sacando agua pura y cristalina con mis episodios.

Cuando salgo a pasear y veo esos colegios tan grandes, las librerías llenas de libros de texto, cuadernos, lápices, cuántas cosas… me acuerdo de nuestras escuelas hechas de paja y tierra. Es verdad que hemos ido mejorando, poniendo cemento en el suelo de algunas, ya que en la tierra se crían unas pulgas (llamadas niguas o perforantes) que se meten en los pies y hacen sus nidos. Es doloroso. Pican mucho y, en el peor de los casos, producen infecciones.

Unos años después de la colonización belga, los Jesuitas y otras órdenes religiosas comenzaron las escuelas de primera y segunda enseñanza. Comenzaron a escolarizar a los niños, pero sus familiares no lo tenían todo consigo y, en lugar de enviar a sus hijos, enviaron a los de sus esclavos, por si acaso… Las consecuencias fueron que a partir de los años salieron de las escuelas muchos esclavos maestros y gente muy bien preparada para diferentes trabajos. Se tornaron las cosas. Los propietarios de dichos niños (esclavos) se quedaban con sus sueldos y enviaban a sus hijos legítimos a buenos colegios… Gracias a Dios en 1972 el Presidente General Mbutu, aconsejado por los americanos, abolió esta ley con duros castigos al que no lo cumpliera. Desgraciadamente, aún quedan algunos casos esporádicos.

Siguiendo mi tema de escuelas os diré: que tanto padres como hijos tienen una gran ilusión por estudiar. Por lo menos, saber leer y escribir, para que ninguna autoridad les pongan cargos, multas, o si les dan documentos falsos, que sepan defenderse. Como es tanto lo que desean estudiar, las clases se quedan chicas. Solución: siguen sus estudios subidos en los árboles que están muy cerca de las clases, ya que las ventanas son grandes. Algunos escriben sus apuntes en las espaldas del que tiene delante. Lo que no he podido averiguar es dónde escribe el primero que subió a la rama. Así son felices y contentos a pesar de estar en ayunas. Hasta el atardecer no comerán, ¡y qué comidas!

Sigamos luchando por estos hermanos que sufren de verdad y siempre con la sonrisa en los labios.

Un fuerte abrazo de vuestra hermana que tanto os quiere.

Mª Luz Nogueira, misionera claretiana

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