CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 7 de octubre de 2017

¡Hola a todos!

¿Qué tal estáis? Espero que todos bien.

Siento mucho haber faltado en el mes de septiembre a mi cita mensual, pero tengo motivos justificados que me lo han impedido.

Algunos ya lo sabéis, supongo que la mayoría no. Hoy hace justo tres semanas que tuve un pequeño accidente. Fue después del paso de los huracanes Irma y María. Estaba en el jardín intentando quemar todas las ramas, troncos y hojas que habíamos mochado en preparación para los huracanes. Cuando llevaba un buen rato, por un descuido una llama me alcanzó y me prendió la camiseta y la pierna. Fue un momento horroroso. Lo primero que hice fue salir corriendo y gritando. Afortunadamente, tuve la lucidez y el valor suficientes para sacarme la camiseta como pude y en cuanto pude. Eso evitó que el asunto terminara peor. Quedé con quemaduras de segundo grado en la pierna, en un brazo, en los dedos de las manos y una pequeñita en el costado. Ya hoy las tres últimas están recuperadas, con la piel rosadita, pero regenerada, que es lo importante. La de la pierna es la que sigue mal, por fuera y por dentro. Por fuera, porque, aunque está en proceso, aún no ha terminado de cicatrizar lo suficiente como para poder quitarme las vendas, ¡y eso da mucho calor, además de la picazón por la cicatrización! Y por dentro, porque ha afectado a los músculos. Eso me provoca un dolor intenso que hace que no pueda apoyar el pie y caminar. El cirujano me dice que la recuperación va a llevar un tiempito, así que no queda otra que echarle paciencia. Quienes me conocéis, os podéis imaginar lo difícil que me resulta estar aquí sin poder moverme, siguiendo las órdenes del cirujano sobre reposo absoluto… pero no se puede hacer otra cosa si quiero recuperar mi pierna y volver a patear por ahí.

Era justificado el motivo, ¿verdad? Bueno, quizá alguien pueda pensar que podría haber escrito desde la cama, como lo hago ahora, pero… ¡todo requiere su motivación!

Pero, aparte de esta mala noticia, tengo otras buenas que contaros. Por ejemplo, que ya comenzamos el curso en las Clases de Alfabetización. Como todos los años, en agosto abrimos unos días para las inscripciones, y estuve también organizando con las maestras el plan para todo el curso. El 31 de agosto convocamos a una reunión inicial a los padres de los niños. Fue muy bonita. Vinieron todos los que habían inscrito a sus hijos en ese momento (porque luego han ido llegando más), y lo organizamos de tal manera que cada una de las maestras dio un temita de formación: sobre cuestiones emocionales importantes para los niños, la higiene, la alimentación saludable, normas de conducta, etc. Hubo muy buen ambiente y los padres participaron mucho.

Por el momento, este año tenemos 45 niños entre los cuatro turnos que ofrecemos. Están contentos y aprendiendo. Habíamos acordado que yo iba a impartir una hora de inglés a la semana a cada curso, pero con esto de la quemada, está paralizado hasta que me recupere.

Por la parte del proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, en mi última carta os decía que andaba buscando un local donde poder atender a la gente de las documentaciones. Pues bien, al final lo encontré. No es lo ideal, porque es algo demasiado grande y destartalado para lo que yo necesito, pero es lo único que encontré a precio razonable. La pena es que, por lo de la quemada, sólo he podido ir tres días en todo este tiempo. La gente no para de llamarme, pero al tener los papeles tan lejos de casa, no puedo hacer nada para ayudarlos. Todos se muestran muy comprensivos y no dejan de decirme que oran para que me recupere pronto.

Eso sí, antes de que esto pasara, fui a la Embajada de Haití para hacer pasaportes a doce personas. Y me vine muy contenta de allá, porque ese día me entregaron 18 pasaportes de los que hicimos en el mes de febrero y 3 de los del PIDIH. Llegan con mucho retraso, pero hay que celebrar que algunos van llegando… FOTO PASAPORTES Y el otro día me puso un mensaje el chico de la embajada que me busca los documentos del PIDIH para decirme que habían llegado más de 20 pasaportes de la gente de mi lista. Con toda su buena voluntad, sabiendo que no me puedo mover, dijo que vendrían a traerlos, pero después de la experiencia que tuve en mayo, no me hago ilusiones de ningún tipo. Como quiera, es bueno saber que llegaron y me están esperando.

Y del proyecto Son Nuestros Hermanos, he seguido organizando desde aquí el reparto de los alimentos y las medicinas de los enfermos a los que atendemos, con la ayuda de mi equipo, porque eso es algo que no se puede paralizar y, afortunadamente, estamos organizadas para salir adelante aunque una falle.

Como acontecimiento especial, fuimos un domingo a celebrar el cumpleaños de Marco, uno de los viejitos viudos a los que atendemos. Cumplía 79 años, aunque él nos había dicho que eran 80… Tenía tantas ganas de celebrar con nosotros que pidió a su vecina que cocinara unos espaguetis, junto con unos guineos y yuca, para invitarnos. Todo muy rico. Nosotros llevamos el postre, un bizcocho de cumpleaños con sus velitas incluidas. Estuvimos con él dos horas y nunca olvidaré la cara de felicidad y el agradecimiento que mostró en todo momento. Ciertamente, ahora entiendo lo difícil que puede llegar a ser estar todo el día solo. Y hay tanta gente que vive esa soledad…

Por último, os cuento que otro de los viejitos a los que atendíamos, Bienvo, se murió en agosto. Era un hombre muy tranquilo, que siempre nos recibía con una sonrisa especial. Estuvo ingresado los últimos días en el hospital, muy malito, y, de pronto, cuando volvía un día de reunirme con las maestras de alfabetización, me encontré que lo estaban entrando en el local que acaba de construirse en el batey, que hace las veces de funeraria. Me dio mucha pena, porque no me dio tiempo de ir a visitarlo al hospital para despedirme de él. Su familia es evangélica, y me invitaron al culto que se iba a ofrecer por él unos días después. Reconozco que me daba un no-sé-qué ir, porque nunca había participado en un culto evangélico y no me hacía mucha gracia la idea de encontrarme de pronto en medio de gente en trance o algo así, como he visto a veces al pasar por delante de alguna de las iglesias evangélicas del batey. Pero al final fuimos Ana y yo, y fue una experiencia bonita. Un predicador estuvo más de una hora hablando de diferentes textos de la Palabra de Dios, y luego otro estuvo cantando algunas canciones francamente preciosas. Interesante, cuanto menos. Y reconozco que a mí me hizo bien.

Bueno, pues aquí lo dejo por hoy. Cuidaos mucho y no dejéis de hacer el bien. Aprovechad este mes misionero para tener algún gesto solidario, no porque llega el DOMUND y es lo que toca, sino porque de corazón os nazca poner un granito de arena para que este mundo sea mejor, más justo, más humano, más fraterno…

Cuento con vuestra oración para recuperarme pronto, ¡¡¡que me muero de ganas por salir a la calle para seguir con los proyectos!!!

Un abrazo y mi cariño,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

 

 

Anuncios

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 22 de agosto de 2017

¡Hola a todos!

¿Qué tal estáis? Supongo que algunos aún disfrutando de las vacaciones y otros ya de vuelta a la vida cotidiana.

Aquí nos encontramos en el último caso, puesto que el curso escolar empieza en agosto. De hecho, el personal de nuestra escuela está trabajando desde principios de mes y hoy ya se han incorporado los alumnos.

Yo llevo una semana por aquí. Estuve en España visitando a mi familia y, de ahí, me fui a Roma, para participar en el Capítulo General de mi Congregación. Toda una experiencia. Eso sí, ha habido de todo en el tiempo que he estado fuera. Cosas muy buenas, porque el reencuentro con los míos siempre lo es. Pero también ha habido momentos difíciles, por diversos motivos.

Uno de ellos es que, estando allá, me llegó la noticia de la muerte de Roberto, el chico del que os hablaba casi al final de mi última carta. Yo era consciente de que no le iba a aguantar el cuerpo hasta que yo volviera pero, aún así, la noticia fue muy dolorosa. Todavía estos días, caminando por el batey o al entrar en la casita donde damos las clases de alfabetización, pienso que me lo voy a encontrar en cualquier momento. En fin, ya está descansando. Luego ha habido cosas a las que me cuesta adaptarme cuando estoy en el primer mundo. Puede parecer una tontería, y quizá no lo entienda quien no haya vivido al menos una experiencia misionera en algún lugar pobre, o simplemente haya pasado necesidad. Pero el hecho de ver cómo la gente gasta el dinero en caprichos y cosas innecesarias, o cómo se desperdicia la comida en tantos bares y probablemente también en muchas casas, o la cantidad de lámparas que hay en una simple tienda y el despilfarro de energía que eso supone… bueno, me hace pensar en el hambre que pasa aquí la gente o en cómo se alumbran con velas cuando las tres o cuatro horas de luz que nos dan llegan en el día y no en la noche. Ya digo, puede que os parezca una exageración, pero el mundo está tan mal e injustamente repartido, que me duele profundamente. Bueno, el caso es que reconozco que ya tenía ganas de volver al batey y reencontrarme con mi gentecilla. Y si yo tenía ganas, se ve que la gente tenía más ganas aún de que yo volviera. Ha sido y está siendo muy bonito sentirme tan bien acogida, recibir tantas sonrisas, besos y abrazos cuando me ven.

De la semana que llevo aquí, no puedo contaros mucho. Entre limpiar y acondicionar de nuevo la casa y preparar lo de la escuela se me ha ido un tiempito. He visitado algunos enfermos y me he reunido con las maestras de alfabetización para ir poniendo en marcha el nuevo curso. De hecho, esta tarde hemos empezado a recoger las inscripciones para este año. Afortunadamente, hay al menos 8 niños de los que teníamos el año pasado que han conseguido inscripción en la escuela pública, por lo que podemos admitir a otros nuevos. Mañana seguiremos inscribiendo y volveré a reunirme con las maestras para empezar a organizar los grupos y planificar. En este curso se incorporarán a la comunidad otras dos hermanas. Cuando lleguen, ellas llevarán la parte de la que yo estaba encargada en la escuela estos últimos años. Por tanto, aunque tengo otras obligaciones congregacionales, confío poder contar con algo más de tiempo para dedicarme a los enfermos y a las clases de alfabetización, e incluso comprometerme a darles alguna asignatura nueva, como inglés y alguna otra.

Y respecto al proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, no paro de recibir llamadas de la gente para venir a verme, pero lo estoy frenando un poco porque tengo un problema grande. Se trata de que, al dejar mi trabajo en nuestra escuela, pierdo mi oficina y, por tanto, el lugar en el que atendía a toda esta gente dos tardes a la semana.

Ayer, después de misa, me estuve pateando el batey buscando algún local pequeño para alquilar. Seguí por la tarde. Y hoy, al terminar de inscribir, también. Lo que encuentro barato son casitas de madera y uralita, pero eso no me sirve porque cualquiera las puede abrir de dos patadas, y es una responsabilidad grande dejar ahí los documentos de la gente. Por tanto, ando buscando algo construido con block y con puerta segura, pero todo lo que hay es más caro. Y si no es tan caro, está bastante escondido o en una zona demasiado ruidosa. Ayer fui a preguntar a un señor, amigo de la comunidad desde hace mucho, que acababa de construir un par de locales cerquita de casa y sabía que los alquilaba. Llegué tarde porque justo los alquiló la semana pasada. El buen hombre me dijo que, si le daba 15 días, se ofrecía a construir otro local en la parte de arriba y me lo alquilaba por un precio de ganga. Pero se ve que la suerte no me acompaña, puesto que esta mañana me ha dicho que lo ha llamado el ingeniero para ofrecerle un trabajo bueno de un par de meses, así que, al aceptarlo e irse lejos, no puede hacer la construcción.

En fin, habrá que seguir buscando sin desesperarse. Estoy segura de que, si Dios quiere que siga adelante con este proyecto, algo encontraré. Os contaré los resultados en la carta del próximo mes.

Hasta entonces, un abrazo grande y todo mi cariño,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 2 de junio de 2017

 

Queridos todos:

Espero que os encontréis bien y que hayáis tenido un buen mes de mayo. El mío ha sido muy movidito, tanto a nivel de escuela, como de pastoral vocacional y de los proyectos.

En la pastoral vocacional hemos tenido varias actividades. Una de ellas es el Telar mensual que tenemos en casa, el cual se va poco a poco consolidando aunque siguen apareciendo gentecilla nueva que se va enterando. Hay muy buen ambiente y los chicos se lo toman suficientemente en serio. También a mediados de mes viajamos Aurimar y yo al norte del país con los claretianos, y tuvimos un encuentro al que asistieron 70 jóvenes.

Es algo que queremos continuar el próximo año. Y, por último, hemos montado también un Talent Show con motivo del Día de la Vocación Claretiana que las misioneras claretianas celebramos el 31 de mayo, y del cual os hablaré más tarde.

En la escuela, aparte de la Eucaristía de Pascua, hemos organizado varias actividades de Pastoral. Para empezar, como el 1 de mayo es el día del trabajo, montamos una mesa redonda a la que invitamos a participar a cinco trabajadores de diferentes profesiones: un contable, un chófer de guagua, un ingeniero, una persona de las que limpian la escuela y otra de las que se dedican a hacer frituras y venderlas en la calle. El objetivo era doble: por una parte, resaltar la importancia que tiene el trabajo en nuestras vidas y, por otra, dejar claro que todos los trabajos tienen la misma dignidad y son igualmente importantes. Tuvimos muchos inconvenientes porque a última hora me fallaron dos de los que tenía seleccionados y tuve que salir a la calle a buscar otros dos sobre la marcha… el micrófono de la escuela no funcionaba bien… y por si fuera poco, de pronto se puso a llover a cántaros y el ruido que hacía la lluvia sobre la uralita del techo era en algunos momentos francamente ensordecedor… pero la realidad es que la experiencia fue muy buena. Los participantes lo hicieron muy bien y los alumnos les hicieron preguntas bien profundas. Algunos de ellos, cuyos padres se dedican a trabajos no muy reconocidos, me contaron al día siguiente que les había gustado mucho y les había servido para valorar más a sus padres y aquello a lo que se dedican, a pesar de las burlas que suelen recibir por parte de otros compañeros.

Otra cosa que hemos realizado es una actividad de prevención sexual para los alumnos de 3º a 8º. Realmente la primera idea estaba pensada para 6º a 8º, pero en los cursos pequeños se están dando tantos problemas relacionados con este tema, que las mismas maestras pidieron que también se les ofreciera a ellos. Vinieron a dirigir la actividad dos de las chicas que trabajan en Fe y Alegría, a la cual pertenece nuestra escuela, y lo hicieron muy bien. Su estilo sencillo y cercano hizo que los alumnos se sintieran cómodos para contar todo lo que viven en su ambiente. Es difícil contar por este medio algunas cosas de lo que allí se oyó, pero os aseguro que escuchar a niños de 8 años hablar de abusos, violaciones e incluso muertes con tanta naturalidad, pone los pelos de punta a cualquiera. Con semejante escenario violento, es fácil de entender muchos de sus comportamientos… y un gran reto el que tenemos por delante como escuela.

Por otra parte, el pasado domingo llegó un grupo de voluntarios de Puerto Rico para hacer una experiencia misionera de una semana. Son profesores de una academia bilingüe y querían conocer esta realidad. Organizamos un plan de actividades de tal manera que pudieran estar por las mañanas en las Clases de Alfabetización y por las tardes en la Escuela. Así, han ofrecido diferentes talleres, cada uno de su especialidad pero combinados entre sí, mediante los cuales los niños y adolescentes han disfrutado al tiempo que han aprendido. Y para terminar, hoy nos han ayudado en la organización del “Talent Show” del que os hablé al principio, en el que, quien ha querido, ha mostrado sus talentos. Una manera de potenciar las cualidades y talentos de nuestros alumnos, muchas de ellas desconocidas. En fin, como veis, muchas cositas, y todas buenas.

En cuanto a la parte de los proyectos, las Clases de Alfabetización están ya casi a punto de terminar. Aún falta un par de semanas, pero hay que ir pensando en los exámenes finales… Los chicos han disfrutado mucho con las actividades organizadas por los voluntarios, y estos a su vez han alucinado con la capacidad que tienen muchos de los niños, sus ganas de aprender y lo mucho que valoran y agradecen lo que se les ofrece. Terminaremos el curso con una fiestecita de despedida en la que habrá juegos y merienda.

Los enfermos siguen con sus achaques y sus penas. Quienes más me preocupan ahora son dos personas. El primero, un chico joven del que os hablé hace ya un par de años o tres, que lo conocí porque la gente del batey me dijo que estaba muy mal. Cuando lo encontré lo convencí para llevarlo a hacerse análisis y ahí descubrimos que tenía VIH. Su madre había muerto tres años antes de eso y su padre también lo padece. Entró en el Plan de Salud Integral y durante todo este tiempo lo hemos estado ayudando con comida, medicinas y análisis médicos. Durante un tiempo se mejoró, incluso engordó, pero lleva ya un año con diarreas continuas y cada vez está peor. Últimamente ha tenido que ir varias veces al hospital, cuando ya se veía sin fuerzas, pero lo único que allí le hacen es tenerlo unas horas con suero y mandarlo a su casa. Hace un par de semanas, por fin, lo internaron varios días. Pero tampoco ha servido de mucho. No sé cuánto aguantará.

La segunda persona que más me preocupa es Luciana, una viejita de la que también creo que os he hablado alguna vez. Ella tiene muchos dolores que ya no tienen remedio, pero hará cosa de un mes tuvo que ir al médico por una infección vaginal. Lo que le recetaron era muy bueno y le aseguré que con eso se pondría bien. Sin embargo, no fue así. A las dos semanas volví a visitarla y seguía mal. Como me parecía imposible, le preguntamos muchas cosas y ahí fue donde descubrimos algo de lo que yo todavía no era consciente. Resulta que ella, como mucha gente, vive en unos barracones que se hicieron en un callejón. Se trata de cuartuchos pequeños en los que tienen todo: la cama, sus pertenencias e incluso el fogón para cocinar. Por supuesto, no hay baño. Toda la gente de esa zona usa unas letrinas que hay cerca del parque. La pobre mujer nos contó que, cuando va a las letrinas, las cucarachas y otro tipo de bichos le pican en sus partes íntimas. Obligatoriamente tiene que sentarse, porque las pocas fuerzas que tiene y el mal estado de sus huesos no le dan para hacer sus necesidades de pie. Fue muy triste saberlo, la verdad. Desde entonces, sueño con la posibilidad de tener algún sitio donde ella y otros viejitos que viven en circunstancias similares, puedan vivir con un poco más de dignidad y de atención. Pero eso requiere de muchos recursos que en este momento no tenemos. Seguiremos pensándolo, porque son muchos los que lo necesitan.

Y por la parte del proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, el movimiento ha sido tremendo. A lo largo del mes hemos conseguido declarar a muchos niños, algunos nuevos que han ido llegando, y también otros que, después de depositar sus documentos, les dijeron que había que hacer un proceso de investigación y que tendrían que darle seguimiento en seis meses. Sigue siendo precioso ver las caras de felicidad de esas madres y padres cuando ven que por fin sus hijos están declarados y van a poder inscribirse en la escuela.

Claro, que aún hay muchas que no pueden terminar su proceso porque son haitianas y tuvieron hijos con hombres dominicanos. A ellas les exigen tener el pasaporte para poder declarar a los hijos. Lo bueno es que a mediados de mes llegaron 12.000 pasaportes del PIDIH, de los que se hicieron hace tres años. Con ese motivo, y por cuestiones políticas, se organizó un evento desde la Embajada de Haití para anunciarlo a bombo y platillo, al que fui invitada. Mucho politiqueo y mucha cámara de televisión, pero bueno, fue interesante asistir.

El caso es que un par de semanas después me enfadé mucho con ellos. Hasta ahora yo siempre he ido y me han ido entregando los documentos que van llegando de la gente que tengo en mi lista. Pero se ve que esta vez, por eso de darle publicidad al tema de los muchos pasaportes que se habían recibido, ellos mismos me propusieron venir y entregarlos por sí mismos. Así, quedamos en que yo congregaría a la gente para el día 24 por la tarde, ellos vendrían y repartirían. Hice grandes esfuerzos por regar la voz para que todo el mundo se enterara, porque tengo gente de Hato Nuevo y Bienvenido, pero también de otros lugares bastante lejanos que han aparecido para que les ayude. Ese día había gente ya desde por la mañana, a los que tuve que decirles que volvieran a las 3 de la tarde. Hubo gente que se pidió permiso en el trabajo, gente que caminó desde muy lejos… A las 3 de la tarde tenía más de 300 personas allí. Como no llegaban, empecé a llamar por teléfono. No respondían. Cada vez me iba temiendo más lo peor. No fue hasta pasadas las 4,30 de la tarde que devolvieron la llamada y me dijeron que al final no iban a venir porque no tenían suficientes documentos para entregar como para que les fuese rentable venir a entregarlos y que Madame Celestine quería llamarme para pedirme disculpas. No sé cuál es el número de documentos que ellos consideran necesario para calificar como “rentable” un evento, ni tampoco quiero saberlo. Yo sólo sé que le dije un par de cositas con mucha claridad, colgué, lloré de rabia e impotencia, me sequé las lágrimas y salí a dar la cara y a dar una información que la mayoría de los congregados ya sabía que pasaría porque, según ellos, “conocen a su gente”.

Sinceramente, lo pasé francamente mal. Por mi parte, me parecía una falta de respeto, ya no sólo que no hubieran aparecido después de tener todo montado, sino el hecho de que ni siquiera se hubieran dignado a avisarme. Y si respondieron fue porque puse a alguien a seguir llamándoles desde un teléfono con prefijo de EEUU, y fue a ese número al que devolvieron la llamada. ¡Patético! Pero mi parte me daba más igual. Lo que realmente me dolía es el hecho de que jueguen con los sentimientos y con la vida de la gente, de “sus hermanos haitianos”, como los denominé cuando hablaba por teléfono con el responsable del plantón. Esta gente está desesperada por tener sus documentos. Muchos de ellos, que antes tenían trabajo, han sido despedidos hasta que salga su pasaporte. La sola posibilidad de que esa tarde pudieran recibir algo ya les llenó de ilusión y de esperanza. Una ilusión y una esperanza que quedó tan aplastada como una pobre hormiga pisoteada en el suelo. ¡De veras, me indignan estas cosas!

En fin, la gente fue muy comprensiva conmigo, todos tenían claro que no era culpa mía. Muchos, al ver mi indignación, vinieron incluso a consolarme… ¿no es irónico? En vez de consolarlos yo a ellos, ellos consolándome a mí y agradeciendo todos mis esfuerzos y desvelos, diciendo lo mucho que me quieren y reconociendo que nunca nadie ha hecho tanto por ellos. Muy conmovedor, de verdad.

El caso es que ya les dije que, como tenía que salir pronto de viaje, fueran ellos directamente a la Embajada a preguntar. Lo siento por los muchos que no se regularizaron y que corren peligro de ser atrapados por los de Inmigración si van a la ciudad. A algunos de ellos los llevé en la siguiente guagua que puse para la gente que no entró en ese plan y que aún no tiene pasaporte o lo tiene vencido. Esta es otra sección diferente del proyecto. En este caso, haciendo el recuento de los pasaportes que he hecho en este año, veo que hemos superado la centena. ¡Ya son 104! No sabemos cuándo irán llegando, porque todavía no han llegado los que hicimos a finales de septiembre del año pasado, pero al menos, ellos ya tienen la tranquilidad de haberlo solicitado.

Me temo que esta vez me ha salido una carta mucho más larga de lo habitual, pero bueno, así os pongo al día de todo y compenso el retraso a la hora de enviarla. Además, en julio no tendré posibilidad de escribiros porque tengo que asistir a un evento de la Congregación, con lo cual, me despido hasta agosto. Confío que todos tengáis un buen verano, con el merecido descanso en vacaciones.

Un abrazo grande y todo mi cariño,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

 

 

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 24 de abril de 2017

Queridos todos:

¡¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!! Confío que todos hayáis podido vivir una Semana Santa profunda, y que, de una u otra manera, podáis experimentar la presencia de Cristo Resucitado en vuestra vida.

Antes de nada, he de pedir disculpas por no haber enviado la carta el mes pasado. Realmente el mes de marzo fue tremendo puesto que, además de lo habitual, se me juntaron otras cositas propias de la Congregación y también las convivencias con cada uno de los cursos de la escuela, además de otras actividades de pastoral. Como me ha ocurrido otras veces antes, mentalmente debí escribir al menos cinco cartas, pero me faltó el tiempo para materializarlas por escrito 😉 Después, el 1 de abril salí de viaje por dos semanas. Estuve en Honduras y en El Salvador, prestando un servicio en las tres comunidades que tenemos en esos dos países. Fue una gozada compartir con las hermanas y conocer la misión que realizamos allá. Y me encantó, lógicamente, tener la oportunidad de visitar en El Salvador algunos de los lugares de Monseñor Romero. Como digo, una experiencia muy bonita que me siento muy agradecida de haber podido vivir. De antes de irme puedo contaros una estupenda noticia. Y es que el bueno de Elías, de quien os conté hace unos meses lo de la pierna, por fin ha podido operarse, gracias a la generosidad de un donante que apareció. Por el momento está todo bien, sólo falta que la recuperación llegue a buen término y pueda volver a caminar con normalidad. Luego, al regresar de mi viaje, me encontré con una noticia triste: la muerte de Contise, una de las personas más queridas del batey. Era un hombre mayor, de una fe increíble. Ya llevaba bastante tiempo mal, y en los últimos meses habían tenido que hospitalizarlo dos veces. Pero él siempre insistía a su mujer que, cuando lo viera mal como para morirse, no lo llevara al hospital, puesto que quería morir en casa y cerca de la iglesia y de su gente. Unos días después también murió Emisila, una señora también mayor, ciega y sin piernas. Solía estar siempre sentada en su silla de ruedas, a la puerta de su casa y realmente era toda una “tiguerona”, como dicen por aquí. A pesar de no ver, solía estar pendiente de todo el que pasara por delante, y le pedía unos pesitos, como los niños. Cuando yo me sentaba un ratito con ella a charlar, me decía que le encantaría montarse en avión y ver todo desde el cielo. Ahora ya lo estará viendo, sin necesidad de pagar un pasaje de avión…

Una noticia buena que me encontré al regresar es que por fin nuestra capilla de Bienvenido está siendo atendida por el nuevo párroco. Y al decir “atendida” me refiero, entre otras cosas, a que viene a celebrar la eucaristía con frecuencia. El anterior párroco tenía a su cargo once comunidades, y hacía lo que podía, pero a la nuestra sólo venía a celebrar el primer domingo de cada mes, y eso, si no surgía algún imprevisto de última hora. Lo destinaron a otro lugar y vinieron dos religiosos. De primeras se dedicaron más a las otras comunidades, pero después de una conversación, el mismo párroco decidió venir a apoyarnos. Así, excepto dos días a la semana, todos los demás viene a celebrar misa, está ofreciendo formación… se le ve con ganas de cuidar la fe de los miembros católicos del batey. Es una bendición, porque esa era una de las grandes pobrezas que siempre ha habido aquí. La falta de formación religiosa de la gente es un factor clave para muchas cosas, y provoca cacaos mentales tremendos. Estoy segura de que esto va a ser un gran bien para la comunidad.

Por otra parte, se siguen sucediendo historias entre esta gentecilla que a una le parten el corazón. Por ejemplo, la de Nègeli. Es una muchacha que tiene un bebé lindísimo. Apareció un martes, que es uno de los días que estoy en la oficina atendiendo a la gente que necesita documentarse. Venía para ver si la podía ayudar a hacerse su pasaporte. Como no tenía aquí su acta de nacimiento, le dije que íbamos a encargar primero un extracto que hace las veces de acta. Me contó que a su marido lo habían agarrado los de inmigración dos días antes y se lo habían llevado para Haití. Se había quedado sola, sin nada, y no tenía ni leche para darle al niño, así que le entregué una bolsa con alimentos básicos que tenía allí para otra persona. A los doce días volvió a aparecer, un sábado por la tarde. Venía con una pequeña mochila en su espalda, en la que cargaba “todo” lo que tiene, y con el niño en brazos. Estaba fatal, porque la dueña de la casa que tenían alquilada la había puesto en la calle esa misma mañana con la excusa de que, al no estar el marido, sabía que ella no iba a poder pagar el alquiler. Casi se iba a hacer de noche, así que llamé a mi compañera Ana, por ver dónde podíamos llevarla para pasar la noche. No localizamos a nadie de confianza que tuviera sitio en su casa, así que cogí de casa pan, galletas, leche, plátanos y una colchoneta, y la llevamos a la casita que tengo alquilada para dar las clases de alfabetización. No os podéis imaginar su cara de agradecimiento por tener un techo. Le dijimos que podía dormir el fin de semana allí, pero que al día siguiente debía ponerse a buscar alguna casita barata. El lunes por la mañana vino a decirme que la había encontrado. Le di el dinero para pagar el alquiler de un mes y le dije que fuera donde vivía antes y avisara a las vecinas, para que cuando apareciera su marido la pudiera encontrar. Él apareció por la escuela un rato después. No se habían cruzado por el camino. Me contó que había llegado la noche anterior, ya de madrugada. Al no encontrar a su mujer en la casa y no poder preguntar a nadie, se fue al parque y allí se durmió en un banco. Por la mañana volvió a ir y las vecinas le dijeron que lo último que supieron de ella es que el sábado se fue “a ver a la monja”. Venía a preguntarme si sabía algo de ella y ya le conté. Por su parte, él me contó sus peripecias. Cuando lo soltaron en Haití, sin un chele en el bolsillo, empezó a caminar rumbo acá. Después de varios días, pudo cruzar la frontera, con tan mala suerte que lo agarraron de nuevo y volvieron a llevarlo a Haití. Empezó de nuevo, la segunda vez con más suerte. Ya dentro de República Dominicana consiguió un trabajito por el que le dieron 2.000 pesos y con eso pudo pagar a un camionero que lo acercó a la capital y ya, desde ahí, llegó al batey. De veras, son historias increíbles las que esta gente, ¡y tantas otras!, viven en nuestro mundo.

Esta mañana, Négeli vino a verme de nuevo. Llamó a su familia ayer y le dijeron que su mamá está bastante enferma, con probabilidad de morir pronto. El marido no encuentra trabajo (parece ser que tampoco es que se esfuerce demasiado en buscarlo) y están pasando mucha necesidad. Me decía, con mucha angustia, que le gustaría estar con su madre cuando muera. Así que le he dado su extracto, unos pesitos para el viaje y le he recomendado que no vuelva. Al menos en Haití tendrá un techo familiar y podrá sembrar algo en el conuco, para poder alimentarse. Seguramente en estos momentos estará como aquel sábado, cargando atrás su mochilita y delante a su bebé, embarcada en la peligrosa aventura de cruzar una frontera sin tener más documentos que el extracto de nacimiento que le conseguí. La despedida ha sido muy emotiva. El agradecimiento que brotaba de su mirada, de sus palabras y de sus abrazos me ha hecho llorar. Supongo que no volveré a verla nunca más, ¡eso espero! Porque si malas son las condiciones de vida que puede tener en su país, peores son las que tiene aquí. Y ella y su hijo se merecen poder vivir con más dignidad. ¡Que el Señor de la Vida los bendiga a los dos!

Pensaba contaros más cosas, pero veo que llego ya al final del segundo folio y no quiero que, por larga, mi carta os aburra. Así que lo dejo aquí y el próximo mes vuelvo. Un abrazo grande para cada uno y mis mejores deseos para este tiempo pascual en el que, parafraseando la felicitación de hace varios años de un hermano querido, tenemos 50 días para aprender a vivir… pero de verdad.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 28 de febrero de 2017

Queridos amigos:

Con la confianza de que todos os encontréis bien, llego a mi cita mensual. ¡Muchas felicidades a todos los que somos andaluces en el Día de Andalucía!

Este mes de febrero ha estado cargadito de actividades porque, aparte de lo habitual, hemos tenido algunas nuevas y otras extraordinarias. Una de las nuevas ha sido un Telar Vocacional que hemos comenzado a realizar con jóvenes de la zona. El Telar consiste en encuentros mensuales en los que se invita a profundizar en un tema concreto, sobre el cual se sigue reflexionando a lo largo del mes, hasta el siguiente encuentro. Es algo que llevábamos tiempo queriendo implementar, como Claretianas, a fin de ayudar a los jóvenes a situarse de manera madura en la vida, buscando el querer de Dios y, así, la propia felicidad. Este primer encuentro giró sobre el tema de “El encuentro con uno mismo, con los demás y con Dios”. No pudieron asistir varios jóvenes que estaban interesados y que se van a enganchar en el siguiente, pero, aun así, vinieron 25. ¡No está nada mal! Sobre todo, porque todos quedaron muy contentos, entraron muy bien en la dinámica y quedaron con ganas de más. Confío esta nueva actividad a vuestra oración, para que dé buenos frutos y tenga buenas repercusiones, no sólo en los jóvenes, sino también en los ambientes en los que se mueven. Hoy en día, tal como está todo y dada la superficialidad con la que la sociedad invita a vivir, es fundamental tener oportunidades para descubrirse uno a sí mismo, su verdadero ser, sus inquietudes… y tener herramientas que ayuden a vivir de un modo más auténtico, ¿verdad?39-telar

Por otra parte, en la escuela hemos empezado con las convivencias. Este año, por primera vez, las vamos a realizar con todos los cursos, incluyendo a los de Nivel Inicial, que tienen 3, 4 y 5 añitos. De hecho, la de ellos fue la primera. Esa y la de 1º y 2º las prepararon y dirigieron Aurimar y Gaby, de quienes os hablé en mi anterior carta. Ambas están siendo, con su gran creatividad y disponibilidad, una gran ayuda para la Pastoral. Para los muchachos es una novedad lo de las convivencias porque, hasta ahora, solo la habíamos realizado con un par de cursos. El hecho de salir del “recinto” escolar y de tener actividades diferentes es algo que les motiva mucho. Ahora estoy preparando las de los otros seis cursos, que las tendremos en el mes de marzo. 39-convivencias

En cuanto a la Pastoral de la Salud, la verdad es que este mes, como estoy con algunas cosas de la Congregación que me están llevando mucho tiempo, sólo he podido salir dos días a visitar enfermos. Eso sí, saqué un ratito para ir a ver a alguien muy especial para mí: la viejita Elodia. Quienes me seguís desde el principio la recordaréis. Es una mujer ciega a la que los dos primeros años de estar aquí iba a bañarla y ayudarla en lo que podía. Vivía de prestado en una casa del batey, pero, desgraciadamente, hace algo más de un año se encargó de ella otra gente que vive bastante lejos de aquí y, desde entonces, no había podido verla. Por fin encontré a la señora que la tiene acogida, me explicó cómo llegar a su casa y fui hace un par de semanas. Cuando llegué, Elodia estaba sentada en una silla, dormida. Me acerqué y le di un montón de besitos en la frente, como siempre fue mi costumbre. Se despertó sobresaltada y empezó a tocarme la cara gritando nerviosa: “Luna, ¿eres tú?”. Y es que, como en esta isla la gente tiende a tener apodos, ella hace tiempo que me llama Luna, porque dice que interiormente Dios la hace imaginarme así. 39-con-elodia

Os aseguro que fue un encuentro muy emotivo. Por supuesto, me preguntó por mi madre, por mi padre, por mi hermano, por las hermanas de la comunidad y por cada uno de los misioneros que han pasado por aquí a los que he llevado a conocerla. Es increíble cómo recuerda el nombre de todos. Y creo en sus palabras cuando me dice que sigue orando cada día por todos a los que le he encomendado. Esa viejita me robó el corazón desde el principio, y me quiere con locura. A todo el mundo le dice que soy “su madre”, que es como aquí llaman a la gente que se preocupa por uno. Es gracioso que alguien tan mayor (y no es la única) me diga que soy su madre, pero, más que gracioso, es algo precioso, por el valor intrínseco que hay detrás de sus palabras. Podéis creerme cuando digo que, para mí, es un auténtico regalo de Dios.

39-entrega-documentosPor lo demás, he seguido entregando los documentos haitianos que me han ido dando en la Embajada de Haití, con la correspondiente felicidad que supone para los afortunados. Y a los menos afortunados que siguen viniendo cada semana a ver si ha habido suerte, procuro repartir palabras de consuelo y esperanza. Ciertamente la situación está difícil. Dentro de la misma embajada, hay quienes me dicen que está habiendo problemas para hacer todos los pasaportes y que no se puede asegurar cuándo llegarán. Pero, por otra parte, hay quien me asegura que todos los documentos van a llegar. Se va acercando el tiempo en el que vence la residencia temporal de quienes se inscribieron en el Plan de Regularización y la gente se va poniendo nerviosa porque no llegan los pasaportes. Es complicado. Parece ser que igual se amplía el plazo, por aquello de que no han llegado los documentos y no es culpa de la gente, pero… ya veremos.

Ahora muchos están ansiosos por recibir su pasaporte, no ya para obtener la residencia dominicana, sino para irse a Chile. Es el boom del momento, porque se ve que hay mucho trabajo allí. Ya hay bastantes hombres y mujeres de los que he ayudado que se han ido para allá, con el equipaje cargado de esperanza, en busca de un futuro mejor. Otros, lo harán en cuanto puedan. Ojala tengan suerte y puedan salir adelante, porque el esfuerzo que supone dejar lo poco que tienen y, sobre todo, separarse de sus hijos, es duro.

El proceso de declaraciones de niños que han nacido aquí también sigue adelante. Ya estamos recogiendo los frutos de aquellos que fueron a declarar hace seis meses. No sé si os lo conté, pero los hijos de haitianos nacidos en el país después del 2010, si tienen todos los papeles en regla (son las declaraciones juradas con testigos que hago en la notaria), obtienen su acta dominicana en el momento. Pero los que nacieron antes del 2010 son sometidos a un proceso de investigación y, por eso, les dicen que hay que darles seguimiento en seis meses. Ahora estamos dando ese seguimiento a los que depositaron en junio, los primeros. Algunos ya la han conseguido y a otros les están poniendo más problemas, haciéndolos que vayan de acá para allá. Pero confío que todos lo conseguirán. 39-declaraciones-dominicanas

Como comprenderéis, esto está ocurriendo así, no sólo por el trabajo que yo hago, sino gracias a todos los que estáis detrás, apoyando económicamente y también con vuestra oración. Yo no podría hacer nada sin ese soporte. Por eso, ¡gracias una vez más, por lo uno y por lo otro! Dios lo premiará de alguna manera, porque estamos ayudando a hacer este mundo algo mejor, no os quepa la menor duda. En ese sentido, esto me recuerda una anécdota que me pasó el otro día. Resulta que una maestra de la escuela estaba contando lo que había oído a unas mujeres que estaban en la calle. Andaban criticándonos, como escuela, porque no teníamos inscripciones para sus hijos. La gente no se da cuenta que andamos sobrepasados y que no tenemos espacio para más alumnos… Pero, a lo que iba… la maestra contó después que una señora siguió con sus críticas amargas, esta vez ya expresamente referidas a mí, diciendo llena de desprecio: “y esa monja que no para de ayudar a ESOS haitianos”. Sinceramente, he de reconocer que el comentario me dio pena, porque el corazón de esa mujer está lleno de desprecio, y eso no es bueno. Pero, al mismo tiempo, en lo que se refiere a mí, me sentí muy alegre, ya que me vinieron a la mente las palabras de la Bienaventuranza: “Benditos vosotros cuando os injurien por mi causa”. Y es que… la Palabra de Dios sigue viva. Y experimentarla en mí me hace feliz.

39-con-idania-y-greisyBueno, aquí lo dejo. El próximo mes, más. Mañana comenzamos una nueva Cuaresma en nuestra vida. Ojala sea para todos un tiempo de mejorar, de acercarnos más al Dios de la Vida y a los hermanos que más nos necesitan. ¡Un abrazo para todos y cada uno!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

 

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 29 de enero de 2017

¡Hola a todos! ¿Qué tal?

Espero que hayáis tenido un buen comienzo de año y, aunque parezca que ya hace un siglo que pasaron las vacaciones de Navidad, pudierais descansar en esos días y disfrutar de la familia y seres queridos.

Como decía, me da la sensación de que hace mucho más tiempo del que realmente ha pasado, imagino que por la cantidad de vivencias que he tenido en estas últimas semanas. Empezando por hoy, os cuento que hemos viajado a San Pedro de Macorix, a visitar a Sandro y Alfredo, ¿los recordáis? Son esos dos hermanitos que quedaron huérfanos y que conseguimos que entraran en una institución que acoge a niños con ciertas características. Una vez al trimestre organizan “día de familias”, y nos es permitido ir a visitarlos, y hoy tocaba. Así que contraté una guagua y nos hemos ido los que cabíamos, solo catorce, entre adultos y pequeños. He llevado a los niños de las clases de alfabetización que ya estaban cuando ellos venían, y a algunas de las maestras. Fue impresionante ver las caras de alegría y felicidad que pusieron cuando nos vieron aparecer. Nos vieron a lo lejos y echaron a correr hacia nosotros para darnos un abrazo lleno de cariño y de ternura. Fue muy bonito, de verdad.

Además de pasar el día jugando, aproveché un ratito a solas con ellos dos, para que me contaran en confianza cómo se sentían. Ha habido algo que me encogió el corazón, al hablar del hermanito más pequeño de los tres, que fue adoptado por un primo de ellos que vive en el Batey. Sandro, el mayor, me dijo de pronto que no quería que nadie hablara a su hermanito de su mamá. Al preguntarle por qué, su respuesta fue: “Porque no quiero que sufra tanto como yo cuando la recuerde”. Os podéis imaginar… enseguida empecé a explicarle que ninguno de sus hermanos iba a sufrir nunca tanto como él al hablar de ella, puesto que ninguno de ellos tiene tantos recuerdos como él, que es el mayor. Y que, por grande que sea su sufrimiento, es bueno que le hable a sus hermanos de cómo era su mamá, para que ella pueda seguir viviendo en sus recuerdos y en sus corazones. No sé si quedó convencido o no, pero el desgarro de su corazón se palpaba a leguas de manera dolorosa. Después de eso siguieron jugando con los demás niños y, realmente, creo que han disfrutado de lo lindo. 38-en-san-pedroMe dio pena no poder llevar a todos los niños que tenemos en alfabetización, porque esos muchachos disfrutan de lo lindo con cualquier actividad que se les ofrece. Recuerdo en diciembre, el último día de clase, que organizamos una fiestecita de navidad. Fue algo sencillo, unos juegos y dinámicas, seguidos de una meriendita, pero gozaron tanto… Sus sonrisas pagan cualquier esfuerzo que se hace por ellos. Y enseñan. Ese día pasó algo que suele pasar. Y es que, una vez que les repartimos el platito de la merienda, en el que había varias cositas, ellos comieron algo y guardaron el resto para llevarlo a casa, para compartirlo con los suyos. Cualquier otro niño en otra parte del mundo daría buena cuenta de lo que se le da, sin pensar en nadie más, pero la mayoría de estos está acostumbrado a que “lo que se consigue”, se comparte entre todos los miembros de la familia. Me sigue pareciendo una lección para todos.

Cuando también han disfrutado mucho ha sido en el taller de manualidades que les ofrecimos la semana pasada. Lo dirigieron Aurimar, una joven que está haciendo en casa una experiencia misionera de varios meses, y Gabby, una de nuestras novicias, que también está haciendo una experiencia en casa por un par de meses. Con rollitos de papel higiénico les enseñaron a hacer unos gusanos muy graciosos. ¡Lo pasaron tan bien y se fueron a casa tan orgullosos en compañía de sus nuevas mascotas! ¡Hasta le pusieron nombre! En fin, las maravillas de la sencillez… 38-taller-manualidadesPor la parte del proyecto “Sin Papeles No Soy Nadie”, seguimos teniendo una actividad intensa, tanto en lo que se refiere a declaraciones de niños como a consecución de documentos de haitianos adultos. Aparte de los nuevos casos que siguen llegando desde lugares insospechados, como ya han pasado seis meses desde que se depositaron los papeles de muchos niños, están empezando a salir algunas actas gestionadas en su momento. Otras presentan alguna dificultad, pero seguimos en ello. Y respecto a los documentos de los haitianos, van llegando a cuenta gotas, pero van llegando, que es lo importante. Me sigue emocionando ver las reacciones de algunas personas cuando les entrego lo que me dan en la embajada porque, para algunos, es lo primero que reciben. 38-entrega-documentosEsta semana organicé un viaje conjunto con mujeres que iban a la Junta a declarar a sus hijos y con gente que iba a la Embajada de Haití a hacerse sus pasaportes. Yo iba sentada delante, junto al chófer. Hubo un momento en que me volví para decirles algo y me fijé en sus rostros. En la mayoría se podía leer sentimientos de esperanza, porque por fin iban a poder lograr algo tanto tiempo ansiado. En otros, me parecía leer incertidumbre, temor… porque sienten que tienen tan mala suerte que es casi imposible que puedan lograr lo que se proponen. Realmente la situación es muy desesperada para muchos. Ayer mismo un joven con dos hijos, que ha perdido el trabajo que tenía por no tener aún su pasaporte, me decía con palabras llenas de amargura: “¿llegará alguna vez mi día?”. En esos momentos, os aseguro que todas mis palabras me parecen pobres.

Como el otro día, que vino a verme una chica de ente 20 y 30 años que quiere declarar a sus hijos pero no puede hacerlo porque ella misma no está declarada. Cuando le pregunto por sus padres, me dice que ni siquiera los conoció. Le pregunto dónde nació y tampoco lo sabe. Y no es sólo lo que dice, sino cómo lo dice. Sus palabras están cargadas de la frustración de quien se siente abandonada, no querida, sin unos referentes familiares que le hablen de su historia familiar… Lo peor es que, en un caso así, ¿cómo ayudarla a declararse? Y, si no se encuentra una solución, sus hijos están abocados a vivir indocumentados durante toda su vida, con todas las consecuencias que ello tiene.

En fin, son mil y una historias, unas dulces, la mayoría amargas. Pero sigo considerando que soy muy privilegiada por ser partícipe de ellas. Una vez más me hacen agradecer todo lo recibido en mi vida, lo que me ha venido de Dios y lo que me ha venido de mis padres, mi hermano y la gente que me quiere. Me siento afortunada y esa dicha me hace desear seguir trabajando para que el mayor número de personas posible viva con mayor dignidad. 38-con-libiaLo dejo aquí por ahora pero, como siempre, “amenazo” con volver el próximo mes, por si aún os sigue interesando esta partecita tan linda del mundo en la que me encuentro. Un abrazo para cada uno y mis mejores deseos.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 10 de diciembre de 2016

¡Hola a todos!

¿Qué tal estáis? Ante todo, empiezo esta carta pidiendo disculpas por no haber escrito durante el mes de noviembre. Realmente tuve la intención, pero no me llegó el tiempo.  Debido a un nuevo servicio que se me ha pedido desde la Congregación, tuve que viajar a México y a Cuba, por lo que prácticamente todo el mes estuve fuera. Eso me ha impedido poder dedicarme a mi gentecilla de aquí con la regularidad con la que suelo, pero al mismo tiempo me ha permitido, no sólo dedicar más tiempo a cosas importantes de la Congregación, sino también a conocer otras realidades en las que las Misioneras Claretianas estamos trabajando.

En México ya había estado hace años, cuando fui acompañando un grupo de Experiencia Misionera organizada por KORIMA. Pero a Cuba era la primera vez que iba. Fue allí precisamente donde nació nuestra Congregación, cuando María Antonia París acudió con otras cuatro hermanas que se le unieron, en respuesta a la llamada del Padre Claret, para encargarse de la educación de las niñas. Desde entonces hasta ahora, muchas cosas han cambiado, pero la esencia misionera de nuestros apostolados sigue vigente en esa tierra cubana.

No voy a hablaros sobre la realidad socio-política de Cuba, porque es de todos conocida. No sé si ahora cambiará algo la cosa, tras la muerte de Fidel que, por cierto, me encontró allá. Pero lo cierto es que me sorprendieron ciertas realidades como, por ejemplo, algunos medios de transporte que se siguen usando. Este es el más común en Guantánamo…

37-transporte-tirado-por-burros

y éste abunda mucho en la parte de Santiago, que son los dos lugares donde estuve. 37-transporte-camiones

No quiere decir que sean los únicos, por supuesto que no, pero resulta curioso que estos se sigan manteniendo en pleno siglo XXI, ¿verdad?

37-carrito-de-venta

Algo que también me sorprendió es la manera que tiene mucha gente de aceptar o, más bien, “someterse” a la realidad. Me dio mucho que pensar… pero de esto hablaré en otro momento. En cuanto al tema sanitario, sólo tuve oportunidad de conocer un hospital de la zona, al cual fui para recoger a Yolanda, una señora que no tiene ninguna familia y que vive en un mini-cuartucho.

37-con-yolanda

Al estar sola en el mundo, y muy delicada de salud, hay una mujer de la parroquia que está un poco pendiente de ella. Tuvimos que ir con el coche a recogerla cuando le dieron el alta. He de decir que el hospital estaba bastante limpio y aseado (al contrario, por lo que parece, de lo que suele ser habitual, según me contaban las hermanas). Eso sí, la desorganización que tienen hizo que tardáramos casi dos horas en encontrar dónde la tenían. Fue toda una experiencia…

Por lo demás, conocí algunos de los lugares donde trabajan las hermanas, tanto en Guantánamo como en Santiago. Se trata de lugares muy marginales, donde la pobreza reina por doquier. Como podéis imaginar, además de trabajar, he disfrutado mucho.

Ya de vuelta a mi realidad habitual, seguimos con el problema de la falta de documentos. Mucha gente ha estado viniendo en los dos últimos meses, desesperados porque no llegan los pasaportes que pagaron hace ya dos años. Se acercan las navidades y muchos quieren ir a Haití a ver a la familia, sobre todo los que se han visto afectados por el Huracán Matthew, pero sin documentos no pueden. Y, lo que es peor, a muchos hombres los han cancelado del trabajo que tenían por motivo de no tener pasaporte. Hace siglos que no llegan y no se sabe si de verdad estarán todos listos para julio, que es cuando se procederá a dar residencia temporal a los que se regularizaron el año pasado.

Ayer fui a la Embajada y sí que me dieron 15, pero son de los que se hicieron en el operativo que tuvimos en septiembre.

37-pasaportes

Y aun así, faltan dos de los que se hicieron ese día. Al menos hoy podré dar una buena sorpresa a esas quince personas, y a otras 14 más, de las cuales me dieron cédula o acta de nacimiento en la Embajada. Como quiera, es imposible no estar agradecida por ello. Y para el próximo miércoles, estoy organizando un grupito nuevo para llevarlos a que saquen su pasaporte. Por cierto, muchas gracias a los que habéis apadrinado uno. La respuesta a la campaña, por el momento, no ha sido grande, pero confío en que aún pueda llegar algún “regalito de navidad” para estos hermanos haitianos que tanto lo necesitan.

37-recepcion-cedula

En cuanto a las clases de alfabetización, los tres grupitos que tenemos siguen funcionando bien. Los niños están contentos y animados, y van aprendiendo poco a poco. Los nuevos, a leer, escribir, sumar y restar. Los que ya llevan más tiempo, avanzan con la gramática y las multiplicaciones. Mi agradecimiento a KORIMA por enviarnos unos cuadernillos que se recibieron. Están viniendo francamente bien.

Durante el mes de noviembre, dedicado a la familia, se ha procurado seguir sensibilizando sobre la importancia que ésta tiene en nuestras vidas. Siempre con mucho tacto, claro, por la situación de desestructuración familiar que aquí se vive y los traumas que ésta ocasiona en los niños. El taller de manualidad del mes ha sido confeccionar un portarretrato, con la idea de poder poner una foto de la familia. Y, como es tradición aquí, ya han decorado también la casita donde damos las clases con motivos navideños.

37-navidad-alfabetizacion

Por la parte de la Pastoral de la Salud, los casos más graves que tenemos en este momento son el de una adolescente llamada Francia y el de un hombre llamado Elías. Ambos han necesitado una operación en la pierna en el último año, consistente en introducirles un hierro, cada uno de ellos por un motivo distinto. Pero los dos tienen en común que la operación no fue suficientemente satisfactoria. En el caso de Francia, que los hierros que se le pusieron eran muy buenos, algo falló y todo se le infectó por dentro. Este lunes pasado tuvieron que operarla de nuevo, pero algo no termina de estar bien. Su madre está desesperada, porque no sabe ya qué hacer. Por todas partes le piden dinero. Lo más grave es que le piden hasta para ponerle sangre, después de haber conseguido los donantes correspondientes. Es un abuso, se mire como se mire…

El caso de Elías es diferente. Él tuvo un accidente que le rompió la pierna por la parte de arriba. Consiguió “fiado” el dinero para comprar los hierros más baratos (que aun así costaron 900 euros) y, al poco, un día se mareó, cayó y se le rompieron los hierros dentro de la pierna. La foto que tomé a la radiografía no es muy buena, pero se puede ver el destrozo…

37-radiografia

Ahora se ve teniendo que pagar los hierros viejos y buscando dinero para comprar unos mejores para poder volverse a operar.

En fin, voy despidiéndome. Cuando vuelva a escribiros estaremos ya en el 2017, así que os deseo a todos una buena entrada de año y, sobre todo, una muy feliz navidad. Que podamos vivirla desde el acontecimiento del pesebre, y no desde las tiendas. Que encontremos tiempo para profundizar en el Misterio que supone que todo un Dios decida seguir encarnándose cada día en nuestra realidad, que quiera seguir naciendo en el corazón de todos aquellos que lo buscamos y lo anhelamos. Que la fiesta que hagamos tenga como motivo celebrar esto tan importante, que sigue latiendo en el corazón de nuestro mundo.

Un abrazo grande, junto con mi cariño y oración.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana