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1 de enero, 52ª JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

El Mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz 2019 recuerda que la buena política está al servicio de la paz. No es una idea nueva. Ya Juan XXIII afirmaba:

“Entre las tareas más graves de los hombres de espíritu generoso hay que incluir, sobre todo, la de establecer un nuevo sistema de relaciones en la sociedad humana, bajo el magisterio y la égida de la verdad, la justicia, la caridad y la libertad: primero, entre los individuos; en segundo lugar, entre los ciudadanos y sus respectivos Estados; tercero, entre los Estados entre sí, y, finalmente, entre los individuos, familias, entidades intermedias y Estados particulares, de un lado, y de otro, la comunidad mundial. Tarea sin duda gloriosa, porque con ella podrá consolidarse la paz verdadera según el orden establecido por Dios” (Juan XXIII, Pacem in Terris, n. 163).

En su mirada al mundo el pontífice observa las tragedias y la violencia que siempre lo asolan. En su mensaje “Urbi et Orbi” del 25 de diciembre Francisco se refirió al conflicto entre israelíes y palestinos, a la martirizada Siria, a Yemen, exhausto por la guerra y por el hambre, a África, “donde millones de personas están refugiadas o desplazadas y necesitan asistencia humanitaria y seguridad alimentaria”, a Corea, a Venezuela, a Nicaragua y a Ucrania.

El papa, en su Mensaje, denuncia la corrupción, “el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio”. Por otra parte, denuncia también “actitudes de clausura o nacionalismos que ponen en cuestión la fraternidad que tanto necesita nuestro mundo globalizado”.

En el camino por la paz necesitamos:

— la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y ―como aconsejaba san Francisco de Sales― teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;

— la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre…; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;

— la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro.

La paz está en el centro de la misión de los cristianos. Es absolutamente rechazable la búsqueda del poder para el abuso y la injusticia. La política no puede ser un instrumento de opresión y tiranía.  La política debe estar al servicio de la paz y de los derechos humanos:

“Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Trabajar por el bien común es cuidar, por un lado, y utilizar, por otro, ese conjunto de instituciones que estructuran jurídica, civil, política y culturalmente la vida social, que se configura así como pólis, como ciudad. Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales. Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. Ésta es la vía institucional —también política, podríamos decir— de la caridad, no menos cualificada e incisiva de lo que pueda ser la caridad que encuentra directamente al prójimo fuera de las mediaciones institucionales de la pólis. El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. Como todo compromiso en favor de la justicia, forma parte de ese testimonio de la caridad divina que, actuando en el tiempo, prepara lo eterno. La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana. En una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él, han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, dando así forma de unidad y de paz a la ciudad del hombre, y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras” [Benedicto XVI, Caritas in veritate, n. 7.]

A los setenta años de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se puede afirmar con el cardenal Turkson:

“A pesar de las solemnes proclamaciones y las expectativas generadas por ellas, se han producido nuevas violaciones de la dignidad humana, mientras que han reaparecido viejas heridas y otras, como en el caso de la esclavitud, han asumido rostros diferentes.

“También es lamentable que, mientras crecen dentro de las naciones la pobreza y la injusticia social, las divergencias entre los estados a menudo siguen abordándose mediante el uso de la fuerza, incluso la fuerza armada, -con consecuencias inevitables y desastrosas para las poblaciones que pagan su doloroso precio-. Persisten en varias partes del mundo los conflictos armados alimentados por oscuros intereses, con su cortejo de violaciones indecibles del derecho a la vida y la integridad física, así como de otros derechos humanos, como el acceso a la atención médica, a la educación, al trabajo y a la vivienda.

“Por lo tanto, es necesario que el derecho fundamental a la paz y al desarrollo integral se reconozca y garantice adecuadamente” [Discurso del Prefecto del Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral con motivo de la Conferencia Internacional de Derechos Humanos en la Pontificia Universidad Gregoriana., 10.12.201].

Es deber de la política la lucha por el bien común. La política es una forma eminente de caridad. Con el Papa podemos afirmar:

“No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza. En cambio, cabe subrayar que la paz se basa en el respeto de cada persona, independientemente de su historia, en el respeto del derecho y del bien común, de la creación que nos ha sido confiada y de la riqueza moral transmitida por las generaciones pasadas”.

Merece la pena recordar las “bienaventuranzas del político”, propuestas por el cardenal Vãn Thuận:

  • “Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.
  • Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.
  • Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.
  • Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.
  • Bienaventurado el político que realiza la unidad.
  • Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.
  • Bienaventurado el político que sabe escuchar.
  • Bienaventurado el político que no tiene miedo” [Cf. Discurso en la exposición-congreso “Civitas” de Padua: “30giorni” (2002), 5].

Nuestro mundo necesita artesanos de la paz. Necesita liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales en pro de la justicia y de la paz. Precisa el diálogo leal entre todos y el estímulo de los jóvenes talentos y de las vocaciones que quieren realizarse. Los miembros de la Comisión General de Justicia y Paz nos comprometemos en esta tarea.

Francisco Javier Alonso Rodríguez
Vicepresidente CG Justicia y Paz

Mensaje del Papa Francisco

Presentación del mensaje: Paz a esta casa

Powerpoint sobre el mensaje del Papa Francisco: Mensaje Paz19

Oración por la paz: Oración paz 2019

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DÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS Y PACTO MUNDIAL SOBRE LOS MIGRANTES

El Pacto Global para la Migración, un signo de esperanza para construir sociedades acogedoras e inclusivas

–     La red Migrantes con Derechos habría preferido que el Pacto incluyese una declaración expresa que diga que el migrante, más allá de su estatus migratorio, sigue siendo persona

Madrid, 10 de diciembre.- Las organizaciones que integran en España la red Migrantes con Derechos –Cáritas, Confer, Justicia y Paz, y la Comisión Episcopal de Migraciones— instan a todos los Estados participantes en el primer Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, que fue acordado el 13 de julio en la sede de Naciones Unidas, a que ratifiquen de manera oficial los compromisos recogidos en el mismo durante la Conferencia Intergubernamental convocada a tal efecto y que se celebra hoy y mañana en Marrakech, Marruecos.

Asimismo, exhortan a los Gobiernos de Estados Unidos, Israel, Hungría, Austria, República Checa, Australia y, probablemente, Italia, que han anunciado que no apoyarán el acuerdo, a reconsiderar su negativa y a sumarse al exitoso precedente que supone el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular para avanzar en el objetivo de gestionar los flujos migratorios de forma integral y a escala internacional.

El Pacto, aunque no es jurídicamente vinculante, tiene una indudable fuerza política y marca un horizonte global en la asunción de compromisos concretos. Por esa razón, la decisión de esos seis países de retirarse del mismo supone un riesgo de desestabilización de los esfuerzos internacionales dirigidos a proporcionar una acción coordinada en la protección de las vidas de los migrantes y refugiados, de sus derechos humanos y de su dignidad.

Migrantes con Derechos recibe como un signo de esperanza la voluntad de la comunidad internacional de reconocer la movilidad humana como uno de los mayores retos de nuestro tiempo y de sumar sinergias para ofrecer respuestas positivas tanto para los migrantes como para los países de origen, de tránsito y de destino.

Somos testigos diarios del sufrimiento causado por las condiciones de explotación y de exclusión social a las que se enfrentan los migrantes y estamos convencidos de que las migraciones, lejos de ser un problema que “gestionar”, son una oportunidad para el desarrollo de todos los pueblos. Creemos, por ello, que el Pacto, por una parte, apuesta por un horizonte de equilibrio entre la defensa de los derechos de estas personas y el derecho de cada país a proteger sus fronteras, y, por otra, inicia una nueva narrativa, no basada en estereotipos o prejuicios sino en hechos y datos reales.

Entre los 25 objetivos señalados en el Pacto Global nos habría gustado mayor claridad con relación al compromiso de no detención de menores migrantes y aunque en el mismo se habla del propósito de los Gobierno de buscar todas las formas posibles para no detenerlos, no se excluye de manera explícita esta posibilidad.

Ante una cita de la trascendencia de la que tiene lugar hoy en Marrakech para consolidar un consenso internacional basado en los principios humanitarios y la centralidad de las personas en cualquier toma de decisiones por parte de los poderes públicos, reivindicamos el derecho a migrar y a no migrar, y a que la salvaguarda de la dignidad y la seguridad de estas personas, muchas de las cuales siguen perdiendo sus vidas en nuestras aguas, se reconozca como un derecho que todos los Estados deben proteger.

Recordamos las palabras dirigidas por el papa Francisco, quien desde enero de 2017 es el responsable único y directo de la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral del Vaticano, a los sacerdotes Fabio Baggio y Michael Czerny, subsecretarios de ese departamento. En su primer encuentro con ellos, sosteniendo un chaleco salvavidas en la mano, exclamó: «Hay que salvar vidas, porque si las personas mueren, ¿de qué política estamos hablando?».

En una Unión Europea cada vez más tentada a cerrar sus puertas y a abandonar a su suerte a todos lo que llaman a sus puertas, este Pacto Mundial puede contribuir a salvar vidas y a asentar los pilares sobre los que construir puentes hacia una acogida fraterna y una integración justa de los migrantes.

Migrantes con Derechos, en vinculación y coordinación constante con otras organizaciones de Iglesia a nivel europeo e internacional, reiteramos nuestra firme voluntad de seguir trabajando para que la implementación de este Pacto Global se traduzca en medidas concretas en los ámbitos locales, regionales y globales, tal y como se ha hecho durante todo el proceso de negociación a lo largo de 2018.

Nota de prensa

Oración por los Derechos Humanos 2018

DÍA DE ÁFRICA

Bajo el lema Mujer: futuro y esperanza, quieren destacar el papel fundamental de la mujer como eje de desarrollo y autoridad desde el sentimiento colectivo de la cultura africana y buscan señalar la importancia de su empoderamiento, protagonismo y liderazgo para el futuro de su propio entorno y el de las siguientes generaciones.

La mujer es una pieza clave para alcanzar el desarrollo económico, la igualdad social y política y obtener la paz en muchos territorios. Sin embargo, en algunas partes del continente, continúa padeciendo sumisión e inferioridad, y en muchas ocasiones estas condiciones son silenciadas. En África, como en el resto del mundo, las mujeres son agentes centrales del desarrollo, en primer lugar simplemente porque representan cerca del 40% de la fuerza laboral. Una cifra que se puede incluso considerar como infravalorada,  puesto que una parte de su trabajo, aunque productivo, permanece invisible en las estadísticas oficiales al no estar remunerado.

En el sector agrícola, su contribución es aún más importante, pues las mujeres son el 60% de la fuerza laboral y producen el 80% de la alimentación según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Es decir que, en sociedades ampliamente dependientes de la producción agrícola nacional, las mujeres tienen un papel clave en el desarrollo económico local y la seguridad alimentaria. Con todo ello, las mujeres africanas mantienen el 90% de la economía, producen el 80% de los alimentos y sustentan a más del 40% de las familias.

La formación y el desarrollo de las mujeres, como cabezas de familia y referentes en sus entornos, suponen un eje clave para el empoderamiento de toda la comunidad. Generar referentes positivos de superacion, autoestima e independencia en las mujeres supone sentar las bases de generaciones presentes y futuras tanto de niños como de niñas.  

Por todo ello, con motivo del Día de África, el próximo 26 de mayo, las voluntades de varias entidades cuyo compromiso con el continente africano tiene ya una larga trayectoria: AEFJN (red África Europa Fe y Justicia), la Capellanía Africana, UMOYA – Comités de solidaridad con África Negra, Fundación África Sur, Karibu, Mundo Negro y REDES, nos unimos en la celebración del Día bajo el lema Mujer: futuro y esperanza,  las organizaciones buscan hacer visible el rol fundamental de la mujer como eje fundamental para el desarrollo de África.

En palabras de Nicole Ndongala, Directora de la Asociación Karibu, “La mujer africana es por naturaleza una mujer de esperanza. Aunque se encuentre con dificultades, confía en que mañana las cosas van a salir bien.” Ella es la protagonista de uno de los hitos de la celebración que es representación del musical “Quilombos: El pueblo negro grita libertad”, una actualización a la realidad africana que llama a las puertas de Europa en nuestros días, de la “Missa dos quilombos” escrita por Pedro Casaldáliga y con música de Milton Nascimento.

CARTA ABIERTA DE LAS MADRES DEL AFRICA NEGRA

 

Todas tenemos origen humilde. A muchas nos hubiera gustado sentarnos en los bancos de la escuela, pero… no nos fue dado ese derecho. (…)

¿Saben los señores cuántos de nuestros niños no tienen escuela? 46 millones.

¿Saben lo que es que los niños duerman con hambre?

¿Saben lo que es ver morir a uno o varios hijos de hambre? (…)

A la mujer africana se la emplea como arma de guerra raptándola, violándola, asesinándola, humillándola y aniquilándola como ser humano. (…)

Un círculo vicioso de sufrimiento y desolación que pone directamente en peligro el futuro, a causa de los miles de niños sin educación y traumatizados por los horrores de la Guerra.

Con humildad, pero también con el coraje que tenemos, les decimos:

No nos cansaremos de luchar por nuestra África,… por nuestra libertad, por nuestros hijos, por nuestra salud, por nuestros derechos.

Después de 500 años de esclavitud y opresión, de exclusión y de ignorancia, de pobreza y de miseria, llegó el tiempo de decir ¡¡¡Basta!!! Llegó el tiempo de nuestra justicia, que para algunos puede no ser legal, pero no existe un jurista en el mundo que nos diga que no es legítima.

Rechazamos las armas y toda violencia, No queremos enfrentamientos de culturas o religiones. Pero,… queremos vivir con dignidad.

Para eso venimos… Y volveremos de nuevo seis veces, doscientas veces , porque los cuerpos pueden ser destruidos por la violación y el hambre pero nuestros sueños y nuestros derechos…

Ni la más potente arma podrá destruirlos.

No sólo parimos hijos, parimos a los hombres del futuro

Nuestros hijos serán educados en nuestra África libre, podrán estudiar.

Habrá médicos y hospitales, y tierra para trabajar y alimentarse.

Vivirán para entender las leyes, para mudarlas, para hacerlas de nuevo a partir de las necesidades de nuestro pueblo.

1 DE MAYO. POR UN TRABAJO DECENTE

Sumando fuerzas por un trabajo decente

Manifiesto ante el 1º de Mayo 

Las entidades promotoras de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) –Cáritas, Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica (JEC) y Juventud Obrera Cristiana (JOC)— unimos nuestras voces y fuerzas en este 1º de Mayo, fiesta de los trabajadores y de san José obrero, para celebrar el sentido creador del trabajo, clave para el desarrollo humano, integral y solidario, y para denunciar la falta del trabajo decente para todas y todos en nuestra sociedad.

Como Iglesia, que quiere ser buena noticia en nuestro mundo, nos hacemos presentes y nos posicionamos en contra de aquellas situaciones que atentan contra la dignidad de las personas.

El sistema configura una sociedad donde el trabajo no es un bien para la vida sino un instrumento al servicio del capital por encima de la persona. La deshumanización del trabajo sitúa a la persona en una peligrosa situación de vulnerabilidad y exclusión social.

Nuestro actual sistema económico se apoya en un mercado laboral caracterizado por los elevados índices de desempleo (más de 3,7 millones de parados según  la última EPA) y de la temporalidad, la pobreza de muchos trabajadores, la precariedad de las redes de protección social (especialmente en lo que se refiere a las coberturas por desempleo y la cuantía de las pensiones), los bajos salarios, el incremento de la inseguridad laboral, la reducida representación y participación sindical, y las dificultades para conciliar vida laboral y familiar.

Detrás de este injusto marco laboral y social se esconden dramáticas historias personales de frustración, inseguridad y explotación, de las que somos testigos directos porque compartimos la vida con las personas que las sufren y las padecemos, también con frecuencia, en nuestras propias vidas.

Ante esta realidad de desigualdad y exclusión que afecta a millones de trabajadores y trabajadoras, las entidades que participamos en la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente recordamos que «la política económica debe estar al servicio del trabajo digno. Es imprescindible la colaboración de todos, especialmente de empresarios, sindicatos y políticos, para generar ese empleo digno y estable, y contribuir con él al desarrollo de las personas y de la sociedad. Es una destacada forma de caridad y justicia social» (Conferencia Episcopal Española, Iglesia, servidora de los pobres, 32).

Como señalan los obispos españoles, «la política más eficaz para lograr la integración y la cohesión social es, ciertamente, la creación de empleo. Pero, para que el trabajo sirva para realizar a la persona, además de satisfacer sus necesidades básicas, ha de ser un trabajo digno y estable». Y añaden que fue el propio Benedicto XVI quien «lanzó un llamamiento para “una coalición mundial a favor del trabajo decente” y que la apuesta por esta clase de trabajo es el empeño social por que todos puedan poner sus capacidades al servicio de los demás. Un empleo digno nos permite desarrollar los propios talentos, nos facilita su encuentro con otros y nos aporta autoestima y reconocimiento social».

Con motivo de la celebración de este Primero de Mayo, defendemos y reivindicamos:

■ Situar a la persona en el centro de la vida política, de las relaciones laborales y del trabajo.

■ Proteger el derecho al trabajo decente para posibilitar un desarrollo integral de la persona, donde el trabajo sea generador de dignidad para la vida.

■ Lograr la igualdad de oportunidades y trato para todos los hombres y todas las mujeres.

■ Garantizar que el trabajo permita desarrollar nuestra vocación y sirva para aportar nuestros dones a la construcción de la sociedad desde el bien común.

■ Reconocer social y jurídicamente el trabajo reproductivo, para poner en valor aquellos trabajos de cuidados que posibilitan y sostienen la vida.
■ Afirmar la seguridad y la salud en nuestro ámbito de trabajo, bajo unas condiciones laborales que no atenten contra la integridad física y psíquica de la persona, y que garanticen la protección social del trabajador.
■ Alcanzar libertad en la empresa para que, como personas expresemos nuestras opiniones, podamos ejercer nuestro derecho a organizarnos colectivamente y participemos de las decisiones que afectan a nuestras vidas.
■ Promover la conciliación real laboral y familiar, mediante la creación de ritmos y mecanismos que posibiliten el desarrollo integral de la persona en la esfera laboral, familiar, cultural y espiritual.

■ Lograr que el acceso a los derechos para una vida digna, como sanidad, vivienda o educación, entre otros, no estén condicionados a tener o no un trabajo.

Como Iglesia en medio del mundo, nuestros movimientos y entidades participan en esta realidad social y sufrimos sus efectos deshumanizadores, lo que nos pone en alerta para cuestionar nuestros estilos de vida y revisar su coherencia a la luz del estilo de vida de Jesús de Nazaret.

Somos denuncia profética mientras somos alternativa; y nos acercamos y somos fieles al Evangelio si somos testigos de aquello que reivindicamos. Tenemos conciencia de la misión y el compromiso de ser levadura en la masa, y de la urgencia de crear nuevos mecanismos y relaciones humanas que posibiliten una vida y un trabajo digno para todos.

Como gesto profético, en este 1º de Mayo invitamos a las distintas comunidades cristianas a celebrar la Eucaristía en acción de gracias por el don del trabajo humano y como signo de solidaridad con quienes sufren la deshumanización del trabajo.

Invitamos, igualmente, a participar en aquellas actividades que convoquen las organizaciones sindicales para exigir un trabajo decente acorde con la dignidad de toda persona y de todas las personas.

Puedes descargar el documento completo en formato pdf aquí.

Para más información en la web de Justicia y Paz.