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EXPERIENCIA SOLIDARIA NÍJAR 2019 – TESTIMONIOS

Los alumnos de 1º de Bachillerato del colegio María Inmaculada de Carcaixent nos dejan sus testimonios de la experiencia vivida en Níjar.

Nijar… Creo que una buena definición para esta experiencia seria “inexplicable”. Necesitas vivirla porque sobre todo es una experiencia a nivel personal, y un muy buen momento para convivir tanto con compañeros como profesores.

Desde que subí a la furgoneta note que este “viaje” iba a ser distinto, pero supongo que eso dependerá de los compañeros y profesores que te acompañen. En mi caso ha sido una oportunidad para conocernos mejor, aprender que los profesores pueden llegar a ser uno más en nuestras conversaciones haciendo la cena, en el coche o minutos antes de dormir y aprender a convivir con gente diferente a ti pero con un mismo objetivo: hacer que la experiencia sea lo más enriquecedora posible y que todos estemos a gusto.

Al llegar a Níjar conoces a las hermanas mercedarias que, a pesar de la avanzada edad de algunas, transmiten más vitalidad que cualquiera de nosotros y empiezas a hacerte la idea de que van a ser unos días intensos pero con un sentido pleno y, lo más importante, con recompensa moral.

Una vez pasado el primer día, sobre todo cuando estaba intentando dormir, echaba la vista atrás y pensaba en todo lo que había hecho en el día. No había día en el que no me hubiera sentido útil y a la vez egoísta: útil porque te das cuenta que estés haciendo bolsas de comida, de ropa, dando clases de español o simplemente hablando con uno de los inmigrantes has aportado tu granito de arena, les has ayudado a sacar una sonrisa, pero el pensamiento que más abundaba en mi cabeza era que egoísta soy. Cuando te ves rodeado de tanta miseria y de tantos problemas cuya solución está todavía muy muy lejos, recuerdas las tonterías de las que te quejas o haces mala cara a la gente de tu alrededor. Por ejemplo, cuando estaba haciendo bolsas de comida pensaba en cuando no me gusta algo de comer o no me apetece y no acabo el plato o lo tiro. La realidad de estas personas es que van a tener que comer alubias, arroz o pasta aunque no les guste, porque no hay más, es lo único que pueden comer gracias a las hermanas.

Aprendes a valorar cosas que no se valoran normalmente, por ejemplo poder asistir a la escuela, tener ropa con la que vestirte o tener una casa en condiciones. Pero todas estas cosas son materiales, lo que de verdad importa es llegar a enseñarte a valorar cosas que van más allá: por ejemplo tener a la familia y a los amigos cerca para poder contarles tus días buenos y los no tan buenos, poder tener una seguridad de que la familia que está contigo va a estar bien y no durmiendo en medio de la nada bajo cuatro plásticos. A pesar de todos estos problemas todos te recibirán con una gran sonrisa y aprenderás más de ellos que ellos de ti.

Carla


Nada más llegar, la pobreza y las malas condiciones de vida se hacen obvias. Es suficiente con mirar a través de la ventana del coche en las inmediaciones de San Isidro, donde se encuentran los asentamientos, para crear una primera impresión de la pobreza y la necesidad con la que viven la inmensa mayoría de los inmigrantes allí. Es en ese momento cuando te das cuenta de que ninguno de los que vais allí vais a salvar el mundo, y mucho menos en cuatro días, pero que, en realidad, toda ayuda es poca y sobre todo necesaria.

A lo largo del viaje hubo detalles que fueron cambiando mi mentalidad poco a poco y es que los inmigrantes que habitan aquí se ven a ellos mismos de una forma totalmente diferente de la imagen de ellos que nosotros tenemos en mente. Y es por esto que en vez de un pueblo gris y afligido por una gran contrariedad como la pobreza y la falta de recursos, nos encontramos con un pueblo trabajador, hospitalario, con una mentalidad de grupo inquebrantable, con una sonrisa que no se desvanece ni al contar todas las tragedias que han pasado y con unas ganas enormes de aprender y crecer anteponiendo siempre las necesidades y el bienestar de los demás a las suyas.

El primer día, en el taller de español conocí a Moussa y lo invité a que viniera a cenar junto con su amigo Keita. Una vez en la mesa, vi un poco intranquilo a Moussa y le pregunté por qué no comía nada, entonces, en voz baja, me respondió que él no había hecho nada para ganar esa comida y que por tanto no la merecía. Los dos últimos días, estuvo con nosotros Qüesi el cual fue seguramente el que más nos marcó a todos ya que además de su apasionante historia de cómo había dejado a su madre y sus hermanos con tan solo 10 años para poder ganar más dinero y enviárselo para que tuvieran una mejor vida, nos contó la historia de cómo había perdido la movilidad en uno de sus brazos pero nos dimos cuenta de que ni esto ni la pobreza en la que vivía le impedía ser feliz y sobre todo más agradecido que todos nosotros juntos. Es por esto que el último día que nos acompañó nos regaló una bolsa con comida equivalente a su sueldo de un día y nos agradeció muchísimo uno por uno las dos comidas que había hecho en nuestra casa pero sobre todo el tiempo que habíamos pasado con él. ¡Qué belleza de persona! Además de esto el ambiente de grupo, el buen rollo y la buena convivencia por parte de todos los compañeros y profesores fue una de las cosas que marcó la diferencia para que esta experiencia pasara de ser una buena experiencia a una experiencia espectacular e inolvidable en cualquier aspecto.

Una vez pasada esta experiencia ya habiendo reflexionado en casa, llegué a la conclusión de que como dijo Juanjo y nunca voy a olvidar: NO hicimos una obra caritativa, hicimos una obra de ayuda entre iguales. Y después de todo lo que he vivido en este poco tiempo lo he entendido, obviamente nosotros ayudamos proporcionándoles algunos recursos básicos y nuestro tiempo pero ellos nos ayudan con algo mucho más valioso, transmitiéndonos sus historias de superación y de forma real y espontánea esos valores tan necesarios en nuestra sociedad y que ellos tienen tatuados a fuego en su código de conducta en su día a día.

Iago


A lo largo de nuestra vida, vivimos diferentes experiencias. Níjar ha sido una de estas. Recuerdo lo ilusionada que estaba por ir así como también recuerdo lo abismada que estuve los días posteriores a la experiencia, la cual calificaría como una de las más enriquecedoras de mi vida.

En primer lugar, quiero resaltar lo que ha significado para mí estar con personas que lo han dado todo y lo siguen dando para poder vivir de una manera digna. Han dejado atrás sus familias, sus casas, sus idiomas y sus culturas, entre muchísimos otros objetos y valores, para llegar a España. Me asombra el coraje de estas personas por el hecho de poner su vida en juego. Sin embargo, muchos de ellos viven en condiciones infrahumanas y son explotados en sus trabajos.

De igual modo, esta experiencia me ha evocado una serie reflexiones que hacen que me plantee qué es lo que yo he hecho para merecer la vida que vivo. ¿Por qué yo puedo vivir en una casa y comer todos los días y ellos no? Encontrar respuestas a estas preguntas me parece una labor muy complicada. De hecho, no creo que haya una justificación que explique tal desigualdad. Nadie se merece dormir en la calle o no comer durante varios días.

Por otro lado, quiero comentar que uno de los problemas que más me ha preocupado ha sido el hecho de que los inmigrantes no sean tratados como personas en muchas ocasiones. Cuando hemos estado con ellos en la escuela o en la casa, nos hemos dado cuenta de que, además de tener necesidades básicas como alimentarse o vestirse, necesitan ser aceptados y tratados como personas, ni más ni menos. Estoy segura de que hacer que un inmigrante se sienta integrado, aunque sea durante un corto periodo de tiempo, es algo que está en nuestras manos. Nosotros debemos ser capaces de escucharlos y de hablarles con total naturalidad y de la misma manera que conversaríamos con un compañero de clase o con un amigo.

Sin duda alguna, Níjar ha sido una experiencia de la que he aprendido muchísimo. Además, me ha incitado a una serie de reflexiones y me ha despertado unos sentimientos que no los he pasado por alto, sino que he profundizado en ellos. Sé que yo no voy a poder cambiar la triste realidad de tanta gente pero sé que debo y, sobre todo, quiero aportar todo aquello que esté en mis manos para contribuir a la lucha por un mundo justo e igualitario.

Inma


Cuando nos plantearon la idea de ir a Níjar dije “¿Por qué no?” Así que sin dudarlo me apunté, total así vivía algo distinto y pasaba más tiempo con mis amigos.

Ahora que ya ha acabado puedo asegurar que no es para nada como me lo esperaba. Una cosa de las que he estado pensando mucho es en la ignorancia, y es que hasta que no chocas con una realidad así no te das cuenta de lo que realmente está pasando.

Durante estos cinco días hemos conocido a gente con historias realmente duras, de esas que salen en la tele y dices “pobrecitos”, pero a día de hoy puedo decir que cambia mucho de verlo en una pantalla a que te lo cuenten en persona y, sin embargo, siempre estaban todos sonriendo y dando gracias por lo que tenían. Se les veía felices y para eso no tenían la necesidad de tener miles de cosas.

Sinceramente, más que ayudarlos siento que han sido ellos los que me han aportado a mí una mirada mucho más amplia del mundo, cosa que me ha marcado mucho.

Además, gracias a la convivencia del grupo, hemos cogido mucha más confianza entre todos nosotros, nos hemos reído, hemos llorado y hemos compartido momentos que nunca olvidaremos y eso, sin duda, ha sido de lo mejor de la experiencia.

Así que sí, sin dudarlo repetiría este viaje una y otra vez y creo que todo el mundo debería de hacerlo por lo menos una vez en su vida.

Por último quiero dar las gracias a todas y cada una de las personas que han formado parte de esto, ojalá repetir todos juntos.

Nuria


Siempre me ha gustado ayudar a los demás en todo lo que podía y más. De hecho, desde tercero de la ESO llevo idealizando esta experiencia y es que Níjar ha superado con creces mis expectativas, y además es un pueblo donde se mezclan todas las formas de ser de una persona. Por un lado, se encuentra la vanidad y el egoísmo de las personas, por otro la supervivencia y la guerra constante por hacerse un hueco en la sociedad. Por último, la bondad y la caridad de aquellas personas que socorren a las personas pertenecientes al segundo grupo.

Ya hace un mes que volvimos de Níjar y sigo pensando en qué puede llevar a una persona a tomar decisiones tan locas como para arriesgarse a perder la vida. Tampoco entiendo cuán vacío puede estar un corazón para ignorar a un ser humano con necesidades tan básicas como comer. Cuando llegamos a San Isidro de Níjar era de noche y por tanto no pudimos observar con todo detalle la realidad que allí existe día a día. Pasaron los días y tuvimos la oportunidad y el privilegio de escuchar historias tan impactantes como la de aquellas personas que por aquella casa pasaron durante los días que nosotros allí estábamos.

Tengo que decir que las cosas que vi allí me han ayudado a abrir los ojos. He aprendido a saber qué está bien y que está mal. Muchas veces regresábamos a la casa con dolor de cabeza, de espalda e incluso de pies, pero, en cuanto alguien necesitaba de nuestra ayuda, automáticamente dejábamos de lado el cansancio y ayudábamos en cuanto podíamos al compañero, así que en ese aspecto también hemos mejorado mucho a nivel de confianza grupal.

Realmente, ha sido una experiencia muy enriquecedora y por tanto totalmente recomendable a todos aquellos que tengan el afán de ayudar a los demás. Cuando llegamos a aquel pueblo, llegamos todos con la predisposición de ayudar a aquellos que lo necesitan, pero lo que menos esperas es volver con la cabeza llena de ideas buenas para ayudar a los demás y con el corazón casi más lleno de amor que cuando ingresamos en Níjar. Aquellas personas a las que ayudamos nos demostraban el amor y, pese a no compartir ni siquiera el mismo idioma, eran capaces de traspasar esa barrera y demostrar su amor y gratitud que tenían para con nosotros. Y, sinceramente, creo que en pocas ocasiones he sentido tanto amor y cariño sincero como cuando te agradecían aquello que nosotros, por muy insignificante que fuese, hacíamos.

Creo que no me equivoco si digo que allí aprendimos mucho más de la vida que en todos los años que llevamos viviendo. Al haber tenido la oportunidad de ir a este municipio hemos podido comprobar que pese a estar en un país desarrollado, hemos olvidado que los necesitados cada vez lo son más. Ya tienen suficientes barreras en la vida como para que nosotros y nuestra indiferencia sea una más de ellas, por tanto, me comprometo a hacer en lo posible un poquito la vida más fácil a los demás.

Por último, quería añadir, que al regresar de Níjar y pensar en frío sobre todas aquellas cosas que habíamos visto y vivido, me llevo a encontrar varias conclusiones, las cuales compartiré a continuación. La primera es que la avaricia transforma el corazón del ser humano haciéndolas explotadoras de aquellas personas necesitadas. La segunda es que cuando las personas sufren el corazón tiene dos opciones, o se hiela o, por lo contrario, se convierte en bondadoso. Me alegra ver que la mayoría pertenece al segundo grupo. La tercera es que muchas veces la ignorancia mata a las personas. La cuarta es que sigo preguntándome cómo los ayuntamientos permiten este tipo de vida infrahumana y no ayudan a estos inmigrantes. Y la última, y para mí la más importante, es que la justicia no existe y que encima es injusta.

No obstante, me gustaría concluir diciendo que esta ha sido sin duda la mejor experiencia de mi vida hasta el momento, ya que como he dicho antes tengo 17 años y mucho no he vivido. También quiero dar las gracias a todos aquellos que habéis hecho posible esta experiencia.

Paula

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Carta desde Manoguayabo

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 2 de abril de 2019

Queridos amigos:

Tengo que empezar esta carta pidiendo disculpas por haber faltado a mi cita estos últimos meses. Realmente agradezco todos los mensajes que me habéis enviado diciendo que echáis de menos las cartas, ¡gracias de corazón!

La verdad es que, a causa de los nuevos servicios que se me han pedido en la Congregación, desde que empezó el año no he parado de viajar por diferentes encuentros y actividades, y me cuesta encontrar un rato para seguir contándoos sobre “la vidilla del batey”. Tal es así que en los tres últimos meses he tenido que viajar un par de veces a España, dos a Miami, una a Puerto Rico, además de los viajes mensuales que hago dentro de República Dominicana por la pastoral vocacional. Gracias a Dios, todos los encuentros han sido muy buenos y fructíferos y, de una u otra manera, seguimos intentando construir Reino con cada actividad.


Por desgracia, me ha pasado ya varias veces que cuando vuelvo de algún viaje me encuentro con malas noticias: gente, como la familia de Emanés, que se ha quedado sin nada porque su casa de madera salió ardiendo… alguno de nuestros enfermos que ha fallecido… Desde la última vez que os escribí han sido Antonieta, una viejita ciega a la que llevábamos atendiendo hace años, y Delania, la señora con cáncer de la que os hablaba en mi última carta. Según me contaron, lo de Delania no fue solo por lo mal que ya estaba, sino que uno de sus sobrinos le dio unas pastillas que habían recetado a otra mujer que había muerto de cáncer, dichas pastillas le sentaron mal y eso aceleró el proceso. Una vez más, me llené de indignación al saberlo… ¡Cuánto desastre causa la ignorancia!

Por la parte del proyecto Sin Papeles No Soy Nadie puedo contaros que las cosas están cada vez más difíciles y la gente más desesperada.

En primer lugar, después del dineral que los haitianos tuvieron que gastar hace cuatro años para entrar en el Plan de Regularización, a muchísimos de ellos los han cancelado, lo cual supone que vuelven a estar ilegales. La Mesa de Ayuda para el Inmigrante está trabajando para ver si vuelven a incluir a algunos en el Plan, pero la cosa va demasiado lenta y sin garantías de que se vaya a conseguir algo seguro.

En segundo lugar, a todos los hijos de haitianos que nacieron aquí antes de abril de 2007 y que entraban en el Plan de Naturalización, les están dando largas en vez del documento de identidad dominicano que les corresponde, con lo cual siguen indocumentados y sin posibilidad de estudiar ni de trabajar.

En tercer lugar, han llegado a la Embajada de Haití muchos pasaportes hechos entre los meses de marzo a junio de 2018, pero solo de las personas que ya tenían pasaporte vencido y fueron a renovarlo. El resto, los que fueron a hacérselo por primera vez, siguen sin recibirlo después de un año. Y lo malo es que éstos son la mayoría… Para que os hagáis una idea, de marzo a diciembre de 2018 yo llevé a 158 personas a hacerse pasaporte. De esos 158, solo 23 eran para renovar, y de esos 23 han llegado 10. No hace falta hacer muchos cálculos para darse cuenta de lo indignante de la situación… Según me han contado “mis contactos”, se descubrió corrupción dentro de algunas personas que trabajaban en la Embajada y se está poniendo remedio, pero la cosa va lenta y han decidido empezar por traer los pasaportes de renovación, aunque, supuestamente, van a ir llegando todos poco a poco. Yo esto no quiero contarlo abiertamente a la gente de aquí para no desesperanzarlos más, pero el asunto es bien feo. Además, cómo será la cosa, que llevan tres meses sin hacer ni renovar pasaportes. ¡Cuando empiecen a hacerlos no voy a dar abasto de tan larga como va ya la lista de los que quieren ir!

Un cuarto tema dentro de este proyecto es el de las declaraciones de niños. De los que siguen llegando y nacieron en hospital, podemos hacer el proceso con normalidad. Ahora bien, los que nacieron en la casa con una comadrona no tienen la misma suerte porque el proceso también lleva paralizado casi dos años. ¿Por qué? Pues porque uno de los documentos que necesitan para poder ser declarados es el papel del alcalde que avala que la criatura nació en la casa. Ese papel lo hacen los alcaldes, pero los tiene que firmar el jefe de los alcaldes de la zona. Nunca hubo problema con eso hasta que pusieron a una señora -de la que no mencionaré el nombre- en ese cargo. Era una abogada sabelotodo, que en realidad sabía poco del asunto, y bastante racista. Como no atendió a razones cuando fui a verla, me fui directamente a quejarme al Síndico de la zona. Se ve que no fui la única que se quejó, porque al poco tiempo la suspendieron de su cargo y pusieron a otro señor. A petición de uno de los alcaldes fui a verlo y también empezó a poner problemas, argumentando que eso no le corresponde a la alcaldía y cosas similares. En nada tenía razón y, con ayuda de documentación que me facilitaron en la Junta Electoral, así se lo demostré. No quiero sonar prepotente con esto, pero realmente es increíble la falta de capacitación que tiene mucha gente aquí, o la falta de ganas de trabajar, no sé… Bueno, el caso es que este señor no tuvo más remedio que darme la razón y me dijo que podía enviar directamente a las mujeres a su oficina, sin pasar por el alcalde. ¡A todas las rechazó y se negó a hacerles el papel! De tal manera que hay en este momento más de 200 niños y jóvenes esperando poder disfrutar algún día del derecho fundamental a ser alguien, a que su existencia sea reconocida en la sociedad, a poder estudiar… Mañana he quedado con un concejal amigo para que me acompañe a visitarlo por última vez. Según cómo transcurra la entrevista, igual vuelvo a visitar al Síndico. Ya os contaré…

Por la parte de la Escuelita, el curso sigue su proceso. Los alumnos están muy motivados y esta próxima semana tendrán sus exámenes, antes de las vacaciones de Semana Santa. También ha ocurrido una desgracia aquí, y es que el pequeño Walter, de 6 añitos recién cumplidos, se electrocutó la semana pasada. Se ve que un día de lluvia estaba intentando volar una chichigua (cometa) que había confeccionado él mismo, la chichigua se le pegó al poste de la luz, él fue a soltarla y directamente se electrocutó. Aún sigue interno en el hospital. Hace un rato su madre me ha dicho que está un poquito más aliviado, pero aún con muchos dolores y no saben cuándo le darán de alta.

Bueeeeeno, diréis que ¡menuda carta trágica que estoy escribiendo! No es mi intención, la verdad, es simplemente la realidad que tenemos. Ya se sabe eso de que “a perro flaco todo se vuelven pulgas”. Pero, aparte de todo esto que os cuento, hay muchas cosas buenas que también ocurren, mucho trabajo bien hecho, mucha ayuda repartida con generosidad, gente que va saliendo adelante gracias a la ayuda que reciben de los proyectos… y eso, que no sale en los telediarios, es tan real como lo otro, y es con lo que debemos quedarnos.

Termino por hoy. Os deseo a todos un buen final de cuaresma y una mejor Semana Santa, vivida en profundidad, para poder prepararnos adecuadamente al Gran Misterio Pascual que tan próximo está.

Un abrazo a cada uno y mis mejores deseos.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 23 de diciembre de 2018

Queridos todos:

Aprovecho para escribiros unas letritas antes de entrar en la vorágine de los días navideños, siempre con el deseo de que os encontréis bien.

Imagino que ya todo el mundo estará preparando las fiestas que se acercan. En la Escuelita la celebramos el viernes 14, porque al día siguiente yo me iba a Cuba, por cuestiones de la Congregación, y ya no iba a llegar antes de dar las vacaciones. Como son tantos niños y no cabemos todos en la Escuelita, organizamos la fiesta en nuestra casa. Este año fue algo diferente de lo habitual puesto que unos chicos de la ciudad que trabajan en el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo contactaron conmigo a través de un amigo común. Querían hacer una actividad con niños de la zona y aprovechamos la ocasión.

La verdad es que pasamos una mañana estupenda y los niños disfrutaron de lo lindo. Ya el hecho de que fuera en nuestra casa les emocionó. Se les notaba en las caras, como podéis ver en la foto…

Nada más llegar empezaron los juegos y canciones. Luego apareció Santa Claus y los chicos no daban crédito a lo que veían. Muchos preguntaban si había venido desde el Polo Norte, ¡bendita inocencia!… nada más verlo corrieron todos hacia él para abrazarlo y casi lo tumban… Siguieron con las dinámicas y los cantos, ya dirigidos por Santa… luego los hot dogs… el bizcocho… y, por fin, los juguetes. Santa Claus fue muy generoso y cariñoso con todos. Y para los niños fue una experiencia inolvidable. ¡También para los maestros!

Ciertamente estoy muy agradecida al grupo que con tanta ilusión preparó todo. ¡Ojala se repita!

Por lo demás, el día de hoy ha sido completito. Por la mañana, al terminar la eucaristía, estuvimos preparando el pedido de alimentos para repartir a los más necesitados del Batey. En navidad, además de los productos básicos habituales, incluimos alguna cosita más, incluyendo un pollo. Todos los beneficiados estaban muy agradecidos.

Y la tarde la he pasado en urgencias. Anoche, al salir del local donde atiendo a la gente, me acerqué a visitar a Delania, una señora mayor a la que hace poco le diagnosticaron cáncer. Me extrañaba que llevara varias semanas sin venir a verme, así que decidí ir a darle una vueltecita. Me la encontré en la cama, con las piernas y el vientre totalmente hinchados y con un dolor horroroso. Me contó que se ha perdido dos citas con el oncólogo y con otro médico porque ninguno de los 9 sobrinos que tiene la ha querido llevar al hospital. Todos dicen que ya no merece la pena gastar dinero en ella porque se va a morir, ya que ni come ni bebe.

El asunto me pareció indignante, así que decidimos llevarla hoy por Urgencias para que, al menos, le aliviaran el dolor. El 26 volveré a ir al Hospital Oncológico a ver si le consigo nuevas citas y reiniciamos el proceso, ya sabiendo que tenemos que encargarnos nosotros porque la familia no lo va a hacer. Ojalá la pobre mejore un poco. Al menos ha recobrado algunas esperanzas solo por el hecho de saber que hay gente que se preocupa por ella y que es importante para alguien. Como tantos otros…

Todas estas cosas que os cuento me han hecho pensar en este tiempo de Adviento que terminamos mañana. Realmente creo que toda nuestra vida es -o debería ser- un tiempo de Adviento. ¿Por qué? Pues porque el Adviento es un tiempo de esperanza, de renovar ilusiones, de esperar la llegada del Dios-con-nosotros a nuestra frágil vida. Es abrumador pensar que la Divinidad sea capaz de despojarse de su categoría divina y hacerse uno con nosotros, uno como nosotros… una criatura frágil, dependiente de los cuidados de sus padres, vulnerable, con toda una vida por delante para aprender, para conocerse a sí mismo, profundizar en su identidad, descubrir la presencia de Dios en su vida… en definitiva, para enseñarnos a vivir.

Me gusta pensar en María en estos días, ya bien gordita, tocándose la barriguita como suelen hacer las mujeres embarazadas, mientras piensa, sueña, se pregunta… “¿Cómo será este Hijo de Dios que llevo en mis entrañas por pura gracia divina?, ¿por qué Dios me eligió a mí para traerlo al mundo si yo no soy nada especial?, ¿qué quiere Dios de mí?”. Y mientras, con la mente llena de dudas y el corazón lleno de deseos, María espera el tiempo de Dios.

El caso es que Dios viene. Viene cada día. Viene a nuestra vida. Quiere encarnarse en cada uno de nosotros, venir a nuestra realidad cotidiana, ¡quiere nacer en cada uno de nosotros! Porque, ciertamente, de alguna manera, todos estamos “preñados” de Él, lo llevamos en nuestras entrañas, en nuestro corazón, aunque muchas veces no seamos conscientes.

Siento que Dios está en cada niño del Batey, en cada enfermo, en cada anciano, en cada persona que me encuentro, en quienes me quieren y me tratan bien y también en quienes me tratan mal y me hacen sufrir. Reconocer esa presencia misteriosa de Dios en cada persona es a veces difícil, pero quizá sea la mejor manera de vivir en clave de Adviento.

De igual manera, creo que nos ayuda ser conscientes de que estamos llamados a llevar a cada persona a ese mismo Dios que llevamos dentro. Ojalá cada día lo dejemos nacer en nuestra vida y lo llevemos a los demás, a cada cual según lo necesite, con una visita, con una sonrisa, con un gesto cariñoso, con un donativo… ¡con lo que sea!

Con este deseo profundo me despido de vosotros hasta el próximo año. Un abrazo grande, feliz Navidad y feliz año nuevo.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

GRUPO MISIONERO CARCAIXENT

El Grupo misionero del Colegio María Inmaculada de este curso se presenta. Si queréis conocer sus integrantes y las actividades que realizan, mirad el vídeo. Además. nos lo han grabado en castellano,

y en inglés.

PROYECTO ESPACIOS BERAKAH BETANIA – SEVILLA

Dos jóvenes que han sido atendidos en este proyecto nos envían su testimonio y agradecimiento.

¡¡¡Hola!!!  Me llamo Sougalo Coulibaly, soy de Costa de Marfil. Salí de mi país en febrero de 2015 con la idea de ir a España para buscar un futuro mejor.

El camino fue muy difícil, he estado en Malí, Mauritania y Marruecos y llegué a España el  21 de septiembre 2015 a la ciudad de Almería, luego me enviaron a Tarifa y después pase a Sevilla al Proyecto Nazaret de Cáritas Diocesana, así fue como finalmente llegue a la casa de las Misioneras Claretianas  donde encontré techo y comida. A través de la ONG-D KORIMA me ayudaron con los gastos necesarios para vivir y me posibilitaron que pudiera estar estudiando el español.

Durante estos dos años que he estado con las hermanas, he podido realizar a través de Cáritas y otras instituciones, varios talleres como el de Mantenimiento, Carretillero, curso básico de Informática, otro curso sobre Emprendedores… así como intentar sacar la ESA (Enseñanza Secundaria para Adultos) que casi estoy a punto de lograr, ya que solo me falta una materia. También he tenido pequeñas experiencias de trabajo que me ayudan a seguir luchando con esperanza.

De todo lo vivido hasta ahora, la experiencia de compartir con las hermanas y sentirme parte de su familia ha sido mucho más de lo que yo esperaba, pues yo pensaba que sin conocerme no podrían ayudarme. He recibido mucho cariño y amistad. No podré olvidar esta parte de mi vida y me siento un hijo de esta familia por siempre.

Muchísimas gracias a vosotros que a través de KORIMA me habéis ayudado a integrarme un poco más en esta sociedad española y seguir luchando por mi sueño.

SOUGALO COULIBALY

 


Hola a tod@s!!

¿QUIÉN ERES?

Mi nombre es DAUDA HAMED SAKO, tengo 32 años, soy de COSTA DE MARFIL.

Salí de mi país el 7 de marzo 2014.

¿POR QUÉ SALISTE DE TU PAÍS?

Para ayudar a mi familia, somos diez hermanos y mis padres, somos seis varones y cuatro mujeres, yo soy el mayor.

¿CÓMO FUE TU VIAJE?

Yo pude viajar directamente a Marruecos, allí estuve cambiando de lugar por varias ciudades. Primero a Rabat donde estuve por seis meses, en ese lugar me robaron lo poco que tenía, luego pasé a El Aiún donde estuve un año. Finalmente pude atravesar el mar en patera hasta Las Palmas en una travesía de tres días. Estuve 18 días en un Centro de Internamiento en Gran Canarias y posteriormente pasé a Tenerife, también en otro Centro, donde estuve tres semanas… A continuación me enviaron a Madrid a un centro de acogida que se llama DIANOVA  (Ambite)  durante tres meses para finalmente llegar a Sevilla al Centro Diocesano de Nazaret, el 18 de enero 2016 estando con ellos seis meses, llegue definitivamente a la casa de las Misioneras Claretianas el 29 de junio de ese año. Comencé a formar parte del proyecto Espacios Berakah-Betania. A partir de esta fecha mi familia fue para mí las hermanas y los diversos compañeros que he tenido, pero realmente quiero agradecer lo que ha supuesto el apoyo de las Misioneras Claretianas y por supuesto la imprescindible ayuda de ONG-D KORIMA. En el momento actual he salido del proyecto Betania y estoy acogido en un piso autónomo de Cáritas Nazaret. Es otro pequeño paso que doy en mi vida para poder ser independiente.

¿A QUÉ TE DEDICAS?

En este TIEMPO me he dedicado a aprender español con Cáritas, cuando aprendí un poquito, más o menos durante seis meses, Cáritas me envío a un curso – taller de Hostelería, también estoy estudiando la ESA (ENSEÑANZA SECUNDARIA PARA ADULTOS).

Para sobrellevar mejor todo lo que he vivido me he dedicado a dos de mis “hobbys”: la pintura y el fútbol. Me gusta mucho pintar, cuando pinto me siento libre, satisfecho, feliz y pienso solo en cosas bonitas. Me gusta mucho pintar paisajes de África, montañas, bosques… He recibido la ayuda de una profesora de pintura que me ha ayudado a mejorar mi técnica.

El fútbol me ayuda a olvidar algunas cosas que no me dejan crecer como persona, participo en un equipo que se llama África “for live”, en la liga “BRAVO 7” formado por personas de distintos países africanos y dos españoles.

¿QUE DESEA HACER EN EL FUTURO?

Mi sueño es conseguir legalizar mi situación jurídica para poder pasar al siguiente paso que es un TRABAJO DECENTE. Pero si pudiera dedicarme por vida a la pintura sería mi verdadera vocación.

Agradezco a todos los socios y amigos de KORIMA que han hecho posible que mi situación sea un poco mejor y los animo a seguir apoyando el proyecto Berakah- Betania, porque supone una ayuda inestimable para todos los que vivimos esta situación como migrantes.

GRACIAS, MUCHAS GRACIAS DESDE EL CORAZÓN.

Dauda Hamed Sako

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 22 de noviembre de 2018

¡Hola a todos, espero que estéis bien!

Siento no haber enviado carta el mes pasado. La verdad es que, mentalmente, os he contado muchas cosas que he ido viviendo, pero… ¡me ha faltado el tiempo para ponerlas por escrito! 😉

El mes de octubre estuvo lleno de actividades, todas fantásticas. Así, de manera resumida para no cansaros, os cuento que en la primera semana del mes, organicé una charla para todos los haitianos del Batey a los que les han cancelado su carnet de regularización migratoria. La charla la dieron los de la Mesa de Inmigrantes, con quienes contacté en septiembre para que me ayudaran con estos casos. Vinieron 140 personas y fue todo un éxito por toda la información que recibieron sobre diferentes cuestiones.

Del 8 al 10 participé en la Asamblea de Superiores Mayores de la CONDOR (como la CONFER de España). El lema fue “Hagan lo que Él os diga” y la verdad es que, a nivel personal, me vino muy bien la charla que se dio. También estuvo genial conocer a tantos religiosos de otras congregaciones y compartir nuestras inquietudes.

El viernes de la semana siguiente, por fin, tuvimos la primera eucaristía en nuestra nueva capilla. Como creo que os conté, de febrero a mayo estuvimos construyendo la segunda planta de nuestra casa. Era algo urgente y necesario, no solo por la falta de espacio, sino porque por algunas partes (como mi habitación) el techo ya se caía y me llovía dentro. Hasta ahora no habíamos tenido la posibilidad de bendecir la nueva construcción, pero ese día lo hicimos mediante una sencilla celebración presidida por el padre Ronal, gran benefactor nuestro, de hecho, gracias a quien conseguimos la donación para la construcción…

Una semana después, Karla y yo participamos en el Encuentro Nacional de Jóvenes de la Familia Claretiana, que tuvo lugar en el norte del país, y que este año llevaba de lema “Somos Familia”, por ser la primera vez que los claretianos lo abrían al resto de la Familia Claretiana. Fue un día estupendo, en el que cada rama de la Familia puso su stand para darse a conocer; los jóvenes iban pasando por grupos, y teníamos la posibilidad de compartir con ellos nuestro carisma y nuestra misión. Nuestros jóvenes llegaron muy contentos de la experiencia, y con ganas de repetir el próximo año…

Luego, el primer sábado de noviembre, tuvimos en casa la celebración del 25 aniversario de nuestra presencia en República Dominicana. Comenzamos con una eucaristía, seguimos con un paseo por una exposición fotográfica de estos 25 años, continuamos con un compartir familiar recordando eventos y a las hermanas que han pasado por aquí en este tiempo, y terminamos con un piscolabis. Nos acompañaron personas cercanas, la mayoría del batey, que con sus recuerdos emotivos crearon un precioso homenaje a hermanas que han dejado verdadera huella en sus corazones y en sus vidas.

A la semana siguiente, el miércoles, viajé a San Francisco de Macoris, donde estuve hasta el sábado, en la casa de formación de los aspirantes claretianos. Tuvimos semana vocacional con los jóvenes de la zona, y una mañana, a petición de su formador, estuve dando formación a los aspirantes. Los encuentros fueron muy buenos, y vine contenta porque hay algunas chicas interesadas en conocer nuestra vida misionera…

Como os podéis imaginar, todas estas actividades no salen sin preparación previa… y, además, entre todo eso he seguido con los proyectos, con mis responsabilidades comunitarias y congregacionales… así que espero podáis disculpar mi silencio durante este tiempo.

De la Escuelita os cuento que el curso va funcionando estupendamente. Los niños están muy motivados y van aprendiendo poco a poco según los niveles en los que están. Hace unas semanas contactó conmigo un chico que vive en la ciudad, con ganas de venir a organizar algo para el tiempo de navidad junto con sus compañeros de trabajo. Aún estamos viendo qué, cómo y dónde, pero creo que va a ser una actividad que va a gustar a los niños y que puede impactar a este grupo que viene a darlo. Ya os contaré el próximo mes…

El proyecto Sin Papeles No Soy Nadie también sigue adelante. Ayer fui a la embajada de Haití con 16 personas para hacerse pasaportes. Solo 10 pudieron hacerlo, a los otros 6 les pusieron problemas. Llevaba un mes y medio sin ir porque me pasaron una información que me asustó un poco. La verdad es que en esa embajada hay muchos problemas. En julio, antes de irme a Honduras, me entregaron los pasaportes que hice en octubre del 2017. Desde entonces, no ha vuelto a llegar ningún pasaporte a la embajada. La gente que estaba antes empezó a acusar a los que están ahora de estar quedándose con el dinero sin enviar los papeles para que se hagan los pasaportes… en fin, unas historias feas. Yo no sé cuánto de cierto hay en esas acusaciones, pero la realidad es que hace más de cuatro meses que no llegan documentos, y eso es, cuanto menos, sospechoso. Gracias a ciertas acciones, ya han cambiado a la embajadora que había, pero sigue habiendo dentro mucha gente que no ofrece buen servicio y que lo dificulta todo. Siempre que voy, me digo que es la última vez que paso por eso, pero luego pienso en toda esta gentecilla desesperada y, al orarlo, siento la llamada a seguir llevándolos. Por tanto, no me queda otra que seguir apelando a la paciencia y al buen hacer, soportar lo que haya que soportar, y seguir acompañándolos en sus esperanzas de poder conseguir algún día sus documentos.

La Pastoral de la Salud también va funcionando. Estos días hay un virus de gripe que está afectando a niños y adultos. Y, lamentablemente, en estos momentos tenemos a varios enfermos de cáncer. Con ellos vivimos la impotencia y la frustración del mal funcionamiento del hospital oncológico, que da citas demasiado espaciadas y poco provechosas.

En fin, que ahí seguimos, acompañando como podemos todas estas realidades dolorosas, cargando con las cruces de muchos. Pero, como compartía con alguien la semana pasada, la realidad también está preñada de signos de resurrección, momentos de vida, de alegría compartida, de resultados conseguidos (a menudo con actas de nacimiento, o con sonrisas de gente llena de problemas…). Lo importante es ir viviendo el día a día, con lo que va trayendo, haciendo lo que se puede, ofreciéndonos cada mañana al Señor de la Vida para colaborar en Su Obra en la medida de nuestras posibilidades. En eso estoy y a eso os invito.

Del 4 al 12 de diciembre estaré haciendo mis Ejercicios Espirituales. Me encomiendo a vuestra oración. Os envío un abrazo muy grande y mis mejores deseos para el tiempo de Adviento que ya pronto comenzaremos. Hasta dentro de un mes,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 23 de septiembre de 2018

¡Hola a todos, espero que estéis bien!

El 31 de diciembre es el día en el que uno suele echar la mirada atrás y recordar lo que ha sido el año. Hoy no es 31 de diciembre sino 23 de septiembre, pero para mí casi ha sido lo mismo. ¿Por qué? Pues porque hoy hace cinco años que llegué a estas tierras dominicanas y, como hemos tenido retiro en la comunidad, ha sido un día tranquilo de orar, reflexionar, recordar…

Me doy cuenta que en estos cinco años he vivido muchas cosas. De hecho, no soy la misma que llegó, con dos maletas en la mano y el corazón lleno de ilusión. Sigo teniendo las dos maletas y sigo ilusionada, pero me siento diferente.

Recuerdo que me recibió en el aeropuerto mi hermana Mercedes. La trajo Alfredo en su guagua, la misma que ahora llevo cada jueves a la embajada de Haití cargada de gente con el corazón ilusionado porque va a hacerse por fin su pasaporte. Si esa guagua pudiera hablar… ¡creo que hablaría de corazones ilusionados!

Por el camino Mercedes no paró de contarme cosas de esta realidad, y yo lo absorbía todo como una esponja. Cuando estábamos a unos 5 kilómetros de casa, al pararnos en un semáforo, me sorprendió oír algo que ya se ha convertido en lo más normal: un señor evangélico estaba parado en una esquina, con un megáfono, predicando a viva voz. Su cara se me quedó grabada… A ese hombre lo he vuelto a encontrar con frecuencia, y siempre me recuerda esa noche de mi llegada.

Nidia nos esperaba en casa, con Lisa y Canela, nuestras perritas. Esa noche apenas pude dormir por el calor, por la emoción, por el cambio de horario… supongo que por una mezcla de todo.

Una semana después llegó Patricia, la última hermana que formaba la comunidad. Había tenido que ir a visitar a su mamá por un problemita que tuvo. Y esos fueron los comienzos… En este momento, de esa comunidad soy yo la única que queda.

Recuerdo que empecé a llevar la secretaría de la escuela y que fue ahí, justamente, donde, en una conversación con Ana, que entonces era la cocinera de la escuela, vi la oportunidad de visitar enfermos con ella en el batey y de buscar comida para llevar a la gente más necesitada. Al constatar las dificultades para encontrar lo que necesitábamos en el mismo batey, fue que presentamos el proyecto “Son Nuestros Hermanos” a KORIMA. Luego, detectando otras necesidades, fuimos presentando los otros proyectos.

Haciendo memoria, soy consciente de que no son solo esas hermanas de comunidad las que ya no están aquí. Hay otra mucha gente que ha pasado por mi vida en estos cinco años y ya no están: algunos porque tener su pasaporte les ha dado la oportunidad de irse a trabajar a otros países donde hay mejores condiciones, otros porque ya murieron. Y estos últimos no son pocos: Enrique, la pequeña Chipi, Yiliena, Tatá, la otra Tatá, Nelson, Ramona, Luisito, Roberto y otros varios de los que creo que no os he hablado. Sirvan estas palabras como homenaje a todos ellos. Espero que desde el cielo sonrían y celebren conmigo estos cinco años.

Mentiría si dijera que todo ha sido bonito y fácil. No lo ha sido. Ha habido momentos muy duros, momentos de mucha soledad, momentos de toma de decisiones difíciles, momentos de sentir impotencia y frustración por cómo funcionan algunas cosas aquí y por cómo afecta eso a la gente… Pero también ha habido mucha felicidad, mucho gozo, mucha alegría por poder dedicarme a servir a esta gente tan pobre y necesitada. Creo que nunca el cansancio me frenó, y espero que nunca lo haga. Mi actividad ha ido variando a lo largo de los años, tanto en la escuela (en la que ahora ya tampoco estoy) como en el batey e incluso dentro de la Congregación. Me veo ahora incluso dedicándome a cosas que siempre esperé que no me tocaran… Sin embargo, no puedo más que dar gracias a Dios porque realmente disfruto con todo. Es más, si pudiera cambiar algo, creo que ni siquiera cambiaría todos esos momentos difíciles que me tocó vivir, puesto que de todo aprendí algo y con todo me fortalecí como persona y como misionera.

La semana pasada celebré 15 años de consagración religiosa dentro de esta Congregación de Misioneras Claretianas. Lo mismo que he dicho de estos 5 años de vida dominicana puedo decirlo de mi vida en la Congregación. Solo espero ser cada día más fiel a mí misma, a Dios y a ese regalo de la vocación que Él me hizo desde pequeña.

Por hoy no os cuento más. Un abrazo grande para cada uno y mi recuerdo agradecido por todo lo que cada cual me ha aportado con su vida.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana