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CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 7 de julio de 2018

¡Hola a todos!

Espero que os encontréis bien, supongo que muchos disfrutando de las vacaciones.

Por aquí ya también han dado vacaciones en las escuelas y nosotros, por supuesto, en la escuelita de alfabetización. Como os conté en mi última carta, tal como estaba previsto, los niños hicieron sus exámenes, los padres vinieron a recoger las notas y, por último, cerramos el año con broche de oro y nos fuimos a pasar un día a la playa.

La verdad es que todos disfrutamos mucho. La playa donde estuvimos es muy bajita, por lo que no había peligro para los niños. Ninguno de ellos había vivido esa experiencia, así que iban emocionaditos. Excepto cinco minutos que salí para comer algo, y otros diez en los que me tuve que dejar enterrar en la arena, el resto del tiempo me lo pasé en el agua, jugando con ellos. una gozada, la verdad, y todos quieren repetir el próximo curso.

El proyecto “Son Nuestros Hermanos” sigue adelante con su cotidianeidad, visitando a los enfermos, llevándoles mensualmente las medicinas que necesitan y repartiendo alimentos entre la gente más vulnerable del batey. En este momento estamos atendiendo con comida a 34 familias.

Y el proyecto “Sin Papeles No Soy Nadie”, como siempre, a tope. Cada lunes y cada sábado por la tarde atiendo en el local que alquilé una media de 60-80 personas. Unos vienen para declarar a sus hijos, otros para declararse ellos mismos, otros para conseguir su pasaporte… Todos los jueves lleno una guagua de gente que necesita hacerse el pasaporte y nos vamos bien tempranito a la embajada de Haití. Bueno, excepto esta semana, porque en vez de una guagua, ¡llené dos! El motivo es que este martes salgo de viaje y ya no voy a seguir atendiendo gente hasta finales de julio, así que no quise dejar atrás a ninguno de los que ya estaban listos para hacérselo. Con estos que llevé, ya son 232 pasaportes los que hemos hecho, una cantidad nada despreciable, ¿verdad? Y nada de esto sería posible sin vuestra ayuda, así que, una vez más, ¡gracias a todos los que aportáis a KORIMA algo de lo que tenéis! Por lo demás, hay un par de cosas tristes que han ocurrido en estas semanas. La primera, un incendio. Un lunes por la noche estaba volviendo del local a casa cuando, en la calle antes de llegar a la mía, vi que había mucha gente. Al acercarme y preguntar descubrí que tres casitas de madera que estaban en un solar habían salido ardiendo. No había luz en ese momento (recordad que aquí nos dan solo tres o cuatro horas de luz al día), por lo que la gente se estaba alumbrando con velas, como es habitual. Pues una prendió lo que fuera y el fuego no se hizo de rogar. Las personas que había dentro de las casas salieron rápido y no hubo heridos de gravedad, pero absolutamente todas sus pertenencias desaparecieron en “la candelita”. Otros no estaban en casa, concretamente dos hombres que trabajan de vigilantes nocturnos en una fábrica. Imaginaos lo que debe ser llegar a tu casa y no encontrar nada, o que te llamen y te den semejante noticia. Los dos tenían dentro sus documentos, aparte de todas sus pocas posesiones, por lo que, de pronto, no sólo no tienen absolutamente nada, sino que vuelven a ser indocumentados. Ya les estoy sacando un extracto de nacimiento en Haití para que al menos tengan algo.

Por otra parte, esta semana han llegado los resultados de unos análisis que se enviaron a Estados Unidos, del marido de una persona muy cercana a mí. Fue su hija la que los recogió y no fue capaz de dar la noticia a su madre, así que me tocó a mí decirle que su esposo tiene cáncer. Un trago nada fácil, la verdad, y aunque no es la primera vez que tengo que dar ese tipo de noticias, una nunca se acostumbra. Hemos decidido no decirle nada a él porque, por su carácter, se vendría abajo y sería peor. Y tampoco se va a decir a la gente, porque aquí los chismes no corren sino que vuelan, y probablemente él terminaría enterándose de manera inadecuada. Así que… bueno, se irá llevando como se pueda.

Ayer dediqué un rato a hacer limpieza de papeles en mi habitación y, revisando, encontré todos los historiales de los enfermos que hemos ido acompañando desde que empezamos esta bonita tarea. Muchos de ellos ya no están, y la mente y el corazón revivieron muchos momentos compartidos, la mayoría duros, pero con ese gustillo agradable que deja el tener conciencia de haberles ayudado en todo lo que se ha podido. Seguro que todos ellos, desde el cielo, nos siguen mirando con cariño.

Bueno, os voy dejando porque es hora de irme al local. Hoy va a ser el último día que atienda en este mes porque, como os decía antes, el martes salgo de viaje. Me voy a Honduras, donde del 15 al 21 tendremos nuestro primer Capítulo Provincial. Es todo un acontecimiento para nosotras, donde revisaremos lo realizado en este tiempo de vida de la Provincia, elegiremos nuevo Gobierno Provincial, discerniremos juntas cómo quiere Dios que sigamos caminando y en función de eso proyectaremos lo que vamos a hacer los próximos años. Confío en vuestra oración.

Feliz verano y ¡hasta la próxima!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

 

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CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 31 de mayo de 2018

¡Hola a todos!

Espero que os encontréis bien. Aquí estoy de nuevo para contaros cosas. No sé vosotros, pero yo he tenido un mes muy intenso desde mi última carta, con actividades muy variadas y muchos viajes.

A la semana siguiente de escribiros viví una experiencia muy bonita. En realidad, es algo simple, pero a mí me hizo mucha ilusión. Es que tuvimos las confirmaciones de la parroquia y Regina, una de las jóvenes de la capilla de Bienvenido me pidió que fuera su madrina. La verdad es que desde que estoy aquí mucha gente me ha pedido que sea la madrina de bautizo de sus hijos y siempre he dicho que no, por el simple hecho de que es una responsabilidad grande y las misioneras hoy estamos aquí y mañana allá, por lo que no podría cumplir adecuadamente con esa obligación cuando esté en otro sitio. Sin embargo, cuando Regina vino a pedirme que fuera su madrina de Confirmación, le dije que sí. Me pareció algo distinto. Ella es una joven haitiana que vivió con su madre en Haití hasta hace unos años, cuando su padre fue a buscarla y se la trajo acá. Es muy buena chica, sencilla y responsable. Ese día tuvimos la celebración en la parroquia de Manoguayabo y luego le organizamos una pequeña fiestecilla para comer. Todo muy sencillo y familiar, y lo disfrutamos mucho. Ojalá pueda siempre cuidar de su fe, independientemente de la parte del mundo en la que me encuentre… Una semana después, el 29 de abril, tocaba Día de Familias en San Pedro de Macoris, en la institución donde tenemos a Sandro y Alfredo, los niños que quedaron huérfanos hace un par de años. Como siempre, organicé una guagua para ir a visitarlos. Les hizo mucha ilusión. Una vez más, constatamos lo importante que es para estos niños saber que hay gente fuera que se acuerda de ellos y para quienes siguen siendo importantes.

Esa misma semana viajé a San Francisco de Macoris, para dar un taller de formación sobre los sacramentos a los aspirantes de los Claretianos. Fue una experiencia bonita poder compartir con ellos, no sólo la formación específica, sino otras cuestiones de fe y nuestra propia historia vocacional. Dentro del taller, tuvimos una celebración sencilla pero profunda en la que renovamos nuestro Bautismo. La semana siguiente viajé a Miami. Primero tuve reunión de Consejo Provincial para preparar nuestro primer Capítulo Provincial, que tendremos en julio en Honduras, y luego me quedé unos días para que me pasaran auditoría a la Administración Provincial. Fueron días intensos. Y desde Miami viajé directamente a Puerto Rico. Los misioneros claretianos de allá nos pidieron a los encargados de la Pastoral Vocacional de Santo Domingo que ofreciéramos una convivencia vocacional a los jóvenes de sus tres parroquias. Al final no fue solo la convivencia, sino que aprovechamos para asistir a dos reuniones de jóvenes que había los días previos. Fue una gozada todo lo que allí compartimos, tanto con los jóvenes como con mis hermanos claretianos y con Nancy, seglar claretiana. La acogida que nos brindaron fue estupenda y yo me sentí como en casa.

 

Y hace dos días hemos tenido el último de los encuentros con jóvenes planificados para este curso. Ha sido en Jimaní, en otra parroquia de los Claretianos. El lema del encuentro era “Dios nos regala la vida”, y los jóvenes disfrutaron mucho con las dinámicas que llevábamos preparadas. He de deciros que Jimaní se encuentra en la frontera con Haití. De hecho, la comunidad de los claretianos está a cinco minutos de la frontera. Personalmente, tenía muchas ganas de ir. Muchos no lo sabréis, pero para mí Haití es como un imán que me atrae desde enero del 2010. Recuerdo a la perfección la noche del 10 de enero. Yo estaba en Carcaixent, viendo las noticias con mis hermanas de comunidad, cuando anunciaron el terremoto que asoló el país. A lo largo de mi vida había visto muchas imágenes de terremotos y desastres naturales, pero, por algún motivo, esa situación me impactó profundamente. Recuerdo que, a pesar de lo tarde que era, bajé al despacho de KORIMA y me puse como una loca a enviar correos lanzando una campaña de emergencia para ayudar a los damnificados por el terremoto. Luego canalizamos la ayuda de manera organizada con las Proclades y Promicla, de tal manera que pudimos tener un buen impacto en una parte del país. Pero la verdad es que, si me hubiera sido posible, en ese momento yo me hubiera ido directamente allá a quitar escombros y ofrecer ayuda de primera mano. No pudo ser, y me conformé con hacer lo que podía desde España. Pero, desde ese momento, Haití se instaló en mi corazón.

Cuando me destinaron a República Dominicana pensé “que bien, ya estoy más cerquita de Haití”. Y luego Dios me hizo el regalo de encontrarme con este batey en el que vivo, llenito de haitianos a los que ayudo mediante los diferentes proyectos sociales que tenemos en la comunidad. Para mí, el batey es “mi pequeño Haití”. Sin embargo, ayer estaba ahí, a cinco minutos de la frontera y, lógicamente, no pude resistir la tentación de cruzarla y pisar tierra haitiana. Mis dos hermanos claretianos que me acompañaban fueron buenos y me concedieron el capricho, así que entramos en la zona que llaman Mal Paso, una tierra de nadie entre los dos países, continuamos caminando hasta donde está la bandera haitiana, nos hicimos una foto y nos volvimos. Fue cosa de media hora lo que tardamos, pero me hizo ilusión. Ojalá algún día pueda conocer de verdad algo más de ese país que sigue siendo el más pobre del mundo.

Y entre medias de tanto viaje, he seguido atendiendo gente en el local, continuando la declaración de los niños, llevando gente a la Embajada de Haití a hacerse pasaportes… lo cotidiano.

También la Escuelita sigue con sus actividades. Este lunes tuvimos la celebración del día de las madres. Aquí en Santo Domingo se celebra el último domingo de mayo, por lo que nosotros preparamos algo especial para ellas: una manualidad de regalito, unas poesías, canciones… y luego se les dio refresco y unas galletitas. Los niños estaban nerviositos por las actuaciones que tenían preparadas, pero disfrutaron de lo lindo pudiendo homenajear a sus madres. Ya queda poco para que termine el curso. De hecho, el lunes 11 de junio empiezan sus exámenes, el 15 nos los llevamos de excursión de fin de curso a la playa, y la semana siguiente convocamos a los padres para entregarles las notas. Ciertamente, este curso ha pasado volando.

Bueno, pues esto es todo lo que hoy os cuento. Eso sí, no quiero terminar esta carta sin recordaros que hoy las Misioneras Claretianas celebramos el día de la Vocación Claretiana. Felicito a todas mis hermanas y a todos aquellos de vosotros que compartís nuestro carisma. Pedid a Dios por nuestra Congregación, para que seamos buenas misioneras, estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos. Y pedid también por aquellas chicas a las que Dios pueda haberles regalado el don de esta vocación claretiana, para que lo descubran, lo acepten, lo asuman y formen pronto parte de esta familia.

Ya sí, me despido. Un abrazo grande y feliz mes de junio.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 15 de abril de 2018

¡Hola a todos y Feliz Pascua!

De nuevo me acerco a vosotros para compartir cosas de esta partecita del mundo. Aunque hoy, además de contaros de mi realidad dominicana, voy a hablaros de otros proyectos de KORIMA que se llevan a cabo cerca de aquí, en Cuba, la isla vecina. Estuve por allá la semana pasada y tuve la oportunidad de visitar los lugares donde se llevan a cabo e incluso compartir con algunas de las personas beneficiarias de dichos proyectos.

Así, puedo contaros que en la ciudad de Santiago de Cuba se está desarrollando el proyecto Renacer a la Esperanza, el cual consiste en unos talleres de confección que se ofrecen a mujeres interesadas en ello. Estas mujeres aprenden a realizar patrones, cortar, coser… de tal manera que luego pueden fabricar prendas para vender y sacarse un dinerillo para mantener a sus familias. El taller se viene realizando desde hace muchos años en un barrio que se llama Chicharrones, en la casa de doña Graciela. Esta señora ofrece con mucha generosidad su casa, no sólo para el taller de costura, sino para cocinar cada día para más de 200 personas, e incluso para tener celebraciones litúrgicas, puesto que en el barrio no hay ninguna iglesia ni capilla. Su generosidad es digna de admiración. Las clases de costura las imparte la profesora Lilia, la cual es admirada por su disponibilidad, paciencia y buen hacer. Así, todos los martes las mujeres acuden con entusiasmo a recibir sus clases y, cada dos semanas, además de aprender a coser, reciben también algo de formación cristiana que impartimos las misioneras claretianas.

El año pasado, se decidió ampliar el proyecto a otra zona cercana y tan vulnerable como Chicharrones, que es el barrio de El Polvorín. En este caso, la reunión tiene lugar en casa de doña Lidia, una viejita muy simpática y acogedora, que siempre tiene una sonrisa y “un cafesito” o “un juguito” para regalar a quien la visita. En este lugar ya se ha formado un buen grupo de mujeres interesadas en participar en el taller aunque, por el momento, solo tienen formación cada martes, puesto que aún están en trámites para conseguir dos máquinas de coser y los tablones para hacer las mesas de costura. Realmente la realidad en Cuba es complicada y sigue habiendo problemas para conseguir cosas tan básicas como esas. Pero… Cuba es Cuba, y sólo puede comprenderse cuando se conoce la realidad “no turística”. Ojalá los trámites culminen pronto y la casa de doña Lidia se llene pronto de costureras.

Aparte de este proyecto de KORIMA, las hermanas promocionan otros, principalmente de formación cristiana, en diferentes barrios marginales. Y Anunciación Izquierdo continúa manteniendo en activo el proyecto Un Solo Corazón, que KORIMA apoyó en sus comienzos. Se trata de un grupito de mujeres que se dedican a coser en sus casas batas que luego regalan a mujeres enfermas y ancianas. Es bonito ver el cariño que todas ponen en ello.

Allá en Santiago de Cuba, tuve ocasión también de compartir un rato con los coordinadores de la Familia Laical Claretiana. Se trata de un grupo formado por 65 seglares de todas las edades, de diferentes parroquias y profesiones, que pretenden llevar el Evangelio a todos los ámbitos de sus vidas, al estilo de María Antonia París y de Antonio María Claret. Su identidad claretiana les mueve a trabajar en cualquier apostolado. Se han organizado en diferentes grupos, tales como la “Infancia claretiana” para los pequeños, el “Grupo Esperanza”, que atiende a personas que viven solas, el “Grupo de la misericordia”, que acompaña espiritual y materialmente a laicos que atraviesan situaciones de enfermedad… La comunidad completa de claretianas les acompaña y asesora de manera continua y cercana en todos los pasos que van dando. Esta Familia es un regalo para nosotras.

Después de estar en Santiago, me fui a Guantánamo. Allá se llevan a cabo dos proyectos de KORIMA. Uno, el de Desarrollo de Valores Cristianos y Humanos, pero de ese no puedo contaros porque no tuve oportunidad de conocerlo. El otro, Tengo Derecho A Ser Feliz, es un proyecto precioso, que se realiza en diferentes campos de los alrededores, algunos de muy difícil acceso. Las hermanas lo desarrollan en equipo con los misioneros claretianos, y lo que se pretende es fomentar el desarrollo integral de los niños y adolescentes de la zona mediante la educación en valores y la realización de talleres que contribuyan, no sólo a su autodesarrollo, sino a la mejora de las relaciones inter-familiares y sociales, y a la progresiva transformación de su realidad. En cada zona se busca una casa que abra sus puertas a los muchachos el día del taller. Y cada casa ofrece lo que tiene, la mayoría solo el suelo… pero eso es suficiente para poder realizar lo que se pretende. Los niños aprenden, disfrutan… y se les va notando un cambio, según cuentan a sus padres las maestras de las escuelas a las que acuden. Y eso es bueno. Muy bueno. Es estupendo saber que, gracias a estos proyectos, gracias a vosotros, que los estáis apoyando, estos niños tienen la oportunidad de ser algo más de lo que les ofrece las circunstancias del contexto en el que viven. Desde aquí, mi agradecimiento y el de las claretianas y claretianos que día a día se entregan a esta bonita misión.

Por mi parte, he llegado hace un rato del interior del país. Viajé allá ayer por la mañana, para ofrecer junto con los claretianos, un encuentro para jóvenes en un lugar llamado Cabirmota, en La Vega. Es la primera parroquia a la que vamos que no es claretiana, y la experiencia fue muy buena. Nos acogieron muy bien y los muchachos participaron muy activamente en el encuentro que habíamos preparado. Quieren que volvamos, así que el trabajo sigue multiplicándose… lo cual no deja de ser bueno.

El próximo sábado tengo que volver a hacer el mismo viaje, pero esta vez acompañada de mis hermanas de comunidad, puesto que vamos a participar en el primer encuentro de Familia Claretiana de República Dominicana. Ya os contaré.

Por lo demás, os cuento que los niños de las clases de alfabetización ya tienen su uniforme. En realidad, es solo una camiseta, pero para ellos es mucho. Debemos agradecer el hecho, en primer lugar, a nuestra querida Pili Sáez, que nos hizo el diseño de manera creativa y cariñosa. Ella estuvo un mes por aquí hace un par de años, participando en la experiencia misionera que ofrece KORIMA. En ese tiempo, dio formación a las maestras, ayudó a decorar la escuelita y se encariñó tanto con los niños del proyecto que no se me ocurría nadie mejor que ella para hacer el diseño. En segundo lugar, a nuestra incansable Aurimar Santiago, quien estuvo cinco meses el año pasado viviendo con nosotras, haciendo una experiencia más prolongada. Ella estuvo impartiendo en las clases de alfabetización un taller de manualidades que fue la gozada de los muchachos y de las maestras, y también se enamoró del proyecto de tal manera, que montó una campaña entre sus conocidos para recaudar fondos con los que hacer las camisetas. Es a todos ellos a quienes agradecemos, en tercer lugar, por su generosidad, ya que gracias a ese dinero hemos pagado una parte del pedido realizado. El dinero no dio para todos, puesto que los precios han subido respecto al año pasado y que en este momento contamos con 73 alumnos, casi el doble que el año pasado… De hecho, hace un par de semanas tuve que ir a comprar más sillas porque ya no había para todos. Las maestras me han prohibido que inscriba más niños porque no dan abasto, pero no os imagináis la pena que me da tener que decir que no tengo más sitio a los padres que vienen pidiendo que acoja a sus hijos…

Bueno, pues aquí lo dejo. Ya os contaré el próximo mes de los otros proyectos para no extenderme ahora más. Un abrazo grande para cada uno y mi oración.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 12 de marzo de 2018

¡Hola a todos!

Después de todo este tiempo que he estado sin escribiros, confío que os encontréis bien. Yo ya estoy recuperada de las quemaduras. Estuve un tiempito fuera de aquí y a la vuelta me encontré con mucho trabajo, además de que estamos construyendo la segunda planta de nuestra casa y eso supone un plus de cosas de las que estar pendiente, por eso he tardado más en escribiros.

La vida en el batey sigue su curso normal. Las clases de alfabetización van viento en popa. En el último mes y medio se han inscrito muchos más niños, y ya hemos comenzado dos nuevas asignaturas con todos los niveles: inglés y educación física. Tanto las maestras como los alumnos están aprendiendo inglés y todos están encantados. En el mes de febrero tuvimos dos acontecimientos para celebrar. Por una parte, el 14 de febrero, el día del amor y la amistad. Se hicieron unas manualidades con corazones, acompañadas de la correspondiente reflexión sobre la importancia de amar a todos de verdad y sobre el valor de la amistad. Por otra parte, como ya os he comentado en años anteriores, aquí febrero es el mes de la Patria. De ahí que decoráramos la escuelita con la bandera y los colores propios del país, y se instruyó, como en todas las escuelas, sobre la historia de la Independencia y sobre los héroes de la Patria, que aquí son tan importantes. Ahora, antes de Semana Santa, tendrán sus exámenes de segunda evaluación antes de las vacaciones. Os seguiré contando.

En cuanto al proyecto de Sin Papeles No Soy Nadie, también va a tope. Seguimos declarando niños indocumentados, y ayudando a los adultos a conseguir todos sus documentos. La gente hace largas filas en la calle donde tengo el local los días que atiendo. Algunos vienen desde muy lejos, por lo que soy incapaz de irme sin atenderlos a todos, aunque sea ya con linterna en mano…

En la Embajada de Haití ya me han entregado los pasaportes que hicimos hasta el mes de junio de 2017. Lo digo como si fuera un logro, pero en realidad siento que es una injusticia enorme, puesto que están tardando ocho meses en entregar a la gente su pasaporte, cuando en España te lo entregan en el mismo día que te lo haces. Incluso a mí, cuando lo renové hace un par de años en la Embajada de España en Santo Domingo, me lo dieron en tres semanas, y pagando una tercera parte de lo que cobran por los pasaportes haitianos. ¡Muy injusto!

Además, no hace mucho descubrí algo que también dificulta el hecho de que esta gentecilla pueda estar “en condiciones legales”, y es que no sólo tienen que conseguir su pasaporte, sino que una vez que lo tienen, deben buscar el dinero para viajar hasta Haití, solicitar su visa dominicana, que viene costando más de 200 dólares, buscar dónde quedarse el tiempo que tarden en darle la visa, y luego pagar la estadía dominicana, que está en torno a los 50 dólares. Para gente que vive en situaciones de extrema pobreza, como es la que se relaciona conmigo, estas cantidades son desorbitantes. Esperemos que en algún momento las leyes sean más justas y realmente favorezcan a los pobres.

A los ancianos y enfermos seguimos visitándolos y ayudándolos en la medida de nuestras posibilidades, llevándoles comida y las medicinas que necesitan. En ese sentido, me sentí realmente acogida por todos ellos cuando volví después de mi recuperación. Al ir a sus casas a visitarles, muchas de las viejitas dieron gritos de alegría porque se habían quedado verdaderamente preocupadas al saber lo que me había pasado. Humanamente, es algo muy reconfortante saber que la gente se preocupa por una y que estuvieron todo el tiempo orando con fervorosa fe para que me sanara.

Por otra parte, ya fuera de los proyectos, últimamente he asistido a varios encuentros de jóvenes. Aquí la fe se vive de una manera peculiar, bastante diferente a lo normal en España, puesto que hay mucha influencia de las iglesias evangélicas y carismáticas. Sin embargo, independientemente de que pueda compartir o no ciertas formas, me maravilla ver la confianza de la gente en Dios, en su Providencia, de saberse en sus manos. A veces quizá pudiera confundirse con una simple resignación, pero yo creo que es mucho más, que realmente creen.

Verdaderamente me encanta vivir aquí y disfrutar con pequeños detalles de la vida cotidiana. Disfruto en las celebraciones en la Iglesia, viendo cómo poco a poco se forma comunidad. Disfruto cuando camino y veo a los niños jugando con la goma de una bicicleta, haciéndola rodar calle arriba y calle abajo. Disfruto viendo cómo los niños de nuestra escuelita se esfuerzan en aprender. Disfruto con la sonrisa agradecida de tanta gente a la que ayudamos. Disfruto cuando en la mañana de los miércoles y los jueves voy hacia el parque, cuando aún no ha salido el sol, a reunirme con las madres que van ese día a declarar a sus hijos o con la gente a la que llevo a la embajada a hacerse pasaportes. En el camino siempre me encuentro a unas mujeres que salen con sus pequeños de una iglesia evangélica donde pasan la noche. Son mujeres que no tienen un techo donde vivir y que les dejan dormir allí. Y luego, en el parque, me encanta ver el movimiento de gente que comienza el día… los motoristas llevando a los pasajeros a sus trabajos… las mujeres que venden café para todos los que pasan… las que cargan su “punchera” y se patean el batey para vender algo…

los hombres cargados con sus instrumentos de trabajo… los niños con su uniforme camino de la escuela… O dentro de la guagua, cuando la llevo cargada de gente que va a hacerse su pasaporte, sus cuerpos apretujados unos contra otros y sus miradas cargadas de esperanza por conseguir sus documentos…

Todo pobre, sencillo, tan cotidiano… que resulta encantador.

Igual pensáis que me he vuelto loca por disfrutar de estas cosas tan normales, pero cada vez estoy más convencida de que la vida es eso, lo cotidiano, lo de cada día. Y en todo podemos encontrar a Dios, y con todo lo que hacemos podemos transmitirlo. No se trata de hacer grandes cosas, sino de hacer lo que hacemos con amor, con ganas de dar lo mejor de nosotros mismos, superando nuestros problemas y procurando siempre hacer felices a aquellos con los que nos encontramos.

Normalmente estamos tan ocupados con lo que hacemos, que podemos olvidarnos de lo más importante. Hace un par de meses murió un amigo muy querido. Él era un hombre sencillo y bueno, que se preocupaba por lo realmente importante y cuya principal preocupación era crear familia y hacer de sus hijos gente buena, como él lo era. Su muerte fue repentina e inesperada, aún a veces se me hace difícil creer que ya no está. Eso y mi accidente me han hecho pensar mucho. Ninguno sabemos cuándo llegará nuestra hora, porque la muerte no tiene edad. De ahí que sea tan importante vivir la vida con sentido, valorando lo que tenemos, cuidando a los que queremos, dejando la mejor huella que podamos en este mundo. Como lo hizo Jesús. Y como lo ha hecho tanta gente que no sale en las noticias, cuyas vidas pueden pasar desapercibidas para gran parte de la humanidad, pero no para aquellos a los que ofrecieron lo mejor de sí mismos. En el fondo, eso es ser misionero.

En nuestra Congregación hoy celebramos la fiesta de una hermana que vivió así, Teresita Albarracín, una joven claretiana que murió con solo 19 años, cuyo lema era “Sonreír siempre”, pasara lo que pasara, y vivir desde la sencillez, centrada en el Dios de la Vida. Ojalá ella y todos los que nos han precedido, intercedan por cada uno de nosotros para que vivamos cada día de manera más sencilla, más humilde, más solidaria, más fraterna, más desde Dios…

Un abrazo grande para cada uno y mi oración.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 7 de octubre de 2017

¡Hola a todos!

¿Qué tal estáis? Espero que todos bien.

Siento mucho haber faltado en el mes de septiembre a mi cita mensual, pero tengo motivos justificados que me lo han impedido.

Algunos ya lo sabéis, supongo que la mayoría no. Hoy hace justo tres semanas que tuve un pequeño accidente. Fue después del paso de los huracanes Irma y María. Estaba en el jardín intentando quemar todas las ramas, troncos y hojas que habíamos mochado en preparación para los huracanes. Cuando llevaba un buen rato, por un descuido una llama me alcanzó y me prendió la camiseta y la pierna. Fue un momento horroroso. Lo primero que hice fue salir corriendo y gritando. Afortunadamente, tuve la lucidez y el valor suficientes para sacarme la camiseta como pude y en cuanto pude. Eso evitó que el asunto terminara peor. Quedé con quemaduras de segundo grado en la pierna, en un brazo, en los dedos de las manos y una pequeñita en el costado. Ya hoy las tres últimas están recuperadas, con la piel rosadita, pero regenerada, que es lo importante. La de la pierna es la que sigue mal, por fuera y por dentro. Por fuera, porque, aunque está en proceso, aún no ha terminado de cicatrizar lo suficiente como para poder quitarme las vendas, ¡y eso da mucho calor, además de la picazón por la cicatrización! Y por dentro, porque ha afectado a los músculos. Eso me provoca un dolor intenso que hace que no pueda apoyar el pie y caminar. El cirujano me dice que la recuperación va a llevar un tiempito, así que no queda otra que echarle paciencia. Quienes me conocéis, os podéis imaginar lo difícil que me resulta estar aquí sin poder moverme, siguiendo las órdenes del cirujano sobre reposo absoluto… pero no se puede hacer otra cosa si quiero recuperar mi pierna y volver a patear por ahí.

Era justificado el motivo, ¿verdad? Bueno, quizá alguien pueda pensar que podría haber escrito desde la cama, como lo hago ahora, pero… ¡todo requiere su motivación!

Pero, aparte de esta mala noticia, tengo otras buenas que contaros. Por ejemplo, que ya comenzamos el curso en las Clases de Alfabetización. Como todos los años, en agosto abrimos unos días para las inscripciones, y estuve también organizando con las maestras el plan para todo el curso. El 31 de agosto convocamos a una reunión inicial a los padres de los niños. Fue muy bonita. Vinieron todos los que habían inscrito a sus hijos en ese momento (porque luego han ido llegando más), y lo organizamos de tal manera que cada una de las maestras dio un temita de formación: sobre cuestiones emocionales importantes para los niños, la higiene, la alimentación saludable, normas de conducta, etc. Hubo muy buen ambiente y los padres participaron mucho.

Por el momento, este año tenemos 45 niños entre los cuatro turnos que ofrecemos. Están contentos y aprendiendo. Habíamos acordado que yo iba a impartir una hora de inglés a la semana a cada curso, pero con esto de la quemada, está paralizado hasta que me recupere.

Por la parte del proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, en mi última carta os decía que andaba buscando un local donde poder atender a la gente de las documentaciones. Pues bien, al final lo encontré. No es lo ideal, porque es algo demasiado grande y destartalado para lo que yo necesito, pero es lo único que encontré a precio razonable. La pena es que, por lo de la quemada, sólo he podido ir tres días en todo este tiempo. La gente no para de llamarme, pero al tener los papeles tan lejos de casa, no puedo hacer nada para ayudarlos. Todos se muestran muy comprensivos y no dejan de decirme que oran para que me recupere pronto.

Eso sí, antes de que esto pasara, fui a la Embajada de Haití para hacer pasaportes a doce personas. Y me vine muy contenta de allá, porque ese día me entregaron 18 pasaportes de los que hicimos en el mes de febrero y 3 de los del PIDIH. Llegan con mucho retraso, pero hay que celebrar que algunos van llegando… FOTO PASAPORTES Y el otro día me puso un mensaje el chico de la embajada que me busca los documentos del PIDIH para decirme que habían llegado más de 20 pasaportes de la gente de mi lista. Con toda su buena voluntad, sabiendo que no me puedo mover, dijo que vendrían a traerlos, pero después de la experiencia que tuve en mayo, no me hago ilusiones de ningún tipo. Como quiera, es bueno saber que llegaron y me están esperando.

Y del proyecto Son Nuestros Hermanos, he seguido organizando desde aquí el reparto de los alimentos y las medicinas de los enfermos a los que atendemos, con la ayuda de mi equipo, porque eso es algo que no se puede paralizar y, afortunadamente, estamos organizadas para salir adelante aunque una falle.

Como acontecimiento especial, fuimos un domingo a celebrar el cumpleaños de Marco, uno de los viejitos viudos a los que atendemos. Cumplía 79 años, aunque él nos había dicho que eran 80… Tenía tantas ganas de celebrar con nosotros que pidió a su vecina que cocinara unos espaguetis, junto con unos guineos y yuca, para invitarnos. Todo muy rico. Nosotros llevamos el postre, un bizcocho de cumpleaños con sus velitas incluidas. Estuvimos con él dos horas y nunca olvidaré la cara de felicidad y el agradecimiento que mostró en todo momento. Ciertamente, ahora entiendo lo difícil que puede llegar a ser estar todo el día solo. Y hay tanta gente que vive esa soledad…

Por último, os cuento que otro de los viejitos a los que atendíamos, Bienvo, se murió en agosto. Era un hombre muy tranquilo, que siempre nos recibía con una sonrisa especial. Estuvo ingresado los últimos días en el hospital, muy malito, y, de pronto, cuando volvía un día de reunirme con las maestras de alfabetización, me encontré que lo estaban entrando en el local que acaba de construirse en el batey, que hace las veces de funeraria. Me dio mucha pena, porque no me dio tiempo de ir a visitarlo al hospital para despedirme de él. Su familia es evangélica, y me invitaron al culto que se iba a ofrecer por él unos días después. Reconozco que me daba un no-sé-qué ir, porque nunca había participado en un culto evangélico y no me hacía mucha gracia la idea de encontrarme de pronto en medio de gente en trance o algo así, como he visto a veces al pasar por delante de alguna de las iglesias evangélicas del batey. Pero al final fuimos Ana y yo, y fue una experiencia bonita. Un predicador estuvo más de una hora hablando de diferentes textos de la Palabra de Dios, y luego otro estuvo cantando algunas canciones francamente preciosas. Interesante, cuanto menos. Y reconozco que a mí me hizo bien.

Bueno, pues aquí lo dejo por hoy. Cuidaos mucho y no dejéis de hacer el bien. Aprovechad este mes misionero para tener algún gesto solidario, no porque llega el DOMUND y es lo que toca, sino porque de corazón os nazca poner un granito de arena para que este mundo sea mejor, más justo, más humano, más fraterno…

Cuento con vuestra oración para recuperarme pronto, ¡¡¡que me muero de ganas por salir a la calle para seguir con los proyectos!!!

Un abrazo y mi cariño,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

 

 

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 22 de agosto de 2017

¡Hola a todos!

¿Qué tal estáis? Supongo que algunos aún disfrutando de las vacaciones y otros ya de vuelta a la vida cotidiana.

Aquí nos encontramos en el último caso, puesto que el curso escolar empieza en agosto. De hecho, el personal de nuestra escuela está trabajando desde principios de mes y hoy ya se han incorporado los alumnos.

Yo llevo una semana por aquí. Estuve en España visitando a mi familia y, de ahí, me fui a Roma, para participar en el Capítulo General de mi Congregación. Toda una experiencia. Eso sí, ha habido de todo en el tiempo que he estado fuera. Cosas muy buenas, porque el reencuentro con los míos siempre lo es. Pero también ha habido momentos difíciles, por diversos motivos.

Uno de ellos es que, estando allá, me llegó la noticia de la muerte de Roberto, el chico del que os hablaba casi al final de mi última carta. Yo era consciente de que no le iba a aguantar el cuerpo hasta que yo volviera pero, aún así, la noticia fue muy dolorosa. Todavía estos días, caminando por el batey o al entrar en la casita donde damos las clases de alfabetización, pienso que me lo voy a encontrar en cualquier momento. En fin, ya está descansando. Luego ha habido cosas a las que me cuesta adaptarme cuando estoy en el primer mundo. Puede parecer una tontería, y quizá no lo entienda quien no haya vivido al menos una experiencia misionera en algún lugar pobre, o simplemente haya pasado necesidad. Pero el hecho de ver cómo la gente gasta el dinero en caprichos y cosas innecesarias, o cómo se desperdicia la comida en tantos bares y probablemente también en muchas casas, o la cantidad de lámparas que hay en una simple tienda y el despilfarro de energía que eso supone… bueno, me hace pensar en el hambre que pasa aquí la gente o en cómo se alumbran con velas cuando las tres o cuatro horas de luz que nos dan llegan en el día y no en la noche. Ya digo, puede que os parezca una exageración, pero el mundo está tan mal e injustamente repartido, que me duele profundamente. Bueno, el caso es que reconozco que ya tenía ganas de volver al batey y reencontrarme con mi gentecilla. Y si yo tenía ganas, se ve que la gente tenía más ganas aún de que yo volviera. Ha sido y está siendo muy bonito sentirme tan bien acogida, recibir tantas sonrisas, besos y abrazos cuando me ven.

De la semana que llevo aquí, no puedo contaros mucho. Entre limpiar y acondicionar de nuevo la casa y preparar lo de la escuela se me ha ido un tiempito. He visitado algunos enfermos y me he reunido con las maestras de alfabetización para ir poniendo en marcha el nuevo curso. De hecho, esta tarde hemos empezado a recoger las inscripciones para este año. Afortunadamente, hay al menos 8 niños de los que teníamos el año pasado que han conseguido inscripción en la escuela pública, por lo que podemos admitir a otros nuevos. Mañana seguiremos inscribiendo y volveré a reunirme con las maestras para empezar a organizar los grupos y planificar. En este curso se incorporarán a la comunidad otras dos hermanas. Cuando lleguen, ellas llevarán la parte de la que yo estaba encargada en la escuela estos últimos años. Por tanto, aunque tengo otras obligaciones congregacionales, confío poder contar con algo más de tiempo para dedicarme a los enfermos y a las clases de alfabetización, e incluso comprometerme a darles alguna asignatura nueva, como inglés y alguna otra.

Y respecto al proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, no paro de recibir llamadas de la gente para venir a verme, pero lo estoy frenando un poco porque tengo un problema grande. Se trata de que, al dejar mi trabajo en nuestra escuela, pierdo mi oficina y, por tanto, el lugar en el que atendía a toda esta gente dos tardes a la semana.

Ayer, después de misa, me estuve pateando el batey buscando algún local pequeño para alquilar. Seguí por la tarde. Y hoy, al terminar de inscribir, también. Lo que encuentro barato son casitas de madera y uralita, pero eso no me sirve porque cualquiera las puede abrir de dos patadas, y es una responsabilidad grande dejar ahí los documentos de la gente. Por tanto, ando buscando algo construido con block y con puerta segura, pero todo lo que hay es más caro. Y si no es tan caro, está bastante escondido o en una zona demasiado ruidosa. Ayer fui a preguntar a un señor, amigo de la comunidad desde hace mucho, que acababa de construir un par de locales cerquita de casa y sabía que los alquilaba. Llegué tarde porque justo los alquiló la semana pasada. El buen hombre me dijo que, si le daba 15 días, se ofrecía a construir otro local en la parte de arriba y me lo alquilaba por un precio de ganga. Pero se ve que la suerte no me acompaña, puesto que esta mañana me ha dicho que lo ha llamado el ingeniero para ofrecerle un trabajo bueno de un par de meses, así que, al aceptarlo e irse lejos, no puede hacer la construcción.

En fin, habrá que seguir buscando sin desesperarse. Estoy segura de que, si Dios quiere que siga adelante con este proyecto, algo encontraré. Os contaré los resultados en la carta del próximo mes.

Hasta entonces, un abrazo grande y todo mi cariño,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 2 de junio de 2017

 

Queridos todos:

Espero que os encontréis bien y que hayáis tenido un buen mes de mayo. El mío ha sido muy movidito, tanto a nivel de escuela, como de pastoral vocacional y de los proyectos.

En la pastoral vocacional hemos tenido varias actividades. Una de ellas es el Telar mensual que tenemos en casa, el cual se va poco a poco consolidando aunque siguen apareciendo gentecilla nueva que se va enterando. Hay muy buen ambiente y los chicos se lo toman suficientemente en serio. También a mediados de mes viajamos Aurimar y yo al norte del país con los claretianos, y tuvimos un encuentro al que asistieron 70 jóvenes.

Es algo que queremos continuar el próximo año. Y, por último, hemos montado también un Talent Show con motivo del Día de la Vocación Claretiana que las misioneras claretianas celebramos el 31 de mayo, y del cual os hablaré más tarde.

En la escuela, aparte de la Eucaristía de Pascua, hemos organizado varias actividades de Pastoral. Para empezar, como el 1 de mayo es el día del trabajo, montamos una mesa redonda a la que invitamos a participar a cinco trabajadores de diferentes profesiones: un contable, un chófer de guagua, un ingeniero, una persona de las que limpian la escuela y otra de las que se dedican a hacer frituras y venderlas en la calle. El objetivo era doble: por una parte, resaltar la importancia que tiene el trabajo en nuestras vidas y, por otra, dejar claro que todos los trabajos tienen la misma dignidad y son igualmente importantes. Tuvimos muchos inconvenientes porque a última hora me fallaron dos de los que tenía seleccionados y tuve que salir a la calle a buscar otros dos sobre la marcha… el micrófono de la escuela no funcionaba bien… y por si fuera poco, de pronto se puso a llover a cántaros y el ruido que hacía la lluvia sobre la uralita del techo era en algunos momentos francamente ensordecedor… pero la realidad es que la experiencia fue muy buena. Los participantes lo hicieron muy bien y los alumnos les hicieron preguntas bien profundas. Algunos de ellos, cuyos padres se dedican a trabajos no muy reconocidos, me contaron al día siguiente que les había gustado mucho y les había servido para valorar más a sus padres y aquello a lo que se dedican, a pesar de las burlas que suelen recibir por parte de otros compañeros.

Otra cosa que hemos realizado es una actividad de prevención sexual para los alumnos de 3º a 8º. Realmente la primera idea estaba pensada para 6º a 8º, pero en los cursos pequeños se están dando tantos problemas relacionados con este tema, que las mismas maestras pidieron que también se les ofreciera a ellos. Vinieron a dirigir la actividad dos de las chicas que trabajan en Fe y Alegría, a la cual pertenece nuestra escuela, y lo hicieron muy bien. Su estilo sencillo y cercano hizo que los alumnos se sintieran cómodos para contar todo lo que viven en su ambiente. Es difícil contar por este medio algunas cosas de lo que allí se oyó, pero os aseguro que escuchar a niños de 8 años hablar de abusos, violaciones e incluso muertes con tanta naturalidad, pone los pelos de punta a cualquiera. Con semejante escenario violento, es fácil de entender muchos de sus comportamientos… y un gran reto el que tenemos por delante como escuela.

Por otra parte, el pasado domingo llegó un grupo de voluntarios de Puerto Rico para hacer una experiencia misionera de una semana. Son profesores de una academia bilingüe y querían conocer esta realidad. Organizamos un plan de actividades de tal manera que pudieran estar por las mañanas en las Clases de Alfabetización y por las tardes en la Escuela. Así, han ofrecido diferentes talleres, cada uno de su especialidad pero combinados entre sí, mediante los cuales los niños y adolescentes han disfrutado al tiempo que han aprendido. Y para terminar, hoy nos han ayudado en la organización del “Talent Show” del que os hablé al principio, en el que, quien ha querido, ha mostrado sus talentos. Una manera de potenciar las cualidades y talentos de nuestros alumnos, muchas de ellas desconocidas. En fin, como veis, muchas cositas, y todas buenas.

En cuanto a la parte de los proyectos, las Clases de Alfabetización están ya casi a punto de terminar. Aún falta un par de semanas, pero hay que ir pensando en los exámenes finales… Los chicos han disfrutado mucho con las actividades organizadas por los voluntarios, y estos a su vez han alucinado con la capacidad que tienen muchos de los niños, sus ganas de aprender y lo mucho que valoran y agradecen lo que se les ofrece. Terminaremos el curso con una fiestecita de despedida en la que habrá juegos y merienda.

Los enfermos siguen con sus achaques y sus penas. Quienes más me preocupan ahora son dos personas. El primero, un chico joven del que os hablé hace ya un par de años o tres, que lo conocí porque la gente del batey me dijo que estaba muy mal. Cuando lo encontré lo convencí para llevarlo a hacerse análisis y ahí descubrimos que tenía VIH. Su madre había muerto tres años antes de eso y su padre también lo padece. Entró en el Plan de Salud Integral y durante todo este tiempo lo hemos estado ayudando con comida, medicinas y análisis médicos. Durante un tiempo se mejoró, incluso engordó, pero lleva ya un año con diarreas continuas y cada vez está peor. Últimamente ha tenido que ir varias veces al hospital, cuando ya se veía sin fuerzas, pero lo único que allí le hacen es tenerlo unas horas con suero y mandarlo a su casa. Hace un par de semanas, por fin, lo internaron varios días. Pero tampoco ha servido de mucho. No sé cuánto aguantará.

La segunda persona que más me preocupa es Luciana, una viejita de la que también creo que os he hablado alguna vez. Ella tiene muchos dolores que ya no tienen remedio, pero hará cosa de un mes tuvo que ir al médico por una infección vaginal. Lo que le recetaron era muy bueno y le aseguré que con eso se pondría bien. Sin embargo, no fue así. A las dos semanas volví a visitarla y seguía mal. Como me parecía imposible, le preguntamos muchas cosas y ahí fue donde descubrimos algo de lo que yo todavía no era consciente. Resulta que ella, como mucha gente, vive en unos barracones que se hicieron en un callejón. Se trata de cuartuchos pequeños en los que tienen todo: la cama, sus pertenencias e incluso el fogón para cocinar. Por supuesto, no hay baño. Toda la gente de esa zona usa unas letrinas que hay cerca del parque. La pobre mujer nos contó que, cuando va a las letrinas, las cucarachas y otro tipo de bichos le pican en sus partes íntimas. Obligatoriamente tiene que sentarse, porque las pocas fuerzas que tiene y el mal estado de sus huesos no le dan para hacer sus necesidades de pie. Fue muy triste saberlo, la verdad. Desde entonces, sueño con la posibilidad de tener algún sitio donde ella y otros viejitos que viven en circunstancias similares, puedan vivir con un poco más de dignidad y de atención. Pero eso requiere de muchos recursos que en este momento no tenemos. Seguiremos pensándolo, porque son muchos los que lo necesitan.

Y por la parte del proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, el movimiento ha sido tremendo. A lo largo del mes hemos conseguido declarar a muchos niños, algunos nuevos que han ido llegando, y también otros que, después de depositar sus documentos, les dijeron que había que hacer un proceso de investigación y que tendrían que darle seguimiento en seis meses. Sigue siendo precioso ver las caras de felicidad de esas madres y padres cuando ven que por fin sus hijos están declarados y van a poder inscribirse en la escuela.

Claro, que aún hay muchas que no pueden terminar su proceso porque son haitianas y tuvieron hijos con hombres dominicanos. A ellas les exigen tener el pasaporte para poder declarar a los hijos. Lo bueno es que a mediados de mes llegaron 12.000 pasaportes del PIDIH, de los que se hicieron hace tres años. Con ese motivo, y por cuestiones políticas, se organizó un evento desde la Embajada de Haití para anunciarlo a bombo y platillo, al que fui invitada. Mucho politiqueo y mucha cámara de televisión, pero bueno, fue interesante asistir.

El caso es que un par de semanas después me enfadé mucho con ellos. Hasta ahora yo siempre he ido y me han ido entregando los documentos que van llegando de la gente que tengo en mi lista. Pero se ve que esta vez, por eso de darle publicidad al tema de los muchos pasaportes que se habían recibido, ellos mismos me propusieron venir y entregarlos por sí mismos. Así, quedamos en que yo congregaría a la gente para el día 24 por la tarde, ellos vendrían y repartirían. Hice grandes esfuerzos por regar la voz para que todo el mundo se enterara, porque tengo gente de Hato Nuevo y Bienvenido, pero también de otros lugares bastante lejanos que han aparecido para que les ayude. Ese día había gente ya desde por la mañana, a los que tuve que decirles que volvieran a las 3 de la tarde. Hubo gente que se pidió permiso en el trabajo, gente que caminó desde muy lejos… A las 3 de la tarde tenía más de 300 personas allí. Como no llegaban, empecé a llamar por teléfono. No respondían. Cada vez me iba temiendo más lo peor. No fue hasta pasadas las 4,30 de la tarde que devolvieron la llamada y me dijeron que al final no iban a venir porque no tenían suficientes documentos para entregar como para que les fuese rentable venir a entregarlos y que Madame Celestine quería llamarme para pedirme disculpas. No sé cuál es el número de documentos que ellos consideran necesario para calificar como “rentable” un evento, ni tampoco quiero saberlo. Yo sólo sé que le dije un par de cositas con mucha claridad, colgué, lloré de rabia e impotencia, me sequé las lágrimas y salí a dar la cara y a dar una información que la mayoría de los congregados ya sabía que pasaría porque, según ellos, “conocen a su gente”.

Sinceramente, lo pasé francamente mal. Por mi parte, me parecía una falta de respeto, ya no sólo que no hubieran aparecido después de tener todo montado, sino el hecho de que ni siquiera se hubieran dignado a avisarme. Y si respondieron fue porque puse a alguien a seguir llamándoles desde un teléfono con prefijo de EEUU, y fue a ese número al que devolvieron la llamada. ¡Patético! Pero mi parte me daba más igual. Lo que realmente me dolía es el hecho de que jueguen con los sentimientos y con la vida de la gente, de “sus hermanos haitianos”, como los denominé cuando hablaba por teléfono con el responsable del plantón. Esta gente está desesperada por tener sus documentos. Muchos de ellos, que antes tenían trabajo, han sido despedidos hasta que salga su pasaporte. La sola posibilidad de que esa tarde pudieran recibir algo ya les llenó de ilusión y de esperanza. Una ilusión y una esperanza que quedó tan aplastada como una pobre hormiga pisoteada en el suelo. ¡De veras, me indignan estas cosas!

En fin, la gente fue muy comprensiva conmigo, todos tenían claro que no era culpa mía. Muchos, al ver mi indignación, vinieron incluso a consolarme… ¿no es irónico? En vez de consolarlos yo a ellos, ellos consolándome a mí y agradeciendo todos mis esfuerzos y desvelos, diciendo lo mucho que me quieren y reconociendo que nunca nadie ha hecho tanto por ellos. Muy conmovedor, de verdad.

El caso es que ya les dije que, como tenía que salir pronto de viaje, fueran ellos directamente a la Embajada a preguntar. Lo siento por los muchos que no se regularizaron y que corren peligro de ser atrapados por los de Inmigración si van a la ciudad. A algunos de ellos los llevé en la siguiente guagua que puse para la gente que no entró en ese plan y que aún no tiene pasaporte o lo tiene vencido. Esta es otra sección diferente del proyecto. En este caso, haciendo el recuento de los pasaportes que he hecho en este año, veo que hemos superado la centena. ¡Ya son 104! No sabemos cuándo irán llegando, porque todavía no han llegado los que hicimos a finales de septiembre del año pasado, pero al menos, ellos ya tienen la tranquilidad de haberlo solicitado.

Me temo que esta vez me ha salido una carta mucho más larga de lo habitual, pero bueno, así os pongo al día de todo y compenso el retraso a la hora de enviarla. Además, en julio no tendré posibilidad de escribiros porque tengo que asistir a un evento de la Congregación, con lo cual, me despido hasta agosto. Confío que todos tengáis un buen verano, con el merecido descanso en vacaciones.

Un abrazo grande y todo mi cariño,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana