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CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 23 de septiembre de 2018

¡Hola a todos, espero que estéis bien!

El 31 de diciembre es el día en el que uno suele echar la mirada atrás y recordar lo que ha sido el año. Hoy no es 31 de diciembre sino 23 de septiembre, pero para mí casi ha sido lo mismo. ¿Por qué? Pues porque hoy hace cinco años que llegué a estas tierras dominicanas y, como hemos tenido retiro en la comunidad, ha sido un día tranquilo de orar, reflexionar, recordar…

Me doy cuenta que en estos cinco años he vivido muchas cosas. De hecho, no soy la misma que llegó, con dos maletas en la mano y el corazón lleno de ilusión. Sigo teniendo las dos maletas y sigo ilusionada, pero me siento diferente.

Recuerdo que me recibió en el aeropuerto mi hermana Mercedes. La trajo Alfredo en su guagua, la misma que ahora llevo cada jueves a la embajada de Haití cargada de gente con el corazón ilusionado porque va a hacerse por fin su pasaporte. Si esa guagua pudiera hablar… ¡creo que hablaría de corazones ilusionados!

Por el camino Mercedes no paró de contarme cosas de esta realidad, y yo lo absorbía todo como una esponja. Cuando estábamos a unos 5 kilómetros de casa, al pararnos en un semáforo, me sorprendió oír algo que ya se ha convertido en lo más normal: un señor evangélico estaba parado en una esquina, con un megáfono, predicando a viva voz. Su cara se me quedó grabada… A ese hombre lo he vuelto a encontrar con frecuencia, y siempre me recuerda esa noche de mi llegada.

Nidia nos esperaba en casa, con Lisa y Canela, nuestras perritas. Esa noche apenas pude dormir por el calor, por la emoción, por el cambio de horario… supongo que por una mezcla de todo.

Una semana después llegó Patricia, la última hermana que formaba la comunidad. Había tenido que ir a visitar a su mamá por un problemita que tuvo. Y esos fueron los comienzos… En este momento, de esa comunidad soy yo la única que queda.

Recuerdo que empecé a llevar la secretaría de la escuela y que fue ahí, justamente, donde, en una conversación con Ana, que entonces era la cocinera de la escuela, vi la oportunidad de visitar enfermos con ella en el batey y de buscar comida para llevar a la gente más necesitada. Al constatar las dificultades para encontrar lo que necesitábamos en el mismo batey, fue que presentamos el proyecto “Son Nuestros Hermanos” a KORIMA. Luego, detectando otras necesidades, fuimos presentando los otros proyectos.

Haciendo memoria, soy consciente de que no son solo esas hermanas de comunidad las que ya no están aquí. Hay otra mucha gente que ha pasado por mi vida en estos cinco años y ya no están: algunos porque tener su pasaporte les ha dado la oportunidad de irse a trabajar a otros países donde hay mejores condiciones, otros porque ya murieron. Y estos últimos no son pocos: Enrique, la pequeña Chipi, Yiliena, Tatá, la otra Tatá, Nelson, Ramona, Luisito, Roberto y otros varios de los que creo que no os he hablado. Sirvan estas palabras como homenaje a todos ellos. Espero que desde el cielo sonrían y celebren conmigo estos cinco años.

Mentiría si dijera que todo ha sido bonito y fácil. No lo ha sido. Ha habido momentos muy duros, momentos de mucha soledad, momentos de toma de decisiones difíciles, momentos de sentir impotencia y frustración por cómo funcionan algunas cosas aquí y por cómo afecta eso a la gente… Pero también ha habido mucha felicidad, mucho gozo, mucha alegría por poder dedicarme a servir a esta gente tan pobre y necesitada. Creo que nunca el cansancio me frenó, y espero que nunca lo haga. Mi actividad ha ido variando a lo largo de los años, tanto en la escuela (en la que ahora ya tampoco estoy) como en el batey e incluso dentro de la Congregación. Me veo ahora incluso dedicándome a cosas que siempre esperé que no me tocaran… Sin embargo, no puedo más que dar gracias a Dios porque realmente disfruto con todo. Es más, si pudiera cambiar algo, creo que ni siquiera cambiaría todos esos momentos difíciles que me tocó vivir, puesto que de todo aprendí algo y con todo me fortalecí como persona y como misionera.

La semana pasada celebré 15 años de consagración religiosa dentro de esta Congregación de Misioneras Claretianas. Lo mismo que he dicho de estos 5 años de vida dominicana puedo decirlo de mi vida en la Congregación. Solo espero ser cada día más fiel a mí misma, a Dios y a ese regalo de la vocación que Él me hizo desde pequeña.

Por hoy no os cuento más. Un abrazo grande para cada uno y mi recuerdo agradecido por todo lo que cada cual me ha aportado con su vida.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

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CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 30 de agosto de 2018

¡Hola a todos!

Como siempre, espero que os encontréis bien. Imagino que, según la parte del mundo en la que os encontréis, algunos seguiréis de vacaciones, otros las estaréis comenzando o terminando y otros, como nosotros, os encontraréis “en plena faena”.

Mucho ha ocurrido desde mi última carta. Como os decía al final de la misma, a mediados de julio celebramos nuestro primer Capítulo Provincial. Fueron días bonitos de compartir entre todas las hermanas, revisar el camino recorrido en los dos últimos años y proyectar el próximo trienio, en función de lo que consideramos que Dios nos está pidiendo. Las hermanas me volvieron a encomendar el servicio de la Economía Provincial para el próximo trienio, así que ando viendo cómo organizarme para poder llevar todo adelante de la mejor manera.

Nada más volver, urgía abrir el plazo para inscripciones en La Escuelita, porque aquí las clases empiezan en la segunda quincena de agosto. La verdad es que nos hemos visto desbordadas por la cantidad de niños y adolescentes que han querido inscribirse. Una de las pocas escuelas que hay en el batey cerró el curso pasado por el lamentable estado en el que se encuentra. Se ve que el Ministerio de Educación no piensa gastar dinero en arreglarla. Hicieron un apaño enviando algunos cursos a otra de las escuelas (obviamente, reduciendo considerablemente la jornada escolar de todos los alumnos), pero hay otros cursos que se han quedado en la calle. Así que vienen a La Escuelita con la esperanza de poder seguir aprendiendo…

Además de empezar a inscribir, hubo que hacer algunas obras en la casita donde damos las clases, pintar, limpiar, ordenar, ¡y comprar más sillas para que puedan sentarse todos los inscritos!… Gracias a Dios conseguimos tenerlo todo a punto para comenzar las clases en la fecha prevista.

Los otros proyectos siguen adelante. Últimamente han llegado casos muy tristes. Varias mujeres y hombres de los que ayudo han sido atrapados en los dos últimos meses por los de Migración y llevados a Haití. Realmente pasan muchas miserias para conseguir volver aquí a reunirse con su familia…

Otro caso que me ha conmovido mucho es el de Magarette, una mujer que vivía con su marido y sus 5 hijos en Haití. Hace tres semanas, de pronto, el marido murió y quedó allá totalmente desamparada. Como su madre vive en el batey, envió a los dos hijos mayores (de 11 y 9 años) para acá solos, y ella se vino tres días más tarde con los pequeños. Sus pocas pertenencias se las trajeron varios días después porque ella no podía cargar nada aparte de los niños. Tardaron varios días en llegar porque es mucho lo que tuvieron que caminar. Ella totalmente destrozada por la pérdida inesperada de su esposo, sin un céntimo… Le inscribí a los niños en la Escuelita y la estamos ayudando con comida. También la próxima semana la llevaré a la embajada para que se haga su pasaporte. Está muy agradecida, pero el dolor lo sigue llevando por dentro: su rostro no engaña.

Por último, me llegó al alma lo que vino a contarme una mujer sobre una de sus hijas adolescentes. La teníamos el curso pasado en la Escuelita. Resulta que un vecino que vive enfrente de ellos la agarró, le tapó la boca con un trapo y la escondió en su casa. Nadie la encontraba, los padres estaban preocupados, fueron a la policía… y nada. Al día siguiente, una vecina vio algo raro y se imaginó dónde estaba la niña. Por fin pudieron rescatarla, pero… la había violado. La muchacha estaba deshecha, y los padres decidieron enviarla a la capital con una tía, por alejarla un poco del lugar. Ya os podéis imaginar el dolor de esa familia…

Por lo que toca al proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, siguen llegando todos los días casos de niños sin declarar y sigo llevando cada jueves gente a la embajada para hacer sus pasaportes… ¡esto no tiene fin!

Eso sí, ellos van y hacen sus pasaportes, pero luego les toca esperar meses y meses hasta que llegan (eso, los que tienen suerte, porque a algunos ni siquiera les llega). Cuando en julio me fui a Honduras, acababan de llegar los pasaportes que hicimos en el mes de octubre de 2017. A fecha de hoy no han vuelto a llegar más pasaportes.

Por otra parte, el proceso de entrega de los carnets renovados de regularización migratoria ha terminado esta semana, pero a más de 20.000 personas le han cancelado el proceso o han sido puestos en observación. Es una injusticia grande, porque es gente que realmente depositó todos los requisitos que se pidieron hace dos años y medio, y gastaron mucho dinero para poder hacerlo. Y ahora se ven todos sus esfuerzos frustrados. Además, la corrupción se metió de nuevo en el proceso y alguien de dentro se ha dedicado a “vender identidades” de gente que se inscribió en el Plan de Regularización. Me enteré que las estaban vendiendo a 8000 pesos dominicanos, unos 150 euros. Es lo que gana el personal de apoyo de la escuela pública y el doble de lo que gana una empleada doméstica, así que, aquí, es una suma considerable. Por supuesto, en cuanto supe la noticia fui a la embajada de Haití y lo denuncié. La amiga que tengo allí me dijo que ya eran conscientes de la situación y que lo iban a resolver pidiendo las huellas digitales a la gente. Quien haya cometido fraude tendrá que pagar las consecuencias. Lo malo es que los corruptos que se han dedicado a eso quedarán impunes, como suele pasar.

Cuando pregunté en la embajada de Haití qué iba a pasar con la gente a la que han cancelado, me dijeron que van a volver a revisar los expedientes y probablemente a aquellos que tienen pasaporte se lo acepten.

Allí mismo me pasaron el contacto de una organización que está presionando al Gobierno para que arregle estos asuntos. Ya les estoy haciendo una recogida de datos de los casos que hay en el batey, y también los convencí para montar un operativo aquí y que vengan a dar información de todos estos temas. Esperemos que todo salga bien y que ayude a muchos.

Bueno, pues ya os seguiré contando. ¡Un abrazote grande y hasta el próximo mes!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 7 de julio de 2018

¡Hola a todos!

Espero que os encontréis bien, supongo que muchos disfrutando de las vacaciones.

Por aquí ya también han dado vacaciones en las escuelas y nosotros, por supuesto, en la escuelita de alfabetización. Como os conté en mi última carta, tal como estaba previsto, los niños hicieron sus exámenes, los padres vinieron a recoger las notas y, por último, cerramos el año con broche de oro y nos fuimos a pasar un día a la playa.

La verdad es que todos disfrutamos mucho. La playa donde estuvimos es muy bajita, por lo que no había peligro para los niños. Ninguno de ellos había vivido esa experiencia, así que iban emocionaditos. Excepto cinco minutos que salí para comer algo, y otros diez en los que me tuve que dejar enterrar en la arena, el resto del tiempo me lo pasé en el agua, jugando con ellos. una gozada, la verdad, y todos quieren repetir el próximo curso.

El proyecto “Son Nuestros Hermanos” sigue adelante con su cotidianeidad, visitando a los enfermos, llevándoles mensualmente las medicinas que necesitan y repartiendo alimentos entre la gente más vulnerable del batey. En este momento estamos atendiendo con comida a 34 familias.

Y el proyecto “Sin Papeles No Soy Nadie”, como siempre, a tope. Cada lunes y cada sábado por la tarde atiendo en el local que alquilé una media de 60-80 personas. Unos vienen para declarar a sus hijos, otros para declararse ellos mismos, otros para conseguir su pasaporte… Todos los jueves lleno una guagua de gente que necesita hacerse el pasaporte y nos vamos bien tempranito a la embajada de Haití. Bueno, excepto esta semana, porque en vez de una guagua, ¡llené dos! El motivo es que este martes salgo de viaje y ya no voy a seguir atendiendo gente hasta finales de julio, así que no quise dejar atrás a ninguno de los que ya estaban listos para hacérselo. Con estos que llevé, ya son 232 pasaportes los que hemos hecho, una cantidad nada despreciable, ¿verdad? Y nada de esto sería posible sin vuestra ayuda, así que, una vez más, ¡gracias a todos los que aportáis a KORIMA algo de lo que tenéis! Por lo demás, hay un par de cosas tristes que han ocurrido en estas semanas. La primera, un incendio. Un lunes por la noche estaba volviendo del local a casa cuando, en la calle antes de llegar a la mía, vi que había mucha gente. Al acercarme y preguntar descubrí que tres casitas de madera que estaban en un solar habían salido ardiendo. No había luz en ese momento (recordad que aquí nos dan solo tres o cuatro horas de luz al día), por lo que la gente se estaba alumbrando con velas, como es habitual. Pues una prendió lo que fuera y el fuego no se hizo de rogar. Las personas que había dentro de las casas salieron rápido y no hubo heridos de gravedad, pero absolutamente todas sus pertenencias desaparecieron en “la candelita”. Otros no estaban en casa, concretamente dos hombres que trabajan de vigilantes nocturnos en una fábrica. Imaginaos lo que debe ser llegar a tu casa y no encontrar nada, o que te llamen y te den semejante noticia. Los dos tenían dentro sus documentos, aparte de todas sus pocas posesiones, por lo que, de pronto, no sólo no tienen absolutamente nada, sino que vuelven a ser indocumentados. Ya les estoy sacando un extracto de nacimiento en Haití para que al menos tengan algo.

Por otra parte, esta semana han llegado los resultados de unos análisis que se enviaron a Estados Unidos, del marido de una persona muy cercana a mí. Fue su hija la que los recogió y no fue capaz de dar la noticia a su madre, así que me tocó a mí decirle que su esposo tiene cáncer. Un trago nada fácil, la verdad, y aunque no es la primera vez que tengo que dar ese tipo de noticias, una nunca se acostumbra. Hemos decidido no decirle nada a él porque, por su carácter, se vendría abajo y sería peor. Y tampoco se va a decir a la gente, porque aquí los chismes no corren sino que vuelan, y probablemente él terminaría enterándose de manera inadecuada. Así que… bueno, se irá llevando como se pueda.

Ayer dediqué un rato a hacer limpieza de papeles en mi habitación y, revisando, encontré todos los historiales de los enfermos que hemos ido acompañando desde que empezamos esta bonita tarea. Muchos de ellos ya no están, y la mente y el corazón revivieron muchos momentos compartidos, la mayoría duros, pero con ese gustillo agradable que deja el tener conciencia de haberles ayudado en todo lo que se ha podido. Seguro que todos ellos, desde el cielo, nos siguen mirando con cariño.

Bueno, os voy dejando porque es hora de irme al local. Hoy va a ser el último día que atienda en este mes porque, como os decía antes, el martes salgo de viaje. Me voy a Honduras, donde del 15 al 21 tendremos nuestro primer Capítulo Provincial. Es todo un acontecimiento para nosotras, donde revisaremos lo realizado en este tiempo de vida de la Provincia, elegiremos nuevo Gobierno Provincial, discerniremos juntas cómo quiere Dios que sigamos caminando y en función de eso proyectaremos lo que vamos a hacer los próximos años. Confío en vuestra oración.

Feliz verano y ¡hasta la próxima!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

 

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 31 de mayo de 2018

¡Hola a todos!

Espero que os encontréis bien. Aquí estoy de nuevo para contaros cosas. No sé vosotros, pero yo he tenido un mes muy intenso desde mi última carta, con actividades muy variadas y muchos viajes.

A la semana siguiente de escribiros viví una experiencia muy bonita. En realidad, es algo simple, pero a mí me hizo mucha ilusión. Es que tuvimos las confirmaciones de la parroquia y Regina, una de las jóvenes de la capilla de Bienvenido me pidió que fuera su madrina. La verdad es que desde que estoy aquí mucha gente me ha pedido que sea la madrina de bautizo de sus hijos y siempre he dicho que no, por el simple hecho de que es una responsabilidad grande y las misioneras hoy estamos aquí y mañana allá, por lo que no podría cumplir adecuadamente con esa obligación cuando esté en otro sitio. Sin embargo, cuando Regina vino a pedirme que fuera su madrina de Confirmación, le dije que sí. Me pareció algo distinto. Ella es una joven haitiana que vivió con su madre en Haití hasta hace unos años, cuando su padre fue a buscarla y se la trajo acá. Es muy buena chica, sencilla y responsable. Ese día tuvimos la celebración en la parroquia de Manoguayabo y luego le organizamos una pequeña fiestecilla para comer. Todo muy sencillo y familiar, y lo disfrutamos mucho. Ojalá pueda siempre cuidar de su fe, independientemente de la parte del mundo en la que me encuentre… Una semana después, el 29 de abril, tocaba Día de Familias en San Pedro de Macoris, en la institución donde tenemos a Sandro y Alfredo, los niños que quedaron huérfanos hace un par de años. Como siempre, organicé una guagua para ir a visitarlos. Les hizo mucha ilusión. Una vez más, constatamos lo importante que es para estos niños saber que hay gente fuera que se acuerda de ellos y para quienes siguen siendo importantes.

Esa misma semana viajé a San Francisco de Macoris, para dar un taller de formación sobre los sacramentos a los aspirantes de los Claretianos. Fue una experiencia bonita poder compartir con ellos, no sólo la formación específica, sino otras cuestiones de fe y nuestra propia historia vocacional. Dentro del taller, tuvimos una celebración sencilla pero profunda en la que renovamos nuestro Bautismo. La semana siguiente viajé a Miami. Primero tuve reunión de Consejo Provincial para preparar nuestro primer Capítulo Provincial, que tendremos en julio en Honduras, y luego me quedé unos días para que me pasaran auditoría a la Administración Provincial. Fueron días intensos. Y desde Miami viajé directamente a Puerto Rico. Los misioneros claretianos de allá nos pidieron a los encargados de la Pastoral Vocacional de Santo Domingo que ofreciéramos una convivencia vocacional a los jóvenes de sus tres parroquias. Al final no fue solo la convivencia, sino que aprovechamos para asistir a dos reuniones de jóvenes que había los días previos. Fue una gozada todo lo que allí compartimos, tanto con los jóvenes como con mis hermanos claretianos y con Nancy, seglar claretiana. La acogida que nos brindaron fue estupenda y yo me sentí como en casa.

 

Y hace dos días hemos tenido el último de los encuentros con jóvenes planificados para este curso. Ha sido en Jimaní, en otra parroquia de los Claretianos. El lema del encuentro era “Dios nos regala la vida”, y los jóvenes disfrutaron mucho con las dinámicas que llevábamos preparadas. He de deciros que Jimaní se encuentra en la frontera con Haití. De hecho, la comunidad de los claretianos está a cinco minutos de la frontera. Personalmente, tenía muchas ganas de ir. Muchos no lo sabréis, pero para mí Haití es como un imán que me atrae desde enero del 2010. Recuerdo a la perfección la noche del 10 de enero. Yo estaba en Carcaixent, viendo las noticias con mis hermanas de comunidad, cuando anunciaron el terremoto que asoló el país. A lo largo de mi vida había visto muchas imágenes de terremotos y desastres naturales, pero, por algún motivo, esa situación me impactó profundamente. Recuerdo que, a pesar de lo tarde que era, bajé al despacho de KORIMA y me puse como una loca a enviar correos lanzando una campaña de emergencia para ayudar a los damnificados por el terremoto. Luego canalizamos la ayuda de manera organizada con las Proclades y Promicla, de tal manera que pudimos tener un buen impacto en una parte del país. Pero la verdad es que, si me hubiera sido posible, en ese momento yo me hubiera ido directamente allá a quitar escombros y ofrecer ayuda de primera mano. No pudo ser, y me conformé con hacer lo que podía desde España. Pero, desde ese momento, Haití se instaló en mi corazón.

Cuando me destinaron a República Dominicana pensé “que bien, ya estoy más cerquita de Haití”. Y luego Dios me hizo el regalo de encontrarme con este batey en el que vivo, llenito de haitianos a los que ayudo mediante los diferentes proyectos sociales que tenemos en la comunidad. Para mí, el batey es “mi pequeño Haití”. Sin embargo, ayer estaba ahí, a cinco minutos de la frontera y, lógicamente, no pude resistir la tentación de cruzarla y pisar tierra haitiana. Mis dos hermanos claretianos que me acompañaban fueron buenos y me concedieron el capricho, así que entramos en la zona que llaman Mal Paso, una tierra de nadie entre los dos países, continuamos caminando hasta donde está la bandera haitiana, nos hicimos una foto y nos volvimos. Fue cosa de media hora lo que tardamos, pero me hizo ilusión. Ojalá algún día pueda conocer de verdad algo más de ese país que sigue siendo el más pobre del mundo.

Y entre medias de tanto viaje, he seguido atendiendo gente en el local, continuando la declaración de los niños, llevando gente a la Embajada de Haití a hacerse pasaportes… lo cotidiano.

También la Escuelita sigue con sus actividades. Este lunes tuvimos la celebración del día de las madres. Aquí en Santo Domingo se celebra el último domingo de mayo, por lo que nosotros preparamos algo especial para ellas: una manualidad de regalito, unas poesías, canciones… y luego se les dio refresco y unas galletitas. Los niños estaban nerviositos por las actuaciones que tenían preparadas, pero disfrutaron de lo lindo pudiendo homenajear a sus madres. Ya queda poco para que termine el curso. De hecho, el lunes 11 de junio empiezan sus exámenes, el 15 nos los llevamos de excursión de fin de curso a la playa, y la semana siguiente convocamos a los padres para entregarles las notas. Ciertamente, este curso ha pasado volando.

Bueno, pues esto es todo lo que hoy os cuento. Eso sí, no quiero terminar esta carta sin recordaros que hoy las Misioneras Claretianas celebramos el día de la Vocación Claretiana. Felicito a todas mis hermanas y a todos aquellos de vosotros que compartís nuestro carisma. Pedid a Dios por nuestra Congregación, para que seamos buenas misioneras, estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos. Y pedid también por aquellas chicas a las que Dios pueda haberles regalado el don de esta vocación claretiana, para que lo descubran, lo acepten, lo asuman y formen pronto parte de esta familia.

Ya sí, me despido. Un abrazo grande y feliz mes de junio.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 15 de abril de 2018

¡Hola a todos y Feliz Pascua!

De nuevo me acerco a vosotros para compartir cosas de esta partecita del mundo. Aunque hoy, además de contaros de mi realidad dominicana, voy a hablaros de otros proyectos de KORIMA que se llevan a cabo cerca de aquí, en Cuba, la isla vecina. Estuve por allá la semana pasada y tuve la oportunidad de visitar los lugares donde se llevan a cabo e incluso compartir con algunas de las personas beneficiarias de dichos proyectos.

Así, puedo contaros que en la ciudad de Santiago de Cuba se está desarrollando el proyecto Renacer a la Esperanza, el cual consiste en unos talleres de confección que se ofrecen a mujeres interesadas en ello. Estas mujeres aprenden a realizar patrones, cortar, coser… de tal manera que luego pueden fabricar prendas para vender y sacarse un dinerillo para mantener a sus familias. El taller se viene realizando desde hace muchos años en un barrio que se llama Chicharrones, en la casa de doña Graciela. Esta señora ofrece con mucha generosidad su casa, no sólo para el taller de costura, sino para cocinar cada día para más de 200 personas, e incluso para tener celebraciones litúrgicas, puesto que en el barrio no hay ninguna iglesia ni capilla. Su generosidad es digna de admiración. Las clases de costura las imparte la profesora Lilia, la cual es admirada por su disponibilidad, paciencia y buen hacer. Así, todos los martes las mujeres acuden con entusiasmo a recibir sus clases y, cada dos semanas, además de aprender a coser, reciben también algo de formación cristiana que impartimos las misioneras claretianas.

El año pasado, se decidió ampliar el proyecto a otra zona cercana y tan vulnerable como Chicharrones, que es el barrio de El Polvorín. En este caso, la reunión tiene lugar en casa de doña Lidia, una viejita muy simpática y acogedora, que siempre tiene una sonrisa y “un cafesito” o “un juguito” para regalar a quien la visita. En este lugar ya se ha formado un buen grupo de mujeres interesadas en participar en el taller aunque, por el momento, solo tienen formación cada martes, puesto que aún están en trámites para conseguir dos máquinas de coser y los tablones para hacer las mesas de costura. Realmente la realidad en Cuba es complicada y sigue habiendo problemas para conseguir cosas tan básicas como esas. Pero… Cuba es Cuba, y sólo puede comprenderse cuando se conoce la realidad “no turística”. Ojalá los trámites culminen pronto y la casa de doña Lidia se llene pronto de costureras.

Aparte de este proyecto de KORIMA, las hermanas promocionan otros, principalmente de formación cristiana, en diferentes barrios marginales. Y Anunciación Izquierdo continúa manteniendo en activo el proyecto Un Solo Corazón, que KORIMA apoyó en sus comienzos. Se trata de un grupito de mujeres que se dedican a coser en sus casas batas que luego regalan a mujeres enfermas y ancianas. Es bonito ver el cariño que todas ponen en ello.

Allá en Santiago de Cuba, tuve ocasión también de compartir un rato con los coordinadores de la Familia Laical Claretiana. Se trata de un grupo formado por 65 seglares de todas las edades, de diferentes parroquias y profesiones, que pretenden llevar el Evangelio a todos los ámbitos de sus vidas, al estilo de María Antonia París y de Antonio María Claret. Su identidad claretiana les mueve a trabajar en cualquier apostolado. Se han organizado en diferentes grupos, tales como la “Infancia claretiana” para los pequeños, el “Grupo Esperanza”, que atiende a personas que viven solas, el “Grupo de la misericordia”, que acompaña espiritual y materialmente a laicos que atraviesan situaciones de enfermedad… La comunidad completa de claretianas les acompaña y asesora de manera continua y cercana en todos los pasos que van dando. Esta Familia es un regalo para nosotras.

Después de estar en Santiago, me fui a Guantánamo. Allá se llevan a cabo dos proyectos de KORIMA. Uno, el de Desarrollo de Valores Cristianos y Humanos, pero de ese no puedo contaros porque no tuve oportunidad de conocerlo. El otro, Tengo Derecho A Ser Feliz, es un proyecto precioso, que se realiza en diferentes campos de los alrededores, algunos de muy difícil acceso. Las hermanas lo desarrollan en equipo con los misioneros claretianos, y lo que se pretende es fomentar el desarrollo integral de los niños y adolescentes de la zona mediante la educación en valores y la realización de talleres que contribuyan, no sólo a su autodesarrollo, sino a la mejora de las relaciones inter-familiares y sociales, y a la progresiva transformación de su realidad. En cada zona se busca una casa que abra sus puertas a los muchachos el día del taller. Y cada casa ofrece lo que tiene, la mayoría solo el suelo… pero eso es suficiente para poder realizar lo que se pretende. Los niños aprenden, disfrutan… y se les va notando un cambio, según cuentan a sus padres las maestras de las escuelas a las que acuden. Y eso es bueno. Muy bueno. Es estupendo saber que, gracias a estos proyectos, gracias a vosotros, que los estáis apoyando, estos niños tienen la oportunidad de ser algo más de lo que les ofrece las circunstancias del contexto en el que viven. Desde aquí, mi agradecimiento y el de las claretianas y claretianos que día a día se entregan a esta bonita misión.

Por mi parte, he llegado hace un rato del interior del país. Viajé allá ayer por la mañana, para ofrecer junto con los claretianos, un encuentro para jóvenes en un lugar llamado Cabirmota, en La Vega. Es la primera parroquia a la que vamos que no es claretiana, y la experiencia fue muy buena. Nos acogieron muy bien y los muchachos participaron muy activamente en el encuentro que habíamos preparado. Quieren que volvamos, así que el trabajo sigue multiplicándose… lo cual no deja de ser bueno.

El próximo sábado tengo que volver a hacer el mismo viaje, pero esta vez acompañada de mis hermanas de comunidad, puesto que vamos a participar en el primer encuentro de Familia Claretiana de República Dominicana. Ya os contaré.

Por lo demás, os cuento que los niños de las clases de alfabetización ya tienen su uniforme. En realidad, es solo una camiseta, pero para ellos es mucho. Debemos agradecer el hecho, en primer lugar, a nuestra querida Pili Sáez, que nos hizo el diseño de manera creativa y cariñosa. Ella estuvo un mes por aquí hace un par de años, participando en la experiencia misionera que ofrece KORIMA. En ese tiempo, dio formación a las maestras, ayudó a decorar la escuelita y se encariñó tanto con los niños del proyecto que no se me ocurría nadie mejor que ella para hacer el diseño. En segundo lugar, a nuestra incansable Aurimar Santiago, quien estuvo cinco meses el año pasado viviendo con nosotras, haciendo una experiencia más prolongada. Ella estuvo impartiendo en las clases de alfabetización un taller de manualidades que fue la gozada de los muchachos y de las maestras, y también se enamoró del proyecto de tal manera, que montó una campaña entre sus conocidos para recaudar fondos con los que hacer las camisetas. Es a todos ellos a quienes agradecemos, en tercer lugar, por su generosidad, ya que gracias a ese dinero hemos pagado una parte del pedido realizado. El dinero no dio para todos, puesto que los precios han subido respecto al año pasado y que en este momento contamos con 73 alumnos, casi el doble que el año pasado… De hecho, hace un par de semanas tuve que ir a comprar más sillas porque ya no había para todos. Las maestras me han prohibido que inscriba más niños porque no dan abasto, pero no os imagináis la pena que me da tener que decir que no tengo más sitio a los padres que vienen pidiendo que acoja a sus hijos…

Bueno, pues aquí lo dejo. Ya os contaré el próximo mes de los otros proyectos para no extenderme ahora más. Un abrazo grande para cada uno y mi oración.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 12 de marzo de 2018

¡Hola a todos!

Después de todo este tiempo que he estado sin escribiros, confío que os encontréis bien. Yo ya estoy recuperada de las quemaduras. Estuve un tiempito fuera de aquí y a la vuelta me encontré con mucho trabajo, además de que estamos construyendo la segunda planta de nuestra casa y eso supone un plus de cosas de las que estar pendiente, por eso he tardado más en escribiros.

La vida en el batey sigue su curso normal. Las clases de alfabetización van viento en popa. En el último mes y medio se han inscrito muchos más niños, y ya hemos comenzado dos nuevas asignaturas con todos los niveles: inglés y educación física. Tanto las maestras como los alumnos están aprendiendo inglés y todos están encantados. En el mes de febrero tuvimos dos acontecimientos para celebrar. Por una parte, el 14 de febrero, el día del amor y la amistad. Se hicieron unas manualidades con corazones, acompañadas de la correspondiente reflexión sobre la importancia de amar a todos de verdad y sobre el valor de la amistad. Por otra parte, como ya os he comentado en años anteriores, aquí febrero es el mes de la Patria. De ahí que decoráramos la escuelita con la bandera y los colores propios del país, y se instruyó, como en todas las escuelas, sobre la historia de la Independencia y sobre los héroes de la Patria, que aquí son tan importantes. Ahora, antes de Semana Santa, tendrán sus exámenes de segunda evaluación antes de las vacaciones. Os seguiré contando.

En cuanto al proyecto de Sin Papeles No Soy Nadie, también va a tope. Seguimos declarando niños indocumentados, y ayudando a los adultos a conseguir todos sus documentos. La gente hace largas filas en la calle donde tengo el local los días que atiendo. Algunos vienen desde muy lejos, por lo que soy incapaz de irme sin atenderlos a todos, aunque sea ya con linterna en mano…

En la Embajada de Haití ya me han entregado los pasaportes que hicimos hasta el mes de junio de 2017. Lo digo como si fuera un logro, pero en realidad siento que es una injusticia enorme, puesto que están tardando ocho meses en entregar a la gente su pasaporte, cuando en España te lo entregan en el mismo día que te lo haces. Incluso a mí, cuando lo renové hace un par de años en la Embajada de España en Santo Domingo, me lo dieron en tres semanas, y pagando una tercera parte de lo que cobran por los pasaportes haitianos. ¡Muy injusto!

Además, no hace mucho descubrí algo que también dificulta el hecho de que esta gentecilla pueda estar “en condiciones legales”, y es que no sólo tienen que conseguir su pasaporte, sino que una vez que lo tienen, deben buscar el dinero para viajar hasta Haití, solicitar su visa dominicana, que viene costando más de 200 dólares, buscar dónde quedarse el tiempo que tarden en darle la visa, y luego pagar la estadía dominicana, que está en torno a los 50 dólares. Para gente que vive en situaciones de extrema pobreza, como es la que se relaciona conmigo, estas cantidades son desorbitantes. Esperemos que en algún momento las leyes sean más justas y realmente favorezcan a los pobres.

A los ancianos y enfermos seguimos visitándolos y ayudándolos en la medida de nuestras posibilidades, llevándoles comida y las medicinas que necesitan. En ese sentido, me sentí realmente acogida por todos ellos cuando volví después de mi recuperación. Al ir a sus casas a visitarles, muchas de las viejitas dieron gritos de alegría porque se habían quedado verdaderamente preocupadas al saber lo que me había pasado. Humanamente, es algo muy reconfortante saber que la gente se preocupa por una y que estuvieron todo el tiempo orando con fervorosa fe para que me sanara.

Por otra parte, ya fuera de los proyectos, últimamente he asistido a varios encuentros de jóvenes. Aquí la fe se vive de una manera peculiar, bastante diferente a lo normal en España, puesto que hay mucha influencia de las iglesias evangélicas y carismáticas. Sin embargo, independientemente de que pueda compartir o no ciertas formas, me maravilla ver la confianza de la gente en Dios, en su Providencia, de saberse en sus manos. A veces quizá pudiera confundirse con una simple resignación, pero yo creo que es mucho más, que realmente creen.

Verdaderamente me encanta vivir aquí y disfrutar con pequeños detalles de la vida cotidiana. Disfruto en las celebraciones en la Iglesia, viendo cómo poco a poco se forma comunidad. Disfruto cuando camino y veo a los niños jugando con la goma de una bicicleta, haciéndola rodar calle arriba y calle abajo. Disfruto viendo cómo los niños de nuestra escuelita se esfuerzan en aprender. Disfruto con la sonrisa agradecida de tanta gente a la que ayudamos. Disfruto cuando en la mañana de los miércoles y los jueves voy hacia el parque, cuando aún no ha salido el sol, a reunirme con las madres que van ese día a declarar a sus hijos o con la gente a la que llevo a la embajada a hacerse pasaportes. En el camino siempre me encuentro a unas mujeres que salen con sus pequeños de una iglesia evangélica donde pasan la noche. Son mujeres que no tienen un techo donde vivir y que les dejan dormir allí. Y luego, en el parque, me encanta ver el movimiento de gente que comienza el día… los motoristas llevando a los pasajeros a sus trabajos… las mujeres que venden café para todos los que pasan… las que cargan su “punchera” y se patean el batey para vender algo…

los hombres cargados con sus instrumentos de trabajo… los niños con su uniforme camino de la escuela… O dentro de la guagua, cuando la llevo cargada de gente que va a hacerse su pasaporte, sus cuerpos apretujados unos contra otros y sus miradas cargadas de esperanza por conseguir sus documentos…

Todo pobre, sencillo, tan cotidiano… que resulta encantador.

Igual pensáis que me he vuelto loca por disfrutar de estas cosas tan normales, pero cada vez estoy más convencida de que la vida es eso, lo cotidiano, lo de cada día. Y en todo podemos encontrar a Dios, y con todo lo que hacemos podemos transmitirlo. No se trata de hacer grandes cosas, sino de hacer lo que hacemos con amor, con ganas de dar lo mejor de nosotros mismos, superando nuestros problemas y procurando siempre hacer felices a aquellos con los que nos encontramos.

Normalmente estamos tan ocupados con lo que hacemos, que podemos olvidarnos de lo más importante. Hace un par de meses murió un amigo muy querido. Él era un hombre sencillo y bueno, que se preocupaba por lo realmente importante y cuya principal preocupación era crear familia y hacer de sus hijos gente buena, como él lo era. Su muerte fue repentina e inesperada, aún a veces se me hace difícil creer que ya no está. Eso y mi accidente me han hecho pensar mucho. Ninguno sabemos cuándo llegará nuestra hora, porque la muerte no tiene edad. De ahí que sea tan importante vivir la vida con sentido, valorando lo que tenemos, cuidando a los que queremos, dejando la mejor huella que podamos en este mundo. Como lo hizo Jesús. Y como lo ha hecho tanta gente que no sale en las noticias, cuyas vidas pueden pasar desapercibidas para gran parte de la humanidad, pero no para aquellos a los que ofrecieron lo mejor de sí mismos. En el fondo, eso es ser misionero.

En nuestra Congregación hoy celebramos la fiesta de una hermana que vivió así, Teresita Albarracín, una joven claretiana que murió con solo 19 años, cuyo lema era “Sonreír siempre”, pasara lo que pasara, y vivir desde la sencillez, centrada en el Dios de la Vida. Ojalá ella y todos los que nos han precedido, intercedan por cada uno de nosotros para que vivamos cada día de manera más sencilla, más humilde, más solidaria, más fraterna, más desde Dios…

Un abrazo grande para cada uno y mi oración.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 7 de octubre de 2017

¡Hola a todos!

¿Qué tal estáis? Espero que todos bien.

Siento mucho haber faltado en el mes de septiembre a mi cita mensual, pero tengo motivos justificados que me lo han impedido.

Algunos ya lo sabéis, supongo que la mayoría no. Hoy hace justo tres semanas que tuve un pequeño accidente. Fue después del paso de los huracanes Irma y María. Estaba en el jardín intentando quemar todas las ramas, troncos y hojas que habíamos mochado en preparación para los huracanes. Cuando llevaba un buen rato, por un descuido una llama me alcanzó y me prendió la camiseta y la pierna. Fue un momento horroroso. Lo primero que hice fue salir corriendo y gritando. Afortunadamente, tuve la lucidez y el valor suficientes para sacarme la camiseta como pude y en cuanto pude. Eso evitó que el asunto terminara peor. Quedé con quemaduras de segundo grado en la pierna, en un brazo, en los dedos de las manos y una pequeñita en el costado. Ya hoy las tres últimas están recuperadas, con la piel rosadita, pero regenerada, que es lo importante. La de la pierna es la que sigue mal, por fuera y por dentro. Por fuera, porque, aunque está en proceso, aún no ha terminado de cicatrizar lo suficiente como para poder quitarme las vendas, ¡y eso da mucho calor, además de la picazón por la cicatrización! Y por dentro, porque ha afectado a los músculos. Eso me provoca un dolor intenso que hace que no pueda apoyar el pie y caminar. El cirujano me dice que la recuperación va a llevar un tiempito, así que no queda otra que echarle paciencia. Quienes me conocéis, os podéis imaginar lo difícil que me resulta estar aquí sin poder moverme, siguiendo las órdenes del cirujano sobre reposo absoluto… pero no se puede hacer otra cosa si quiero recuperar mi pierna y volver a patear por ahí.

Era justificado el motivo, ¿verdad? Bueno, quizá alguien pueda pensar que podría haber escrito desde la cama, como lo hago ahora, pero… ¡todo requiere su motivación!

Pero, aparte de esta mala noticia, tengo otras buenas que contaros. Por ejemplo, que ya comenzamos el curso en las Clases de Alfabetización. Como todos los años, en agosto abrimos unos días para las inscripciones, y estuve también organizando con las maestras el plan para todo el curso. El 31 de agosto convocamos a una reunión inicial a los padres de los niños. Fue muy bonita. Vinieron todos los que habían inscrito a sus hijos en ese momento (porque luego han ido llegando más), y lo organizamos de tal manera que cada una de las maestras dio un temita de formación: sobre cuestiones emocionales importantes para los niños, la higiene, la alimentación saludable, normas de conducta, etc. Hubo muy buen ambiente y los padres participaron mucho.

Por el momento, este año tenemos 45 niños entre los cuatro turnos que ofrecemos. Están contentos y aprendiendo. Habíamos acordado que yo iba a impartir una hora de inglés a la semana a cada curso, pero con esto de la quemada, está paralizado hasta que me recupere.

Por la parte del proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, en mi última carta os decía que andaba buscando un local donde poder atender a la gente de las documentaciones. Pues bien, al final lo encontré. No es lo ideal, porque es algo demasiado grande y destartalado para lo que yo necesito, pero es lo único que encontré a precio razonable. La pena es que, por lo de la quemada, sólo he podido ir tres días en todo este tiempo. La gente no para de llamarme, pero al tener los papeles tan lejos de casa, no puedo hacer nada para ayudarlos. Todos se muestran muy comprensivos y no dejan de decirme que oran para que me recupere pronto.

Eso sí, antes de que esto pasara, fui a la Embajada de Haití para hacer pasaportes a doce personas. Y me vine muy contenta de allá, porque ese día me entregaron 18 pasaportes de los que hicimos en el mes de febrero y 3 de los del PIDIH. Llegan con mucho retraso, pero hay que celebrar que algunos van llegando… FOTO PASAPORTES Y el otro día me puso un mensaje el chico de la embajada que me busca los documentos del PIDIH para decirme que habían llegado más de 20 pasaportes de la gente de mi lista. Con toda su buena voluntad, sabiendo que no me puedo mover, dijo que vendrían a traerlos, pero después de la experiencia que tuve en mayo, no me hago ilusiones de ningún tipo. Como quiera, es bueno saber que llegaron y me están esperando.

Y del proyecto Son Nuestros Hermanos, he seguido organizando desde aquí el reparto de los alimentos y las medicinas de los enfermos a los que atendemos, con la ayuda de mi equipo, porque eso es algo que no se puede paralizar y, afortunadamente, estamos organizadas para salir adelante aunque una falle.

Como acontecimiento especial, fuimos un domingo a celebrar el cumpleaños de Marco, uno de los viejitos viudos a los que atendemos. Cumplía 79 años, aunque él nos había dicho que eran 80… Tenía tantas ganas de celebrar con nosotros que pidió a su vecina que cocinara unos espaguetis, junto con unos guineos y yuca, para invitarnos. Todo muy rico. Nosotros llevamos el postre, un bizcocho de cumpleaños con sus velitas incluidas. Estuvimos con él dos horas y nunca olvidaré la cara de felicidad y el agradecimiento que mostró en todo momento. Ciertamente, ahora entiendo lo difícil que puede llegar a ser estar todo el día solo. Y hay tanta gente que vive esa soledad…

Por último, os cuento que otro de los viejitos a los que atendíamos, Bienvo, se murió en agosto. Era un hombre muy tranquilo, que siempre nos recibía con una sonrisa especial. Estuvo ingresado los últimos días en el hospital, muy malito, y, de pronto, cuando volvía un día de reunirme con las maestras de alfabetización, me encontré que lo estaban entrando en el local que acaba de construirse en el batey, que hace las veces de funeraria. Me dio mucha pena, porque no me dio tiempo de ir a visitarlo al hospital para despedirme de él. Su familia es evangélica, y me invitaron al culto que se iba a ofrecer por él unos días después. Reconozco que me daba un no-sé-qué ir, porque nunca había participado en un culto evangélico y no me hacía mucha gracia la idea de encontrarme de pronto en medio de gente en trance o algo así, como he visto a veces al pasar por delante de alguna de las iglesias evangélicas del batey. Pero al final fuimos Ana y yo, y fue una experiencia bonita. Un predicador estuvo más de una hora hablando de diferentes textos de la Palabra de Dios, y luego otro estuvo cantando algunas canciones francamente preciosas. Interesante, cuanto menos. Y reconozco que a mí me hizo bien.

Bueno, pues aquí lo dejo por hoy. Cuidaos mucho y no dejéis de hacer el bien. Aprovechad este mes misionero para tener algún gesto solidario, no porque llega el DOMUND y es lo que toca, sino porque de corazón os nazca poner un granito de arena para que este mundo sea mejor, más justo, más humano, más fraterno…

Cuento con vuestra oración para recuperarme pronto, ¡¡¡que me muero de ganas por salir a la calle para seguir con los proyectos!!!

Un abrazo y mi cariño,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana