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CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 23 de septiembre de 2018

¡Hola a todos, espero que estéis bien!

El 31 de diciembre es el día en el que uno suele echar la mirada atrás y recordar lo que ha sido el año. Hoy no es 31 de diciembre sino 23 de septiembre, pero para mí casi ha sido lo mismo. ¿Por qué? Pues porque hoy hace cinco años que llegué a estas tierras dominicanas y, como hemos tenido retiro en la comunidad, ha sido un día tranquilo de orar, reflexionar, recordar…

Me doy cuenta que en estos cinco años he vivido muchas cosas. De hecho, no soy la misma que llegó, con dos maletas en la mano y el corazón lleno de ilusión. Sigo teniendo las dos maletas y sigo ilusionada, pero me siento diferente.

Recuerdo que me recibió en el aeropuerto mi hermana Mercedes. La trajo Alfredo en su guagua, la misma que ahora llevo cada jueves a la embajada de Haití cargada de gente con el corazón ilusionado porque va a hacerse por fin su pasaporte. Si esa guagua pudiera hablar… ¡creo que hablaría de corazones ilusionados!

Por el camino Mercedes no paró de contarme cosas de esta realidad, y yo lo absorbía todo como una esponja. Cuando estábamos a unos 5 kilómetros de casa, al pararnos en un semáforo, me sorprendió oír algo que ya se ha convertido en lo más normal: un señor evangélico estaba parado en una esquina, con un megáfono, predicando a viva voz. Su cara se me quedó grabada… A ese hombre lo he vuelto a encontrar con frecuencia, y siempre me recuerda esa noche de mi llegada.

Nidia nos esperaba en casa, con Lisa y Canela, nuestras perritas. Esa noche apenas pude dormir por el calor, por la emoción, por el cambio de horario… supongo que por una mezcla de todo.

Una semana después llegó Patricia, la última hermana que formaba la comunidad. Había tenido que ir a visitar a su mamá por un problemita que tuvo. Y esos fueron los comienzos… En este momento, de esa comunidad soy yo la única que queda.

Recuerdo que empecé a llevar la secretaría de la escuela y que fue ahí, justamente, donde, en una conversación con Ana, que entonces era la cocinera de la escuela, vi la oportunidad de visitar enfermos con ella en el batey y de buscar comida para llevar a la gente más necesitada. Al constatar las dificultades para encontrar lo que necesitábamos en el mismo batey, fue que presentamos el proyecto “Son Nuestros Hermanos” a KORIMA. Luego, detectando otras necesidades, fuimos presentando los otros proyectos.

Haciendo memoria, soy consciente de que no son solo esas hermanas de comunidad las que ya no están aquí. Hay otra mucha gente que ha pasado por mi vida en estos cinco años y ya no están: algunos porque tener su pasaporte les ha dado la oportunidad de irse a trabajar a otros países donde hay mejores condiciones, otros porque ya murieron. Y estos últimos no son pocos: Enrique, la pequeña Chipi, Yiliena, Tatá, la otra Tatá, Nelson, Ramona, Luisito, Roberto y otros varios de los que creo que no os he hablado. Sirvan estas palabras como homenaje a todos ellos. Espero que desde el cielo sonrían y celebren conmigo estos cinco años.

Mentiría si dijera que todo ha sido bonito y fácil. No lo ha sido. Ha habido momentos muy duros, momentos de mucha soledad, momentos de toma de decisiones difíciles, momentos de sentir impotencia y frustración por cómo funcionan algunas cosas aquí y por cómo afecta eso a la gente… Pero también ha habido mucha felicidad, mucho gozo, mucha alegría por poder dedicarme a servir a esta gente tan pobre y necesitada. Creo que nunca el cansancio me frenó, y espero que nunca lo haga. Mi actividad ha ido variando a lo largo de los años, tanto en la escuela (en la que ahora ya tampoco estoy) como en el batey e incluso dentro de la Congregación. Me veo ahora incluso dedicándome a cosas que siempre esperé que no me tocaran… Sin embargo, no puedo más que dar gracias a Dios porque realmente disfruto con todo. Es más, si pudiera cambiar algo, creo que ni siquiera cambiaría todos esos momentos difíciles que me tocó vivir, puesto que de todo aprendí algo y con todo me fortalecí como persona y como misionera.

La semana pasada celebré 15 años de consagración religiosa dentro de esta Congregación de Misioneras Claretianas. Lo mismo que he dicho de estos 5 años de vida dominicana puedo decirlo de mi vida en la Congregación. Solo espero ser cada día más fiel a mí misma, a Dios y a ese regalo de la vocación que Él me hizo desde pequeña.

Por hoy no os cuento más. Un abrazo grande para cada uno y mi recuerdo agradecido por todo lo que cada cual me ha aportado con su vida.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

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CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 30 de agosto de 2018

¡Hola a todos!

Como siempre, espero que os encontréis bien. Imagino que, según la parte del mundo en la que os encontréis, algunos seguiréis de vacaciones, otros las estaréis comenzando o terminando y otros, como nosotros, os encontraréis “en plena faena”.

Mucho ha ocurrido desde mi última carta. Como os decía al final de la misma, a mediados de julio celebramos nuestro primer Capítulo Provincial. Fueron días bonitos de compartir entre todas las hermanas, revisar el camino recorrido en los dos últimos años y proyectar el próximo trienio, en función de lo que consideramos que Dios nos está pidiendo. Las hermanas me volvieron a encomendar el servicio de la Economía Provincial para el próximo trienio, así que ando viendo cómo organizarme para poder llevar todo adelante de la mejor manera.

Nada más volver, urgía abrir el plazo para inscripciones en La Escuelita, porque aquí las clases empiezan en la segunda quincena de agosto. La verdad es que nos hemos visto desbordadas por la cantidad de niños y adolescentes que han querido inscribirse. Una de las pocas escuelas que hay en el batey cerró el curso pasado por el lamentable estado en el que se encuentra. Se ve que el Ministerio de Educación no piensa gastar dinero en arreglarla. Hicieron un apaño enviando algunos cursos a otra de las escuelas (obviamente, reduciendo considerablemente la jornada escolar de todos los alumnos), pero hay otros cursos que se han quedado en la calle. Así que vienen a La Escuelita con la esperanza de poder seguir aprendiendo…

Además de empezar a inscribir, hubo que hacer algunas obras en la casita donde damos las clases, pintar, limpiar, ordenar, ¡y comprar más sillas para que puedan sentarse todos los inscritos!… Gracias a Dios conseguimos tenerlo todo a punto para comenzar las clases en la fecha prevista.

Los otros proyectos siguen adelante. Últimamente han llegado casos muy tristes. Varias mujeres y hombres de los que ayudo han sido atrapados en los dos últimos meses por los de Migración y llevados a Haití. Realmente pasan muchas miserias para conseguir volver aquí a reunirse con su familia…

Otro caso que me ha conmovido mucho es el de Magarette, una mujer que vivía con su marido y sus 5 hijos en Haití. Hace tres semanas, de pronto, el marido murió y quedó allá totalmente desamparada. Como su madre vive en el batey, envió a los dos hijos mayores (de 11 y 9 años) para acá solos, y ella se vino tres días más tarde con los pequeños. Sus pocas pertenencias se las trajeron varios días después porque ella no podía cargar nada aparte de los niños. Tardaron varios días en llegar porque es mucho lo que tuvieron que caminar. Ella totalmente destrozada por la pérdida inesperada de su esposo, sin un céntimo… Le inscribí a los niños en la Escuelita y la estamos ayudando con comida. También la próxima semana la llevaré a la embajada para que se haga su pasaporte. Está muy agradecida, pero el dolor lo sigue llevando por dentro: su rostro no engaña.

Por último, me llegó al alma lo que vino a contarme una mujer sobre una de sus hijas adolescentes. La teníamos el curso pasado en la Escuelita. Resulta que un vecino que vive enfrente de ellos la agarró, le tapó la boca con un trapo y la escondió en su casa. Nadie la encontraba, los padres estaban preocupados, fueron a la policía… y nada. Al día siguiente, una vecina vio algo raro y se imaginó dónde estaba la niña. Por fin pudieron rescatarla, pero… la había violado. La muchacha estaba deshecha, y los padres decidieron enviarla a la capital con una tía, por alejarla un poco del lugar. Ya os podéis imaginar el dolor de esa familia…

Por lo que toca al proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, siguen llegando todos los días casos de niños sin declarar y sigo llevando cada jueves gente a la embajada para hacer sus pasaportes… ¡esto no tiene fin!

Eso sí, ellos van y hacen sus pasaportes, pero luego les toca esperar meses y meses hasta que llegan (eso, los que tienen suerte, porque a algunos ni siquiera les llega). Cuando en julio me fui a Honduras, acababan de llegar los pasaportes que hicimos en el mes de octubre de 2017. A fecha de hoy no han vuelto a llegar más pasaportes.

Por otra parte, el proceso de entrega de los carnets renovados de regularización migratoria ha terminado esta semana, pero a más de 20.000 personas le han cancelado el proceso o han sido puestos en observación. Es una injusticia grande, porque es gente que realmente depositó todos los requisitos que se pidieron hace dos años y medio, y gastaron mucho dinero para poder hacerlo. Y ahora se ven todos sus esfuerzos frustrados. Además, la corrupción se metió de nuevo en el proceso y alguien de dentro se ha dedicado a “vender identidades” de gente que se inscribió en el Plan de Regularización. Me enteré que las estaban vendiendo a 8000 pesos dominicanos, unos 150 euros. Es lo que gana el personal de apoyo de la escuela pública y el doble de lo que gana una empleada doméstica, así que, aquí, es una suma considerable. Por supuesto, en cuanto supe la noticia fui a la embajada de Haití y lo denuncié. La amiga que tengo allí me dijo que ya eran conscientes de la situación y que lo iban a resolver pidiendo las huellas digitales a la gente. Quien haya cometido fraude tendrá que pagar las consecuencias. Lo malo es que los corruptos que se han dedicado a eso quedarán impunes, como suele pasar.

Cuando pregunté en la embajada de Haití qué iba a pasar con la gente a la que han cancelado, me dijeron que van a volver a revisar los expedientes y probablemente a aquellos que tienen pasaporte se lo acepten.

Allí mismo me pasaron el contacto de una organización que está presionando al Gobierno para que arregle estos asuntos. Ya les estoy haciendo una recogida de datos de los casos que hay en el batey, y también los convencí para montar un operativo aquí y que vengan a dar información de todos estos temas. Esperemos que todo salga bien y que ayude a muchos.

Bueno, pues ya os seguiré contando. ¡Un abrazote grande y hasta el próximo mes!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 31 de mayo de 2018

¡Hola a todos!

Espero que os encontréis bien. Aquí estoy de nuevo para contaros cosas. No sé vosotros, pero yo he tenido un mes muy intenso desde mi última carta, con actividades muy variadas y muchos viajes.

A la semana siguiente de escribiros viví una experiencia muy bonita. En realidad, es algo simple, pero a mí me hizo mucha ilusión. Es que tuvimos las confirmaciones de la parroquia y Regina, una de las jóvenes de la capilla de Bienvenido me pidió que fuera su madrina. La verdad es que desde que estoy aquí mucha gente me ha pedido que sea la madrina de bautizo de sus hijos y siempre he dicho que no, por el simple hecho de que es una responsabilidad grande y las misioneras hoy estamos aquí y mañana allá, por lo que no podría cumplir adecuadamente con esa obligación cuando esté en otro sitio. Sin embargo, cuando Regina vino a pedirme que fuera su madrina de Confirmación, le dije que sí. Me pareció algo distinto. Ella es una joven haitiana que vivió con su madre en Haití hasta hace unos años, cuando su padre fue a buscarla y se la trajo acá. Es muy buena chica, sencilla y responsable. Ese día tuvimos la celebración en la parroquia de Manoguayabo y luego le organizamos una pequeña fiestecilla para comer. Todo muy sencillo y familiar, y lo disfrutamos mucho. Ojalá pueda siempre cuidar de su fe, independientemente de la parte del mundo en la que me encuentre… Una semana después, el 29 de abril, tocaba Día de Familias en San Pedro de Macoris, en la institución donde tenemos a Sandro y Alfredo, los niños que quedaron huérfanos hace un par de años. Como siempre, organicé una guagua para ir a visitarlos. Les hizo mucha ilusión. Una vez más, constatamos lo importante que es para estos niños saber que hay gente fuera que se acuerda de ellos y para quienes siguen siendo importantes.

Esa misma semana viajé a San Francisco de Macoris, para dar un taller de formación sobre los sacramentos a los aspirantes de los Claretianos. Fue una experiencia bonita poder compartir con ellos, no sólo la formación específica, sino otras cuestiones de fe y nuestra propia historia vocacional. Dentro del taller, tuvimos una celebración sencilla pero profunda en la que renovamos nuestro Bautismo. La semana siguiente viajé a Miami. Primero tuve reunión de Consejo Provincial para preparar nuestro primer Capítulo Provincial, que tendremos en julio en Honduras, y luego me quedé unos días para que me pasaran auditoría a la Administración Provincial. Fueron días intensos. Y desde Miami viajé directamente a Puerto Rico. Los misioneros claretianos de allá nos pidieron a los encargados de la Pastoral Vocacional de Santo Domingo que ofreciéramos una convivencia vocacional a los jóvenes de sus tres parroquias. Al final no fue solo la convivencia, sino que aprovechamos para asistir a dos reuniones de jóvenes que había los días previos. Fue una gozada todo lo que allí compartimos, tanto con los jóvenes como con mis hermanos claretianos y con Nancy, seglar claretiana. La acogida que nos brindaron fue estupenda y yo me sentí como en casa.

 

Y hace dos días hemos tenido el último de los encuentros con jóvenes planificados para este curso. Ha sido en Jimaní, en otra parroquia de los Claretianos. El lema del encuentro era “Dios nos regala la vida”, y los jóvenes disfrutaron mucho con las dinámicas que llevábamos preparadas. He de deciros que Jimaní se encuentra en la frontera con Haití. De hecho, la comunidad de los claretianos está a cinco minutos de la frontera. Personalmente, tenía muchas ganas de ir. Muchos no lo sabréis, pero para mí Haití es como un imán que me atrae desde enero del 2010. Recuerdo a la perfección la noche del 10 de enero. Yo estaba en Carcaixent, viendo las noticias con mis hermanas de comunidad, cuando anunciaron el terremoto que asoló el país. A lo largo de mi vida había visto muchas imágenes de terremotos y desastres naturales, pero, por algún motivo, esa situación me impactó profundamente. Recuerdo que, a pesar de lo tarde que era, bajé al despacho de KORIMA y me puse como una loca a enviar correos lanzando una campaña de emergencia para ayudar a los damnificados por el terremoto. Luego canalizamos la ayuda de manera organizada con las Proclades y Promicla, de tal manera que pudimos tener un buen impacto en una parte del país. Pero la verdad es que, si me hubiera sido posible, en ese momento yo me hubiera ido directamente allá a quitar escombros y ofrecer ayuda de primera mano. No pudo ser, y me conformé con hacer lo que podía desde España. Pero, desde ese momento, Haití se instaló en mi corazón.

Cuando me destinaron a República Dominicana pensé “que bien, ya estoy más cerquita de Haití”. Y luego Dios me hizo el regalo de encontrarme con este batey en el que vivo, llenito de haitianos a los que ayudo mediante los diferentes proyectos sociales que tenemos en la comunidad. Para mí, el batey es “mi pequeño Haití”. Sin embargo, ayer estaba ahí, a cinco minutos de la frontera y, lógicamente, no pude resistir la tentación de cruzarla y pisar tierra haitiana. Mis dos hermanos claretianos que me acompañaban fueron buenos y me concedieron el capricho, así que entramos en la zona que llaman Mal Paso, una tierra de nadie entre los dos países, continuamos caminando hasta donde está la bandera haitiana, nos hicimos una foto y nos volvimos. Fue cosa de media hora lo que tardamos, pero me hizo ilusión. Ojalá algún día pueda conocer de verdad algo más de ese país que sigue siendo el más pobre del mundo.

Y entre medias de tanto viaje, he seguido atendiendo gente en el local, continuando la declaración de los niños, llevando gente a la Embajada de Haití a hacerse pasaportes… lo cotidiano.

También la Escuelita sigue con sus actividades. Este lunes tuvimos la celebración del día de las madres. Aquí en Santo Domingo se celebra el último domingo de mayo, por lo que nosotros preparamos algo especial para ellas: una manualidad de regalito, unas poesías, canciones… y luego se les dio refresco y unas galletitas. Los niños estaban nerviositos por las actuaciones que tenían preparadas, pero disfrutaron de lo lindo pudiendo homenajear a sus madres. Ya queda poco para que termine el curso. De hecho, el lunes 11 de junio empiezan sus exámenes, el 15 nos los llevamos de excursión de fin de curso a la playa, y la semana siguiente convocamos a los padres para entregarles las notas. Ciertamente, este curso ha pasado volando.

Bueno, pues esto es todo lo que hoy os cuento. Eso sí, no quiero terminar esta carta sin recordaros que hoy las Misioneras Claretianas celebramos el día de la Vocación Claretiana. Felicito a todas mis hermanas y a todos aquellos de vosotros que compartís nuestro carisma. Pedid a Dios por nuestra Congregación, para que seamos buenas misioneras, estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos. Y pedid también por aquellas chicas a las que Dios pueda haberles regalado el don de esta vocación claretiana, para que lo descubran, lo acepten, lo asuman y formen pronto parte de esta familia.

Ya sí, me despido. Un abrazo grande y feliz mes de junio.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

EXPERIENCIA SOLIDARIA EN NÍJAR – MATER IMMACULATA MADRID

¿Alguna vez has abierto los ojos y te has dado cuenta de lo que te rodea?  No me refiero a los árboles, a las casas, a los coches… estoy hablando de ese momento en el que te das cuenta de que el sueño que habías tenido cuando eras pequeño se quedo en eso, un sueño. Te has fijado en que ya no eres tú el dueño de tu vida sino la rutina. Te levantas, vas al trabajo, comes, trabajas otra vez, estás con el móvil o la televisión y te vas a la cama. Eso sin contar con el tiempo que dedicas a tus propias preocupaciones que vuelven a cobrar vida día tras día. Que triste es pensar que nuestro tiempo, el bien mas preciado que tenemos, es desperdiciado continuamente. Has notado que tu vida gira entorno al yo, a ese ladrón de segundos, minutos, horas…. ¿Qué sería de tu vida si la compartieras con alguien más? Si en lugar de levantarte pensando en ti mismo, rompieras las reglas y te dedicaras un poquito más a los demás.

El viaje a San Isidro de Níjar es una buena forma de salir de la rutina, de coger las riendas de tu propia vida y encauzarla en un camino mejor. Al principio nos apuntamos a esta experiencia para pasar tiempo con nuestros amigos, sin saber que cambiaría nuestra forma de pensar y ver la vida. Los días que hemos pasado aquí se han  convertido en un regalo, el que das, y en uno mayor y más gratificante, el que recibes, en forma de sonrisas y amistades

Entre ayudar en el banco de alimentos, colaborar en el taller ocupacional y la impactante visita a los asentamientos, podría parecer que no hubo tiempo para reflexionar sobre aquello que teníamos delante. Sin embargo, tuvimos la oportunidad de conectar con Kwesi, Mussa y Mammadu, personas completamente distintas a nosotros llenas de historias. Nos impactó que siendo tan pequeños tuvieran que afrontar obstáculos tan grandes como atravesar un continente, vivir solos en un país donde no conocen el idioma y que conflictos armados ajenos a ellos, les hayan robado la infancia para siempre. A pesar de esto, son capaces de combatir estas adversidades con una gran dosis de positividad, amor y fe. Volvemos de esta experiencia como personas diferentes y con estos héroes en nuestros corazones.

Durante estos días nos hemos dado cuenta de la importancia de dar y de compartir nuestro tiempo con aquellos que no reciben ni la mitad del cariño que nosotros. Como muchas veces dicen nuestros padres, somos unos afortunados, pero a veces nos hace falta ver la situación de otros para darnos cuenta de ello. Nosotros no podemos mejorar su situación, pero sí podemos sacarles una sonrisa e intentar ayudarles en lo que podamos. Nunca hemos tenido que cruzar un océano para conseguir nuestros sueños y lo único que nos diferencia de aquellos que sí lo han tenido que hacer es el lugar de nacimiento.

(Elaborado por los alumnos de 1º de Bachillerato que vivieron la experiencia durante el mes de marzo del presente curso)

LA SOBREPRODUCCIÓN DE ALIMENTOS, UN GRAVE RIESGO PARA LA HUMANIDAD…

Nuestro presidente, Jairo Carrasco, ha publicado este artículo en la web Acompasando.

“En el mes de enero tuvimos la oportunidad de reflexionar, al hilo del artículo de Laura Rodríguez, sobre como en España a lo largo de un año, terminan 1.245,9 millones de kilos de alimentos en la basura.

Hoy me gustaría hablar acerca de la sobreproducción de alimentos en el mundo desarrollado, que supone un grave riesgo para el planeta y la humanidad.”

Leer el artículo.

Web Acompasando.

EXPERIENCIA SOLIDARIA NÍJAR 2018. TESTIMONIOS

Es curioso que si me hubieran preguntado al empezar el curso si me gustaría participar en un voluntariado, hubiera dicho que sí. Siempre me ha gustado la idea de ir a África, Pakistán o la India como voluntaria para echar una mano. Aun así, puedo decir que después de la experiencia que tuvimos en Níjar hace unas semanas, mi idea de ayudar como voluntaria no ha cambiado, pero sí mis expectativas.

Ha sido alucinante como en unos días nos han demostrado que no hace falta cambiar de cultura, país o continente para ayudar. Sé que los 5 días que estuvimos allí no habrán cambiado el pueblo, ni a las personas, ni todo el trabajo que hay que hacer. Está claro que en 5 días no se puede solucionar el mundo, pero sí cambiar nuestra forma de verlo. Ha sido increíble conocer con todos los sentidos las realidades que vemos diariamente por la televisión y que no tenemos en cuenta. Que toda la pobreza y falta de humanidad existe, y a un par de horas de nosotros. Ha valido muchísimo la pena que explotaran esa burbuja donde vivimos y nos llevarán a Almería.

La rutina de ese pueblo que pocos conocen me ha hecho aprender. Creo que es una experiencia muy necesaria, estoy súper agradecida de haber tenido la suerte de poder disfrutarla. Ojalá de aquí 3 años mi hermano llegue a bachiller y diga “después de ver lo que hay en Níjar no voy a volver a tirar ni las judías de la paella” y además de mi hermano, que muchos más tengan la oportunidad de crecer tanto como personas en unos pocos días. Ojalá muchos puedan ayudar, ver los asentamientos, participar en talleres, disfrutar de la convivencia entre amigos… Pero sobre todo ojalá muchos más puedan escuchar historias, cada una diferente, con unas complicaciones, unas fechas y una mueca de tristeza en cada cara.

Sin lugar a dudas, lo que más me ha marcado ha sido la gente, sus experiencias y su forma de ver la vida. Me ha marcado que la gente nos diera lo que tenía para darnos las gracias, sabiendo que no les sobraba. Me ha marcado el valor que le dan a las cosas, a todo lo que forma parte de nuestra vida cotidiana. Después de ver a gente discutir por comida, o que duermen en el suelo un día de lluvia después de trabajar horas, me he replanteado la suerte que tengo. Fui a Níjar con la intención de ayudar, pero he vuelto con la conclusión de que me han ayudado ellos a mí. Y con esto me refiero a querer, a valorar, a disfrutar y a no juzgar.

En 5 días he visto gente más feliz sin tener nada, que en mi ciudad gente que tiene de todo. He visto amabilidad, gentileza, ganas de vivir, ganas de estudiar, hambre, dolor, preocupación y miseria. Sin lugar a dudas, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, y ya envidio a los del año que viene que van a poder ir. (María Ramírez)


Después de esta gran experiencia me he dado cuenta de todos los privilegios que tenemos y de lo poco que los apreciamos, ya sea a nivel de comida o a nivel de cosas materiales. Durante estos días he podido apreciar con lo poco que son felices estas personas y lo mucho que lo agradecen todo, hasta por el mínimo gesto que hacías por ellos te lo agradecían. Una de las cosas que más me impactó es que cuando vas a las casas a visitar quizás te ofrecen lo único que tienen y te lo dan a ti tan solo por haber ido a visitarlos o a llevarles cualquier cosa. La verdad es que ha sido una experiencia muy dura ver como vivían. Otra cosa que me impactó muchísimo fue cuando nos contaban sus experiencias en la patera, como los engañan cobrándoles hasta 3.000 euros por un viaje que les aseguran llegar en 2 días pero quizás llegan en siete y desgraciadamente hay algunos que ni llegan y además si alguno cae de la patera no lo recogen o si alguno se pone enfermo lo tiran al mar. Y una vez llegan aquí no tienen nada ni casa, ni familia, ni dinero, ni trabajo, tienen que empezar una vida de nuevo.
Allí cada día te impactaba una cosa nueva. Ya era por las experiencias que nos contaban o porque íbamos a los asentamientos y veíamos como vivían, sin calefacción, el suelo de tierra, techos de plástico y a veces incluso las paredes también, volvían de trabajar y no tenían ni agua caliente para ducharse y tal vez tampoco nada para cenar porque con unos míseros 4€ la hora, los que tenían suerte de trabajar, no dan para mucho si tienes una familia que mantener, aunque las mercedarias les ayudaban mucho con comida y ropa, pero nunca había suficiente para todos. Los que no tenían tanta suerte se quedaban en las rotondas a las 8 de la mañana esperando a alguien que ese día ya no pasaría a por ellos y además no cobrarían. Además de trabajar, algunos venían con sueños de estudiar pero sabiendo lo que cuesta una universidad y además estando sin papeles poco podían hacer. Y además de los jóvenes que querían estudiar, estaban los niños y niñas que vivían en asentamientos que tampoco tenían el privilegio de ir al colegio.


Además de como viven es también el peligro al que se exponen yendo a comprar o volviendo de trabajar con bicicleta cuando está oscureciendo debido a que las carreteras no tienen un arcén para que vayan las bicis. Fue muy impactante ver de camino a Mercadona la cantidad de flores que hay a los bordes de la carretera por todos los muertos con bicicletas. Y que además te digan: ” me voy a comprar a mercadona, a ver si tengo suerte y vuelvo vivo”, te deja muy muy helada.
Cuando llega la hora de irte te sientes como si te los dejaras allí abandonados y tú vuelves a tener de todo, pero aunque con esos pocos días no hayamos podido arreglar todos los problemas que hay allí (que son muchos), hemos aportado nuestro granito de arena y hemos hecho todo lo que hemos podido.
Además de todo el sufrimiento que hemos visto me llevo muchas cosas buenas en mi interior y muchos buenos ratos de risas con los inmigrantes y entre nosotros que siempre recordaré, pero sobre todo me llevo una nueva manera de ver la realidad y de apreciar todas las cosas que tengo dándome cuenta de que son muy valiosas.
Muchas gracias por vivir esta experiencia tan especial con todas nosotras. Siempre la recordaré y ya estoy esperando repetirla. (Marta Dolz)


Realmente, es muy fácil citar la experiencia vivida en Níjar pero a la vez es verdaderamente  difícil expresar los sentimientos y las causas de estos surgidos a raíz de una semana allí.
Me hago tantas preguntas al recordar a todos aquellos que nos han permitido aprender de ellos… por ejemplo:
¿De dónde han sacado tanta valentía a lo largo de su vida?
¿Por qué dan todo si no tienen nada?
Es tan ironico esto, gente que se juega la vida para llegar a “un mundo mejor” para mantener a sus familias que estan a miles de kilómetros de ellos, personas que a tan solo 4 horas de nosotros recorren kilómetros para conseguir algo de agua, niños que viven entre casas de plástico las cuales muchas veces ni siquiera tienen techo. ¿Cómo es posible que vivan en la miseria y sean tan felices? Son tan diferentes nuestras vidas…
Por suerte, la miseria de la que hablo tan solo es material, porque me considero afortunadísima de haber conocido a gente con un corazón tan enorme como el de todos ellos, me alegra haber vivido, disfrutado, compartido y formado un gran vínculo y una gran unión con todos ellos.


Por último, una de las cosas que me han sorprendido mucho, es el concepto “felicidad” de ellos, fueron felices solo por compartir un partido de fútbol con un grupo de niños, tener una invitación a la hora de comer o de cenar, y por una mínima ayuda en diferentes talleres en los que ellos trabajaban. Ahí demostraron que el dicho de “menos es más” es completamente cierto y dentro de nuestro mundo por suerte hay gente que nos lo ha enseñado.
Realmente estoy agradecida, tanto que quizás mis palabras no son suficientes.
Como empezaba diciendo, es muy difícil expresar qué nos han hecho sentir, y sobre todo cuánto nos han enseñado, pero estoy completamente segura de que lo que nos han hecho vivir ellos, la manera en la que nos agradecían cualquier gesto insignificante y las sonrisas y miradas dirigidas hacia nosotros jamás las voy a olvidar. (Amparo Beneyto)


Antes de ir a San Isidro de Nijar, ya sabía a lo que iba, vas con la conciencia de  que vas a un lugar pobre, donde la gente vive muy mal, donde hay mucho emigrante bla bla bla.. te piensas que eres el/la mejor porque vas a ayudarles, pero no, te ayudan ellos a ti, eres tú el que vuelves cambiado.
A pesar de ser solo 5 días, han sido unos 5 días convertidos en 10, unos 5 días muy intensos, unos días que me han hecho ver la vida de otra forma distinta.
Porque yo no fui allí a ayudar, sino a que ellos me ayudaran y me dieran una lección de vida. Nos pensamos que somos mejores que ellos, simplemente, porque tengamos dinero, un techo donde dormir y comida. Pero no, lo que conoces allí son personas enormes, que no tienen nada y te lo dan todo. Personas que a pesar de todas sus penas, te ofrecen su mejor sonrisa. Personas con unas ganas de luchar y seguir adelante admirables, son gente como nosotros o mejor que nosotros, aunque físicamente tengan menos, interiormente tienen mas.
De esta experiencia me llevo una gran lección, me ha abierto los ojos, si ellos pueden salir adelante, ¿por qué nosotros no? Si ellos cada día se levantan con una sonrisa a pesar de no tener para comer, ¿por qué nosotros no? Hay que aprender de su filosofía de vida. A pesar de todo lo que llevemos atrás, solo hay que mirar adelante. Porque si ellos en sus pésimas condiciones de vida tienen ganas de seguir viviendo y luchando por una vida mejor, nosotros también.


Otro dato que me impactó y me marcó fue el hecho de que la gente no les trate como personas, que el alcalde del pueblo haga lo posible para tirarles de allí. Pero, ahora pregunto yo, ¿y ellos son personas? Para mi parecer no, ¿qué clase de gente hace eso? Solo piensan en ellos. Pero lo más duro es ver que a 100 metros de donde se dan estas situaciones hay casas de lujo y turismo, y que se vive como en un mundo paralelo.
Había que ver que simplemente con jugar con ellos a fútbol o al spiribol la cara de felicidad que tenían, se sentían personas como nosotros, se sentían uno mas.
Es muy penoso ver cómo la gente se aprovecha de ellos, ver cómo les tratan como animales. Les quitan los bancos para sentarse en los parques, en algunos asentamientos les quitan el agua y, además, los empresarios los usan para trabajar cobrando una miseria. Vergüenza me daría a mi vivir a costa de ellos. Pero claro, luego los que no son personas son los emigrantes.
A esto hay que añadir la gran labor que hacen la monjas de la congregación de las Mercedarias , viven para servir. Dan su vida para que ellos puedan vivir, como mínimo, como un ser vivo. Son unas monjas maravillosas y luchadoras, sin las cuales, muchos de ellos ya no estarían aquí.
La persona que más me ha marcado fue un morenito llamado Kwasi, nacido en Ghana. Era una persona muy alegre, que tenía una risa muy contagiosa. Era amable y sereno, era genial, veías la alegría en él. Se pasó la mayoría de días con nosotros.


Un día nos contó su trágica historia, lo que ocultaba detrás de él, de esa gran sonrisa. Y ya no era tan alegre todo, la cosa cambiaba. Pero, a pesar de ello, nunca le vi dejar de sonreír ni de luchar por conseguir sus derechos.  Aprendí muchas cosas de él, cosas que voy a llevar a la práctica y no voy a olvidar.
Por otra parte, en la convivencia hemos aprendido a cuidar de nosotros, a que no nos lo hagan todo. También hemos conocido a personas de nuestro grupo cómo son de verdad.
Si tuviera que describir esta experiencia en una sola frase, diría: aprendiendo a mirar la realidad con otros ojos. Porque he aprendido a dejar a parte lo material, a darme cuenta que con poco se puede vivir y ser feliz, que si ellos pueden, yo también. He aprendido a que a pesar de los problemas que podamos tener, siempre hay que sacar lo mejor de nosotros y no dejar de luchar, a sacar nuestra mejor sonrisa y seguir adelante. A ser generosa y dar lo mejor de mí.
Este tipo de experiencias son únicas, en definitiva, he aprendido mucho. Es difícil expresar en palabras todo lo vivido y lo sentido.  (Aida Bertomeu)

 

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 12 de marzo de 2018

¡Hola a todos!

Después de todo este tiempo que he estado sin escribiros, confío que os encontréis bien. Yo ya estoy recuperada de las quemaduras. Estuve un tiempito fuera de aquí y a la vuelta me encontré con mucho trabajo, además de que estamos construyendo la segunda planta de nuestra casa y eso supone un plus de cosas de las que estar pendiente, por eso he tardado más en escribiros.

La vida en el batey sigue su curso normal. Las clases de alfabetización van viento en popa. En el último mes y medio se han inscrito muchos más niños, y ya hemos comenzado dos nuevas asignaturas con todos los niveles: inglés y educación física. Tanto las maestras como los alumnos están aprendiendo inglés y todos están encantados. En el mes de febrero tuvimos dos acontecimientos para celebrar. Por una parte, el 14 de febrero, el día del amor y la amistad. Se hicieron unas manualidades con corazones, acompañadas de la correspondiente reflexión sobre la importancia de amar a todos de verdad y sobre el valor de la amistad. Por otra parte, como ya os he comentado en años anteriores, aquí febrero es el mes de la Patria. De ahí que decoráramos la escuelita con la bandera y los colores propios del país, y se instruyó, como en todas las escuelas, sobre la historia de la Independencia y sobre los héroes de la Patria, que aquí son tan importantes. Ahora, antes de Semana Santa, tendrán sus exámenes de segunda evaluación antes de las vacaciones. Os seguiré contando.

En cuanto al proyecto de Sin Papeles No Soy Nadie, también va a tope. Seguimos declarando niños indocumentados, y ayudando a los adultos a conseguir todos sus documentos. La gente hace largas filas en la calle donde tengo el local los días que atiendo. Algunos vienen desde muy lejos, por lo que soy incapaz de irme sin atenderlos a todos, aunque sea ya con linterna en mano…

En la Embajada de Haití ya me han entregado los pasaportes que hicimos hasta el mes de junio de 2017. Lo digo como si fuera un logro, pero en realidad siento que es una injusticia enorme, puesto que están tardando ocho meses en entregar a la gente su pasaporte, cuando en España te lo entregan en el mismo día que te lo haces. Incluso a mí, cuando lo renové hace un par de años en la Embajada de España en Santo Domingo, me lo dieron en tres semanas, y pagando una tercera parte de lo que cobran por los pasaportes haitianos. ¡Muy injusto!

Además, no hace mucho descubrí algo que también dificulta el hecho de que esta gentecilla pueda estar “en condiciones legales”, y es que no sólo tienen que conseguir su pasaporte, sino que una vez que lo tienen, deben buscar el dinero para viajar hasta Haití, solicitar su visa dominicana, que viene costando más de 200 dólares, buscar dónde quedarse el tiempo que tarden en darle la visa, y luego pagar la estadía dominicana, que está en torno a los 50 dólares. Para gente que vive en situaciones de extrema pobreza, como es la que se relaciona conmigo, estas cantidades son desorbitantes. Esperemos que en algún momento las leyes sean más justas y realmente favorezcan a los pobres.

A los ancianos y enfermos seguimos visitándolos y ayudándolos en la medida de nuestras posibilidades, llevándoles comida y las medicinas que necesitan. En ese sentido, me sentí realmente acogida por todos ellos cuando volví después de mi recuperación. Al ir a sus casas a visitarles, muchas de las viejitas dieron gritos de alegría porque se habían quedado verdaderamente preocupadas al saber lo que me había pasado. Humanamente, es algo muy reconfortante saber que la gente se preocupa por una y que estuvieron todo el tiempo orando con fervorosa fe para que me sanara.

Por otra parte, ya fuera de los proyectos, últimamente he asistido a varios encuentros de jóvenes. Aquí la fe se vive de una manera peculiar, bastante diferente a lo normal en España, puesto que hay mucha influencia de las iglesias evangélicas y carismáticas. Sin embargo, independientemente de que pueda compartir o no ciertas formas, me maravilla ver la confianza de la gente en Dios, en su Providencia, de saberse en sus manos. A veces quizá pudiera confundirse con una simple resignación, pero yo creo que es mucho más, que realmente creen.

Verdaderamente me encanta vivir aquí y disfrutar con pequeños detalles de la vida cotidiana. Disfruto en las celebraciones en la Iglesia, viendo cómo poco a poco se forma comunidad. Disfruto cuando camino y veo a los niños jugando con la goma de una bicicleta, haciéndola rodar calle arriba y calle abajo. Disfruto viendo cómo los niños de nuestra escuelita se esfuerzan en aprender. Disfruto con la sonrisa agradecida de tanta gente a la que ayudamos. Disfruto cuando en la mañana de los miércoles y los jueves voy hacia el parque, cuando aún no ha salido el sol, a reunirme con las madres que van ese día a declarar a sus hijos o con la gente a la que llevo a la embajada a hacerse pasaportes. En el camino siempre me encuentro a unas mujeres que salen con sus pequeños de una iglesia evangélica donde pasan la noche. Son mujeres que no tienen un techo donde vivir y que les dejan dormir allí. Y luego, en el parque, me encanta ver el movimiento de gente que comienza el día… los motoristas llevando a los pasajeros a sus trabajos… las mujeres que venden café para todos los que pasan… las que cargan su “punchera” y se patean el batey para vender algo…

los hombres cargados con sus instrumentos de trabajo… los niños con su uniforme camino de la escuela… O dentro de la guagua, cuando la llevo cargada de gente que va a hacerse su pasaporte, sus cuerpos apretujados unos contra otros y sus miradas cargadas de esperanza por conseguir sus documentos…

Todo pobre, sencillo, tan cotidiano… que resulta encantador.

Igual pensáis que me he vuelto loca por disfrutar de estas cosas tan normales, pero cada vez estoy más convencida de que la vida es eso, lo cotidiano, lo de cada día. Y en todo podemos encontrar a Dios, y con todo lo que hacemos podemos transmitirlo. No se trata de hacer grandes cosas, sino de hacer lo que hacemos con amor, con ganas de dar lo mejor de nosotros mismos, superando nuestros problemas y procurando siempre hacer felices a aquellos con los que nos encontramos.

Normalmente estamos tan ocupados con lo que hacemos, que podemos olvidarnos de lo más importante. Hace un par de meses murió un amigo muy querido. Él era un hombre sencillo y bueno, que se preocupaba por lo realmente importante y cuya principal preocupación era crear familia y hacer de sus hijos gente buena, como él lo era. Su muerte fue repentina e inesperada, aún a veces se me hace difícil creer que ya no está. Eso y mi accidente me han hecho pensar mucho. Ninguno sabemos cuándo llegará nuestra hora, porque la muerte no tiene edad. De ahí que sea tan importante vivir la vida con sentido, valorando lo que tenemos, cuidando a los que queremos, dejando la mejor huella que podamos en este mundo. Como lo hizo Jesús. Y como lo ha hecho tanta gente que no sale en las noticias, cuyas vidas pueden pasar desapercibidas para gran parte de la humanidad, pero no para aquellos a los que ofrecieron lo mejor de sí mismos. En el fondo, eso es ser misionero.

En nuestra Congregación hoy celebramos la fiesta de una hermana que vivió así, Teresita Albarracín, una joven claretiana que murió con solo 19 años, cuyo lema era “Sonreír siempre”, pasara lo que pasara, y vivir desde la sencillez, centrada en el Dios de la Vida. Ojalá ella y todos los que nos han precedido, intercedan por cada uno de nosotros para que vivamos cada día de manera más sencilla, más humilde, más solidaria, más fraterna, más desde Dios…

Un abrazo grande para cada uno y mi oración.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana