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CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 15 de junio de 2020

¡Hola a todos!

Espero que tanto vosotros como vuestros familiares os encontréis bien. Supongo que, en función de en qué parte del mundo estéis, ya iréis saliendo más a la calle o no.

Aquí, si no fuera porque la gente va con mascarilla, parecería que nada pasa. Acabamos de empezar nuevo tramo de 15 días en los que el toque de queda se ha reducido de 8 de la tarde a 5 de la mañana. Ya casi todo está funcionando con normalidad, aunque yo sigo pensando que se está yendo demasiado rápido y que esto va a traer consecuencias. Para que os hagáis una idea, en mi carta del mes pasado, el día 53 de aislamiento teníamos 9.095 afectados. Hoy, día 90 desde que empezó la cuarentena, van 23.271 casos. Por tanto, a pesar de lo que el gobierno intenta transmitir, en el último mes la cosa se ha disparado bastante. De hecho, antes de ayer se alcanzó la cifra récord desde que empezamos, con 629 nuevos casos nuevos en un solo día. Las previsiones eran comenzar ya la fase 3, pero, afortunadamente, se acaba de anunciar que no se van a llevar a cabo las medidas de desescalada previstas, debido al incremento de casos que ha habido durante la fase 2.

Realmente todos somos conscientes de que las prisas que se han estado teniendo son para poder celebrar las elecciones el día 5 de julio. A saber qué pasará después, pero creo que no necesito una bolita de cristal para saber que los números se dispararán de nuevo.

Quienes han sido más prudentes y no han abierto hasta hoy son los de la Embajada de Haití. Han estado creando un protocolo para atender a partir de ahora por medio de citas. Lo bueno es que me han dicho que puedo llevar los recibos de los pasaportes que han llegado para ellos entregármelos a mí y yo a sus dueños. Eso me va a evitar tener que llevar a mucha gente a la embajada, lo cual es bueno. Lo malo es que tengo que ponerme a enviarles por Whatsapp todos los recibos que tengo, ¡y son muchos!

En cuanto a la gente que quiere hacerse el pasaporte, también va con citas y enviando previamente los documentos escaneados. Ya he conseguido 12 citas para el próximo jueves y he enviado los documentos respectivos. Normalmente llevo 18 en la guagua, pero, respetando con prudencia las normas vigentes, solo voy a ir llevando 12 en cada viaje, aunque tarde más. Si recordáis, cuando empezó la cuarentena ya tenía organizados 4 viajes que tuve que suspender, un total de 72 personas. Eso, sin contar todos los que están esperando a que yo vuelva a atender para apuntarlos en la lista. Pero bueno, de esto os contaré en la próxima carta porque por el momento aún no sé cómo vamos a funcionar. Lo que tengo claro es que no me planteo empezar a atender gente cara a cara hasta que no pasen las elecciones, lo cual no quita que esté gestionando muchas cosas por whatsapp. Por cierto, no sé si os dije que tuve que dejar el local que tenía alquilado para atender gente. Lo único que encontré a un precio módico fue una casita, así que a partir de ahora atenderé ahí. Es la azul que está en el centro de la foto.

Por lo demás, hemos seguido cada 15 días con el reparto de alimentos, tanto el del proyecto Son Nuestros Hermanos como en La Escuelita, llegando a un total de 192 familias. Respecto al primero, hace diez días nos reunimos con la gente de una fundación que también ayuda en el batey, para contrastar nuestras listas, ya que intuíamos que había gente que estaba pidiendo y recibiendo en varios sitios. Descubrimos nada menos que 20 familias que teníamos repetidas, así que los distribuimos dejando a unos con ellos y a otros con nosotros. Sabemos que todo el mundo está muy necesitado, pero la idea es evitar este tipo de abusos, de tal manera que entre todos los que estamos ayudando podamos llegar a más gente con los recursos que tenemos.

Ciertamente ya hay algunas personas trabajando, sobre todo hombres en las obras de construcción que se han retomado, o mujeres vendiendo fruta o ropa en la calle, lo cual alivia la situación de sus familias. Pero, lamentablemente, son muchísimas más las que siguen sin tener ninguna entrada. A varias ya las han sacado de las casas donde vivían por llevar 3 meses sin poder pagar el alquiler y han tenido que meterse donde les han dejado un huequito, fomentando más aún el hacinamiento que ya hay. Es muy doloroso ver esas situaciones y no poder hacer nada, la verdad.

Respecto a La Escuelita, además del reparto de alimentos y de tareas, tengo una buena noticia que contar, y es que conseguí inscripción en la escuela pública para 15 niños, 10 de seis años para entrar a primero y 5 de 5 años para entrar a preescolar. Los padres están muy contentos, es verdad que les da pena sacar a sus hijos de La Escuelita, pero entienden que es una gran oportunidad la que se les brinda al haber conseguido una inscripción oficial.

Al haber vaciado el curso de los pequeños, puedo mantener un tiempito al resto de los alumnos en el curso en el que están sin la necesidad de subirlos de nivel, porque, después de haber estado los últimos tres meses sin clase, en agosto habrá que retomar el curso por donde se quedó antes de que empezara la cuarentena. Mi idea es que en diciembre ya puedan cambiar al curso siguiente aquellos alumnos que estén preparados.

Lógicamente, todo esto son meras conjeturas, porque, aunque oficialmente el Ministerio de Educación ha dicho que las clases empiezan el 24 de agosto, habrá que ver cómo está la situación en ese momento. En caso de que esto se mantenga, he propuesto a las maestras de La Escuelita que cada una divida a su grupo en dos, de tal manera que cada día se atienda primero a una mitad y luego a la otra, aunque tengan menos tiempo de clase. Creo que es lo más prudente, para poder tener algo de distancia entre ellos, ya que el espacio que tenemos es muy reducido. Pero, como decía antes, ya veremos qué pasa con todas estas conjeturas.

Respecto a los casos afectados por coronavirus en el batey, afortunadamente siguen siendo pocos por el momento. Pero yo me quedé fría esta mañana cuando supe que la semana pasada murió el abuelo de uno de nuestros alumnos de La Escuelita. En realidad, hacía de padre del niño más que de abuelo. Al ser un hombre mayor, se ve que le dio fuerte y en cuestión de días se fue. También hoy ha fallecido nuestra querida Rosmery, a la cual llevamos ayudando desde que estoy aquí, pero lo de ella no ha sido por coronavirus sino por encharcamiento de pulmones y otras teclas que tenía. Por su parte, Adline y Odeta siguen mal, cada una con lo suyo, pero por el momento se mantienen. Y hay mucha gente a la que, como está haciendo tanto calor y tanta humedad, se le está subiendo la tensión de manera disparatada.

Termino con una anécdota, para que sigáis haciéndoos una idea de algunas cosas que ocurren y que no salen en las noticias… El otro día me envió un whatsapp Edianie, una de las mujeres a las que estoy ayudando a declarar a sus hijos y a hacerse su pasaporte. Su marido es haitiano y está preso hace un tiempo. Se ve que ella le llevó un colchón para que no tuviera que dormir en el suelo. Pues parece ser que lo obligaron a que compartiera el colchón con un dominicano que no se encontraba bien, él se resistió, pero finalmente tuvo que aceptar porque lo amenazaron con un cuchillo. Un par de días después, cuando se despertó, descubrió que el dominicano había muerto en el colchón junto a él. Lo peor de todo es que… ¡salió positivo de coronavirus! De veras que, por mucho que oigo, sigo sin poder salir de mi asombro con cosas como estas.

En fin, aquí lo dejo. Eso sí, este mes, aparte de lo recibido del Fondo Asistencial por parte de KORIMA y de la aportación mensual de nuestro querido padre Ronal, han llegado donativos de gente muy querida para mí. Por tanto, no puedo terminar sin dejar de agradeceros vuestra generosidad. No voy a mencionar nombres, Dios los conoce y eso es suficiente. Pero que sepáis que A TODOS os lo agradezco desde lo más profundo de mi corazón.

Un abrazo y todo mi cariño,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CAMPAÑA NÍJAR

Los voluntarios del colegio Mater Immaculata de Madrid nos mandan este vídeo con el que apoyan la campaña humanitaria en favor de los más desfavorecidos en Níjar. ¡Colabora!

Concepto: Campaña Níjar

Titular: Korima Claretianas

IBAN: ES30 0075 0096 6706 0017 7934

PAYPAL: pay_palkorima@korimaclaretianas.org

CAMPAÑA NÍJAR 2020

Ellos también nos necesitan ahora

Educar en solidaridad y vivirla a través de experiencias de voluntariado es un pilar básico en nuestros colegios, centralizado a través del Proyecto de Educación Social (PES) y con el apoyo de nuestra ONGD KORIMA CLARETIANAS.

En todos los colegios se desarrollan y realizan proyectos solidarios. Y desde hace cinco años, los alumnos de 1º de bachillerato de los colegios Mater Immaculata de Madrid y María Inmaculada de Carcaixent realizan una experiencia solidaria en San Isidro de Níjar, en Almería. Alli, las Hermanas Mercedarias trabajan sin descanso para atender las necesidades de la población inmigrante que trabaja en los invernaderos y que vive o malvive en asentamientos hechos de plásticos, maderas…, sin luz ni agua.

La pandemia del COVID19 ha empeorado la situación para miles de personas de los asentamientos: no hay trabajo, tampoco se pueden desplazar y empieza a faltar lo más básico. Las Hermanas Mercedarias apenas pueden cubrir las necesidades por lo que los voluntarios de los colegios de Madrid y Carcaixent están haciendo un campaña de ayuda solidaria a Níjar. Lo más urgente en estos momentos es material para el aseo y la limpieza, productos necesarios pero de los que carecen totalmente.

No es posible acudir allí a llevar nada por lo que os pedimos vuestra ayuda en forma de aportación económica. Lo hacemos a través de KORIMA y será ella quien lo mande a las Hermanas Mercedarias, con la seguridad de que todo lo recaudado llegará de forma íntegra para que puedan adquirir esos productos de los que carecen.

Desde aquí os hacemos un llamamiento para que colaboréis; por poco que sea la aportación para otros es mucho y puede ayudar a salvar vidas. ¡Gracias por vuestra colaboración!

La cuenta para los ingresos es la siguiente:

Concepto: Campaña Níjar

Titular: Korima Claretianas

IBAN: ES30 0075 0096 6706 0017 7934

 

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 9 de mayo de 2020

 

Queridos amigos, espero que os encontréis bien, ganando la batalla a este coronavirus que ha cambiado nuestro mundo de un plumazo.

Nosotras, en la comunidad, estamos bien. Bueno, hoy un poco asfixiadas, la verdad. Se nos han juntado dos cosas que tienen absolutamente contaminada la atmósfera. Por una parte, hace ya una semana que prendieron fuego intencionadamente en el vertedero Duquesa, que está a 32 kilómetros de donde nosotras vivimos. Es un vertedero muy grande y se ve que siguen sin controlar el fuego, por lo que toda esa zona está con una humareda tremenda que no permite ver a escasos metros de distancia. Hace días que ya llegó el humo aquí, y realmente molesta mucho. Además, el jueves por la mañana entró una nube de polvo del Sahara que se prevé esté hasta el lunes. La mezcla de ambas cosas ha provocado una densidad en el aire que va a terminar siendo tan dañina para los pulmones como el mismísimo coronavirus… Esta foto la tomé esta mañana, no se aprecia muy bien la densidad de la que os hablo, pero igual puede daros una pequeña idea.

En cuanto al covid-19, las cifras oficiales hoy son de 9095 afectados, 2064 recuperados y 373 fallecidos. En esta última semana han aumentado mucho las cifras diarias. Lamentablemente, ya ayer se llevaron a una mujer del batey porque dio positivo. Se ve que vinieron los de sanidad y estuvieron fumigando las zonas por las que ella se movía, pero ella vendía fritura en el parque, por lo que tenía contacto con mucha gente, así que ya veremos lo que ocurre en los próximos días.

Estamos en nuestro 53 día de aislamiento, pero la verdad es que yo no veo que la gente esté aislada de verdad. Cuando salgo del batey para ir a comprar o al banco, veo que la gente va con mascarilla, pero hay demasiada gente en la calle, y muchos comercios o pequeñas empresas que deberían estar cerradas no lo están. En lo que es el propio batey, igual. Ciertamente, aquí las casas son tan pequeñas, de tan malas condiciones y con tanta gente viviendo en ellas que, en parte, es normal que no aguanten estar dentro. De hecho, en algunas, viven 8 personas en un espacio de 4 por 4 metros, ¡y no estoy exagerando! Así que os podéis hacer una idea…

Es más, seguimos teniendo toque de queda de 5 de la tarde a 6 de la mañana, pero después de las 5 e incluso por la noche, escuchamos gente que está caminando delante de nuestra casa. En todo el país se ha apresado ya a más de 20.000 personas por estar en la calle durante el toque de queda, pero en esta periferia en la que vivimos no suelen venir con mucha frecuencia los policías ni los militares para controlar.

Tampoco se sabe cuánto tiempo va a durar el estado de emergencia y de aislamiento, porque se van oyendo muchas voces insensatas pidiendo que se vuelva a la normalidad, tomando precauciones. La gente se desespera por la situación económica, pero creo que no son conscientes del todo de lo que eso implicaría. El presidente redactó una carta el 24 de abril para el Senado pidiendo prorrogar el estado de emergencia hasta el 25 de mayo, pero más allá de esa fecha no sé qué pasará. Incluso, se han pospuesto las elecciones generales presidenciales y congresuales pactadas para el 17 de mayo hasta el día 5 de julio. Igual estoy muy negativa, pero me parece a mí que esa fecha sigue siendo demasiado temprana tal como esto va evolucionando.

En cuanto a la cárcel que tenemos en el batey, las protestas que hubo el mes pasado no sirvieron absolutamente para nada más que para dejar la marca en el suelo.

Lamentablemente han seguido trayendo presos. Se ve que ha habido varios motines por hambre y porque quieren que les liberen para sanarse fuera de prisión. El lunes 13 vinieron los del Canal 5 y, a partir de ahí, la noticia se hizo pública. A mí me dijeron que los presos estaban sin medicinas, así que hace un par de semanas me decidí a ir a preguntar. Al principio no me querían dejar entrar, pero, cuando dije que iba a hacer una donación, el militar que me franqueaba la puerta la abrió de par en par. Estuve hablando con el encargado, quien me soltó el discurso bien aprendido de que los presos están bien atendidos por parte del gobierno. La verdad es que justo en ese rato que estuve dentro, pude ver médicos pululando por allí. Digo que eran médicos porque es lo que me dijo el encargado, porque más que médicos parecían astronautas 😊

El caso es que me dijo que no necesitaban medicinas, pero que si llevaba jabón de cuaba les vendría bien. Pensé hacerlo la semana siguiente, pero no fue necesario porque se me adelantó un religioso de otra congregación que se dedica a la pastoral penitenciaria. Eso sí, con la excusa de llevar el jabón, conseguí una información que me dejó patidifusa. Pregunté cuántos presos había y me dijeron que… ¡¡¡265!!! Si recordáis lo que os contaba el mes pasado, fueron 42 los primeros que llevaron, y diariamente han ido sacando fallecidos, lo cual quiere decir que son muchos más de 265 los que han traído desde el principio hasta ahora.

Además del coronavirus y del problema de la atmósfera, hay otra historia más que está afectando negativamente al país. Su nombre es CLEREN, una bebida alcohólica ilegal originaria de Haití. La policía ha descubierto varios puntos de fabricación clandestina aquí en República Dominicana. Al ser tan barata, la gente la compra mucho. Ya han muerto 120 personas por su causa, entre ellos, el hermano de un amigo mío. Fue hace tres semanas y la familia sigue destrozada. Fueron días muy duros para ellos porque, además del dolor por la pérdida, tuvieron que soportar una cantidad de trámites impresionantes porque el chico aún no había sacado su cédula (su carné de identidad). Tuvieron el cuerpo retenido durante 72 horas, y cuando lo entregaron ya estaba totalmente descompuesto.

Pero… ¡basta ya de noticias trágicas! También tengo noticias muy buenas que contar, y es que, gracias a nuestro querido padre Ronal y ahora también a KORIMA, estamos ayudando ya a un total de 150 familias entregándoles alimentos.

Por una parte, hemos duplicado el número de las que ya veníamos ayudando desde siempre con el proyecto Son Nuestros Hermanos. Con los que he apuntado hoy ya son 84. Como dice el padre Ronal, esto es un pozo sin fondo, porque estamos en un lugar en el que, sin pandemia, ya había miseria, así que ahora ya puede imaginarse uno. Aquí la gente come de lo que trabaja cada día, y como ahora nadie puede trabajar, se está pasando mucha hambre. A pesar de que procuramos ser muy discretos en la entrega de alimentos, es inevitable que la gente se entere y, movidos por la desesperación, van enviándome mensajes pidiendo ayuda.

Lo que no sé es cómo vamos a organizarnos para preparar las cajas si sigue aumentando el número, porque siempre lo hemos hecho en casa de mi compañera Ana, y su galería no es que sea muy grande que digamos. Pero bueno, ya nos iremos apañando como sea. Lo importante es que todas estas familias puedan comer.

Por otra parte, desde hace un mes, cada quince días estamos dando alimentos también a las familias de los niños de la Escuelita. Este martes pasado fue la segunda vez. Pero no solo damos alimentos. Nos hemos organizado para que los niños aprovechen el tiempo y sigan aprendiendo o, al menos, practicando lo que habían aprendido antes de tener que cortar las clases. Así, las maestras me envían las tareas que preparan para sus alumnos, yo hago las copias y el día que los convocamos se les recoge las que se les había dado la vez anterior y se les entregan las nuevas. Estoy encantadísima, porque realmente todos se lo han tomado muy en serio. En la Escuelita es mucho más fácil preparar las cajas con los alimentos porque tenemos más espacio. De hecho, las maestras forman un buen equipo. Pero… el inconveniente ahí es que el callejón en el que estamos es muy estrecho y se nos hace muy difícil que la gente guarde la distancia de seguridad, por lo que procuramos que todo sea lo más ágil posible.

Aparte de los alimentos, estamos ayudando con medicinas a quien las va pidiendo, además de los fijos a los que entregamos cada mes, claro está, que son Odeta, Marco, Adline y Luciana. Había otros cuantos que mensualmente venían a traerme la receta, pero desde que estamos con el aislamiento no he sabido de ellos.

Y también acudo si me llaman por una emergencia, como fue el caso de Benoir. Una tarde sonó el timbre de casa y, unos minutos después, tocaron en la puerta de mi habitación. Era una de mis hermanas, para decirme que la vecina de enfrente estaba pidiendo ayuda porque su marido se había cortado. La pobre se veía tan desesperada que fuimos a hacerle una cura. Pero lo que tenía no era un corte, sino un tajo bien profundo. Necesitaba puntos y, además, la antitetánica, porque fue con una escalera de hierro. Él no podía moverse para ir a ningún sitio y además faltaba poco para el toque de queda. Yo había ido solo con agua oxigenada, Betadine y gasas, así que fui a casa a buscar provisiones y regresé. Le tuve que poner seis puntos. Le pedí que fuera el día después al centro de salud para que se la revisaran y le pusieran la antitetánica, pero a la mañana siguiente me llamó ella para decirme que su esposo no pensaba salir porque le daba miedo contagiarse de coronavirus. Así que tuve que comprar la vacuna e ir yo a ponérsela. Todavía me río recordando ese momento, la cara de pánico que el pobre puso cuando supo que le iba a pinchar, jajajaja. Parecía un niño pequeño… y encima, con tanto público, porque en esa casa viven más de 15 personas, y todos querían ver el acontecimiento. El caso es que todo fue bien. Estuve yendo durante una semana a hacerle las curas y ya está perfectamente cerrada la herida.

Vaya… acabo de darme cuenta de todo lo que llevo escrito, así que voy a tener que terminar ya, porque me he pasado de lo habitual y no quiero aburriros. El próximo mes, más.

Por favor, en aquellos países en los que ya estáis saliendo, aunque sea a caminar, tened mucho cuidado y seguid guardando las medidas de protección. No nos confiemos, por muchas ganas que haya de volver a la normalidad.

Un abrazo grande y caluroso,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

 

 

 

 

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 11 de abril de 2020

Queridos amigos:

Os escribo en este día de Sábado Santo, en medio del silencio que reina tras haber celebrado ayer la muerte en cruz de Jesús. Es silencio físico, quizá por la hora en la que escribo, que aún no ha salido el sol y los pajarillos aún no han despertado. Pero es también un silencio más profundo… el de toda la creación paralizada ante los acontecimientos celebrados ayer (la muerte injusta de un Justo, el Hijo de Dios) y el de nuestra humanidad paralizada por la pandemia del COVID-19. Al mismo tiempo, es un silencio expectante, porque sabemos que esto no es el final, sabemos que el Amor es más fuerte que la muerte, que solo tenemos que seguir viviendo llenos de esperanza confiada.

Me gustó ayer el enfoque de la homilía de la celebración de Viernes Santo en el Vaticano, cuando el que predicó dijo que, ante las circunstancias injustas y dolorosas que vivimos, podemos situarnos desde dos puntos de vista diferentes: el de las causas o el de los efectos. Ciertamente, estoy convencida de que algunos de los efectos de lo que estamos viviendo pueden ser muy buenos. Me refiero al sentido de solidaridad de unos con otros, a la mejora de las relaciones humanas, al reconocimiento global (con aplausos o sin ellos) de quienes están intentando salvar vidas o proporcionar lo que necesitamos para nuestro sustento, al descubrir la banalización de tantas cosas a las que en los últimos años se le estaba dando importancia, al descubrir el valor de lo sencillo…

Sin embargo, y no solo por estar donde estoy, me siguen preocupando los efectos negativos que esto está ya teniendo y los que va a tener. Aquí, en el batey, hay MUCHA gente pasando hambre. Cada día me llegan mensajes de hombres y mujeres pidiendo ayuda porque no tienen ni comida ni dinero para comprarla, y se trata de padres con hijos, normalmente, varios hijos. Hay que agradecer que el gobierno reparta periódicamente bolsas de alimentos básicos, pero la verdad es que, aparte de que llevan mucha menos cantidad de la que damos nosotros a través del proyecto Son Nuestros Hermanos, ni siquiera llega a todo el mundo, porque hay muchas zonas en el batey no asfaltadas y, normalmente, es por ahí donde vive la gente más necesitada.

Para que os hagáis una idea, lo que da el gobierno es 2 libras de arroz (menos de un kilo), medio litro de aceite, un paquete pequeño de galletas, 1 lata de sardinas, 1 lata de guandules (algo parecido a los guisantes) y 1 bote de sazón.

Por nuestra parte, desde que empezamos el proyecto hace años, para una familia normal damos 10 libras de arroz, 1 de aceite, 2 latas de sardinas, 1 libra de azúcar, 1 de harina, 1 de leche, 5 sopitas (pastillas de Avecrem), 1 paquete de espagueti, otro de macarrones y 2 libras de habichuelas. Eso, para las familias que no son numerosas, para las numerosas damos un poco más. Con esto no pretendo dárnoslas de nada, sé que las comparaciones son odiosas e injustas… Si lo menciono es para que quede claro que lo que se está dando no es suficiente para que la gente sobreviva. Yo soy consciente de que lo que nosotros entregamos no dura más de 3 o 4 días, según el caso, así que puedo imaginar lo que les durará lo que entrega el gobierno. Como quiera, se agradece que al menos haga el reparto.

Hoy estamos en nuestro 25 día de aislamiento y no sé cuánto durará esta situación. Sé que las cifras oficiales mienten (según me dijeron ayer, superamos los 7000), pero os las cuento de todas formas a modo de orientación: el lunes supuestamente había 1828 contagiados, el miércoles 2111 y 108 muertos, y ayer, las cifras hablaban de 2620 contagiados y 126 muertos. Es decir, que aún no hemos alcanzado la meseta, por lo que esto va para largo…

Volviendo al tema de los alimentos, por el momento estamos repartiendo a 50 familias. Hasta ahora hacíamos el reparto cada dos semanas, pero la situación requiere que ya lo hagamos cada semana… al menos mientras dure el dinero. He de decir que, en este sentido, tengo sentimientos muy encontrados. Me refiero al hecho de que estoy contenta por poder ayudar, pero, al mismo tiempo, siento que no es suficiente, que me gustaría poder ayudar a más gente que verdaderamente lo está necesitando. Es muy frustrante, de verdad.

Además, en estos días ha ocurrido otro hecho desagradable. El miércoles por la mañana supe que, unos días atrás, trajeron 42 presos del penal de La Victoria, contagiados de coronavirus, a la cárcel de menores que tenemos en el batey. Lo hicieron a las 12 de la noche, cuando nadie podía ver el suceso, supongo que porque en otros lugares del país la gente se ha quejado cuando han querido enviar a enfermos contagiados a sitios donde podían contagiar fácilmente a otros. El caso es que esta cárcel del batey no es nada segura. De hecho, cuando estaban los menores, continuamente se escapaban saltando la valla. La gente del batey está asustada ante el peligro que supone la posibilidad de que los que han traído se escapen y empiecen a regar el virus, así que el miércoles empezaron a quemar gomas (neumáticos) en señal de protesta. La policía vino y disparó varias veces, lo podíamos oír desde casa. Además, se ve que esparcieron gas lacrimógeno. Nosotras vivimos a medio kilómetro de donde esto ocurrió y hasta aquí nos afectó el gas en los ojos y en la garganta. Me dijeron que ese día una persona murió en el incidente y a otro se lo tuvieron que llevar al hospital por asfixia. Respecto a los presos, parece ser que el martes ya habían muerto cuatro de ellos. No tengo idea de si están recibiendo atención médica o si simplemente los tienen ahí dentro para aislarlos, aunque, conociendo cómo funcionan aquí las cosas, supongo que será esto segundo.

Sé que no son solo estos los que han sacado del penal de La Victoria, sino que están repartiendo en diferentes lugares a los contagiados. Y, según me dijeron ayer, parece ser que no están informando a las familias, por lo que en todo el país hay incertidumbre sobre el paradero de esta pobre gente. Debe ser horroroso, para una madre o una esposa, saber que su hijo o su marido se han contagiado y no tener ni idea de dónde lo han llevado ni en qué condiciones estará. En fin, que el panorama no es muy alentador que digamos…

Tenía más cosas que contaros, pero las dejaré para la próxima. En este rato ya se despertaron el sol y los pajarillos. El sol hoy luce como una bola roja, apenas desperezándose, pero prometiendo un día caluroso. Y los pajarillos deben estar riñendo entre ellos, o bien contándose algo gracioso, a juzgar por el alto volumen de su trino que rompe el silencio. Es hora de irme a la capilla para rezar laudes. Seguramente hoy, como cada Sábado Santo, acompañaremos con nuestra oración a María, desolada por la muerte de su Hijo. Y, en ella, por supuesto, a tantas personas que en estos tiempos difíciles han perdido también algún ser querido.

Como decía más arriba, a pesar de los efectos negativos que estamos viviendo, quiero mantener la esperanza y quedarme con los positivos. El papa Francisco ha dado muchos mensajes en ese sentido durante todo este tiempo, pero quiero terminar con uno en concreto, que nos sirve para todos, creyentes o no:

Puedes tener defectos, estar ansioso y vivir irritado algunas veces, pero no te olvides que tu vida es la mayor empresa del mundo. Solo tú puedes evitar que ella vaya en decadencia. Hay muchos que te aprecian, te admiran y te quieren. Y no lo sabes, pero existen personas para quienes eres especial. Me gustaría que recordaras que ser feliz no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajo sin cansancio, relaciones personales sin decepciones. Ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros. Ser feliz no es solo valorizar la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza. No es apenas conmemorar el éxito, sino aprender lecciones en los fracasos. No es apenas tener alegría con los aplausos, sino tener alegría en el anonimato. Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, tristezas, incomprensiones y períodos de crisis emocionales y económicas. Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista para quien sabe viajar para adentro de su propio ser. Ser feliz es dejar de ser victima de los problemas y volverse actor de la propia historia. Es atravesar desiertos fuera de sí, mas ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma. Es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida. Ser feliz es no tener miedo de los propios sentimientos. Es saber hablar de sí mismo. Es tener coraje para oír un “no” hasta de aquellos a quienes aprecias. Es tener seguridad para recibir una crítica, aunque sea injusta. Es besar a los hijos, mimar a los padres, tener momentos poéticos con los amigos, aunque ellos nos hieran. Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple, que vive dentro de cada uno de nosotros. Es tener madurez para decir “me equivoqué”. Es tener la osadía para decir “perdóname”. Es tener sensibilidad para expresar “te necesito”. Es tener la capacidad de decir “te amo”. Que tu vida se vuelva un jardín de oportunidades para ser feliz… Que en tus primaveras seas amante de la alegría. Que en tus inviernos seas amigo de la sabiduría y la paz. Y que cuando te equivoques en el camino, comiences todo de nuevo. Pues así serás más apasionado por la vida. Y descubrirás que ser feliz no es tener una vida perfecta. Sino usar las lágrimas para regar la tolerancia. Usar las pérdidas para refinar la paciencia. Usar las fallas para esculpir la serenidad. Usar el dolor para lapidar el placer. Usar los obstáculos para abrir las ventanas de la inteligencia. Jamás desistas… Jamás desistas de las personas que amas. Jamás desistas de ser feliz, ¡pues la vida es un espectáculo imperdible!

 

Un abrazo grande para cada uno, y… ¡¡¡feliz Pascua de Resurrección, fiesta de la Vida y la auténtica Felicidad!!!

 

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

 

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 23 de marzo de 2020

Queridos amigos:

Aprovechando el aislamiento por el coronavirus en el que probablemente todos estemos, acudo a mi cita mensual con cada uno de vosotros para contaros cositas de esta parte del mundo.

Confío que todos os encontréis bien y que ninguno de vosotros ni de vuestros familiares se haya contagiado.

Muchos me habéis preguntado cómo están las cosas por aquí. La respuesta: igual que en todas partes. El presidente se dirigió al país para establecer las medidas de precaución el martes pasado, hace exactamente una semana. Los rumores dicen que no lo hizo antes porque interesaba que la gente fuera a votar en las elecciones municipales que tuvimos el domingo 15. Una gran irresponsabilidad… También dicen que hasta ese momento se estuvo ocultando el número de casos de coronavirus en el país, por el mismo motivo. El caso es que en su discurso decretó estado de emergencia, instó al aislamiento social y a la precaución, informó del cierre de escuelas, reducción de jornadas laborales, no aceptación de vuelos europeos… en fin, lo que ha pasado en todas partes. También el obispo, un día después, informó de la cancelación de todas las celebraciones públicas de cualquier tipo en la Iglesia.

Como confirmación de los rumores, el día antes de las elecciones supuestamente solo había 5 casos en todo el país, el día después 21, la cifra ayer ya subió a 220 y hoy a 245.

Mucha gente ha sido responsable desde el principio y se ha quedado en casa, pero otros muchos no. De hecho, se decretó toque de queda de 8 de la noche a 6 de la mañana hace tres días bajo pena de prisión y ya han metido presos a 1500 personas en el país… En el batey las calles están más tranquilas de lo normal, pero sigue habiendo gente caminando por ahí sin mascarilla ni guantes, hombres que se reúnen a jugar al domino… una irresponsabilidad tremenda que traerá consecuencias graves.

Lo malo es que aquí en el batey la mayoría de la gente come de lo que consigue cada día, y como todo se ha paralizado ya hay gente pasando hambre. Y esto va a ir a peor, porque solo estamos en los comienzos. El gobierno está dando unas ayudas, pero son bolsitas pequeñas, con un poco de arroz y otros productos básicos. Lo está haciendo a través de algunas organizaciones y también de las escuelas públicas.

Lo único bueno, que desde el anuncio del presidente no nos han cortado la luz, por lo que al menos la gente puede ver la tele y alumbrarse a todas horas.

Por la ciudad no he ido y no sé cómo están las cosas, pero sí que he salido por los alrededores de Manoguayabo para comprar. El miércoles pasado, justo después de que hablara el presidente, las estanterías de arroz y habichuelas (alimentos básicos aquí) estaban ya vacías.

Esta mañana volví a salir (¡tranquilo, papi, que fui con mascarilla, guantes y hasta manga larga!) y no he podido comprar en ninguno de mis dos sitios habituales porque las filas para entrar eran kilométricas y me hubiera supuesto estar esperando al menos tres horas, cosa que no voy a hacer en estas circunstancias… Está cundiendo el pánico porque van llegando mensajes que dicen que ni siquiera los supermercados y las farmacias van a abrir, pero yo no creo que sean verdad, al menos no los he visto publicados en ningún sitio oficial. Como todos sabemos, este tipo de situaciones suelen provocar rumores falsos que todo el mundo acaba creyendo. Y, hablando de eso… por supuesto, no nos están faltando las predicaciones de los evangélicos y otras sectas que dicen que esto es ya el fin del mundo y que todo viene provocado por los pecados de la gente. Lo malo es que aquí la falta de formación es tan grande que muchos se dejan llevar por esas ideas. Desde que vivo aquí, todos los miércoles por la tarde y los sábados por la mañana llega uno con su bocina (altavoz) y se pone a predicar al lado de nuestra casa. El otro día me dieron ganas de sacar la cabeza por encima de la valla y decirle un par de cositas para que se callara y dejara de sembrar el pánico… En fin, ya veremos cómo acaba todo esto.

Dejando a un lado el tema estrella de estos tiempos, os cuento algo más agradable, por ejemplo, de la Escuelita. Después de mi última carta, en el país hubo dos celebraciones importantes. La primera, el 14 de febrero, día del amor y la amistad. La segunda, el 27, día de la Independencia Nacional. En ambos casos los profes pusieron a los niños a hacer manualidades y, según me contaron, disfrutaron mucho.

Y digo que me contaron porque en realidad yo llevo aquí diez días. Estuve prácticamente un mes fuera, puesto que tuve reuniones en Miami y de ahí me fui a Madrid para tener otras dos reuniones, una de ellas de varios días. Gracias a Dios pude ver también a mi familia, lo cual me deja más tranquila, por todo lo que está pasando. La verdad es que pude volver “por los pelos”… porque mi viaje de vuelta era nuevamente a través de Miami, y mi vuelo fue el último que dejaron entrar proveniente de Europa. Vamos, si llega a ser un día después, allá me quedo.

Después de llegar, atendí gente solo dos días, el sábado y el lunes, y, aunque aquí aún no se había declarado el estado de emergencia, tomé precauciones por si acaso. Mucha gente ni siquiera había oído hablar todavía del coronavirus, así que se extrañaban de verme con mascarilla y guantes…

En mi carta del mes pasado os contaba que andaba un poco desbordada con el proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, por la cantidad de gente que está acudiendo para que le ayude a hacer su pasaporte, porque los necesitan para renovar sus carnets de regularización. Pues para que veáis cómo siguió aumentando el desbordamiento, os cuento que yo siempre he ido organizando las guaguas para ir a la embajada de semana en semana. Es decir, los sábados y los lunes, que es cuando atiendo, iba apuntando gente y completando la guagua que llevaría el miércoles a la embajada, un total de 17 o 18 personas, que son las que caben en la guagua. Cerraba lista y empezaba de nuevo a montar la de la semana siguiente. Pues bien, cuando me fui de República Dominicana el 18 de febrero, ya tenía organizadas dos guaguas para el miércoles 18 de marzo, una para el 19, otras dos para el 25 y otra para el día 1 de abril. Y con la gente que atendí la semana pasada durante los dos días que abrí, completé las de las dos semanas siguientes. ¡Una locura!

Como os podéis imaginar, cuando el martes me avisaron que la Embajada de Haití cerraba por lo del coronavirus (por cierto, fueron más rápidos que el presidente…), me tuve que poner a contactar con las 54 personas que iba a llevar los dos días siguientes para decirles que se suspendían los viajes. No quiero ni pensar cómo me voy a organizar una vez que pase todo esto…

Por la parte de los enfermos, cuando llegué me enteré que volvieron a internar a Adline en el hospital porque empeoró. Ninguno de sus familiares quiso quedarse con su hija Phaimie, y volvió a acogerla el mismo matrimonio de la otra vez.

En cuanto a la buena de Odeta, estando en España me avisaron que se cayó y se clavó algo en el pie que le dejó un agujero profundo. Me asusté mucho, no solo por el hecho en sí, sino por las infecciones que se podía coger siendo diabética. Encima, los días anteriores había estado mal, de nuevo con los vómitos.

Cuando regresé del viaje fui a visitarla con mi compañera Ana. Afortunadamente, tenía el pie bastante cicatrizado y además la encontré de buen humor. Después su marido nos contó que horas antes la había dejado fatal y que fue nuestra visita la que la revivió y la llenó de energía. Sea por lo que sea, me dio tranquilidad verla así, y me alegra haber ido en ese momento, antes de empezar el aislamiento.

Por lo demás, estos días de encierro estoy aprovechando para hacer muchas cosas que tenía atrasadas y, lógicamente, para dedicar más tiempo a la oración, para que esto se controle lo antes posible.

El otro día estaba reparando actas de nacimiento que la gente me trae en muy malas condiciones y, mientras oraba por cada uno de sus dueños, me venía a la mente la comparación sobre lo vulnerable que es el ser humano, TODO ser humano, y lo mucho que nos necesitamos unos a otros. Viendo algunos vídeos que me han llegado de España, donde la gente sale a ciertas horas al balcón a mostrar gestos de solidaridad… o viendo las fotos de las mascarillas que está confeccionando mi madre ¡con tela, filtro de aspiradoras y elásticos!… viendo los esfuerzos que algunas personas están haciendo para que en otros no decaiga la esperanza ni cunda el miedo… me doy cuenta de lo importante que esta situación puede ser para nuestras vidas si nos dejamos de verdad interpelar por ella y pensar más en clave de “nosotros” que en clave de “yo”. Igual todo esto nos ayuda a recordar qué es lo verdaderamente importante en la vida y, en adelante, a vivir de otra manera, con más sensatez, valorando lo pequeño, lo sencillo, lo frágil…

Mi madre tiene en la terraza una maceta con una flor muy bonita, de la que ahora no recuerdo el nombre… se trata de una flor que solo vive un día, pero en ese único día de vida, ofrece su hermosura como regalo gratuito a quien pasa por delante suya… Ojalá sepamos vivir nuestra vida en plenitud, disfrutar de cada momento, de cada persona… dando a todos los que se pongan en nuestro camino lo mejor de nosotros mismos.

Cuidaos mucho y aprovechad el aislamiento de forma creativa. ¡Hasta la próxima!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 4 de febrero de 2020

 

Queridos amigos:

Espero que todos hayáis tenido una buena entrada de año y que os encontréis bien. Llevo semanas queriendo escribir, pero hasta ahora no encuentro el momento.

De hecho, acabo de llegar de Puerto Rico. Como os comentaba en mi última carta, hemos iniciado un proceso de profundización en la fe y de discernimiento con jóvenes de allá. Este segundo encuentro tenía el lema “Un amor que sueña y que te envía” y ha sido una auténtica gozada, como el anterior. Participaron 28 jóvenes con ganas de encontrarse con Jesús y de vivir con autenticidad. El próximo lo tendremos en marzo.

Además de este encuentro, el día que llegué participé en una reunión de la comunidad Kaleo de Seglares Claretianos. Me invitaron para compartir con ellos cuál es el carisma de las misioneras claretianas y también para que les contara sobre la misión que tengo aquí en República Dominicana. Fue un rato muy agradable, fraterno… en el que pudimos reforzar lazos como Familia Claretiana. Y esto, no solo con los Seglares, sino con mis hermanos claretianos, que con tanto cariño y cercanía me acogen siempre.

Ya de antes, de diciembre, puedo contaros que los niños de La Escuelita hicieron sus exámenes y, tal como estaba previsto, tuvieron su fiestecita de navidad. A pesar de que este año fue mucho más humilde que el año pasado, porque no contamos con gente de fuera que viniera a animar la fiesta ni tampoco con muchos recursos, la verdad es que disfrutaron lo que tuvimos. Cantamos, jugamos, bailamos y comimos. Tampoco este año hemos podido regalar nada con motivo de la fiesta de los Reyes, pero bueno, confiamos en que vengan tiempos mejores…

Además de esta fiesta, tuvimos otras dos que organizamos para los envejecientes, tanto de Bienvenido como de Hato Nuevo. Se nos ocurrió hacerlo desde FUCLADIV, la fundación que tenemos aquí, con la idea de ofrecer un espacio especial para esta gentecilla que ya ha acumulado tantos años de vida y que está tan poco protegida en este entorno. Aunque fue una cosita sencilla, todos lo agradecieron mucho.

Sobre las enfermas que ya os suenan familiares, Odeta se va manteniendo, con días mejores y con días peores. Va acudiendo a sus citas médicas en el oncológico y tomando su tratamiento a base de morfina para aguantar el dolor y el malestar. Y quien me preocupa más es Adline. Después de un mes interna en el hospital, la mandaron a casa porque no tenía quien la acompañara. Ella se congrega en una iglesia evangélica del batey. Yo hablé con el pastor de esa iglesia cuando la internaron, para que organizara un plan con su gente a fin de poder acompañarla. Y lo hizo, pero se ve que al final la gente se cansó y dejó de ir, por lo que la pobre tuvo que volver a su casa. Hace un par de semanas fui a visitarla y me dio mucha pena porque está hinchadísima.

Como dicen que su hepatitis, además de ser incurable, es contagiosa, sentí miedo por si su hija pudiese haberse contagiado, así que la llevé a hacerse análisis de todo tipo. Gracias a Dios la pequeña Phaimie está bien. Lo malo es que hace diez días, cuando Phaimie vino para que le diera el dinero para pagar el alquiler de la casa, me contó que su madre se quería ir a Haití, pero a ella no se la llevaba. Todos tenemos claro que se quiere ir a Haití para morir allá, pero nos preocupa qué será de la niña. El matrimonio con el que la dejó cuando estuvo interna en el hospital no quiere asumir la responsabilidad de nuevo, así que andamos viendo qué podemos hacer. Ya os contaré…

Por otra parte, en las vacaciones de navidad fui a visitar a Elodia, la viejita ciega de quien tantas veces os he hablado. Como siempre, se puso a dar gritos de alegría cuando sintió mis besos en su frente. A pesar de su edad, sigue teniendo la cabeza estupendamente, porque inmediatamente se puso a preguntarme por mis padres, mi hermano, hermanas de comunidad que han pasado por aquí y voluntarios, recordando el nombre de cada cual. Además de eso, me estuvo enseñando un vestido blanco que alguien le había regalado para poder ponérselo cuando se muera. Para ella siempre ha sido muy importante tener algo digno para ese momento… y al final, ya cuando estaba a punto de irme, me pidió un favor. Quería que me llevara un donativo para la iglesia, por lo bendecida que se siente por Dios. Por supuesto, le dije que lo haría. Se puso a buscar entre sus pertenencias, a tientas como siempre, y como le costaba encontrarlo, le pregunté cuánto iba a darme, con la intención de decirle que ya lo ponía yo de su parte. Pues bien, me quedé estupefacta cuando me dijo que eran 200 pesos. Esa cantidad equivale a unos 4 dólares, o 3.25 euros. Ciertamente puede parecer que no es mucho, pero la verdad es que sí lo es. Para que os hagáis una idea, aquí la gente suele echar 5 o 10 pesos en la colecta de la iglesia. Al preguntarle de dónde había sacado ese dinero, me contó que uno de los chicos a los que ella cuidaba cuando era joven fue a verla por navidad y se lo regaló. Y ella, que pocas veces ha tenido ese dinero en la mano, estaba tan agradecida a Dios que quiso hacer su ofrenda. Me recordó a la viudita del evangelio, que echó al cepillo los dos únicos céntimos que tenía. Una vez más, me reafirmo en la idea de que quien menos tiene más da.

Por lo demás, el proyecto Sin Papeles No Soy Nadie va a toda marcha. Mañana, mismamente, tengo organizadas, no una, sino dos guaguas para ir a la embajada. Por una parte, han llegado los pasaportes que se hicieron en octubre y noviembre de 2019, por lo que llevo a muchos de los que lo hicieron en esa fecha. Y, por otra, empiezo a sentirme desbordada por la cantidad de gente que viene para hacer su pasaporte. Resulta que este año toca renovar los carnets de regularización que se hicieron en 2018, y la nueva norma es que a quien no tenga pasaporte -o lo tenga vencido- no se le va a renovar el carnet, con lo cual, volverían a estar ilegales en el país. Esto aplica ahora también a quienes quieren declarar a sus hijos nacidos aquí. Antes podían declararlos teniendo algún documento de identidad (acta o cédula), pero ahora también exigen tener el pasaporte.

En principio, la medida es buena -porque es importante que todos tengan su pasaporte- y hasta lógica. Pero a mí me supone una cantidad ingente de personas para llevar a la embajada, y un gran problema en este momento, puesto que no tengo ya dinero. Es más, ni siquiera sé si se van a aprobar los proyectos ni por cuánto importe. Así que ando un poco angustiada con esto. Pero, como siempre, no perdemos la esperanza, confiando en que Dios no abandona a sus hijos más necesitados.

No con los proyectos de aquí, sino con otros de Cuba, pudimos experimentar esto justamente hace unas semanas. Nos invitaron de una parroquia de Estados Unidos donde trabaja una de nuestras hermanas para presentar la realidad de allá y, en concreto, uno de los proyectos de evangelización para los que aún no habíamos conseguido financiación. Fuimos otra hermana y yo, e hicimos nuestra presentación en las homilías de las cinco misas del fin de semana. La gente se volcó y los donativos que hemos recibido superan con muchísimas creces las expectativas que teníamos. Verdaderamente, hay mucha gente buena en el mundo, con ganas de ayudar. Desde aquí, mi agradecimiento a todos.

Bueno, pues voy poniendo fin a esta carta. Os deseo a todos lo mejor, lo que más estéis necesitando en este momento de vuestras vidas. Un abrazo grande desde estas tierras y mi oración.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 8 de diciembre de 2019

Queridos amigos:

Espero que todos os encontréis bien. Siento mucho no haber podido escribir en el mes de noviembre, pero es que hemos tenido muchos problemas con la luz y me ha resultado complicado hacer todo lo que tenía que hacer dependiendo de la electricidad. El caso es que, por una parte, están poniendo en la zona los postes de la luz, supuestamente para tener electricidad las 24 horas del día, aunque en realidad dicen que serán unas 10 o 12. De cualquier manera, saldremos ganando, porque hasta el momento solo tenemos 3 o 4, dependiendo del día. Y, por otra parte, tenemos problemas con el inversor, por lo que, cuando se va la luz de la calle, se va del todo. Así que voy aprovechando el tiempo que hay luz para ir haciendo lo más urgente y… pues nada, que la carta se quedó sin hacer hasta hoy.

El mes de noviembre ha sido bastante movidito, como siempre. Aquí se celebra el mes de la familia y en La Escuelita se ha trabajado ese tema como el valor principal del mes. Como colofón, celebramos la fiesta del día de las familias invitando a los padres de los alumnos. Tuvimos que hacerlo en el local que tengo alquilado para atender a la gente de los papeles, porque la Escuelita se queda pequeña. Aún así estuvimos bastante apretados porque, además de los 82 alumnos que este año hay inscritos, acudieron más de sesenta padres. A pesar de la incomodidad por la falta de espacio, fue un rato muy bonito. Cada uno de los cuatro cursos preparó algunas actuaciones que estuvieron representando: dramatizaciones, canciones, poemas… y al final, todos juntos, cantaron el himno de las familias. Aprovechamos también para dar algunas orientaciones sobre la importancia de la familia dentro de la sociedad y de nuestro ambiente.

Este mes, como es normal, ya tendrán los primeros exámenes del curso, justo antes de las vacaciones, y les daremos las notas en enero. Eso sí, el último día volveremos a celebrar, pero esta vez la navidad. Por cierto, que aquí en Santo Domingo ya está todo decorado de navidad desde finales de septiembre. Llevo seis años aquí y me sigue resultando rara tanta anticipación…

Por la parte del proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, seguimos con la actividad cotidiana, declarando niños y adultos aún indocumentados y yendo cada miércoles a la embajada de Haití a hacer pasaportes.

En noviembre he hecho algunos pasaportes menos de lo normal porque he salido dos veces de viaje, primero a Puerto Rico y después a Miami, donde tenía reunión. A Puerto Rico fui a primeros de mes, para tener convivencia con jóvenes de allá, en equipo con mis hermanos claretianos. La verdad es que fue una gozada de encuentro. Asistieron 23 jóvenes y, bajo el lema “Jesús, el amor más grande”, tuvimos tiempo de reflexionar, profundizar en nuestras vidas, orar, cantar, celebrar… en fin, unas cincuenta horas muy bien aprovechadas y una gran experiencia de Dios para todos. Continuaremos el proceso en febrero.

Por lo demás, sigo encontrando muchos casos bastante dolorosos de gente que vive situaciones muy delicadas. Son personas que me tocan el corazón. Unos lo llevan mejor y otros lo llevan peor. Nuestra querida Odeta ha pasado unas semanas bastante bien, dentro de lo que cabe, pero hace dos días empezó de nuevo con los vómitos, como la otra vez. En aquel momento pensábamos que ya no salía de esa y, sin embargo, se recobró. Esperemos que esta vez ocurra lo mismo.

Y ayer… bueno, ayer no daba crédito a lo que oía. Vino a verme una pobre mujer, y digo pobre en varios sentidos, no sólo en el económico. Es la típica que, cuando uno la ve, parece que no ha roto un plato en su vida y te inspira mucha compasión. Tiene cinco hijos y vive en un lugar de muy difícil acceso, porque es lo único que ha encontrado suficientemente barato como para poder estar. El padre de los hijos no vive en la casa, sino con otra mujer, y va por allí de vez en cuando, pero les da unos 200 pesos al mes para colaborar a la manutención de los niños, lo cual no llega a 4 dólares, o a cuatro euros, vamos, que nada es prácticamente lo mismo. El caso es que a ella la ayudamos hace tres años a conseguir su pasaporte, lógicamente, gratis. Y hace un poco más de un año vino a verme muy preocupada para decirme que fue a Haití a ver a su madre enferma y, a la vuelta, como no tenía dinero para el pasaje, el chófer del autobús le dijo que le entregara su pasaporte hasta que pudiera pagar. La muy ignorante (¡con perdón, pero es que no hay otra palabra!) se lo entregó sin más, sin pedirle un número de teléfono o apuntar el número de placa del autobús. Por supuesto, ¡pasaporte perdido! ¡con lo que cuestan de conseguir! Bien, pues, como os decía, anoche se presentó a verme en el local y quería que le hiciera un papel para que la dejaran entrar en Haití. Le dije que yo no tengo facultades para eso, que fuera a la policía y pusiera una denuncia por haber perdido su pasaporte, a ver si con eso tenía suerte y la dejaban pasar. Pero, al preguntarle que para qué iba a Haití, me dijo que iba para orar por una persona, y me contó “que ella tiene sueños en los que papá Dios le dice que ore por cierta gente”, y que si ella no ora por ellos, se mueren. Como esta persona está en Haití, ella considera que tiene que irse para allá a orar. Hasta aquí se podría pensar que es un alma noble (y seguro que lo es, eso no lo dudo), pero lo que a mí me enerva es que tenga tan poca conciencia como para dejar solos a sus hijos de 1, 4, 6, 8 y 10 años en un lugar como el que viven, y cruce la frontera, sin dinero para el pasaje de vuelta, sin saber cuándo va a volver. En fin, tuve que aguantarme las ganas de agarrarla de los hombros y zarandearla para hacerla entrar en razón, por no faltarle el respeto, porque, aunque lo hubiera hecho, ella se hubiera ido de todas maneras. Nos tocará darle una vueltecita a los niños de vez en cuando por asegurarnos que están bien… ¡Pero este tipo de cosas me hacen alucinar!

En fin, sé que este mes la carta es más corta de lo habitual, pero está a punto de irse la luz y no me gustaría dejarla para otro día, por lo que pueda tardar en encontrar posibilidad para ello, así que mejor lo dejo aquí. Eso sí, hoy celebramos el día de María Inmaculada, patrona de las misioneras claretianas, así que a ella encomiendo a cada uno de vosotros y a vuestras familias. Y, ya de paso, aprovecho para desearos una muy feliz navidad y una buena entrada de año. Ojalá dejemos que Dios nazca cada día en nuestro corazón.

Un abrazo grande para cada uno y… ¡hasta el 2020!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

RECOGIDA DE DINERO PARA EL DISPENSARIO DE MPASA

Desde Estados Unidos nos llega esta carta con el testimonio de los niños de la familia Castro-Molina que, ante las necesidades de la misión de las Claretianas en Kinsasa, han decidido iniciar una campaña de recogida de dinero entre sus familiares y amigos. Si ponemos nuestro granito de arena, entre todos lo conseguiremos. Esta es la carta que nos envían:

Lawrenceville (NJ, USA) 11.07.2019

Hola a todos,

Somos la familia Castro-Molina. Somos misioneros y estamos ayudando a las Hermanas Claretianas. Ellas tienen una misión en Kinsasa, la capital de la República Democrática del Congo. Entre otras cosas, tienen un dispensario donde curan a la gente. Mama nos ha dicho que se ha roto el ecógrafo que es un aparato que sirve para ver si la gente está enferma. Si el aparato está roto, los médicos no se enteran y la gente no se cura.

Todas las noches rezamos por la misión y hemos pensado que podríamos conseguir el dinero para arreglar el ecógrafo. Marcos ha donado su colección de monedas de todos los Estados de EEUU. Aun no la tiene completa pero en total dispone de 12,75 dólares. Algo es algo, y lo pone para nuestra pequeña misión. Martha tiene 7 dólares que se ganó jugando al baloncesto y va a poner 5 dólares para arreglar el aparato. Además, os envía un dibujo para animaros a todos, y Elena pone siete dólares de lo que su abuela le da.

Os escribimos esta carta para deciros que entre todos y aunque sea poco a poco, se puede conseguir dinero y os animamos a ayudar en la misión. Decídselo a vuestros padres y amigos.

Si no podéis colaborar con dinero rezad por la misión. La oración es muy importante porque: le recordamos a Dios cuales son nuestras necesidades, mantenemos unida la cadena de bondades, descongelamos nuestro corazón y el de los demás y hacemos que la gente que está triste se sienta mejor. ANIMAOS.

Si podéis colaborar con algo de vuestros ahorros decídselo a vuestros padres. Ellos pueden ingresarlo en Korima-Claretianas ES3000750096670600177934. Mi madre dice que el concepto pongáis “Ecógrafo” y si queréis también el nombre completo y el DNI de vuestros padres, para algo de Hacienda, que no sabemos lo que es.

¡Que Dios os bendiga!

 

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 30 de octubre de 2019

Queridos amigos:

Aquí vuelvo, intentando ser fiel a mi cita mensual con vosotros, con la confianza de que todos os encontréis bien.

Se está terminando ya este mes de octubre, un mes misionero y claretiano por excelencia, pero este año aún más por haber sido convocado de manera extraordinaria por nuestro papa Francisco. Ojalá todas las actividades que se han realizado a lo largo y ancho del mundo sirvan para crear más conciencia misionera en todos nosotros y que, poco a poco, se vayan viendo los frutos.

Con motivo de este mes misionero, una de mis hermanas y yo tuvimos un encuentro con adolescentes el sábado pasado, en una comunidad llamada El Caimito, por el centro del país, y aprovechamos los materiales misioneros de la OMP para profundizar en el sentido misionero que el bautismo le da a nuestra vida. Creo que les gustó mucho el testimonio que les dimos sobre nuestra vocación misionera.

Y con motivo del mes claretiano, el domingo también participamos en el Encuentro Nacional de Jóvenes Claretianos del país que cada año organizamos desde la Familia Claretiana. Este año el lema fue “Tu Palabra nos envía”. Fue un día bonito en el que compartimos la eucaristía, diferentes talleres organizados por cada rama de la Familia Claretiana y presentaciones que los diferentes grupos de jóvenes habían preparado para la ocasión.

Por lo demás, hemos seguido con las actividades habituales, los lunes y sábados por la tarde atendiendo gente en la oficina, los miércoles llevando gente a la embajada a hacer su pasaporte o a recogerlo y, semanalmente, cuidando que todo funcione bien en La Escuelita, visitando enfermos, preparando cada quince días el pedido de alimentos que repartimos a familias necesitadas… A mediados de mes tuvimos la primera reunión de padres de este curso de los niños de La Escuelita. La hicimos en el local donde atiendo a la gente, puesto que el número de alumnos ha aumentado tanto en estos últimos años que ya no cabemos en La Escuelita para reunirnos. La verdad es que fue todo muy bien. Como siempre, lo organicé de tal manera que cada una de las maestras diera formación sobre algún aspecto: alimentación adecuada, normas de higiene, importancia del juego y del afecto… y, por supuesto, las normas que tenemos en La Escuelita. Los padres salieron contentos y animados para procurar ser más responsables en la educación de sus hijos.

También se alegraron al saber que ya íbamos a entregar la camiseta del uniforme. No había hecho el pedido hasta ahora porque aún seguían viniendo familias para inscribir a sus hijos, pero como ya es imposible apuntar a nadie más porque no nos queda casi espacio para movernos, cerré definitivamente la lista e hice el pedido. Así que ya, cada día, se puede ver en el batey un reguerito de chicos vistiendo orgullosos la camiseta de su uniforme…

Hasta aquí las noticias buenas o agradables. Pero, como en todas partes, la vida no es fácil para todo el mundo. Y ahora que os escribo y repaso mentalmente lo que ha sido este mes, me doy cuenta que se han juntado muchas desgracias para bastante gente.

Algunos me habéis preguntado de manera personal por Odeta y Adline. Ambas siguen mal. La verdad es que Odeta mejoró un poco durante un par de semanas después de recibir el nuevo tratamiento de morfina, pero se ve que ya el organismo se le debe haber acostumbrado porque desde la semana pasada vuelve a tener mucho dolor por la osteoartrosis lumbar y los vómitos han vuelto. En cuanto a Adline, lleva interna en el hospital casi un mes. Afortunadamente, el pastor de la iglesia en la que ella se congrega se ha hecho cargo del asunto y cada día va enviando gente que pueda quedarse con ella, porque si no está acompañada no puede quedarse allí. Mientras, la pobre Phaimie, su hija, se está quedando en la casa de un matrimonio que la ha acogido hasta que su madre salga.

Además de ellas dos, han aparecido nuevas personas con situaciones muy complicadas y que me han tocado mucho. Por ejemplo, un chico joven, que está solo en el país, que ha contraído tuberculosis. Está malviviendo en un cuartito de 2 x 2 metros que ha conseguido. Cuando fui a verlo la primera vez me impactó lo flaquito que está y el mal aspecto que tiene. Estaba tumbado en el suelo, en una colchoneta de menos de 5 centímetros de grosor. Ya le llevamos una camita, que es pequeña, pero que al menos le libra de la humedad del suelo. Y le estamos llevando también algo de comida para que se mantenga.

O el caso del marido de Nelina, que al llegar a su casa descubrió que alguien había entrado y, antes de tener tiempo para reaccionar, el ladrón lo infló a machetazos.

O el de Edianie, una mujer joven que apareció la semana pasada en la oficina y me contó que apresaron a su marido porque intentó separar a dos que se estaban peleando y lo acusaron a él sin tener nada que ver en el asunto. Ahora ella está sola, con sus tres hijos, sin dinero para comprar comida, ni pagar el alquiler de la casa, sin poder ir a visitarlo ni llevarle medicinas…

O el de tantos que han sido agarrados por Migración y deportados a Haití, dejando aquí a sus mujeres e hijos absolutamente desamparados. En las noticias dijeron esta mañana que, solo en esta semana, han detenido y deportado a 1392 extranjeros. Lo triste es que cuando los detienen los tratan como animales, como si no fueran personas. A muchos de ellos les quitan sus documentos, dejándolos indocumentados y a otros ni siquiera les dejan que se los enseñen. Tanto es así, que ya me han llegado algunas personas que han tenido que ir a la frontera a buscar a sus hijos porque, una vez allá, vieron que estaban legales en el país y no podían deportarlos. De corazón os digo que a este mundo le falta mucha humanidad…

También hemos tenido 2 muertes muy sufridas en el batey en este mes. La primera fue la del hijo de Yetá, una de las mujeres a la que venimos ayudando hace tiempo, al que metieron 9 balazos en el cuerpo en menos de un minuto. Y, curiosamente, a menos de cien metros de la comandancia de la policía… La segunda muerte fue la del nieto de Memena, otra de las que reciben nuestra ayuda. El niño tenía un añito y murió de dengue. Un dolor tremendo. Sus padres están destrozados. La madre ni siquiera tuvo fuerzas para ir a enterrar a su hijo al cementerio… Lo enterramos al día siguiente por la mañana. El camino al cementerio siempre me impresiona. Tenemos que ir hasta Hato Nuevo, y la gente va caminando detrás del coche fúnebre, o en moto, abriéndole paso. Yo, por primera vez, fui en moto. No os exagero cuando os digo que íbamos más de cien motos, parando cada cien metros para no generar mucha distancia respecto al coche fúnebre. Ese camino me resultó conmovedor.

Y el cementerio en sí es algo que también me choca siempre que voy. No hay ningún tipo de orden ni de cuidado… ¡ni de camino! las tumbas están pegadas unas con otras, de tal manera que para llegar al sitio donde se va a enterrar a la persona fallecida hay que ir pisando las tumbas y saltando por encima de ellas. Y en el momento del enterramiento, todo es tan estrecho que cada cual se sube donde puede para ver. Pero todos lo ven lo más normal. Eso es algo en lo que todavía no me he inculturado…

No quiero terminar sin mencionar la situación de Haití. No sé si os llegan las noticias, pero la cosa allá está cada vez peor, hasta tal punto que ha vuelto a declararse en estado de emergencia. A principios de mes, ni siquiera la gente podía pasar por la frontera, y ahora ya vuelve haber tránsito, pero no deja de ser peligroso por lo que se está viviendo. En fin, oremos por ese pueblo tan pobre y tan castigado.

Un abrazo grande para cada uno y mucho ánimo con lo que cada cual tenga entre manos. ¡Volvemos a encontrarnos el próximo mes!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana