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PROYECTO DONA TIEMPO, DONA VIDA (2)

Hoy 3 profesores y 7 voluntarias (alumnas de 2º de bachillerato del Colegio María Inmaculada de Carcaixent) hemos iniciado el Taller de lengua para inmigrantes. Atendemos a más de 30 mujeres los viernes. Y a algunos hombres los martes. Son ya muchos años impartiendo este taller en el que las mujeres inmigrantes aprenden vocabulario básico y a comunicarse en las actividades cotidianas en las que se encuentran en su día a día: visitas al médico, ir a comprar, acudir al colegio de sus hijos, rellenar impresos, etc.

Como las mujeres vienen con sus hijos pequeños, a los que no pueden dejar en sus casas, también los atendemos.

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PROYECTO DONA TIEMPO, DONA VIDA

Hoy hemos reiniciado este proyecto de voluntariado en el presente curso. Más de 30 estudiantes de Bachillerato del colegio María Inmaculada de Carcaixent dan parte de su tiempo dos tardes a la semana para ayudar a niños y niñas de la localidad en su aprendizaje. Deberes escolares, juegos, socialización… son algunas de las tareas que estos jóvenes voluntarios realizan con los niños y niñas.

Este Taller de refuerzo escolar organizado por KORIMA se realiza en colaboración con los Servicios Sociales del Ajuntament de Carcaixent, que además nos cede el local para llevarlo a cabo.

EXPERIENCIA SOLIDARIA EN NÍJAR – MATER IMMACULATA MADRID

¿Alguna vez has abierto los ojos y te has dado cuenta de lo que te rodea?  No me refiero a los árboles, a las casas, a los coches… estoy hablando de ese momento en el que te das cuenta de que el sueño que habías tenido cuando eras pequeño se quedo en eso, un sueño. Te has fijado en que ya no eres tú el dueño de tu vida sino la rutina. Te levantas, vas al trabajo, comes, trabajas otra vez, estás con el móvil o la televisión y te vas a la cama. Eso sin contar con el tiempo que dedicas a tus propias preocupaciones que vuelven a cobrar vida día tras día. Que triste es pensar que nuestro tiempo, el bien mas preciado que tenemos, es desperdiciado continuamente. Has notado que tu vida gira entorno al yo, a ese ladrón de segundos, minutos, horas…. ¿Qué sería de tu vida si la compartieras con alguien más? Si en lugar de levantarte pensando en ti mismo, rompieras las reglas y te dedicaras un poquito más a los demás.

El viaje a San Isidro de Níjar es una buena forma de salir de la rutina, de coger las riendas de tu propia vida y encauzarla en un camino mejor. Al principio nos apuntamos a esta experiencia para pasar tiempo con nuestros amigos, sin saber que cambiaría nuestra forma de pensar y ver la vida. Los días que hemos pasado aquí se han  convertido en un regalo, el que das, y en uno mayor y más gratificante, el que recibes, en forma de sonrisas y amistades

Entre ayudar en el banco de alimentos, colaborar en el taller ocupacional y la impactante visita a los asentamientos, podría parecer que no hubo tiempo para reflexionar sobre aquello que teníamos delante. Sin embargo, tuvimos la oportunidad de conectar con Kwesi, Mussa y Mammadu, personas completamente distintas a nosotros llenas de historias. Nos impactó que siendo tan pequeños tuvieran que afrontar obstáculos tan grandes como atravesar un continente, vivir solos en un país donde no conocen el idioma y que conflictos armados ajenos a ellos, les hayan robado la infancia para siempre. A pesar de esto, son capaces de combatir estas adversidades con una gran dosis de positividad, amor y fe. Volvemos de esta experiencia como personas diferentes y con estos héroes en nuestros corazones.

Durante estos días nos hemos dado cuenta de la importancia de dar y de compartir nuestro tiempo con aquellos que no reciben ni la mitad del cariño que nosotros. Como muchas veces dicen nuestros padres, somos unos afortunados, pero a veces nos hace falta ver la situación de otros para darnos cuenta de ello. Nosotros no podemos mejorar su situación, pero sí podemos sacarles una sonrisa e intentar ayudarles en lo que podamos. Nunca hemos tenido que cruzar un océano para conseguir nuestros sueños y lo único que nos diferencia de aquellos que sí lo han tenido que hacer es el lugar de nacimiento.

(Elaborado por los alumnos de 1º de Bachillerato que vivieron la experiencia durante el mes de marzo del presente curso)

EXPERIENCIA SOLIDARIA NÍJAR 2018. TESTIMONIOS

Es curioso que si me hubieran preguntado al empezar el curso si me gustaría participar en un voluntariado, hubiera dicho que sí. Siempre me ha gustado la idea de ir a África, Pakistán o la India como voluntaria para echar una mano. Aun así, puedo decir que después de la experiencia que tuvimos en Níjar hace unas semanas, mi idea de ayudar como voluntaria no ha cambiado, pero sí mis expectativas.

Ha sido alucinante como en unos días nos han demostrado que no hace falta cambiar de cultura, país o continente para ayudar. Sé que los 5 días que estuvimos allí no habrán cambiado el pueblo, ni a las personas, ni todo el trabajo que hay que hacer. Está claro que en 5 días no se puede solucionar el mundo, pero sí cambiar nuestra forma de verlo. Ha sido increíble conocer con todos los sentidos las realidades que vemos diariamente por la televisión y que no tenemos en cuenta. Que toda la pobreza y falta de humanidad existe, y a un par de horas de nosotros. Ha valido muchísimo la pena que explotaran esa burbuja donde vivimos y nos llevarán a Almería.

La rutina de ese pueblo que pocos conocen me ha hecho aprender. Creo que es una experiencia muy necesaria, estoy súper agradecida de haber tenido la suerte de poder disfrutarla. Ojalá de aquí 3 años mi hermano llegue a bachiller y diga “después de ver lo que hay en Níjar no voy a volver a tirar ni las judías de la paella” y además de mi hermano, que muchos más tengan la oportunidad de crecer tanto como personas en unos pocos días. Ojalá muchos puedan ayudar, ver los asentamientos, participar en talleres, disfrutar de la convivencia entre amigos… Pero sobre todo ojalá muchos más puedan escuchar historias, cada una diferente, con unas complicaciones, unas fechas y una mueca de tristeza en cada cara.

Sin lugar a dudas, lo que más me ha marcado ha sido la gente, sus experiencias y su forma de ver la vida. Me ha marcado que la gente nos diera lo que tenía para darnos las gracias, sabiendo que no les sobraba. Me ha marcado el valor que le dan a las cosas, a todo lo que forma parte de nuestra vida cotidiana. Después de ver a gente discutir por comida, o que duermen en el suelo un día de lluvia después de trabajar horas, me he replanteado la suerte que tengo. Fui a Níjar con la intención de ayudar, pero he vuelto con la conclusión de que me han ayudado ellos a mí. Y con esto me refiero a querer, a valorar, a disfrutar y a no juzgar.

En 5 días he visto gente más feliz sin tener nada, que en mi ciudad gente que tiene de todo. He visto amabilidad, gentileza, ganas de vivir, ganas de estudiar, hambre, dolor, preocupación y miseria. Sin lugar a dudas, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, y ya envidio a los del año que viene que van a poder ir. (María Ramírez)


Después de esta gran experiencia me he dado cuenta de todos los privilegios que tenemos y de lo poco que los apreciamos, ya sea a nivel de comida o a nivel de cosas materiales. Durante estos días he podido apreciar con lo poco que son felices estas personas y lo mucho que lo agradecen todo, hasta por el mínimo gesto que hacías por ellos te lo agradecían. Una de las cosas que más me impactó es que cuando vas a las casas a visitar quizás te ofrecen lo único que tienen y te lo dan a ti tan solo por haber ido a visitarlos o a llevarles cualquier cosa. La verdad es que ha sido una experiencia muy dura ver como vivían. Otra cosa que me impactó muchísimo fue cuando nos contaban sus experiencias en la patera, como los engañan cobrándoles hasta 3.000 euros por un viaje que les aseguran llegar en 2 días pero quizás llegan en siete y desgraciadamente hay algunos que ni llegan y además si alguno cae de la patera no lo recogen o si alguno se pone enfermo lo tiran al mar. Y una vez llegan aquí no tienen nada ni casa, ni familia, ni dinero, ni trabajo, tienen que empezar una vida de nuevo.
Allí cada día te impactaba una cosa nueva. Ya era por las experiencias que nos contaban o porque íbamos a los asentamientos y veíamos como vivían, sin calefacción, el suelo de tierra, techos de plástico y a veces incluso las paredes también, volvían de trabajar y no tenían ni agua caliente para ducharse y tal vez tampoco nada para cenar porque con unos míseros 4€ la hora, los que tenían suerte de trabajar, no dan para mucho si tienes una familia que mantener, aunque las mercedarias les ayudaban mucho con comida y ropa, pero nunca había suficiente para todos. Los que no tenían tanta suerte se quedaban en las rotondas a las 8 de la mañana esperando a alguien que ese día ya no pasaría a por ellos y además no cobrarían. Además de trabajar, algunos venían con sueños de estudiar pero sabiendo lo que cuesta una universidad y además estando sin papeles poco podían hacer. Y además de los jóvenes que querían estudiar, estaban los niños y niñas que vivían en asentamientos que tampoco tenían el privilegio de ir al colegio.


Además de como viven es también el peligro al que se exponen yendo a comprar o volviendo de trabajar con bicicleta cuando está oscureciendo debido a que las carreteras no tienen un arcén para que vayan las bicis. Fue muy impactante ver de camino a Mercadona la cantidad de flores que hay a los bordes de la carretera por todos los muertos con bicicletas. Y que además te digan: ” me voy a comprar a mercadona, a ver si tengo suerte y vuelvo vivo”, te deja muy muy helada.
Cuando llega la hora de irte te sientes como si te los dejaras allí abandonados y tú vuelves a tener de todo, pero aunque con esos pocos días no hayamos podido arreglar todos los problemas que hay allí (que son muchos), hemos aportado nuestro granito de arena y hemos hecho todo lo que hemos podido.
Además de todo el sufrimiento que hemos visto me llevo muchas cosas buenas en mi interior y muchos buenos ratos de risas con los inmigrantes y entre nosotros que siempre recordaré, pero sobre todo me llevo una nueva manera de ver la realidad y de apreciar todas las cosas que tengo dándome cuenta de que son muy valiosas.
Muchas gracias por vivir esta experiencia tan especial con todas nosotras. Siempre la recordaré y ya estoy esperando repetirla. (Marta Dolz)


Realmente, es muy fácil citar la experiencia vivida en Níjar pero a la vez es verdaderamente  difícil expresar los sentimientos y las causas de estos surgidos a raíz de una semana allí.
Me hago tantas preguntas al recordar a todos aquellos que nos han permitido aprender de ellos… por ejemplo:
¿De dónde han sacado tanta valentía a lo largo de su vida?
¿Por qué dan todo si no tienen nada?
Es tan ironico esto, gente que se juega la vida para llegar a “un mundo mejor” para mantener a sus familias que estan a miles de kilómetros de ellos, personas que a tan solo 4 horas de nosotros recorren kilómetros para conseguir algo de agua, niños que viven entre casas de plástico las cuales muchas veces ni siquiera tienen techo. ¿Cómo es posible que vivan en la miseria y sean tan felices? Son tan diferentes nuestras vidas…
Por suerte, la miseria de la que hablo tan solo es material, porque me considero afortunadísima de haber conocido a gente con un corazón tan enorme como el de todos ellos, me alegra haber vivido, disfrutado, compartido y formado un gran vínculo y una gran unión con todos ellos.


Por último, una de las cosas que me han sorprendido mucho, es el concepto “felicidad” de ellos, fueron felices solo por compartir un partido de fútbol con un grupo de niños, tener una invitación a la hora de comer o de cenar, y por una mínima ayuda en diferentes talleres en los que ellos trabajaban. Ahí demostraron que el dicho de “menos es más” es completamente cierto y dentro de nuestro mundo por suerte hay gente que nos lo ha enseñado.
Realmente estoy agradecida, tanto que quizás mis palabras no son suficientes.
Como empezaba diciendo, es muy difícil expresar qué nos han hecho sentir, y sobre todo cuánto nos han enseñado, pero estoy completamente segura de que lo que nos han hecho vivir ellos, la manera en la que nos agradecían cualquier gesto insignificante y las sonrisas y miradas dirigidas hacia nosotros jamás las voy a olvidar. (Amparo Beneyto)


Antes de ir a San Isidro de Nijar, ya sabía a lo que iba, vas con la conciencia de  que vas a un lugar pobre, donde la gente vive muy mal, donde hay mucho emigrante bla bla bla.. te piensas que eres el/la mejor porque vas a ayudarles, pero no, te ayudan ellos a ti, eres tú el que vuelves cambiado.
A pesar de ser solo 5 días, han sido unos 5 días convertidos en 10, unos 5 días muy intensos, unos días que me han hecho ver la vida de otra forma distinta.
Porque yo no fui allí a ayudar, sino a que ellos me ayudaran y me dieran una lección de vida. Nos pensamos que somos mejores que ellos, simplemente, porque tengamos dinero, un techo donde dormir y comida. Pero no, lo que conoces allí son personas enormes, que no tienen nada y te lo dan todo. Personas que a pesar de todas sus penas, te ofrecen su mejor sonrisa. Personas con unas ganas de luchar y seguir adelante admirables, son gente como nosotros o mejor que nosotros, aunque físicamente tengan menos, interiormente tienen mas.
De esta experiencia me llevo una gran lección, me ha abierto los ojos, si ellos pueden salir adelante, ¿por qué nosotros no? Si ellos cada día se levantan con una sonrisa a pesar de no tener para comer, ¿por qué nosotros no? Hay que aprender de su filosofía de vida. A pesar de todo lo que llevemos atrás, solo hay que mirar adelante. Porque si ellos en sus pésimas condiciones de vida tienen ganas de seguir viviendo y luchando por una vida mejor, nosotros también.


Otro dato que me impactó y me marcó fue el hecho de que la gente no les trate como personas, que el alcalde del pueblo haga lo posible para tirarles de allí. Pero, ahora pregunto yo, ¿y ellos son personas? Para mi parecer no, ¿qué clase de gente hace eso? Solo piensan en ellos. Pero lo más duro es ver que a 100 metros de donde se dan estas situaciones hay casas de lujo y turismo, y que se vive como en un mundo paralelo.
Había que ver que simplemente con jugar con ellos a fútbol o al spiribol la cara de felicidad que tenían, se sentían personas como nosotros, se sentían uno mas.
Es muy penoso ver cómo la gente se aprovecha de ellos, ver cómo les tratan como animales. Les quitan los bancos para sentarse en los parques, en algunos asentamientos les quitan el agua y, además, los empresarios los usan para trabajar cobrando una miseria. Vergüenza me daría a mi vivir a costa de ellos. Pero claro, luego los que no son personas son los emigrantes.
A esto hay que añadir la gran labor que hacen la monjas de la congregación de las Mercedarias , viven para servir. Dan su vida para que ellos puedan vivir, como mínimo, como un ser vivo. Son unas monjas maravillosas y luchadoras, sin las cuales, muchos de ellos ya no estarían aquí.
La persona que más me ha marcado fue un morenito llamado Kwasi, nacido en Ghana. Era una persona muy alegre, que tenía una risa muy contagiosa. Era amable y sereno, era genial, veías la alegría en él. Se pasó la mayoría de días con nosotros.


Un día nos contó su trágica historia, lo que ocultaba detrás de él, de esa gran sonrisa. Y ya no era tan alegre todo, la cosa cambiaba. Pero, a pesar de ello, nunca le vi dejar de sonreír ni de luchar por conseguir sus derechos.  Aprendí muchas cosas de él, cosas que voy a llevar a la práctica y no voy a olvidar.
Por otra parte, en la convivencia hemos aprendido a cuidar de nosotros, a que no nos lo hagan todo. También hemos conocido a personas de nuestro grupo cómo son de verdad.
Si tuviera que describir esta experiencia en una sola frase, diría: aprendiendo a mirar la realidad con otros ojos. Porque he aprendido a dejar a parte lo material, a darme cuenta que con poco se puede vivir y ser feliz, que si ellos pueden, yo también. He aprendido a que a pesar de los problemas que podamos tener, siempre hay que sacar lo mejor de nosotros y no dejar de luchar, a sacar nuestra mejor sonrisa y seguir adelante. A ser generosa y dar lo mejor de mí.
Este tipo de experiencias son únicas, en definitiva, he aprendido mucho. Es difícil expresar en palabras todo lo vivido y lo sentido.  (Aida Bertomeu)

 

EXPERIENCIA SOLIDARIA SAN ISIDRO DE NÍJAR 2018

Ayer, día 1 de febrero, partió hacia San Isidro de Níjar el primer grupo de alumnos y alumnas voluntarios de 1º de bachillerato del Colegio María Inmaculada de Carcaixent en experiencia solidaria. La próxima semana irá un segundo grupo de la misma clase. Y en las próximas semanas irá también un grupo del Colegio Mater Immaculata de Madrid.

La mayoría de estos alumnos y alumnas ya participan como voluntarios en proyectos de solidaridad (por ejemplo el proyecto de Korima, Dona tiempo, dona vida, con su taller de refuerzo escolar para niños de familias con dificultades) en el colegio. Y ahora tienen la oportunidad de acudir a Níjar. Allí colaboran con las Hermanas Mercedarias de la Caridad en su trabajo con la inmigración que llega a la localidad a trabajar en los invernaderos.

El primer año fueron 5 alumnos. El año pasado 14. Este curso son 28 los alumnos de Carcaixent que participan en la experiencia. Allí apoyarán a las Mercedarias en las clases de alfabetización, el banco de alimentos, el acompañamiento, el taller ocupacional…, y en cualquier otra necesidad que surja mientras permanezcan en Níjar. No es que en apenas cinco días puedan arreglar la situación, pero el hecho de poner sus manos y su tiempo en los demás es importante. Y más aun lo que aprenderán, compartirán y traerán en sus corazones de esos nuestros hermanos que sufren.

DONA TIEMPO, DONA VIDA. TALLER DE LENGUA PARA INMIGRANTES

Esta tarde hemos terminado el primer trimestre del curso actual de las clases de lengua para mujeres inmigrantes de Carcaixent. Y como siempre por estas fechas cercanas a la Navidad, cerramos las clases con una degustación de exquisitos dulces típicos árabes, realizados por las propias mujeres. Un día de convivencia intercultural en el que hablamos y nos conocemos unos y otros mejor. El próximo enero volveremos con nuevas energías. Desde aquí damos las gracias a todos, a las mujeres que vienen a aprender a comunicarse y a los voluntarios que les dan clases.

 

EXPERIENCIA SOLIDARIA NÍJAR 2017

Del 8 al 12 de febrero, trece alumnos y alumnas de 1º de bachillerato del Colegio participaron en una experiencia solidaria en San Isidro de Níjar. Estos son algunos testimonios.

Clara Arias

Hace unas semanas tuve la suerte de participar junto algunos de mis compañeros en una experiencia que cambió mi manera de ver las cosas. El “viaje” a Níjar nos hizo cambiar de mentalidad a todos, nos hizo sacar lo mejor de cada uno, nos ayudó a valorar lo que tenemos, a aprovechar nuestras vidas, familia, amigos… y, aunque no fuera el motivo principal, también nos ayudó a fortalecer lazos entre todos, a conocernos y apoyarnos.

Salimos hacia Almería un miércoles, un poco desconcertados, yo, por lo menos, no sabía lo que me iba a encontrar, no sabía si reaccionaría de la manera adecuada o sí sabría llevar una situación así de dura, ya que soy muy sensible. Pero todo fue muy por encima de mis expectativas. El viaje fue largo, pero a la vez entretenido, para nada fue como el de la vuelta en el que volvíamos agotados. Nos pasamos el trayecto cantando, hablando, haciendo juegos, pero con la incertidumbre de saber lo que nos encontraríamos allí. Aun así, se nos veía ilusionados a todos.

Cuando llegamos, nos recibieron las Hermanas Mercedarias, que nos abrieron su casa como si fuera la nuestra, nos acogieron para vivir su día a día, eran las que nos guiaban durante la experiencia y nos aconsejaban para que todo fuera bien. María José, una de ellas, nos explicó el sentido de la experiencia y nos solía acompañar a cada uno de los talleres o actividades que hacíamos (repartir alimentos, organizar papeles, pintar casas de los asentamientos, recoger naranjas para repartirlas, taller de manualidades, visitar familias…). Cada una de estas actividades las hacíamos con muchas ganas: nos levantábamos temprano y nos acostábamos tarde, pero nunca perdíamos las ganas y la voluntad, nos esforzábamos al máximo y realizábamos cualquier cosa que se nos propusiera sin poner ninguna pega. Para mí, era muy satisfactorio finalizar el día y sentirme una persona nueva, contenta de haber hecho sonreír a un par de personas y saber que has ayudado a muchas otras. Todas las noches, me iba con un muy buen sabor de boca, y con el pensamiento de haber hecho algo positivo tanto para mí como para todas las personas con las que me cruzaba cada día e intentaba ayudar; y creo que este sentimiento lo teníamos todos.

Esta experiencia me ha ayudado a valorar todo lo que tengo. Era muy impactante oír las historias de algunos inmigrantes, desde su trayecto en patera hasta aquí, hasta su vida en España. Algunos incluso habían dejado a su familia en su país de origen y llevaban años sin verla. Era impactante y duro conocer todas las historias y ver como detrás de una persona hay un pasado. Es muy diferente ver todas estas historias en televisión a vivirlo en persona.

Durante estos cinco días no solo he ayudado, sino que me han ayudado a mí: con cada sonrisa, con cada acto de agradecimiento, con cada mirada, aprendías. Te hacían ver la cantidad de cosas que tienes, y cómo debes valorarlas. Ellos con lo poco que tienen son más felices que cualquiera de nosotros teniendo todo lo que tenemos, y eso era muy de valorar, una de las cosas que más nos “chocaba” a todos.

Por último, diría que repetiría esta experiencia mil veces, y meto la mano en el fuego diciendo que los quince que fuimos lo haríamos. Formamos un buen equipo, hemos sabido llevar todo juntos desde las tareas de la casa hasta las actividades en equipo, hemos congeniado y nos hemos apoyado unos a otros, por esto digo que también ha sido una experiencia que nos ha fortalecido como amigos. Recomiendo esta experiencia, de verdad, ha sido una de las mejores de mi vida y agradezco que se me haya ofrecido la oportunidad de ir, y también la disponibilidad tanto de las Mercedarias como de los profesores que nos han acompañado. Y lo dicho, Níjar ha sacado lo mejor de cada uno, ha sido una experiencia inolvidable.

 

Inma Gomar

Mi experiencia en Níjar significó para mí un salto a la realidad que no nos cuentan, porque vivimos en la parte bonita del bordado, pero, ¿cuándo se llega a ver la parte de atrás? Bueno, pues yo la descubrí en esos cuatro días.  Fueron como un jarro de agua que te despeja y te dice: – ¡Oye!  ¡Que no todo es luz y color! Y claro, entonces te das cuenta, piensas en la suerte que has tenido de nacer en tu ambiente. Cada vez que hacíamos cualquiera de las actividades, veías las condiciones en las que estaba la gente, es más, veías como entre la miseria y las malas condiciones ellos te sonreían, cuando tú, entre los algodones en los que vives, no eres capaz de decir algo amable, aunque se lo merezcan. Por ejemplo, cuando fuimos a pintar una “casa”, y la pongo entre comillas porque a esas cuatro paredes irregulares, donde el baño no tiene puerta y es un cubículo con menos de un metro cuadrado de ancho y la ducha es un simple tubo por donde sale agua (cuando hay), no se le puede llamar casa.  Pero cuando le dimos algo de color y la aseamos lo que pudimos, la mujer se deshacía en gracias y en ayudar, además, aunque no tenían para comer, te servían en cuanto llegabas una taza de té o de café para que estuvieras cómodo allí.
Otra cosa que me llamó la atención fue la disposición que presentamos todos hacia las actividades que había que realizar, porque lo que tocaba se hacía, ya fuera pintar, coger naranjas, hacer bolsas de comida, o ir a repartirlas.  Porque todos sabíamos que no había duda, no era broma, la gente lo necesitaba y no había excusas, ni nadie intentaba ponerlas tampoco.
Siempre oímos hablar de pateras, de si llegan tantos inmigrantes, de si han muerto en el mar, pero no sabemos de lo que están hablando hasta que tienes enfrente de ti a un chico,  que vino en patera y te cuenta que estuvo diez días en ella con los pies mojados y la incertidumbre de no saber si iba a llegar,  solo por la posibilidad de poder pasarles algo más de dinero a su familia. Y si lo consiguen se consideran afortunados …
Por tanto creo que ha sido una experiencia muy provechosa en todos los sentidos. Hemos aprendido cómo es la vida, a valorarla.  Estoy muy contenta de haber podido ir y vivirlo todo.

 

Pepe Ausina

Níjar… allá vamos… una experiencia realmente impactante para poder contarlo en esta pequeña reflexión, pero intentaré mostrar mi más sincero recuerdo.

Empezamos nuestro viaje, que más que un viaje para mi ha sido un paréntesis en mi vida, un poco nervioso, obviamente, ya que me conmovía el saber aquello que me iba a encontrar; un miedo a lo desconocido. Pero las dudas se despejaron ya el primer día. ¡Qué importante es el trabajo de un voluntario en estos lugares! En mi caso, no fui a Níjar por pasármelo bien, ni por sentirme un héroe, ni por sentirme mejor y orgulloso de mi mismo… Todo lo contrario, fui a Níjar, igual que voy al voluntariado de Korima (a pequeña escala) porque sé que realmente hay gente que me necesita, que nos necesita. Necesitamos sensibilizarnos de la realidad que nos rodea y del compromiso de estar presenta en ella, es decir, no podemos desarraigarnos de esta realidad y vivir en una burbuja de caprichos que es nuestra vida, pero también la mía.

Como bien dice el dicho: no todos los héroes llevan capa. Cierto es. Desde aquí quiero agradecer en primer lugar a las Hermanas Mercedarias, que con su ayuda continua durante todo el año se convierten en auténticas heroínas y, como las llamaban en Níjar, madres.

En segundo lugar, quiero agradecer el esfuerzo de nuestros profesores Juanjo y Juanra que nos acompañaron en esta experiencia: como nos dijeron ellos, fuimos señalados con el dedo para ir a esta experiencia, de la cual me siento lleno al 200%.

La vida de estas personas es una auténtica lucha, donde la victoria es dolorosa. Con esto quiero decir que, al contrario de nuestra realidad, su preocupación primordial y diaria es poder conseguir comida y lo mínimo que necesita una persona para poder malvivir, pero, aun así, la entrega y las gracias estaban siempre en la boca de estas personas. Estas gracias es un término recíproco, ya que ellos a mí realmente me transmitieron, de manera indirecta, muchas cosas, fue una verdadera lección de vida.

Gracias por hacerme valorar las pequeñas cosas, por hacerme reflexionar que nuestra vida es muy fácil, por contarme vuestras experiencias de vida y por hacerme visible la importancia de la familia, de nuestros padres y nuestras madres. Como decía Gran Jefe, que así le llaman en la población de Níjar, tenemos que dar las gracias a Dios de la vida que tenemos, yo joven que puedo estudiar y sembrar un futuro mejor que el que les espera a todos ellos. Después de la gran aportación que nos hizo esta grandísima persona, en mi reflexión diaria por la noche, me paré a pensar: ¿me lo está diciendo una persona que lucha únicamente por vivir después de haber venido con 14 años en patera? Realmente es gratificante poder darte cuenta que aun en las situaciones más difíciles de la vida, que yo mismo he podido ver en Níjar, siempre hay una pequeña esperanza, siempre hay una ilusión por vivir.

Por último, todavía tengo en mis retinas la imagen de niños corriendo para llenar su pequeña bolsa de plástico el día que fuimos a repartir las naranjas (todas ellas del suelo) a distintos lugares o poblaciones. Ahí es donde me di cuenta que realmente la gente muere de hambre.

Nunca se me olvidará aquella persona que se moría por una fuerte gripe que había cogido en la patera, pero, aun así, él nunca quiso recibir nada por el simple hecho de no poder aportar nada, realmente sorprende. No es necesario desplazarse a los campamentos de refugiados, que también sería muy importante, para poder ayudar a gente que realmente necesita de mí, al igual que de ti. Ya lo podéis comprobar en el Google Maps: Níjar se encuentra a tan solo 387 km.

Carlos Ramón

En el corazón del Mar de Plástico se encuentra una pequeña pedanía llamada San Isidro de Níjar.

En este pequeño lugar te das cuenta del valor de las cosas, de lo afortunado que somos. Durante esta corta pero intensa estancia he vivido el tercer mundo tal y como se nos cuenta, y en España.

Es duro ver como abres en tu casa la despensa y tienes mil cosas que no te apetecen, no sabes lo que es tener hambre pues siempre encuentras algo para saciar tus necesidades. En cambio, cuando ves que hay gente que vive con una bolsa de comida al día y que además te ofrece algo como té y galletas, sientes que algo en este mundo falla. Aquellos que no tienen son los primeros en darse a los demás y, en cambio, los que tenemos lo necesario parece que somos los primeros en ver hacia otro lado.

Personalmente, me ha impactado una imagen: ver como se me caía una naranja recogida del suelo de un campo y como un niño se acercaba corriendo, recogía la naranja y le daba un mordisco. Le pregunté por qué no la lavaba. Su respuesta fue que tenía hambre, no había merendado. Ahí me di cuenta que debía tomar otra actitud, al menos respecto al valor de la comida.

Por último, considero muy buena iniciativa la que se está llevando a cabo, pues nos permite conocer como es esa realidad y además ayudar a las mercedarias, cuya labor es digna de reconocimiento, pues dan su vida a los inmigrantes y lo mejor y lo que me ha enseñado, en particular Maria José, es a ver a personas como yo y no considerar a nadie inferior ni actuar por lástima.

Gracias por hacer que esta experiencia sea posible.