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EXPERIENCIA MISIONERA EN MANOGUAYABO

Me resulta difícil contar lo vivido en aquellas tierras dominicanas, pues todavía estoy impactada y con el corazón allí. ¡Me cuesta volver de nuevo a este mundo tan diferente!
La sencillez de las personas, su capacidad de resistencia, la alegría de los niños, la acogida que nos han brindado a todos los misioneros y la confianza que tienen en Dios, me llega al alma.
Me duele la situación de indefensión que viven los niños que no tienen acceso a la educación, los enfermos que no pueden pagar una atención médica, las niñas que se prostituyen para ayudar a sus familias, los haitianos que son marginados…
¡Cuando estoy con los pobres descubro el “tesoro” por el que vale la pena dejarlo todo y seguir a Jesús, hasta dar la vida!
¡Realmente en los pequeños y los pobres Dios me revela su rostro! ¡En sus miradas siento la mirada profunda de Dios! ¡En su cariño experimento la Ternura del Padre! ¡En sus luchas descubro la Fortaleza del Resucitado!
Me siento muy orgullosa del grupo misionero con el que he tenido la suerte de compartir esta experiencia, mi hermana Claretiana Ángela, José Enrique, Antonio y Fermín, trabajando bien en equipo, cada uno ha dado lo mejor de sí, en los encuentros con niños, jóvenes y adultos, en las visitas a familias, en la rehabilitación a enfermos, en la actividad con los niños de la cárcel, en los talleres de Biblia, en el trabajo con profesores… Hemos vivido tiempos de reír y llorar, de compartir en la oración diaria y de pasear juntos, creando entre todos un buen ambiente fraterno.
Durante este mes de misión Dios nos ha cuidado a todos, pues ninguno nos hemos enfermado, a pesar de las condiciones poco higiénicas en que nos hemos movido. Experimentando su “GRACIA” en todas las tareas que llevábamos entre manos.
Nos hemos encontrado con personas que son signos claros de la PRESENCIA DE DIOS, de Aquel que Jesús de Nazaret nos anunció, El que no abandona a ninguno de sus hijos, entre ellos los educadores de la cárcel, nuestras hermanas claretianas, los voluntarios que se entregan generosamente allí…

¡TODO HA SIDO UN REGALO DE DIOS!

Isa Guillén, misionera claretiana.

Angela y Jose

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