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CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 30 de octubre de 2019

Queridos amigos:

Aquí vuelvo, intentando ser fiel a mi cita mensual con vosotros, con la confianza de que todos os encontréis bien.

Se está terminando ya este mes de octubre, un mes misionero y claretiano por excelencia, pero este año aún más por haber sido convocado de manera extraordinaria por nuestro papa Francisco. Ojalá todas las actividades que se han realizado a lo largo y ancho del mundo sirvan para crear más conciencia misionera en todos nosotros y que, poco a poco, se vayan viendo los frutos.

Con motivo de este mes misionero, una de mis hermanas y yo tuvimos un encuentro con adolescentes el sábado pasado, en una comunidad llamada El Caimito, por el centro del país, y aprovechamos los materiales misioneros de la OMP para profundizar en el sentido misionero que el bautismo le da a nuestra vida. Creo que les gustó mucho el testimonio que les dimos sobre nuestra vocación misionera.

Y con motivo del mes claretiano, el domingo también participamos en el Encuentro Nacional de Jóvenes Claretianos del país que cada año organizamos desde la Familia Claretiana. Este año el lema fue “Tu Palabra nos envía”. Fue un día bonito en el que compartimos la eucaristía, diferentes talleres organizados por cada rama de la Familia Claretiana y presentaciones que los diferentes grupos de jóvenes habían preparado para la ocasión.

Por lo demás, hemos seguido con las actividades habituales, los lunes y sábados por la tarde atendiendo gente en la oficina, los miércoles llevando gente a la embajada a hacer su pasaporte o a recogerlo y, semanalmente, cuidando que todo funcione bien en La Escuelita, visitando enfermos, preparando cada quince días el pedido de alimentos que repartimos a familias necesitadas… A mediados de mes tuvimos la primera reunión de padres de este curso de los niños de La Escuelita. La hicimos en el local donde atiendo a la gente, puesto que el número de alumnos ha aumentado tanto en estos últimos años que ya no cabemos en La Escuelita para reunirnos. La verdad es que fue todo muy bien. Como siempre, lo organicé de tal manera que cada una de las maestras diera formación sobre algún aspecto: alimentación adecuada, normas de higiene, importancia del juego y del afecto… y, por supuesto, las normas que tenemos en La Escuelita. Los padres salieron contentos y animados para procurar ser más responsables en la educación de sus hijos.

También se alegraron al saber que ya íbamos a entregar la camiseta del uniforme. No había hecho el pedido hasta ahora porque aún seguían viniendo familias para inscribir a sus hijos, pero como ya es imposible apuntar a nadie más porque no nos queda casi espacio para movernos, cerré definitivamente la lista e hice el pedido. Así que ya, cada día, se puede ver en el batey un reguerito de chicos vistiendo orgullosos la camiseta de su uniforme…

Hasta aquí las noticias buenas o agradables. Pero, como en todas partes, la vida no es fácil para todo el mundo. Y ahora que os escribo y repaso mentalmente lo que ha sido este mes, me doy cuenta que se han juntado muchas desgracias para bastante gente.

Algunos me habéis preguntado de manera personal por Odeta y Adline. Ambas siguen mal. La verdad es que Odeta mejoró un poco durante un par de semanas después de recibir el nuevo tratamiento de morfina, pero se ve que ya el organismo se le debe haber acostumbrado porque desde la semana pasada vuelve a tener mucho dolor por la osteoartrosis lumbar y los vómitos han vuelto. En cuanto a Adline, lleva interna en el hospital casi un mes. Afortunadamente, el pastor de la iglesia en la que ella se congrega se ha hecho cargo del asunto y cada día va enviando gente que pueda quedarse con ella, porque si no está acompañada no puede quedarse allí. Mientras, la pobre Phaimie, su hija, se está quedando en la casa de un matrimonio que la ha acogido hasta que su madre salga.

Además de ellas dos, han aparecido nuevas personas con situaciones muy complicadas y que me han tocado mucho. Por ejemplo, un chico joven, que está solo en el país, que ha contraído tuberculosis. Está malviviendo en un cuartito de 2 x 2 metros que ha conseguido. Cuando fui a verlo la primera vez me impactó lo flaquito que está y el mal aspecto que tiene. Estaba tumbado en el suelo, en una colchoneta de menos de 5 centímetros de grosor. Ya le llevamos una camita, que es pequeña, pero que al menos le libra de la humedad del suelo. Y le estamos llevando también algo de comida para que se mantenga.

O el caso del marido de Nelina, que al llegar a su casa descubrió que alguien había entrado y, antes de tener tiempo para reaccionar, el ladrón lo infló a machetazos.

O el de Edianie, una mujer joven que apareció la semana pasada en la oficina y me contó que apresaron a su marido porque intentó separar a dos que se estaban peleando y lo acusaron a él sin tener nada que ver en el asunto. Ahora ella está sola, con sus tres hijos, sin dinero para comprar comida, ni pagar el alquiler de la casa, sin poder ir a visitarlo ni llevarle medicinas…

O el de tantos que han sido agarrados por Migración y deportados a Haití, dejando aquí a sus mujeres e hijos absolutamente desamparados. En las noticias dijeron esta mañana que, solo en esta semana, han detenido y deportado a 1392 extranjeros. Lo triste es que cuando los detienen los tratan como animales, como si no fueran personas. A muchos de ellos les quitan sus documentos, dejándolos indocumentados y a otros ni siquiera les dejan que se los enseñen. Tanto es así, que ya me han llegado algunas personas que han tenido que ir a la frontera a buscar a sus hijos porque, una vez allá, vieron que estaban legales en el país y no podían deportarlos. De corazón os digo que a este mundo le falta mucha humanidad…

También hemos tenido 2 muertes muy sufridas en el batey en este mes. La primera fue la del hijo de Yetá, una de las mujeres a la que venimos ayudando hace tiempo, al que metieron 9 balazos en el cuerpo en menos de un minuto. Y, curiosamente, a menos de cien metros de la comandancia de la policía… La segunda muerte fue la del nieto de Memena, otra de las que reciben nuestra ayuda. El niño tenía un añito y murió de dengue. Un dolor tremendo. Sus padres están destrozados. La madre ni siquiera tuvo fuerzas para ir a enterrar a su hijo al cementerio… Lo enterramos al día siguiente por la mañana. El camino al cementerio siempre me impresiona. Tenemos que ir hasta Hato Nuevo, y la gente va caminando detrás del coche fúnebre, o en moto, abriéndole paso. Yo, por primera vez, fui en moto. No os exagero cuando os digo que íbamos más de cien motos, parando cada cien metros para no generar mucha distancia respecto al coche fúnebre. Ese camino me resultó conmovedor.

Y el cementerio en sí es algo que también me choca siempre que voy. No hay ningún tipo de orden ni de cuidado… ¡ni de camino! las tumbas están pegadas unas con otras, de tal manera que para llegar al sitio donde se va a enterrar a la persona fallecida hay que ir pisando las tumbas y saltando por encima de ellas. Y en el momento del enterramiento, todo es tan estrecho que cada cual se sube donde puede para ver. Pero todos lo ven lo más normal. Eso es algo en lo que todavía no me he inculturado…

No quiero terminar sin mencionar la situación de Haití. No sé si os llegan las noticias, pero la cosa allá está cada vez peor, hasta tal punto que ha vuelto a declararse en estado de emergencia. A principios de mes, ni siquiera la gente podía pasar por la frontera, y ahora ya vuelve haber tránsito, pero no deja de ser peligroso por lo que se está viviendo. En fin, oremos por ese pueblo tan pobre y tan castigado.

Un abrazo grande para cada uno y mucho ánimo con lo que cada cual tenga entre manos. ¡Volvemos a encontrarnos el próximo mes!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

Carta desde Manoguayabo

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 27 de septiembre de 2019

Queridos amigos:

Como siempre, espero que todos os encontréis bien, disfrutando de lo que la vida os vaya trayendo.

Por mi parte sigo disfrutando con lo que hago y, en momentos, también sufriendo por las circunstancias de algunas personas.

En concreto lo seguimos pasando mal con Odeta, de quien tantas veces os he hablado. Ya el mes pasado os conté que estaba mal, pero es que la cosa va cada vez peor. Antes de ayer tuvimos que llevarla a urgencias porque llevaba varios días vomitando una cosa negra. A pesar de que la llevamos al oncológico, que es donde le están haciendo todos los análisis y pruebas, ni siquiera la dejaron ingresada. Simplemente le dieron una medicina, le dijeron que cogiera cita con su médico y la mandaron para casa, pero los vómitos no se cortan. Ya esta mañana nos han dado algunos resultados, así que a ver qué pasa el próximo miércoles cuando su médico los vea. Ojalá la tomen en serio y pueda mejorarse, porque estos días atrás he llegado a pensar que se nos va. Además del malestar físico, estoy preocupada por algo más, puesto que el otro día sufrió una especie de lapsus… Fue el martes por la mañana, cuando fui a visitarla. Yo estaba sentada en la cama con ella, llevábamos un rato hablando. Entró una vecina, se saludaron y seguimos hablando. De pronto, Odeta se incorporó porque se ve que no aguantaba más tiempo tumbada, miró donde estaba la chica y preguntó quién era. Ella, bastante confundida, le respondió diciendo su nombre y Odeta volvió a saludarla como si acabara de entrar. Pero es que, acto seguido, entornando los ojos como si no viera o estuviera deslumbrada, miró hacia donde yo estaba y preguntó quién era yo… Su esposo le dijo “Es Lidia”, y ella dijo “¿Lidia, mi mamá?”, le dijimos que sí y ya empezó a saludarme también como si yo acabara de llegar. Todos nos miramos preocupados sin decir nada para que ella no se diera cuenta, pero se me parte el alma al pensar que se le pueda ir la cabeza…

También de Adline, la mamá de Phaimie, creo que os he hablado alguna vez. Esta mujer vive sola con su hija y no tiene familia aquí. Cuando la conocí el año pasado era muy flaquita y, de pronto, hace unos meses, empezó a sentirse mal y a hinchase por la parte de la cara, el abdomen y las piernas, de tal forma que se desfiguró por completo. Le pusieron un tratamiento, pero se ve que otra vez está mal. Cuando fui esta mañana a la escuelita, Phaimie me contó que su mamá se había tenido que ir otra vez a urgencias. En los ojos de esa niña se puede leer el terror que siente por si su madre se muere… me da mucha pena, así que, por favor, rezad tanto por ella como por Odeta.

¡Pero no todo son cosas tristes! ¿Recordáis a Elodia? Para quienes os habéis enganchado a mis cartas hace poco, y para quienes no recuerden, Elodia es una viejita ciega que, cuando yo llegué aquí, vivía en el Batey, en casa de un muchacho al que ella cuidó de pequeño. Elodia no tiene ninguna familia, puesto que no se casó y no tuvo hijos. Mi compañera Ana me contó que continuamente se caía cuando se bañaba, así que me ofrecí para ayudarla a bañarse cada dos días. Durante años pasé mucho tiempo con ella, la bañaba, la ayudaba vestirse, orábamos juntas, la llevaba al médico cuando se encontraba mal y a la iglesia para las celebraciones de Semana Santa. Pero ya hace dos años que se la llevaron a vivir a otro sitio. No es que esté lejos, porque andando se tarda una hora y en moto unos 20 minutos, pero, lógicamente, no es como antes, que me quedaba de paso para cualquier sitio donde fuera y podía entrar a verla, aunque fuera para darle un beso. Ahora procuro ir cada tres o cuatro meses, porque el tiempo no me da para más. El caso es que fui a verla este martes y ya aproveché para llevarle el “cafesito” que me pidió de España y una batita que también le había comprado, jabón y pasta de dientes. Se puso tan contenta con sus regalitos… Desde que entré por la puerta y pregunté por ella, empezó a gritar “¡Luna, Luna!”, que es como ella me llama. Como siempre, me preguntó por mis padres y mi hermano, llamando a cada uno por su nombre, así como por todas las hermanas que han vivido aquí conmigo y ya están destinadas en otro sitio, y por cada uno de los voluntarios que he llevado a su casa… ¡es increíble la memoria que tiene! En fin, que echamos un ratito muy entrañable.

En cuanto a La Escuelita, ya se ha regularizado la asistencia. Cuando os escribí el mes pasado, aún había algunos alumnos de los que se inscribieron que no habían aparecido. Aquí es muy típico el hecho de que se van incorporando en las semanas siguientes al comienzo oficial del curso, puesto que hasta que no consiguen comprar alguna ropita digna para ir a clase, zapatos y material escolar, no van. Yo siempre les digo que vayan con lo que tengan, que aquí somos pobres y no hay que estrenar ropa para ir a la escuela, simplemente que vayan con lo que tengan limpito. Pero, como quiera, es cierto que algunos no tienen nada mínimamente digno para ir.

Esta tarde he tenido reunión con las maestras y uno de los temas que hemos visto es el de las camisetas del uniforme. Ya me han pasado las tallas de los alumnos, así que el lunes iré a encargarlas para que todos tengan al menos una.

A todos los alumnos se les ve muy contentos, integrados y con ganas de aprender. Siguen sintiéndose dichosos por la oportunidad de tener su propia escuela.

Sobre el proyecto Sin Papeles No Soy Nadie os cuento que continuamos declarando niños que siguen apareciendo, cada vez de familias que viven más lejos. Se ve que se sigue corriendo la voz.

También seguimos haciendo pasaportes y recogiendo los que van llegando. Con eso de que en abril subieron tanto el precio, prácticamente estamos solos cuando vamos a la embajada, puesto que poca gente puede permitirse hacerse su pasaporte ahora. Es una lástima, porque el pasaporte es el primer requisito para que puedan regularizar su situación en el país…

Aquí os dejo una foto de algunos de los que esta semana recogieron el suyo. Como anécdota, os cuento que una de las mujeres, cuando le entregaron el suyo, se vino donde yo estaba y me dio un abrazo tan fuerte que hasta daño me hizo. Cuando me soltó vi que estaba llorando de emoción agradecida. Fue uno de esos momentos mágicos, tiernos, solemnes… todo al mismo tiempo. Entre lágrimas no paraba de darle gracias a Dios por tener su pasaporte, porque por sus medios ella nunca lo hubiera conseguido.

Esa noche, ya en la cama, recordaba yo el momento tan entrañable vivido y daba gracias a Dios por varios motivos. El primero, por la vida de cada una de estas personas, de las que están y de las que ya no están. Esta semana he cumplido 6 años de estar aquí y me han venido a la mente muchos de los que ya no están… unos están en el cielo y otros lejos de aquí, pero todos me aportaron algo bueno a mi vida. El segundo motivo, por cada uno de vosotros que colaboráis para que todas estas ayudas se puedan llevar a cabo. Porque, lamentablemente, por mucho que yo quisiera hacer aquí, sin dinero no se podría. Así que… a todos los donantes de KORIMA, ¡muchas gracias por hacer equipo conmigo!

Un abrazo grande y hasta el próximo mes,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 28 de agosto de 2019

 

Queridos amigos:

Espero que en este tiempo de vacaciones hayáis descansado, disfrutado y recargado pilas para comenzar el nuevo curso.

Yo vuelvo con vosotros para contaros cómo van las cosas por este rinconcito del mundo.

Después de mi última carta, tuvimos en junio la salida de fin de curso con los niños de La Escuelita. Como el año pasado fue muy buena la experiencia, este año repetimos y volvimos a ir a la playa. Todos iban emocionaditos: los que ya habían ido el curso pasado, porque sabían lo que iban a disfrutar, y los alumnos nuevos, por la gran expectativa que el acontecimiento suponía.

Efectivamente, fue un día estupendo. Para variar, no me dejaron salir del agua más que cinco minutos para comer, y todo el día tuve encima al menos dos o tres muchachos… A la vuelta todos preguntaban cuándo íbamos a volver, así que… ¡habrá que repetir!

Hace ya diez días que empezamos el nuevo curso. Afortunadamente, varios de los alumnos que teníamos el año pasado han conseguido inscripción en la escuela pública, con lo cual ya tienen la suerte de estar en el sistema, con la oportunidad que eso supone de poder seguir estudiando en el futuro.

No obstante, la mayoría de los que estaban continúan con nosotros, además de otros muchos nuevos que han venido a inscribirse. En total, por el momento, hay 78 inscritos entre los cuatro niveles. Todos ellos están muy contentos de iniciar el curso y poder asistir a “su Escuelita”. Ver su ilusión es algo que siempre me enternece y emociona. Por ello quiero agradecer una vez más a KORIMA por apoyar este proyecto tan generador de vida.

Aunque, además de a KORIMA, en esta ocasión quiero agradecer de manera especial el apoyo que han prestado dos personas. La primera de ellas es una de mis hermanas claretianas en Estados Unidos: Vivian. Cuando estuve allá en junio, volví a casa cargada con una maleta llena de materiales didácticos que generosamente donó su parroquia, gracias a su intervención. Por tanto, mi agradecimiento desde aquí una vez más.

La otra persona a la que quiero agradecer es mi amigo Ángel Luís Gómez, quien hace tiempo decidió donar a la Escuelita parte de los beneficios que obtuviera con la venta de un libro que publicó. Se llama “Un café en la ventana”. Si aún no lo habéis leído, os lo recomiendo encarecidamente.

Además de la actividad en la Escuelita, estos últimos días he tenido mucho movimiento con el proyecto Sin Papeles No Soy Nadie. Al haber estado un mes fuera, la gente me esperaba algo desesperada, tanto para declarar niños como para ir a sacarse su pasaporte o a recogerlo, según el caso. La buena noticia es que por fin han llegado todos los pasaportes antiguos de 80 dólares que se hicieron en el 2018 (excepto algunos, que son la excepción), así como los nuevos de 140 dólares que se empezaron a hacer en el mes de abril 2019.

Desde que cambiaron al personal de la embajada ya no me entregan a mí los pasaportes, sino que tengo que llevar a la gente para que lo reciban ellos directamente. Y eran tantos los pasaportes pendientes de recibir, que ahora cada semana no llevo una, sino dos guaguas cargadas de gente, por llevar a los que van a recoger y a los que van a hacérselo. Es una gozada verlos recibir sus ansiados documentos, especialmente a los que llevan esperando más de un año…

Por lo demás, en el batey hay en estos días un virus fuerte de gripe que está afectando a mucha gente, tanto mayores como niños. También hay algunos brotes de dengue. Y el calor es insoportable… ¡No hay manera de dejar de sudar aunque uno esté sin moverse!

Encima, a nosotras se nos estropeó el inversor la semana pasada, y hasta antes de ayer no me confirmó el técnico que no había nada que hacer y que había que comprar uno nuevo. Así que, durante casi una semana hemos estado como la mayoría de la gente del batey: alumbrándonos con velas por la noche, sin posibilidad de refrescarnos con un ventilador durante el rato que estamos en la capilla, esperando a que llegue la luz de la calle para poder imprimir, ver el correo, cargar el teléfono y el ordenador… pero bueno, ya está arreglado.

Ahora lo que me preocupa es la llegada de Dorian. Yo en este momento estoy en un avión, casi llegando a México, donde tengo una reunión. Así que esta vez me voy a perder… ¿la aventura? Por si no os han llegado las noticias, Dorian empezó como tormenta tropical la semana pasada, pero, a medida que ha ido avanzando, se ha convertido en huracán. Se prevé que esta noche entre en República Dominicana, después de pasar por Puerto Rico, y mañana azote con lluvia fuerte el país. Esperemos que los destrozos no sean demasiado graves, aunque, quién sabe, igual a última hora cambia la trayectoria y nos libramos…

Aparte de esto también me preocupa la situación de salud de algunas personas, que se encuentran bastante graves en este momento. La más conocida para quienes me seguís desde los comienzos es Odeta. Debido a unos dolores muy fuertes la llevamos al médico y, tras unos análisis y pruebas, nos derivaron al oncológico. No hace falta que diga más, ¿verdad? Ya os iré contando.

Bueno, pues eso es todo lo que os cuento por esta vez. De nuevo os deseo un buen comienzo de curso y mis mejores deseos para todo lo que cada uno estéis viviendo.

Un abrazo grande y hasta pronto,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 31 de mayo de 2019

Queridos amigos:

Mis mejores deseos en este último día de mayo, fiesta de la Visitación de María, y día de la Vocación Claretiana dentro de nuestra congregación. Muchas felicidades a todas y cada una de mis hermanas, que compartimos este carisma misionero tan bello dentro de la Iglesia.

Las últimas semanas han estado tan cargadas de actividades que casi no sé por dónde empezar. Aunque… ¡sí! Ya sé, ¡empezaremos por las buenas noticias!

Una de las grandes novedades que tenemos es que, por fin, no solo han vuelto a hacer pasaportes en la embajada de Haití, sino que, después de más de un año, han llegado los que se hicieron entre los meses de marzo a julio de 2018, ¡todos juntos!

Respecto a los nuevos pasaportes que se están haciendo, lamentablemente, casi han doblado su precio, puesto que antes costaban 80 dólares y ahora cuestan 140. La ventaja es que antes duraban 5 años y ahora duran 10. Pero el cambio de precio hace que sean aún menos accesibles para la mayoría de la gente.

En cuanto a los pasaportes que han llegado, hasta ahora siempre me los habían entregado a mí, para que yo los repartiera sin necesidad de tener que llevar a la gente a la embajada. Sin embargo, quienes dirigen ahora la embajada han cambiado las normas y obligan a que vaya cada dueño a recoger sus documentos. Por tanto, en menos de 6 días me he visto obligada a llevar cuatro guaguas cargadas de personas para recoger sus pasaportes. No os podéis imaginar lo felices que estaban… después de tanto tiempo de espera… muchos de ellos han perdido sus trabajos en el último año, o no han podido ir a visitar a sus padres enfermos en Haití, a causa de no tener el pasaporte.

Además, los de Migración tienen bien cargadas las pilas y últimamente han hecho muchos estragos en todas partes, también en nuestro batey. Son muchas las personas que en este mes han venido a contarme que fueron agarrados por los de Migración y llevados a Haití, ellos o alguno de sus familiares. Algunos, incluso, más de una vez. Y son muchas las penurias que pasan para poder volver, no solo porque se los llevan con lo puesto, sino porque el camino de vuelta para los ilegales pasa por montes peligrosos en todos los sentidos.

Otra buena noticia dentro del proyecto “Sin Papeles No Soy Nadie” es que, como os decía en mi última carta, fui a ver al jefe de los alcaldes de la zona, para ver si se podía solucionar el tema de las declaraciones de niños que nacieron en la casa con una comadrona. La verdad es que yo iba dispuesta a todo, incluso a acusarlo de abuso de poder en caso de que fuera necesario, pero, afortunadamente, no hizo falta. El señor mostró buena disposición a colaborar y me dijo que iba a convocar una reunión con todos los alcaldes de la zona en la semana siguiente. Pasada la semana, tuve que recordárselo, pero efectivamente la convocó y nos reunimos en la oficina donde atiendo a la gente. Hubo muy buen ambiente entre todos y nos pusimos de acuerdo en cómo íbamos a ir llevando el tema. Realmente esto es un gran paso…

Por la parte del proyecto “Son Nuestros Hermanos”, puedo contaros que el pequeño Wander sigue recuperándose de sus quemaduras, aunque aún no ha podido ser operado por una infección que tiene.

Además de las ayudas ordinarias, hemos dado también otras ayudas importantes a personas que tienen cáncer y a gente que ha tenido accidentes de tráfico, como es el caso del joven Destiné, quien hace unos meses fue atropellado por un camión y sufrió una rotura de los huesos de la pierna. Después de varios meses de espera, por fin esta semana lo han operado. Me pidió que agradeciera a los donantes de KORIMA la ayuda recibida. Sin ella no hubiera podido operarse. Al mismo tiempo, os pide oración para el proceso de recuperación, que es igual de importante que la operación en sí.

En este proyecto, sabéis que además de a los enfermos atendemos a los envejecientes. Quienes me seguís desde el principio recordaréis a Elodia, mi querida viejita ciega a la que estuve cuidando y bañando casi diariamente durante mis primeros años en Santo Domingo. Con gran dolor de mi corazón, llegó un momento en el que se la llevaron a vivir a una zona bastante alejada, y eso hace que ya no pueda visitarla con tanta frecuencia como antes porque, solo para llegar donde vive, necesito caminar durante una hora. Pero me prometí a mí misma que no iba a dejar que pasara más tiempo sin ir a verla y el Viernes Santo, al terminar los oficios, me encaminé hacia allá. Llegué silenciosa, como siempre, sin decir nada empecé a darle besos en la frente, como siempre he hecho al llegar, y al darse ella cuenta de que era yo empezó a gritar “Luna, Luna, ¿eres tú?, ¡Mi luna!”. Creo que en alguna carta ya os conté que ella me pidió permiso hace años para ponerme ese apodo porque, en su interior, ella me ve como una luna. Lógicamente le dije que sí, que podía llamarme como ella quisiera y, desde entonces, ese es mi “apodo haitiano”. El caso es que echamos un ratito muy agradable, compartiendo lo de cada una y preguntándome ella por cada una de las personas que ha conocido estando conmigo, bien en persona, como es el caso de los diferentes voluntarios que han pasado por aquí, o por oídas, como es el caso de cada uno de los miembros de mi familia. Ver, no ve, pero la memoria la tiene estupenda porque, después de tantos años, sigue recordando el nombre de todos: Mariela, Paco, Francisco, Jesús, David, Patricia, Nidia, Mercedes, Antonio, Jose, Fermín, diferentes doctoras que la han visto y resto de voluntarios. Todos los nombres están en sus labios cada día porque ora por todos…

Por la parte de la Escuelita, la semana pasada tuvimos la celebración del día de las madres. Aquí se celebra el último domingo de mayo, por lo que nosotros las homenajeamos el viernes anterior. Cada curso preparó algo, un baile, una poesía, un canto, un pequeño regalito… y luego les dimos un trozo de tarta y refresco.

Con esto, el curso va ya casi llegando a su fin. La próxima semana tendrán sus exámenes, luego entrega de notas a los padres el día 14 y salida de fin de curso el viernes 21 de junio. Este año repetiremos la experiencia del año pasado e iremos a la playa. Confío que disfruten mucho. Para la mayoría de los alumnos que han entrado este año será la primera vez que vayan a la playa…

Por lo demás, en este tiempo he seguido con las actividades vocacionales, he participado en un encuentro de Familia Claretiana en República Dominicana, hemos tenido ordenación diaconal de un hermano claretiano, he empezado a dar un taller de Liturgia en la capilla… en fin, muchas cositas que hacen que ningún día sea igual a otro.

Ahora pasaré un tiempito fuera del batey, las primeras semanas por cuestiones congregacionales, y después porque me toca visitar a mi familia. Así que, con esta carta, me despido hasta el mes de agosto, en que volveré para seguir contándoos las novedades que haya.

Os deseo a todos unas felices vacaciones, con la posibilidad de tener el merecido descanso. Sigamos acogiendo la vida, tal como nos va viniendo, descubriendo la presencia de Dios en todo, especialmente en lo pequeño, en lo vulnerable, en lo frágil…

Un abrazo para cada uno, mi cariño y mi oración.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

Carta desde Manoguayabo

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 2 de abril de 2019

Queridos amigos:

Tengo que empezar esta carta pidiendo disculpas por haber faltado a mi cita estos últimos meses. Realmente agradezco todos los mensajes que me habéis enviado diciendo que echáis de menos las cartas, ¡gracias de corazón!

La verdad es que, a causa de los nuevos servicios que se me han pedido en la Congregación, desde que empezó el año no he parado de viajar por diferentes encuentros y actividades, y me cuesta encontrar un rato para seguir contándoos sobre “la vidilla del batey”. Tal es así que en los tres últimos meses he tenido que viajar un par de veces a España, dos a Miami, una a Puerto Rico, además de los viajes mensuales que hago dentro de República Dominicana por la pastoral vocacional. Gracias a Dios, todos los encuentros han sido muy buenos y fructíferos y, de una u otra manera, seguimos intentando construir Reino con cada actividad.


Por desgracia, me ha pasado ya varias veces que cuando vuelvo de algún viaje me encuentro con malas noticias: gente, como la familia de Emanés, que se ha quedado sin nada porque su casa de madera salió ardiendo… alguno de nuestros enfermos que ha fallecido… Desde la última vez que os escribí han sido Antonieta, una viejita ciega a la que llevábamos atendiendo hace años, y Delania, la señora con cáncer de la que os hablaba en mi última carta. Según me contaron, lo de Delania no fue solo por lo mal que ya estaba, sino que uno de sus sobrinos le dio unas pastillas que habían recetado a otra mujer que había muerto de cáncer, dichas pastillas le sentaron mal y eso aceleró el proceso. Una vez más, me llené de indignación al saberlo… ¡Cuánto desastre causa la ignorancia!

Por la parte del proyecto Sin Papeles No Soy Nadie puedo contaros que las cosas están cada vez más difíciles y la gente más desesperada.

En primer lugar, después del dineral que los haitianos tuvieron que gastar hace cuatro años para entrar en el Plan de Regularización, a muchísimos de ellos los han cancelado, lo cual supone que vuelven a estar ilegales. La Mesa de Ayuda para el Inmigrante está trabajando para ver si vuelven a incluir a algunos en el Plan, pero la cosa va demasiado lenta y sin garantías de que se vaya a conseguir algo seguro.

En segundo lugar, a todos los hijos de haitianos que nacieron aquí antes de abril de 2007 y que entraban en el Plan de Naturalización, les están dando largas en vez del documento de identidad dominicano que les corresponde, con lo cual siguen indocumentados y sin posibilidad de estudiar ni de trabajar.

En tercer lugar, han llegado a la Embajada de Haití muchos pasaportes hechos entre los meses de marzo a junio de 2018, pero solo de las personas que ya tenían pasaporte vencido y fueron a renovarlo. El resto, los que fueron a hacérselo por primera vez, siguen sin recibirlo después de un año. Y lo malo es que éstos son la mayoría… Para que os hagáis una idea, de marzo a diciembre de 2018 yo llevé a 158 personas a hacerse pasaporte. De esos 158, solo 23 eran para renovar, y de esos 23 han llegado 10. No hace falta hacer muchos cálculos para darse cuenta de lo indignante de la situación… Según me han contado “mis contactos”, se descubrió corrupción dentro de algunas personas que trabajaban en la Embajada y se está poniendo remedio, pero la cosa va lenta y han decidido empezar por traer los pasaportes de renovación, aunque, supuestamente, van a ir llegando todos poco a poco. Yo esto no quiero contarlo abiertamente a la gente de aquí para no desesperanzarlos más, pero el asunto es bien feo. Además, cómo será la cosa, que llevan tres meses sin hacer ni renovar pasaportes. ¡Cuando empiecen a hacerlos no voy a dar abasto de tan larga como va ya la lista de los que quieren ir!

Un cuarto tema dentro de este proyecto es el de las declaraciones de niños. De los que siguen llegando y nacieron en hospital, podemos hacer el proceso con normalidad. Ahora bien, los que nacieron en la casa con una comadrona no tienen la misma suerte porque el proceso también lleva paralizado casi dos años. ¿Por qué? Pues porque uno de los documentos que necesitan para poder ser declarados es el papel del alcalde que avala que la criatura nació en la casa. Ese papel lo hacen los alcaldes, pero los tiene que firmar el jefe de los alcaldes de la zona. Nunca hubo problema con eso hasta que pusieron a una señora -de la que no mencionaré el nombre- en ese cargo. Era una abogada sabelotodo, que en realidad sabía poco del asunto, y bastante racista. Como no atendió a razones cuando fui a verla, me fui directamente a quejarme al Síndico de la zona. Se ve que no fui la única que se quejó, porque al poco tiempo la suspendieron de su cargo y pusieron a otro señor. A petición de uno de los alcaldes fui a verlo y también empezó a poner problemas, argumentando que eso no le corresponde a la alcaldía y cosas similares. En nada tenía razón y, con ayuda de documentación que me facilitaron en la Junta Electoral, así se lo demostré. No quiero sonar prepotente con esto, pero realmente es increíble la falta de capacitación que tiene mucha gente aquí, o la falta de ganas de trabajar, no sé… Bueno, el caso es que este señor no tuvo más remedio que darme la razón y me dijo que podía enviar directamente a las mujeres a su oficina, sin pasar por el alcalde. ¡A todas las rechazó y se negó a hacerles el papel! De tal manera que hay en este momento más de 200 niños y jóvenes esperando poder disfrutar algún día del derecho fundamental a ser alguien, a que su existencia sea reconocida en la sociedad, a poder estudiar… Mañana he quedado con un concejal amigo para que me acompañe a visitarlo por última vez. Según cómo transcurra la entrevista, igual vuelvo a visitar al Síndico. Ya os contaré…

Por la parte de la Escuelita, el curso sigue su proceso. Los alumnos están muy motivados y esta próxima semana tendrán sus exámenes, antes de las vacaciones de Semana Santa. También ha ocurrido una desgracia aquí, y es que el pequeño Walter, de 6 añitos recién cumplidos, se electrocutó la semana pasada. Se ve que un día de lluvia estaba intentando volar una chichigua (cometa) que había confeccionado él mismo, la chichigua se le pegó al poste de la luz, él fue a soltarla y directamente se electrocutó. Aún sigue interno en el hospital. Hace un rato su madre me ha dicho que está un poquito más aliviado, pero aún con muchos dolores y no saben cuándo le darán de alta.

Bueeeeeno, diréis que ¡menuda carta trágica que estoy escribiendo! No es mi intención, la verdad, es simplemente la realidad que tenemos. Ya se sabe eso de que “a perro flaco todo se vuelven pulgas”. Pero, aparte de todo esto que os cuento, hay muchas cosas buenas que también ocurren, mucho trabajo bien hecho, mucha ayuda repartida con generosidad, gente que va saliendo adelante gracias a la ayuda que reciben de los proyectos… y eso, que no sale en los telediarios, es tan real como lo otro, y es con lo que debemos quedarnos.

Termino por hoy. Os deseo a todos un buen final de cuaresma y una mejor Semana Santa, vivida en profundidad, para poder prepararnos adecuadamente al Gran Misterio Pascual que tan próximo está.

Un abrazo a cada uno y mis mejores deseos.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 23 de diciembre de 2018

Queridos todos:

Aprovecho para escribiros unas letritas antes de entrar en la vorágine de los días navideños, siempre con el deseo de que os encontréis bien.

Imagino que ya todo el mundo estará preparando las fiestas que se acercan. En la Escuelita la celebramos el viernes 14, porque al día siguiente yo me iba a Cuba, por cuestiones de la Congregación, y ya no iba a llegar antes de dar las vacaciones. Como son tantos niños y no cabemos todos en la Escuelita, organizamos la fiesta en nuestra casa. Este año fue algo diferente de lo habitual puesto que unos chicos de la ciudad que trabajan en el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo contactaron conmigo a través de un amigo común. Querían hacer una actividad con niños de la zona y aprovechamos la ocasión.

La verdad es que pasamos una mañana estupenda y los niños disfrutaron de lo lindo. Ya el hecho de que fuera en nuestra casa les emocionó. Se les notaba en las caras, como podéis ver en la foto…

Nada más llegar empezaron los juegos y canciones. Luego apareció Santa Claus y los chicos no daban crédito a lo que veían. Muchos preguntaban si había venido desde el Polo Norte, ¡bendita inocencia!… nada más verlo corrieron todos hacia él para abrazarlo y casi lo tumban… Siguieron con las dinámicas y los cantos, ya dirigidos por Santa… luego los hot dogs… el bizcocho… y, por fin, los juguetes. Santa Claus fue muy generoso y cariñoso con todos. Y para los niños fue una experiencia inolvidable. ¡También para los maestros!

Ciertamente estoy muy agradecida al grupo que con tanta ilusión preparó todo. ¡Ojala se repita!

Por lo demás, el día de hoy ha sido completito. Por la mañana, al terminar la eucaristía, estuvimos preparando el pedido de alimentos para repartir a los más necesitados del Batey. En navidad, además de los productos básicos habituales, incluimos alguna cosita más, incluyendo un pollo. Todos los beneficiados estaban muy agradecidos.

Y la tarde la he pasado en urgencias. Anoche, al salir del local donde atiendo a la gente, me acerqué a visitar a Delania, una señora mayor a la que hace poco le diagnosticaron cáncer. Me extrañaba que llevara varias semanas sin venir a verme, así que decidí ir a darle una vueltecita. Me la encontré en la cama, con las piernas y el vientre totalmente hinchados y con un dolor horroroso. Me contó que se ha perdido dos citas con el oncólogo y con otro médico porque ninguno de los 9 sobrinos que tiene la ha querido llevar al hospital. Todos dicen que ya no merece la pena gastar dinero en ella porque se va a morir, ya que ni come ni bebe.

El asunto me pareció indignante, así que decidimos llevarla hoy por Urgencias para que, al menos, le aliviaran el dolor. El 26 volveré a ir al Hospital Oncológico a ver si le consigo nuevas citas y reiniciamos el proceso, ya sabiendo que tenemos que encargarnos nosotros porque la familia no lo va a hacer. Ojalá la pobre mejore un poco. Al menos ha recobrado algunas esperanzas solo por el hecho de saber que hay gente que se preocupa por ella y que es importante para alguien. Como tantos otros…

Todas estas cosas que os cuento me han hecho pensar en este tiempo de Adviento que terminamos mañana. Realmente creo que toda nuestra vida es -o debería ser- un tiempo de Adviento. ¿Por qué? Pues porque el Adviento es un tiempo de esperanza, de renovar ilusiones, de esperar la llegada del Dios-con-nosotros a nuestra frágil vida. Es abrumador pensar que la Divinidad sea capaz de despojarse de su categoría divina y hacerse uno con nosotros, uno como nosotros… una criatura frágil, dependiente de los cuidados de sus padres, vulnerable, con toda una vida por delante para aprender, para conocerse a sí mismo, profundizar en su identidad, descubrir la presencia de Dios en su vida… en definitiva, para enseñarnos a vivir.

Me gusta pensar en María en estos días, ya bien gordita, tocándose la barriguita como suelen hacer las mujeres embarazadas, mientras piensa, sueña, se pregunta… “¿Cómo será este Hijo de Dios que llevo en mis entrañas por pura gracia divina?, ¿por qué Dios me eligió a mí para traerlo al mundo si yo no soy nada especial?, ¿qué quiere Dios de mí?”. Y mientras, con la mente llena de dudas y el corazón lleno de deseos, María espera el tiempo de Dios.

El caso es que Dios viene. Viene cada día. Viene a nuestra vida. Quiere encarnarse en cada uno de nosotros, venir a nuestra realidad cotidiana, ¡quiere nacer en cada uno de nosotros! Porque, ciertamente, de alguna manera, todos estamos “preñados” de Él, lo llevamos en nuestras entrañas, en nuestro corazón, aunque muchas veces no seamos conscientes.

Siento que Dios está en cada niño del Batey, en cada enfermo, en cada anciano, en cada persona que me encuentro, en quienes me quieren y me tratan bien y también en quienes me tratan mal y me hacen sufrir. Reconocer esa presencia misteriosa de Dios en cada persona es a veces difícil, pero quizá sea la mejor manera de vivir en clave de Adviento.

De igual manera, creo que nos ayuda ser conscientes de que estamos llamados a llevar a cada persona a ese mismo Dios que llevamos dentro. Ojalá cada día lo dejemos nacer en nuestra vida y lo llevemos a los demás, a cada cual según lo necesite, con una visita, con una sonrisa, con un gesto cariñoso, con un donativo… ¡con lo que sea!

Con este deseo profundo me despido de vosotros hasta el próximo año. Un abrazo grande, feliz Navidad y feliz año nuevo.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 22 de noviembre de 2018

¡Hola a todos, espero que estéis bien!

Siento no haber enviado carta el mes pasado. La verdad es que, mentalmente, os he contado muchas cosas que he ido viviendo, pero… ¡me ha faltado el tiempo para ponerlas por escrito! 😉

El mes de octubre estuvo lleno de actividades, todas fantásticas. Así, de manera resumida para no cansaros, os cuento que en la primera semana del mes, organicé una charla para todos los haitianos del Batey a los que les han cancelado su carnet de regularización migratoria. La charla la dieron los de la Mesa de Inmigrantes, con quienes contacté en septiembre para que me ayudaran con estos casos. Vinieron 140 personas y fue todo un éxito por toda la información que recibieron sobre diferentes cuestiones.

Del 8 al 10 participé en la Asamblea de Superiores Mayores de la CONDOR (como la CONFER de España). El lema fue “Hagan lo que Él os diga” y la verdad es que, a nivel personal, me vino muy bien la charla que se dio. También estuvo genial conocer a tantos religiosos de otras congregaciones y compartir nuestras inquietudes.

El viernes de la semana siguiente, por fin, tuvimos la primera eucaristía en nuestra nueva capilla. Como creo que os conté, de febrero a mayo estuvimos construyendo la segunda planta de nuestra casa. Era algo urgente y necesario, no solo por la falta de espacio, sino porque por algunas partes (como mi habitación) el techo ya se caía y me llovía dentro. Hasta ahora no habíamos tenido la posibilidad de bendecir la nueva construcción, pero ese día lo hicimos mediante una sencilla celebración presidida por el padre Ronal, gran benefactor nuestro, de hecho, gracias a quien conseguimos la donación para la construcción…

Una semana después, Karla y yo participamos en el Encuentro Nacional de Jóvenes de la Familia Claretiana, que tuvo lugar en el norte del país, y que este año llevaba de lema “Somos Familia”, por ser la primera vez que los claretianos lo abrían al resto de la Familia Claretiana. Fue un día estupendo, en el que cada rama de la Familia puso su stand para darse a conocer; los jóvenes iban pasando por grupos, y teníamos la posibilidad de compartir con ellos nuestro carisma y nuestra misión. Nuestros jóvenes llegaron muy contentos de la experiencia, y con ganas de repetir el próximo año…

Luego, el primer sábado de noviembre, tuvimos en casa la celebración del 25 aniversario de nuestra presencia en República Dominicana. Comenzamos con una eucaristía, seguimos con un paseo por una exposición fotográfica de estos 25 años, continuamos con un compartir familiar recordando eventos y a las hermanas que han pasado por aquí en este tiempo, y terminamos con un piscolabis. Nos acompañaron personas cercanas, la mayoría del batey, que con sus recuerdos emotivos crearon un precioso homenaje a hermanas que han dejado verdadera huella en sus corazones y en sus vidas.

A la semana siguiente, el miércoles, viajé a San Francisco de Macoris, donde estuve hasta el sábado, en la casa de formación de los aspirantes claretianos. Tuvimos semana vocacional con los jóvenes de la zona, y una mañana, a petición de su formador, estuve dando formación a los aspirantes. Los encuentros fueron muy buenos, y vine contenta porque hay algunas chicas interesadas en conocer nuestra vida misionera…

Como os podéis imaginar, todas estas actividades no salen sin preparación previa… y, además, entre todo eso he seguido con los proyectos, con mis responsabilidades comunitarias y congregacionales… así que espero podáis disculpar mi silencio durante este tiempo.

De la Escuelita os cuento que el curso va funcionando estupendamente. Los niños están muy motivados y van aprendiendo poco a poco según los niveles en los que están. Hace unas semanas contactó conmigo un chico que vive en la ciudad, con ganas de venir a organizar algo para el tiempo de navidad junto con sus compañeros de trabajo. Aún estamos viendo qué, cómo y dónde, pero creo que va a ser una actividad que va a gustar a los niños y que puede impactar a este grupo que viene a darlo. Ya os contaré el próximo mes…

El proyecto Sin Papeles No Soy Nadie también sigue adelante. Ayer fui a la embajada de Haití con 16 personas para hacerse pasaportes. Solo 10 pudieron hacerlo, a los otros 6 les pusieron problemas. Llevaba un mes y medio sin ir porque me pasaron una información que me asustó un poco. La verdad es que en esa embajada hay muchos problemas. En julio, antes de irme a Honduras, me entregaron los pasaportes que hice en octubre del 2017. Desde entonces, no ha vuelto a llegar ningún pasaporte a la embajada. La gente que estaba antes empezó a acusar a los que están ahora de estar quedándose con el dinero sin enviar los papeles para que se hagan los pasaportes… en fin, unas historias feas. Yo no sé cuánto de cierto hay en esas acusaciones, pero la realidad es que hace más de cuatro meses que no llegan documentos, y eso es, cuanto menos, sospechoso. Gracias a ciertas acciones, ya han cambiado a la embajadora que había, pero sigue habiendo dentro mucha gente que no ofrece buen servicio y que lo dificulta todo. Siempre que voy, me digo que es la última vez que paso por eso, pero luego pienso en toda esta gentecilla desesperada y, al orarlo, siento la llamada a seguir llevándolos. Por tanto, no me queda otra que seguir apelando a la paciencia y al buen hacer, soportar lo que haya que soportar, y seguir acompañándolos en sus esperanzas de poder conseguir algún día sus documentos.

La Pastoral de la Salud también va funcionando. Estos días hay un virus de gripe que está afectando a niños y adultos. Y, lamentablemente, en estos momentos tenemos a varios enfermos de cáncer. Con ellos vivimos la impotencia y la frustración del mal funcionamiento del hospital oncológico, que da citas demasiado espaciadas y poco provechosas.

En fin, que ahí seguimos, acompañando como podemos todas estas realidades dolorosas, cargando con las cruces de muchos. Pero, como compartía con alguien la semana pasada, la realidad también está preñada de signos de resurrección, momentos de vida, de alegría compartida, de resultados conseguidos (a menudo con actas de nacimiento, o con sonrisas de gente llena de problemas…). Lo importante es ir viviendo el día a día, con lo que va trayendo, haciendo lo que se puede, ofreciéndonos cada mañana al Señor de la Vida para colaborar en Su Obra en la medida de nuestras posibilidades. En eso estoy y a eso os invito.

Del 4 al 12 de diciembre estaré haciendo mis Ejercicios Espirituales. Me encomiendo a vuestra oración. Os envío un abrazo muy grande y mis mejores deseos para el tiempo de Adviento que ya pronto comenzaremos. Hasta dentro de un mes,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana