• Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

    Únete a otros 988 seguidores

  • NUESTRA WEB

  • MEMORIAS

  • BOLETINES

  • REDES SOCIALES

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 23 de marzo de 2020

Queridos amigos:

Aprovechando el aislamiento por el coronavirus en el que probablemente todos estemos, acudo a mi cita mensual con cada uno de vosotros para contaros cositas de esta parte del mundo.

Confío que todos os encontréis bien y que ninguno de vosotros ni de vuestros familiares se haya contagiado.

Muchos me habéis preguntado cómo están las cosas por aquí. La respuesta: igual que en todas partes. El presidente se dirigió al país para establecer las medidas de precaución el martes pasado, hace exactamente una semana. Los rumores dicen que no lo hizo antes porque interesaba que la gente fuera a votar en las elecciones municipales que tuvimos el domingo 15. Una gran irresponsabilidad… También dicen que hasta ese momento se estuvo ocultando el número de casos de coronavirus en el país, por el mismo motivo. El caso es que en su discurso decretó estado de emergencia, instó al aislamiento social y a la precaución, informó del cierre de escuelas, reducción de jornadas laborales, no aceptación de vuelos europeos… en fin, lo que ha pasado en todas partes. También el obispo, un día después, informó de la cancelación de todas las celebraciones públicas de cualquier tipo en la Iglesia.

Como confirmación de los rumores, el día antes de las elecciones supuestamente solo había 5 casos en todo el país, el día después 21, la cifra ayer ya subió a 220 y hoy a 245.

Mucha gente ha sido responsable desde el principio y se ha quedado en casa, pero otros muchos no. De hecho, se decretó toque de queda de 8 de la noche a 6 de la mañana hace tres días bajo pena de prisión y ya han metido presos a 1500 personas en el país… En el batey las calles están más tranquilas de lo normal, pero sigue habiendo gente caminando por ahí sin mascarilla ni guantes, hombres que se reúnen a jugar al domino… una irresponsabilidad tremenda que traerá consecuencias graves.

Lo malo es que aquí en el batey la mayoría de la gente come de lo que consigue cada día, y como todo se ha paralizado ya hay gente pasando hambre. Y esto va a ir a peor, porque solo estamos en los comienzos. El gobierno está dando unas ayudas, pero son bolsitas pequeñas, con un poco de arroz y otros productos básicos. Lo está haciendo a través de algunas organizaciones y también de las escuelas públicas.

Lo único bueno, que desde el anuncio del presidente no nos han cortado la luz, por lo que al menos la gente puede ver la tele y alumbrarse a todas horas.

Por la ciudad no he ido y no sé cómo están las cosas, pero sí que he salido por los alrededores de Manoguayabo para comprar. El miércoles pasado, justo después de que hablara el presidente, las estanterías de arroz y habichuelas (alimentos básicos aquí) estaban ya vacías.

Esta mañana volví a salir (¡tranquilo, papi, que fui con mascarilla, guantes y hasta manga larga!) y no he podido comprar en ninguno de mis dos sitios habituales porque las filas para entrar eran kilométricas y me hubiera supuesto estar esperando al menos tres horas, cosa que no voy a hacer en estas circunstancias… Está cundiendo el pánico porque van llegando mensajes que dicen que ni siquiera los supermercados y las farmacias van a abrir, pero yo no creo que sean verdad, al menos no los he visto publicados en ningún sitio oficial. Como todos sabemos, este tipo de situaciones suelen provocar rumores falsos que todo el mundo acaba creyendo. Y, hablando de eso… por supuesto, no nos están faltando las predicaciones de los evangélicos y otras sectas que dicen que esto es ya el fin del mundo y que todo viene provocado por los pecados de la gente. Lo malo es que aquí la falta de formación es tan grande que muchos se dejan llevar por esas ideas. Desde que vivo aquí, todos los miércoles por la tarde y los sábados por la mañana llega uno con su bocina (altavoz) y se pone a predicar al lado de nuestra casa. El otro día me dieron ganas de sacar la cabeza por encima de la valla y decirle un par de cositas para que se callara y dejara de sembrar el pánico… En fin, ya veremos cómo acaba todo esto.

Dejando a un lado el tema estrella de estos tiempos, os cuento algo más agradable, por ejemplo, de la Escuelita. Después de mi última carta, en el país hubo dos celebraciones importantes. La primera, el 14 de febrero, día del amor y la amistad. La segunda, el 27, día de la Independencia Nacional. En ambos casos los profes pusieron a los niños a hacer manualidades y, según me contaron, disfrutaron mucho.

Y digo que me contaron porque en realidad yo llevo aquí diez días. Estuve prácticamente un mes fuera, puesto que tuve reuniones en Miami y de ahí me fui a Madrid para tener otras dos reuniones, una de ellas de varios días. Gracias a Dios pude ver también a mi familia, lo cual me deja más tranquila, por todo lo que está pasando. La verdad es que pude volver “por los pelos”… porque mi viaje de vuelta era nuevamente a través de Miami, y mi vuelo fue el último que dejaron entrar proveniente de Europa. Vamos, si llega a ser un día después, allá me quedo.

Después de llegar, atendí gente solo dos días, el sábado y el lunes, y, aunque aquí aún no se había declarado el estado de emergencia, tomé precauciones por si acaso. Mucha gente ni siquiera había oído hablar todavía del coronavirus, así que se extrañaban de verme con mascarilla y guantes…

En mi carta del mes pasado os contaba que andaba un poco desbordada con el proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, por la cantidad de gente que está acudiendo para que le ayude a hacer su pasaporte, porque los necesitan para renovar sus carnets de regularización. Pues para que veáis cómo siguió aumentando el desbordamiento, os cuento que yo siempre he ido organizando las guaguas para ir a la embajada de semana en semana. Es decir, los sábados y los lunes, que es cuando atiendo, iba apuntando gente y completando la guagua que llevaría el miércoles a la embajada, un total de 17 o 18 personas, que son las que caben en la guagua. Cerraba lista y empezaba de nuevo a montar la de la semana siguiente. Pues bien, cuando me fui de República Dominicana el 18 de febrero, ya tenía organizadas dos guaguas para el miércoles 18 de marzo, una para el 19, otras dos para el 25 y otra para el día 1 de abril. Y con la gente que atendí la semana pasada durante los dos días que abrí, completé las de las dos semanas siguientes. ¡Una locura!

Como os podéis imaginar, cuando el martes me avisaron que la Embajada de Haití cerraba por lo del coronavirus (por cierto, fueron más rápidos que el presidente…), me tuve que poner a contactar con las 54 personas que iba a llevar los dos días siguientes para decirles que se suspendían los viajes. No quiero ni pensar cómo me voy a organizar una vez que pase todo esto…

Por la parte de los enfermos, cuando llegué me enteré que volvieron a internar a Adline en el hospital porque empeoró. Ninguno de sus familiares quiso quedarse con su hija Phaimie, y volvió a acogerla el mismo matrimonio de la otra vez.

En cuanto a la buena de Odeta, estando en España me avisaron que se cayó y se clavó algo en el pie que le dejó un agujero profundo. Me asusté mucho, no solo por el hecho en sí, sino por las infecciones que se podía coger siendo diabética. Encima, los días anteriores había estado mal, de nuevo con los vómitos.

Cuando regresé del viaje fui a visitarla con mi compañera Ana. Afortunadamente, tenía el pie bastante cicatrizado y además la encontré de buen humor. Después su marido nos contó que horas antes la había dejado fatal y que fue nuestra visita la que la revivió y la llenó de energía. Sea por lo que sea, me dio tranquilidad verla así, y me alegra haber ido en ese momento, antes de empezar el aislamiento.

Por lo demás, estos días de encierro estoy aprovechando para hacer muchas cosas que tenía atrasadas y, lógicamente, para dedicar más tiempo a la oración, para que esto se controle lo antes posible.

El otro día estaba reparando actas de nacimiento que la gente me trae en muy malas condiciones y, mientras oraba por cada uno de sus dueños, me venía a la mente la comparación sobre lo vulnerable que es el ser humano, TODO ser humano, y lo mucho que nos necesitamos unos a otros. Viendo algunos vídeos que me han llegado de España, donde la gente sale a ciertas horas al balcón a mostrar gestos de solidaridad… o viendo las fotos de las mascarillas que está confeccionando mi madre ¡con tela, filtro de aspiradoras y elásticos!… viendo los esfuerzos que algunas personas están haciendo para que en otros no decaiga la esperanza ni cunda el miedo… me doy cuenta de lo importante que esta situación puede ser para nuestras vidas si nos dejamos de verdad interpelar por ella y pensar más en clave de “nosotros” que en clave de “yo”. Igual todo esto nos ayuda a recordar qué es lo verdaderamente importante en la vida y, en adelante, a vivir de otra manera, con más sensatez, valorando lo pequeño, lo sencillo, lo frágil…

Mi madre tiene en la terraza una maceta con una flor muy bonita, de la que ahora no recuerdo el nombre… se trata de una flor que solo vive un día, pero en ese único día de vida, ofrece su hermosura como regalo gratuito a quien pasa por delante suya… Ojalá sepamos vivir nuestra vida en plenitud, disfrutar de cada momento, de cada persona… dando a todos los que se pongan en nuestro camino lo mejor de nosotros mismos.

Cuidaos mucho y aprovechad el aislamiento de forma creativa. ¡Hasta la próxima!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 4 de febrero de 2020

 

Queridos amigos:

Espero que todos hayáis tenido una buena entrada de año y que os encontréis bien. Llevo semanas queriendo escribir, pero hasta ahora no encuentro el momento.

De hecho, acabo de llegar de Puerto Rico. Como os comentaba en mi última carta, hemos iniciado un proceso de profundización en la fe y de discernimiento con jóvenes de allá. Este segundo encuentro tenía el lema “Un amor que sueña y que te envía” y ha sido una auténtica gozada, como el anterior. Participaron 28 jóvenes con ganas de encontrarse con Jesús y de vivir con autenticidad. El próximo lo tendremos en marzo.

Además de este encuentro, el día que llegué participé en una reunión de la comunidad Kaleo de Seglares Claretianos. Me invitaron para compartir con ellos cuál es el carisma de las misioneras claretianas y también para que les contara sobre la misión que tengo aquí en República Dominicana. Fue un rato muy agradable, fraterno… en el que pudimos reforzar lazos como Familia Claretiana. Y esto, no solo con los Seglares, sino con mis hermanos claretianos, que con tanto cariño y cercanía me acogen siempre.

Ya de antes, de diciembre, puedo contaros que los niños de La Escuelita hicieron sus exámenes y, tal como estaba previsto, tuvieron su fiestecita de navidad. A pesar de que este año fue mucho más humilde que el año pasado, porque no contamos con gente de fuera que viniera a animar la fiesta ni tampoco con muchos recursos, la verdad es que disfrutaron lo que tuvimos. Cantamos, jugamos, bailamos y comimos. Tampoco este año hemos podido regalar nada con motivo de la fiesta de los Reyes, pero bueno, confiamos en que vengan tiempos mejores…

Además de esta fiesta, tuvimos otras dos que organizamos para los envejecientes, tanto de Bienvenido como de Hato Nuevo. Se nos ocurrió hacerlo desde FUCLADIV, la fundación que tenemos aquí, con la idea de ofrecer un espacio especial para esta gentecilla que ya ha acumulado tantos años de vida y que está tan poco protegida en este entorno. Aunque fue una cosita sencilla, todos lo agradecieron mucho.

Sobre las enfermas que ya os suenan familiares, Odeta se va manteniendo, con días mejores y con días peores. Va acudiendo a sus citas médicas en el oncológico y tomando su tratamiento a base de morfina para aguantar el dolor y el malestar. Y quien me preocupa más es Adline. Después de un mes interna en el hospital, la mandaron a casa porque no tenía quien la acompañara. Ella se congrega en una iglesia evangélica del batey. Yo hablé con el pastor de esa iglesia cuando la internaron, para que organizara un plan con su gente a fin de poder acompañarla. Y lo hizo, pero se ve que al final la gente se cansó y dejó de ir, por lo que la pobre tuvo que volver a su casa. Hace un par de semanas fui a visitarla y me dio mucha pena porque está hinchadísima.

Como dicen que su hepatitis, además de ser incurable, es contagiosa, sentí miedo por si su hija pudiese haberse contagiado, así que la llevé a hacerse análisis de todo tipo. Gracias a Dios la pequeña Phaimie está bien. Lo malo es que hace diez días, cuando Phaimie vino para que le diera el dinero para pagar el alquiler de la casa, me contó que su madre se quería ir a Haití, pero a ella no se la llevaba. Todos tenemos claro que se quiere ir a Haití para morir allá, pero nos preocupa qué será de la niña. El matrimonio con el que la dejó cuando estuvo interna en el hospital no quiere asumir la responsabilidad de nuevo, así que andamos viendo qué podemos hacer. Ya os contaré…

Por otra parte, en las vacaciones de navidad fui a visitar a Elodia, la viejita ciega de quien tantas veces os he hablado. Como siempre, se puso a dar gritos de alegría cuando sintió mis besos en su frente. A pesar de su edad, sigue teniendo la cabeza estupendamente, porque inmediatamente se puso a preguntarme por mis padres, mi hermano, hermanas de comunidad que han pasado por aquí y voluntarios, recordando el nombre de cada cual. Además de eso, me estuvo enseñando un vestido blanco que alguien le había regalado para poder ponérselo cuando se muera. Para ella siempre ha sido muy importante tener algo digno para ese momento… y al final, ya cuando estaba a punto de irme, me pidió un favor. Quería que me llevara un donativo para la iglesia, por lo bendecida que se siente por Dios. Por supuesto, le dije que lo haría. Se puso a buscar entre sus pertenencias, a tientas como siempre, y como le costaba encontrarlo, le pregunté cuánto iba a darme, con la intención de decirle que ya lo ponía yo de su parte. Pues bien, me quedé estupefacta cuando me dijo que eran 200 pesos. Esa cantidad equivale a unos 4 dólares, o 3.25 euros. Ciertamente puede parecer que no es mucho, pero la verdad es que sí lo es. Para que os hagáis una idea, aquí la gente suele echar 5 o 10 pesos en la colecta de la iglesia. Al preguntarle de dónde había sacado ese dinero, me contó que uno de los chicos a los que ella cuidaba cuando era joven fue a verla por navidad y se lo regaló. Y ella, que pocas veces ha tenido ese dinero en la mano, estaba tan agradecida a Dios que quiso hacer su ofrenda. Me recordó a la viudita del evangelio, que echó al cepillo los dos únicos céntimos que tenía. Una vez más, me reafirmo en la idea de que quien menos tiene más da.

Por lo demás, el proyecto Sin Papeles No Soy Nadie va a toda marcha. Mañana, mismamente, tengo organizadas, no una, sino dos guaguas para ir a la embajada. Por una parte, han llegado los pasaportes que se hicieron en octubre y noviembre de 2019, por lo que llevo a muchos de los que lo hicieron en esa fecha. Y, por otra, empiezo a sentirme desbordada por la cantidad de gente que viene para hacer su pasaporte. Resulta que este año toca renovar los carnets de regularización que se hicieron en 2018, y la nueva norma es que a quien no tenga pasaporte -o lo tenga vencido- no se le va a renovar el carnet, con lo cual, volverían a estar ilegales en el país. Esto aplica ahora también a quienes quieren declarar a sus hijos nacidos aquí. Antes podían declararlos teniendo algún documento de identidad (acta o cédula), pero ahora también exigen tener el pasaporte.

En principio, la medida es buena -porque es importante que todos tengan su pasaporte- y hasta lógica. Pero a mí me supone una cantidad ingente de personas para llevar a la embajada, y un gran problema en este momento, puesto que no tengo ya dinero. Es más, ni siquiera sé si se van a aprobar los proyectos ni por cuánto importe. Así que ando un poco angustiada con esto. Pero, como siempre, no perdemos la esperanza, confiando en que Dios no abandona a sus hijos más necesitados.

No con los proyectos de aquí, sino con otros de Cuba, pudimos experimentar esto justamente hace unas semanas. Nos invitaron de una parroquia de Estados Unidos donde trabaja una de nuestras hermanas para presentar la realidad de allá y, en concreto, uno de los proyectos de evangelización para los que aún no habíamos conseguido financiación. Fuimos otra hermana y yo, e hicimos nuestra presentación en las homilías de las cinco misas del fin de semana. La gente se volcó y los donativos que hemos recibido superan con muchísimas creces las expectativas que teníamos. Verdaderamente, hay mucha gente buena en el mundo, con ganas de ayudar. Desde aquí, mi agradecimiento a todos.

Bueno, pues voy poniendo fin a esta carta. Os deseo a todos lo mejor, lo que más estéis necesitando en este momento de vuestras vidas. Un abrazo grande desde estas tierras y mi oración.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 8 de diciembre de 2019

Queridos amigos:

Espero que todos os encontréis bien. Siento mucho no haber podido escribir en el mes de noviembre, pero es que hemos tenido muchos problemas con la luz y me ha resultado complicado hacer todo lo que tenía que hacer dependiendo de la electricidad. El caso es que, por una parte, están poniendo en la zona los postes de la luz, supuestamente para tener electricidad las 24 horas del día, aunque en realidad dicen que serán unas 10 o 12. De cualquier manera, saldremos ganando, porque hasta el momento solo tenemos 3 o 4, dependiendo del día. Y, por otra parte, tenemos problemas con el inversor, por lo que, cuando se va la luz de la calle, se va del todo. Así que voy aprovechando el tiempo que hay luz para ir haciendo lo más urgente y… pues nada, que la carta se quedó sin hacer hasta hoy.

El mes de noviembre ha sido bastante movidito, como siempre. Aquí se celebra el mes de la familia y en La Escuelita se ha trabajado ese tema como el valor principal del mes. Como colofón, celebramos la fiesta del día de las familias invitando a los padres de los alumnos. Tuvimos que hacerlo en el local que tengo alquilado para atender a la gente de los papeles, porque la Escuelita se queda pequeña. Aún así estuvimos bastante apretados porque, además de los 82 alumnos que este año hay inscritos, acudieron más de sesenta padres. A pesar de la incomodidad por la falta de espacio, fue un rato muy bonito. Cada uno de los cuatro cursos preparó algunas actuaciones que estuvieron representando: dramatizaciones, canciones, poemas… y al final, todos juntos, cantaron el himno de las familias. Aprovechamos también para dar algunas orientaciones sobre la importancia de la familia dentro de la sociedad y de nuestro ambiente.

Este mes, como es normal, ya tendrán los primeros exámenes del curso, justo antes de las vacaciones, y les daremos las notas en enero. Eso sí, el último día volveremos a celebrar, pero esta vez la navidad. Por cierto, que aquí en Santo Domingo ya está todo decorado de navidad desde finales de septiembre. Llevo seis años aquí y me sigue resultando rara tanta anticipación…

Por la parte del proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, seguimos con la actividad cotidiana, declarando niños y adultos aún indocumentados y yendo cada miércoles a la embajada de Haití a hacer pasaportes.

En noviembre he hecho algunos pasaportes menos de lo normal porque he salido dos veces de viaje, primero a Puerto Rico y después a Miami, donde tenía reunión. A Puerto Rico fui a primeros de mes, para tener convivencia con jóvenes de allá, en equipo con mis hermanos claretianos. La verdad es que fue una gozada de encuentro. Asistieron 23 jóvenes y, bajo el lema “Jesús, el amor más grande”, tuvimos tiempo de reflexionar, profundizar en nuestras vidas, orar, cantar, celebrar… en fin, unas cincuenta horas muy bien aprovechadas y una gran experiencia de Dios para todos. Continuaremos el proceso en febrero.

Por lo demás, sigo encontrando muchos casos bastante dolorosos de gente que vive situaciones muy delicadas. Son personas que me tocan el corazón. Unos lo llevan mejor y otros lo llevan peor. Nuestra querida Odeta ha pasado unas semanas bastante bien, dentro de lo que cabe, pero hace dos días empezó de nuevo con los vómitos, como la otra vez. En aquel momento pensábamos que ya no salía de esa y, sin embargo, se recobró. Esperemos que esta vez ocurra lo mismo.

Y ayer… bueno, ayer no daba crédito a lo que oía. Vino a verme una pobre mujer, y digo pobre en varios sentidos, no sólo en el económico. Es la típica que, cuando uno la ve, parece que no ha roto un plato en su vida y te inspira mucha compasión. Tiene cinco hijos y vive en un lugar de muy difícil acceso, porque es lo único que ha encontrado suficientemente barato como para poder estar. El padre de los hijos no vive en la casa, sino con otra mujer, y va por allí de vez en cuando, pero les da unos 200 pesos al mes para colaborar a la manutención de los niños, lo cual no llega a 4 dólares, o a cuatro euros, vamos, que nada es prácticamente lo mismo. El caso es que a ella la ayudamos hace tres años a conseguir su pasaporte, lógicamente, gratis. Y hace un poco más de un año vino a verme muy preocupada para decirme que fue a Haití a ver a su madre enferma y, a la vuelta, como no tenía dinero para el pasaje, el chófer del autobús le dijo que le entregara su pasaporte hasta que pudiera pagar. La muy ignorante (¡con perdón, pero es que no hay otra palabra!) se lo entregó sin más, sin pedirle un número de teléfono o apuntar el número de placa del autobús. Por supuesto, ¡pasaporte perdido! ¡con lo que cuestan de conseguir! Bien, pues, como os decía, anoche se presentó a verme en el local y quería que le hiciera un papel para que la dejaran entrar en Haití. Le dije que yo no tengo facultades para eso, que fuera a la policía y pusiera una denuncia por haber perdido su pasaporte, a ver si con eso tenía suerte y la dejaban pasar. Pero, al preguntarle que para qué iba a Haití, me dijo que iba para orar por una persona, y me contó “que ella tiene sueños en los que papá Dios le dice que ore por cierta gente”, y que si ella no ora por ellos, se mueren. Como esta persona está en Haití, ella considera que tiene que irse para allá a orar. Hasta aquí se podría pensar que es un alma noble (y seguro que lo es, eso no lo dudo), pero lo que a mí me enerva es que tenga tan poca conciencia como para dejar solos a sus hijos de 1, 4, 6, 8 y 10 años en un lugar como el que viven, y cruce la frontera, sin dinero para el pasaje de vuelta, sin saber cuándo va a volver. En fin, tuve que aguantarme las ganas de agarrarla de los hombros y zarandearla para hacerla entrar en razón, por no faltarle el respeto, porque, aunque lo hubiera hecho, ella se hubiera ido de todas maneras. Nos tocará darle una vueltecita a los niños de vez en cuando por asegurarnos que están bien… ¡Pero este tipo de cosas me hacen alucinar!

En fin, sé que este mes la carta es más corta de lo habitual, pero está a punto de irse la luz y no me gustaría dejarla para otro día, por lo que pueda tardar en encontrar posibilidad para ello, así que mejor lo dejo aquí. Eso sí, hoy celebramos el día de María Inmaculada, patrona de las misioneras claretianas, así que a ella encomiendo a cada uno de vosotros y a vuestras familias. Y, ya de paso, aprovecho para desearos una muy feliz navidad y una buena entrada de año. Ojalá dejemos que Dios nazca cada día en nuestro corazón.

Un abrazo grande para cada uno y… ¡hasta el 2020!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

RECOGIDA DE DINERO PARA EL DISPENSARIO DE MPASA

Desde Estados Unidos nos llega esta carta con el testimonio de los niños de la familia Castro-Molina que, ante las necesidades de la misión de las Claretianas en Kinsasa, han decidido iniciar una campaña de recogida de dinero entre sus familiares y amigos. Si ponemos nuestro granito de arena, entre todos lo conseguiremos. Esta es la carta que nos envían:

Lawrenceville (NJ, USA) 11.07.2019

Hola a todos,

Somos la familia Castro-Molina. Somos misioneros y estamos ayudando a las Hermanas Claretianas. Ellas tienen una misión en Kinsasa, la capital de la República Democrática del Congo. Entre otras cosas, tienen un dispensario donde curan a la gente. Mama nos ha dicho que se ha roto el ecógrafo que es un aparato que sirve para ver si la gente está enferma. Si el aparato está roto, los médicos no se enteran y la gente no se cura.

Todas las noches rezamos por la misión y hemos pensado que podríamos conseguir el dinero para arreglar el ecógrafo. Marcos ha donado su colección de monedas de todos los Estados de EEUU. Aun no la tiene completa pero en total dispone de 12,75 dólares. Algo es algo, y lo pone para nuestra pequeña misión. Martha tiene 7 dólares que se ganó jugando al baloncesto y va a poner 5 dólares para arreglar el aparato. Además, os envía un dibujo para animaros a todos, y Elena pone siete dólares de lo que su abuela le da.

Os escribimos esta carta para deciros que entre todos y aunque sea poco a poco, se puede conseguir dinero y os animamos a ayudar en la misión. Decídselo a vuestros padres y amigos.

Si no podéis colaborar con dinero rezad por la misión. La oración es muy importante porque: le recordamos a Dios cuales son nuestras necesidades, mantenemos unida la cadena de bondades, descongelamos nuestro corazón y el de los demás y hacemos que la gente que está triste se sienta mejor. ANIMAOS.

Si podéis colaborar con algo de vuestros ahorros decídselo a vuestros padres. Ellos pueden ingresarlo en Korima-Claretianas ES3000750096670600177934. Mi madre dice que el concepto pongáis “Ecógrafo” y si queréis también el nombre completo y el DNI de vuestros padres, para algo de Hacienda, que no sabemos lo que es.

¡Que Dios os bendiga!

 

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 30 de octubre de 2019

Queridos amigos:

Aquí vuelvo, intentando ser fiel a mi cita mensual con vosotros, con la confianza de que todos os encontréis bien.

Se está terminando ya este mes de octubre, un mes misionero y claretiano por excelencia, pero este año aún más por haber sido convocado de manera extraordinaria por nuestro papa Francisco. Ojalá todas las actividades que se han realizado a lo largo y ancho del mundo sirvan para crear más conciencia misionera en todos nosotros y que, poco a poco, se vayan viendo los frutos.

Con motivo de este mes misionero, una de mis hermanas y yo tuvimos un encuentro con adolescentes el sábado pasado, en una comunidad llamada El Caimito, por el centro del país, y aprovechamos los materiales misioneros de la OMP para profundizar en el sentido misionero que el bautismo le da a nuestra vida. Creo que les gustó mucho el testimonio que les dimos sobre nuestra vocación misionera.

Y con motivo del mes claretiano, el domingo también participamos en el Encuentro Nacional de Jóvenes Claretianos del país que cada año organizamos desde la Familia Claretiana. Este año el lema fue “Tu Palabra nos envía”. Fue un día bonito en el que compartimos la eucaristía, diferentes talleres organizados por cada rama de la Familia Claretiana y presentaciones que los diferentes grupos de jóvenes habían preparado para la ocasión.

Por lo demás, hemos seguido con las actividades habituales, los lunes y sábados por la tarde atendiendo gente en la oficina, los miércoles llevando gente a la embajada a hacer su pasaporte o a recogerlo y, semanalmente, cuidando que todo funcione bien en La Escuelita, visitando enfermos, preparando cada quince días el pedido de alimentos que repartimos a familias necesitadas… A mediados de mes tuvimos la primera reunión de padres de este curso de los niños de La Escuelita. La hicimos en el local donde atiendo a la gente, puesto que el número de alumnos ha aumentado tanto en estos últimos años que ya no cabemos en La Escuelita para reunirnos. La verdad es que fue todo muy bien. Como siempre, lo organicé de tal manera que cada una de las maestras diera formación sobre algún aspecto: alimentación adecuada, normas de higiene, importancia del juego y del afecto… y, por supuesto, las normas que tenemos en La Escuelita. Los padres salieron contentos y animados para procurar ser más responsables en la educación de sus hijos.

También se alegraron al saber que ya íbamos a entregar la camiseta del uniforme. No había hecho el pedido hasta ahora porque aún seguían viniendo familias para inscribir a sus hijos, pero como ya es imposible apuntar a nadie más porque no nos queda casi espacio para movernos, cerré definitivamente la lista e hice el pedido. Así que ya, cada día, se puede ver en el batey un reguerito de chicos vistiendo orgullosos la camiseta de su uniforme…

Hasta aquí las noticias buenas o agradables. Pero, como en todas partes, la vida no es fácil para todo el mundo. Y ahora que os escribo y repaso mentalmente lo que ha sido este mes, me doy cuenta que se han juntado muchas desgracias para bastante gente.

Algunos me habéis preguntado de manera personal por Odeta y Adline. Ambas siguen mal. La verdad es que Odeta mejoró un poco durante un par de semanas después de recibir el nuevo tratamiento de morfina, pero se ve que ya el organismo se le debe haber acostumbrado porque desde la semana pasada vuelve a tener mucho dolor por la osteoartrosis lumbar y los vómitos han vuelto. En cuanto a Adline, lleva interna en el hospital casi un mes. Afortunadamente, el pastor de la iglesia en la que ella se congrega se ha hecho cargo del asunto y cada día va enviando gente que pueda quedarse con ella, porque si no está acompañada no puede quedarse allí. Mientras, la pobre Phaimie, su hija, se está quedando en la casa de un matrimonio que la ha acogido hasta que su madre salga.

Además de ellas dos, han aparecido nuevas personas con situaciones muy complicadas y que me han tocado mucho. Por ejemplo, un chico joven, que está solo en el país, que ha contraído tuberculosis. Está malviviendo en un cuartito de 2 x 2 metros que ha conseguido. Cuando fui a verlo la primera vez me impactó lo flaquito que está y el mal aspecto que tiene. Estaba tumbado en el suelo, en una colchoneta de menos de 5 centímetros de grosor. Ya le llevamos una camita, que es pequeña, pero que al menos le libra de la humedad del suelo. Y le estamos llevando también algo de comida para que se mantenga.

O el caso del marido de Nelina, que al llegar a su casa descubrió que alguien había entrado y, antes de tener tiempo para reaccionar, el ladrón lo infló a machetazos.

O el de Edianie, una mujer joven que apareció la semana pasada en la oficina y me contó que apresaron a su marido porque intentó separar a dos que se estaban peleando y lo acusaron a él sin tener nada que ver en el asunto. Ahora ella está sola, con sus tres hijos, sin dinero para comprar comida, ni pagar el alquiler de la casa, sin poder ir a visitarlo ni llevarle medicinas…

O el de tantos que han sido agarrados por Migración y deportados a Haití, dejando aquí a sus mujeres e hijos absolutamente desamparados. En las noticias dijeron esta mañana que, solo en esta semana, han detenido y deportado a 1392 extranjeros. Lo triste es que cuando los detienen los tratan como animales, como si no fueran personas. A muchos de ellos les quitan sus documentos, dejándolos indocumentados y a otros ni siquiera les dejan que se los enseñen. Tanto es así, que ya me han llegado algunas personas que han tenido que ir a la frontera a buscar a sus hijos porque, una vez allá, vieron que estaban legales en el país y no podían deportarlos. De corazón os digo que a este mundo le falta mucha humanidad…

También hemos tenido 2 muertes muy sufridas en el batey en este mes. La primera fue la del hijo de Yetá, una de las mujeres a la que venimos ayudando hace tiempo, al que metieron 9 balazos en el cuerpo en menos de un minuto. Y, curiosamente, a menos de cien metros de la comandancia de la policía… La segunda muerte fue la del nieto de Memena, otra de las que reciben nuestra ayuda. El niño tenía un añito y murió de dengue. Un dolor tremendo. Sus padres están destrozados. La madre ni siquiera tuvo fuerzas para ir a enterrar a su hijo al cementerio… Lo enterramos al día siguiente por la mañana. El camino al cementerio siempre me impresiona. Tenemos que ir hasta Hato Nuevo, y la gente va caminando detrás del coche fúnebre, o en moto, abriéndole paso. Yo, por primera vez, fui en moto. No os exagero cuando os digo que íbamos más de cien motos, parando cada cien metros para no generar mucha distancia respecto al coche fúnebre. Ese camino me resultó conmovedor.

Y el cementerio en sí es algo que también me choca siempre que voy. No hay ningún tipo de orden ni de cuidado… ¡ni de camino! las tumbas están pegadas unas con otras, de tal manera que para llegar al sitio donde se va a enterrar a la persona fallecida hay que ir pisando las tumbas y saltando por encima de ellas. Y en el momento del enterramiento, todo es tan estrecho que cada cual se sube donde puede para ver. Pero todos lo ven lo más normal. Eso es algo en lo que todavía no me he inculturado…

No quiero terminar sin mencionar la situación de Haití. No sé si os llegan las noticias, pero la cosa allá está cada vez peor, hasta tal punto que ha vuelto a declararse en estado de emergencia. A principios de mes, ni siquiera la gente podía pasar por la frontera, y ahora ya vuelve haber tránsito, pero no deja de ser peligroso por lo que se está viviendo. En fin, oremos por ese pueblo tan pobre y tan castigado.

Un abrazo grande para cada uno y mucho ánimo con lo que cada cual tenga entre manos. ¡Volvemos a encontrarnos el próximo mes!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

Carta desde Manoguayabo

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 27 de septiembre de 2019

Queridos amigos:

Como siempre, espero que todos os encontréis bien, disfrutando de lo que la vida os vaya trayendo.

Por mi parte sigo disfrutando con lo que hago y, en momentos, también sufriendo por las circunstancias de algunas personas.

En concreto lo seguimos pasando mal con Odeta, de quien tantas veces os he hablado. Ya el mes pasado os conté que estaba mal, pero es que la cosa va cada vez peor. Antes de ayer tuvimos que llevarla a urgencias porque llevaba varios días vomitando una cosa negra. A pesar de que la llevamos al oncológico, que es donde le están haciendo todos los análisis y pruebas, ni siquiera la dejaron ingresada. Simplemente le dieron una medicina, le dijeron que cogiera cita con su médico y la mandaron para casa, pero los vómitos no se cortan. Ya esta mañana nos han dado algunos resultados, así que a ver qué pasa el próximo miércoles cuando su médico los vea. Ojalá la tomen en serio y pueda mejorarse, porque estos días atrás he llegado a pensar que se nos va. Además del malestar físico, estoy preocupada por algo más, puesto que el otro día sufrió una especie de lapsus… Fue el martes por la mañana, cuando fui a visitarla. Yo estaba sentada en la cama con ella, llevábamos un rato hablando. Entró una vecina, se saludaron y seguimos hablando. De pronto, Odeta se incorporó porque se ve que no aguantaba más tiempo tumbada, miró donde estaba la chica y preguntó quién era. Ella, bastante confundida, le respondió diciendo su nombre y Odeta volvió a saludarla como si acabara de entrar. Pero es que, acto seguido, entornando los ojos como si no viera o estuviera deslumbrada, miró hacia donde yo estaba y preguntó quién era yo… Su esposo le dijo “Es Lidia”, y ella dijo “¿Lidia, mi mamá?”, le dijimos que sí y ya empezó a saludarme también como si yo acabara de llegar. Todos nos miramos preocupados sin decir nada para que ella no se diera cuenta, pero se me parte el alma al pensar que se le pueda ir la cabeza…

También de Adline, la mamá de Phaimie, creo que os he hablado alguna vez. Esta mujer vive sola con su hija y no tiene familia aquí. Cuando la conocí el año pasado era muy flaquita y, de pronto, hace unos meses, empezó a sentirse mal y a hinchase por la parte de la cara, el abdomen y las piernas, de tal forma que se desfiguró por completo. Le pusieron un tratamiento, pero se ve que otra vez está mal. Cuando fui esta mañana a la escuelita, Phaimie me contó que su mamá se había tenido que ir otra vez a urgencias. En los ojos de esa niña se puede leer el terror que siente por si su madre se muere… me da mucha pena, así que, por favor, rezad tanto por ella como por Odeta.

¡Pero no todo son cosas tristes! ¿Recordáis a Elodia? Para quienes os habéis enganchado a mis cartas hace poco, y para quienes no recuerden, Elodia es una viejita ciega que, cuando yo llegué aquí, vivía en el Batey, en casa de un muchacho al que ella cuidó de pequeño. Elodia no tiene ninguna familia, puesto que no se casó y no tuvo hijos. Mi compañera Ana me contó que continuamente se caía cuando se bañaba, así que me ofrecí para ayudarla a bañarse cada dos días. Durante años pasé mucho tiempo con ella, la bañaba, la ayudaba vestirse, orábamos juntas, la llevaba al médico cuando se encontraba mal y a la iglesia para las celebraciones de Semana Santa. Pero ya hace dos años que se la llevaron a vivir a otro sitio. No es que esté lejos, porque andando se tarda una hora y en moto unos 20 minutos, pero, lógicamente, no es como antes, que me quedaba de paso para cualquier sitio donde fuera y podía entrar a verla, aunque fuera para darle un beso. Ahora procuro ir cada tres o cuatro meses, porque el tiempo no me da para más. El caso es que fui a verla este martes y ya aproveché para llevarle el “cafesito” que me pidió de España y una batita que también le había comprado, jabón y pasta de dientes. Se puso tan contenta con sus regalitos… Desde que entré por la puerta y pregunté por ella, empezó a gritar “¡Luna, Luna!”, que es como ella me llama. Como siempre, me preguntó por mis padres y mi hermano, llamando a cada uno por su nombre, así como por todas las hermanas que han vivido aquí conmigo y ya están destinadas en otro sitio, y por cada uno de los voluntarios que he llevado a su casa… ¡es increíble la memoria que tiene! En fin, que echamos un ratito muy entrañable.

En cuanto a La Escuelita, ya se ha regularizado la asistencia. Cuando os escribí el mes pasado, aún había algunos alumnos de los que se inscribieron que no habían aparecido. Aquí es muy típico el hecho de que se van incorporando en las semanas siguientes al comienzo oficial del curso, puesto que hasta que no consiguen comprar alguna ropita digna para ir a clase, zapatos y material escolar, no van. Yo siempre les digo que vayan con lo que tengan, que aquí somos pobres y no hay que estrenar ropa para ir a la escuela, simplemente que vayan con lo que tengan limpito. Pero, como quiera, es cierto que algunos no tienen nada mínimamente digno para ir.

Esta tarde he tenido reunión con las maestras y uno de los temas que hemos visto es el de las camisetas del uniforme. Ya me han pasado las tallas de los alumnos, así que el lunes iré a encargarlas para que todos tengan al menos una.

A todos los alumnos se les ve muy contentos, integrados y con ganas de aprender. Siguen sintiéndose dichosos por la oportunidad de tener su propia escuela.

Sobre el proyecto Sin Papeles No Soy Nadie os cuento que continuamos declarando niños que siguen apareciendo, cada vez de familias que viven más lejos. Se ve que se sigue corriendo la voz.

También seguimos haciendo pasaportes y recogiendo los que van llegando. Con eso de que en abril subieron tanto el precio, prácticamente estamos solos cuando vamos a la embajada, puesto que poca gente puede permitirse hacerse su pasaporte ahora. Es una lástima, porque el pasaporte es el primer requisito para que puedan regularizar su situación en el país…

Aquí os dejo una foto de algunos de los que esta semana recogieron el suyo. Como anécdota, os cuento que una de las mujeres, cuando le entregaron el suyo, se vino donde yo estaba y me dio un abrazo tan fuerte que hasta daño me hizo. Cuando me soltó vi que estaba llorando de emoción agradecida. Fue uno de esos momentos mágicos, tiernos, solemnes… todo al mismo tiempo. Entre lágrimas no paraba de darle gracias a Dios por tener su pasaporte, porque por sus medios ella nunca lo hubiera conseguido.

Esa noche, ya en la cama, recordaba yo el momento tan entrañable vivido y daba gracias a Dios por varios motivos. El primero, por la vida de cada una de estas personas, de las que están y de las que ya no están. Esta semana he cumplido 6 años de estar aquí y me han venido a la mente muchos de los que ya no están… unos están en el cielo y otros lejos de aquí, pero todos me aportaron algo bueno a mi vida. El segundo motivo, por cada uno de vosotros que colaboráis para que todas estas ayudas se puedan llevar a cabo. Porque, lamentablemente, por mucho que yo quisiera hacer aquí, sin dinero no se podría. Así que… a todos los donantes de KORIMA, ¡muchas gracias por hacer equipo conmigo!

Un abrazo grande y hasta el próximo mes,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 28 de agosto de 2019

 

Queridos amigos:

Espero que en este tiempo de vacaciones hayáis descansado, disfrutado y recargado pilas para comenzar el nuevo curso.

Yo vuelvo con vosotros para contaros cómo van las cosas por este rinconcito del mundo.

Después de mi última carta, tuvimos en junio la salida de fin de curso con los niños de La Escuelita. Como el año pasado fue muy buena la experiencia, este año repetimos y volvimos a ir a la playa. Todos iban emocionaditos: los que ya habían ido el curso pasado, porque sabían lo que iban a disfrutar, y los alumnos nuevos, por la gran expectativa que el acontecimiento suponía.

Efectivamente, fue un día estupendo. Para variar, no me dejaron salir del agua más que cinco minutos para comer, y todo el día tuve encima al menos dos o tres muchachos… A la vuelta todos preguntaban cuándo íbamos a volver, así que… ¡habrá que repetir!

Hace ya diez días que empezamos el nuevo curso. Afortunadamente, varios de los alumnos que teníamos el año pasado han conseguido inscripción en la escuela pública, con lo cual ya tienen la suerte de estar en el sistema, con la oportunidad que eso supone de poder seguir estudiando en el futuro.

No obstante, la mayoría de los que estaban continúan con nosotros, además de otros muchos nuevos que han venido a inscribirse. En total, por el momento, hay 78 inscritos entre los cuatro niveles. Todos ellos están muy contentos de iniciar el curso y poder asistir a “su Escuelita”. Ver su ilusión es algo que siempre me enternece y emociona. Por ello quiero agradecer una vez más a KORIMA por apoyar este proyecto tan generador de vida.

Aunque, además de a KORIMA, en esta ocasión quiero agradecer de manera especial el apoyo que han prestado dos personas. La primera de ellas es una de mis hermanas claretianas en Estados Unidos: Vivian. Cuando estuve allá en junio, volví a casa cargada con una maleta llena de materiales didácticos que generosamente donó su parroquia, gracias a su intervención. Por tanto, mi agradecimiento desde aquí una vez más.

La otra persona a la que quiero agradecer es mi amigo Ángel Luís Gómez, quien hace tiempo decidió donar a la Escuelita parte de los beneficios que obtuviera con la venta de un libro que publicó. Se llama “Un café en la ventana”. Si aún no lo habéis leído, os lo recomiendo encarecidamente.

Además de la actividad en la Escuelita, estos últimos días he tenido mucho movimiento con el proyecto Sin Papeles No Soy Nadie. Al haber estado un mes fuera, la gente me esperaba algo desesperada, tanto para declarar niños como para ir a sacarse su pasaporte o a recogerlo, según el caso. La buena noticia es que por fin han llegado todos los pasaportes antiguos de 80 dólares que se hicieron en el 2018 (excepto algunos, que son la excepción), así como los nuevos de 140 dólares que se empezaron a hacer en el mes de abril 2019.

Desde que cambiaron al personal de la embajada ya no me entregan a mí los pasaportes, sino que tengo que llevar a la gente para que lo reciban ellos directamente. Y eran tantos los pasaportes pendientes de recibir, que ahora cada semana no llevo una, sino dos guaguas cargadas de gente, por llevar a los que van a recoger y a los que van a hacérselo. Es una gozada verlos recibir sus ansiados documentos, especialmente a los que llevan esperando más de un año…

Por lo demás, en el batey hay en estos días un virus fuerte de gripe que está afectando a mucha gente, tanto mayores como niños. También hay algunos brotes de dengue. Y el calor es insoportable… ¡No hay manera de dejar de sudar aunque uno esté sin moverse!

Encima, a nosotras se nos estropeó el inversor la semana pasada, y hasta antes de ayer no me confirmó el técnico que no había nada que hacer y que había que comprar uno nuevo. Así que, durante casi una semana hemos estado como la mayoría de la gente del batey: alumbrándonos con velas por la noche, sin posibilidad de refrescarnos con un ventilador durante el rato que estamos en la capilla, esperando a que llegue la luz de la calle para poder imprimir, ver el correo, cargar el teléfono y el ordenador… pero bueno, ya está arreglado.

Ahora lo que me preocupa es la llegada de Dorian. Yo en este momento estoy en un avión, casi llegando a México, donde tengo una reunión. Así que esta vez me voy a perder… ¿la aventura? Por si no os han llegado las noticias, Dorian empezó como tormenta tropical la semana pasada, pero, a medida que ha ido avanzando, se ha convertido en huracán. Se prevé que esta noche entre en República Dominicana, después de pasar por Puerto Rico, y mañana azote con lluvia fuerte el país. Esperemos que los destrozos no sean demasiado graves, aunque, quién sabe, igual a última hora cambia la trayectoria y nos libramos…

Aparte de esto también me preocupa la situación de salud de algunas personas, que se encuentran bastante graves en este momento. La más conocida para quienes me seguís desde los comienzos es Odeta. Debido a unos dolores muy fuertes la llevamos al médico y, tras unos análisis y pruebas, nos derivaron al oncológico. No hace falta que diga más, ¿verdad? Ya os iré contando.

Bueno, pues eso es todo lo que os cuento por esta vez. De nuevo os deseo un buen comienzo de curso y mis mejores deseos para todo lo que cada uno estéis viviendo.

Un abrazo grande y hasta pronto,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana