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EXPERIENCIA MISIONERA – 2º ENCUENTRO

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“SON NUESTROS HERMANOS”

Proyecto en República Dominicana.

 

PROYECTO CENTROS NUTRICIONALES EN EL CONGO

El presente proyecto pretende mejorar la alimentación de las poblaciones de Kasinsi, Isingu y Pay Kongila, en la R. D. del Congo, principalmente a niños, mujeres embarazadas y enfermos.

Las misioneras claretianas llevan más de 40 años atendiendo a esta población por medio de centros nutricionales, dispensarios, maternidades y centros infantiles. Con todo ello pretenden proporcionar la alimentación necesaria a estos colectivos, de tal manera que se logre disminuir el número de casos de enfermedades, así como permitir un normal desarrollo de los embarazos y de la infancia en general.

Centros nutricionales

PROYECTO MOBILIARIO PARA ESCUELA INFANTIL EN TILOMAR

El presente proyecto pretende dotar a la Escuela Infantil para niños de 3 a 5 años en Tilomar, del mobiliario necesario para poder comenzar las clases. Tilomar es una aldea situada en zona rural y montañosa al sur de Asia, en Indonesia, que carece de muchos medios de vida, entre ellos la educación y el transporte, así como otras necesidades básicas relacionadas con temas de nutrición y salud. En Tilomar sólo hay una escuela elemental.

La construcción de la escuela infantil fue solicitada por la población, que donó el terreno para tal fin y está dispuesta a ayudar en lo que sea posible.

Mobiliario Tilomar

PROYECTO ESPERANZA: UN TECHO PARA APRENDER

El presente proyecto está en el marco del Centro María Inmaculada de Santo Domingo, un proyecto educativo que lleva funcionando 10 años. En su momento se comenzó con niños de nivel inicial y ya tienen hasta séptimo curso, pero para que los casi 100 alumnos que son atendidos completen el octavo curso de la educación básica se necesita construir tres espacios más.

Proyecto Esperanza

TESTIMONIOS EXPERIENCIA DE VERANO EN TÁNGER 2012

Del 10 al 25 de agosto de 2012 un grupo de once personas ha tenido la oportunidad de vivir una Experiencia Misionera en Tánger. Principalmente se ha colaborado con la Asociación Marroquí de Ayuda a Niños en Situación Difícil (AMANSD), sita en el barrio de Mesnana, aunque también se ha colaborado con el Hogar Nazaret y las Misioneras de la Caridad. Aquí podéis encontrar testimonios de algunos participantes.

Testimonio de Pili Sáez.

Acabamos de regresar de una experiencia en Tánger en la que hemos aprendido a valorar la acogida y la generosidad de personas a las que íbamos a ayudar. La Providencia sin duda ha sido quien ha dirigido nuestros pasos.

Nuestro grupo ha sido muy variado en edades y ocupaciones, pero no en su deseo de servicio hacia los más necesitados: los niños.

Estaba formado por nueve personas: Miguel, Isabel, Lucía, María, Belén Cristina, Noemí, Ana y Pilar, coordinadas por dos religiosas claretianas: Lidia Alcántara y Beatriz Pereiro.

Para algunos era su primera experiencia y, debido a ello, la inquietud ante lo desconocido planeaba sobre sus corazones. No obstante solo fue hasta llegar al centro y conocer a los niños: rápidamente todo ocupó su lugar y pasamos a tomar parte de las actividades programadas con alegría y entusiasmo.

Compartimos su mesa y su hogar y colaboramos en todo lo que se necesitaba de nosotros, reforzando nuestro compromiso con la oración compartida.

Participamos también, en el centro de los HH Franciscanos de La Cruz Blanca acompañando a los residentes, discapacitados profundos, en sus comidas y paseos, así como colaboramos con las hermanas de la Madre Teresa de Calcuta en su guardería para niños con necesidades.

Los quince días han pasado muy rápidamente y nos han hecho dejar esas tierras con el corazón apretado por la pena de la separación y feliz por todo lo vivido.

Solo esperamos poder repetir en otras ocasiones si Dios así lo quiere…

Testimonio de Lucía.

Muy pocos kilómetros nos separaban para un nuevo encuentro y mil preguntas llenaban el cielo para tener certeza de nuestras existencias. Yo te soñaba repetidamente y tú aguardabas, cual bella sirena, que yo regresara.

¿Cuántas veces te asomaste a tu mar para verme llegar? No lo sé, pero estoy convencida, que siempre tuvimos la esperanza de volver a vernos…

Y te confieso que sentí miedo de quererte otra vez, quizás porque mi corazón ya sabía de un amor como el tuyo, tan diferente, tan distinto, tan profundo. Y ahora tú mejor que nadie sabes, que no dejo de pensar en ti, que recuerdo cada segundo de esos días en los que me abrazaste con tanta fuerza que con sólo cerrar mis ojos, vuelvo a escuchar los latidos acompasados de tu corazón.

Y en esta carta abierta en la que intento derramar esas palabras que no saben muy bien cómo ordenarse para describir lo que el alma gustó con los sentidos, quisiera gritar nombres, recrear lugares, atrapar momentos que han quedado grabados para siempre en mi memoria, en la retina de mis ojos y en las palmas de mis manos, para de esta manera seguir soñando un nuevo encuentro contigo.

Aún no acierto a entender cómo en apenas dos semanas el corazón puede ser testigo de un torbellino de sensaciones que irrumpen tan deprisa en tu existir, dejándote muda de palabras y a rebosar el alma. Y es que el suceder vertiginoso de esos días actúa como el oleaje en la roca, golpeando constante y delicadamente la dura piedra de lo que de verdad somos, abriéndonos los ojos de par en par y llenándonos los bolsillos a veces gastados de nuestras vidas, con una cultura de inmensas riquezas ocultas a las simples miradas, con un país envuelto en colores cálidos y en olores intensos e inenarrables, con un continente que lucha y persevera en su ser más profundo.

Con sólo pisar el barco, mis pies ya supieron que recorrerían calles repletas de gentes a quienes sonreiría con esa sonrisa sincera que nace del alma. Y es que mi corazón enseguida tuvo la certeza de haber encontrado a los mejores compañeros de camino con los que vivir y compartir esta inolvidable experiencia. Con nuestras charlas, risas, opiniones, quejas, lágrimas, ilusiones, confidencias… fuimos construyendo un grupo que hizo realidad el “todos sean uno” del Evangelio.

 Ahora susurro al cielo despacito vuestros nombres, para que seáis bálsamo para esta fría nostalgia que se ha hecho presa dentro de mí, pero que a un mismo tiempo – y ahí está la grandeza – da calorcito y abrigo a mi alma: Lidia, Beatriz, Miguel, María, Pilar, Isa, Ana, Tina, Noe, Belén… Tod@s me habéis mostrado algo que sólo se ve si miramos desde el corazón: que Dios, a pesar de mi debilidad, me hace fuerte; que vale la pena darse hasta el extremo; que cuando menos lo esperas, llega ese soplo suave y refrescante del amor a tu vida, de ese amor con mayúsculas que todo lo transforma…

En el trabajo compartido en el centro de acogida de niños de Mesnana, en Casa Nazaret y en las Misioneras de la Caridad; en la oración que nos acompañaba al tornarse el día en colores oscuros; en las horas de descanso a la entrada de la casa de Faysal, nuestra casa durante quince días en la que lo compartimos “todo”, o en su magnífica terraza con un cielo lleno de estrellas; en los momentos duros en los que el corazón se dolía de tanto sentir, al mirar los ojos tristes de unos niños que en su piel llevan las marcas de una inocencia casi robada; en el descubrir una cultura a través de gestos y palabras con Sheyma; en el continuo repetir con Brahim “el perro de San Roque no tiene rabo…” y en el apretar los mofletillos de Yusla; en las exquisitas comidas de Shuaylah, que nos hizo sentir los invitados más privilegiados del mundo con su dulce sonrisa; en la complicidad y el inmenso cariño puesto en la preparación de la “mini-fiesta sorpresa” para el cumpleaños de Belén y María; en las Eucaristías celebradas en la sencilla Catedral de vidrieras que dejaban filtrar una luz especial… En tantos y tantos momentos, fuimos como una gran familia de muchos herman@s, llegados desde distintos y distantes puntos de España y que al mirar ahora de nuevo el mapa, siento como más cercanos, como si no hubiese kilómetros que nos separen, sólo miles de pasos a recorrer para tocarnos de nuevo el corazón.

 Comencé estas torpes palabras derramadas en este papel virtual, con una declaración de amor hacia esa tierra: Marruecos, porque no podía ser de otra manera… “Fui extranjera y me acogiste” y yo quise amarte por lo que eras, intentando dejar atrás esquemas y prejuicios, ideas preconcebidas y tópicos, porque al volver a ti, pude comprobar de nuevo que eres una tierra amable y de inmensa calidez, cautivadora y misteriosa, llena de la sonoridad alegre de sus calles y de sus gentes y de un olor embriagador que te atrapa el alma y los sentidos. Una tierra que dibuja de belleza tus ojos en cualquier atardecer y en la que es posible soñar despiertos “que todo se puede lograr”.

 Y en su locura, Dios hizo que recibiera sin esperarlo el “ciento por uno” en ese reencuentro con Abderrahim, Alami, Faysal, Hamed, Hicham e Hicham O, Houssain, Khalid, Tahiri y Youssef, quienes volvieron a enseñarme el valor de una caricia, la inmensidad de una mirada, a no medir el tiempo en horas sino en sonrisas, a dejarme llevar de la mano…

 Y es que desde que te dije un “¡hasta pronto!” en el barco de regreso, yo sueño con volver a recorrer de nuevo tus calles bulliciosas de gentes; con volver a dar por unas horas un poco de ilusión y esperanza a unos niños que poco saben de ellas; con volver a sentir el maravilloso placer de saborear un te en la calma de la caída de la tarde; con subirme de nuevo a la furgoneta de Abdula y veros a tod@s allí, cada un@ en su asiento, sonriendo y cantando rebosantes de alegría.

Pero lo cierto es que “se acabó el billete”… que cada un@ nos bajamos de ese inolvidable sueño, en una parada diferente, que nos fue dejando en la misma puerta de nuestras casas, en nuestra realidad diaria.

 Pero al coger de nuevo mi maleta, con asombro he comprobado que ésta tenía un peso muy distinto que cuando me marché… Y al abrirla he descubierto que se había llenado con un poquito de cada un@ de vosotr@s…  Éste ha sido sin duda, el mejor regalo, el mejor recuerdo que me he podido traer de Tánger, un regalo que siempre, siempre, siempre, conservaré agradecida en mi corazón.

 

PROYECTO ESCUELA EN KINSHASA

La R. D. del Congo se encuentra en un estado de constante guerra, debido a la gran riqueza que posee y que es tan codiciada por los países europeos y Estados Unidos. Así, la R. D. del Congo ha sufrido repetidas incursiones de los países limítrofes como Ruanda, Uganda y Angola, que desestabilizan el poder actual y crean en la población un estado de inseguridad y desplazamiento continuo. La capital, Kinshasa, es fiel reflejo de la situación del país. Su población sufre una gran pobreza, que en los últimos 10 años se ha agravado a causa de la crisis económica, la guerra constante y la corrupción existente.

El problema de la educación en la R. D. del Congo es grave. La falta de infraestructura escolar apropiada tiene una incidencia sobre el nivel de vida intelectual de los niños.

 La comunidad de N´Sele, donde se ubica el proyecto, tiene una población con un nivel socio-económico bajo. Se trata de familias desplazadas a causa de la guerra, que se han instalado recientemente en la zona. Igual que en el resto del país, los salarios son muy bajos. Por tanto, son pocas y lentas las esperanzas de progreso. La nueva realidad política no augura a corto plazo ninguna mejora en estas regiones tan deprimidas.

Nuestro proyecto pretende realizar la construcción de 7 clases, 1 despacho y 12 sanitarios-WC para una escuela secundaria, con el fin de solventar las necesidades educativas de los niños de esta nueva zona de Kinshasa. Con esta escuela se pretende solucionar el problema educativo de esta población infantil, desplazada con sus padres, a causa de la guerra y de la miseria que sufre el país desde hace varios años.

El proyecto es ambicioso, puesto que requiere de casi 150.000 euros para ser llevado a cabo. Sin embargo, confiamos en obtener lo necesario para construirla, gracias a vuestra colaboración, y así posibilitar que los chicos/as puedan recibir la educación que les haga salir adelante en sus vidas, permitiendo así contribuir a mejorar en el futuro la situación de su país.