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GRUPO MISIONERO CARCAIXENT

El Grupo misionero del Colegio María Inmaculada de este curso se presenta. Si queréis conocer sus integrantes y las actividades que realizan, mirad el vídeo. Además. nos lo han grabado en castellano,

y en inglés.

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PROYECTO ESPACIOS BERAKAH BETANIA – SEVILLA

Dos jóvenes que han sido atendidos en este proyecto nos envían su testimonio y agradecimiento.

¡¡¡Hola!!!  Me llamo Sougalo Coulibaly, soy de Costa de Marfil. Salí de mi país en febrero de 2015 con la idea de ir a España para buscar un futuro mejor.

El camino fue muy difícil, he estado en Malí, Mauritania y Marruecos y llegué a España el  21 de septiembre 2015 a la ciudad de Almería, luego me enviaron a Tarifa y después pase a Sevilla al Proyecto Nazaret de Cáritas Diocesana, así fue como finalmente llegue a la casa de las Misioneras Claretianas  donde encontré techo y comida. A través de la ONG-D KORIMA me ayudaron con los gastos necesarios para vivir y me posibilitaron que pudiera estar estudiando el español.

Durante estos dos años que he estado con las hermanas, he podido realizar a través de Cáritas y otras instituciones, varios talleres como el de Mantenimiento, Carretillero, curso básico de Informática, otro curso sobre Emprendedores… así como intentar sacar la ESA (Enseñanza Secundaria para Adultos) que casi estoy a punto de lograr, ya que solo me falta una materia. También he tenido pequeñas experiencias de trabajo que me ayudan a seguir luchando con esperanza.

De todo lo vivido hasta ahora, la experiencia de compartir con las hermanas y sentirme parte de su familia ha sido mucho más de lo que yo esperaba, pues yo pensaba que sin conocerme no podrían ayudarme. He recibido mucho cariño y amistad. No podré olvidar esta parte de mi vida y me siento un hijo de esta familia por siempre.

Muchísimas gracias a vosotros que a través de KORIMA me habéis ayudado a integrarme un poco más en esta sociedad española y seguir luchando por mi sueño.

SOUGALO COULIBALY

 


Hola a tod@s!!

¿QUIÉN ERES?

Mi nombre es DAUDA HAMED SAKO, tengo 32 años, soy de COSTA DE MARFIL.

Salí de mi país el 7 de marzo 2014.

¿POR QUÉ SALISTE DE TU PAÍS?

Para ayudar a mi familia, somos diez hermanos y mis padres, somos seis varones y cuatro mujeres, yo soy el mayor.

¿CÓMO FUE TU VIAJE?

Yo pude viajar directamente a Marruecos, allí estuve cambiando de lugar por varias ciudades. Primero a Rabat donde estuve por seis meses, en ese lugar me robaron lo poco que tenía, luego pasé a El Aiún donde estuve un año. Finalmente pude atravesar el mar en patera hasta Las Palmas en una travesía de tres días. Estuve 18 días en un Centro de Internamiento en Gran Canarias y posteriormente pasé a Tenerife, también en otro Centro, donde estuve tres semanas… A continuación me enviaron a Madrid a un centro de acogida que se llama DIANOVA  (Ambite)  durante tres meses para finalmente llegar a Sevilla al Centro Diocesano de Nazaret, el 18 de enero 2016 estando con ellos seis meses, llegue definitivamente a la casa de las Misioneras Claretianas el 29 de junio de ese año. Comencé a formar parte del proyecto Espacios Berakah-Betania. A partir de esta fecha mi familia fue para mí las hermanas y los diversos compañeros que he tenido, pero realmente quiero agradecer lo que ha supuesto el apoyo de las Misioneras Claretianas y por supuesto la imprescindible ayuda de ONG-D KORIMA. En el momento actual he salido del proyecto Betania y estoy acogido en un piso autónomo de Cáritas Nazaret. Es otro pequeño paso que doy en mi vida para poder ser independiente.

¿A QUÉ TE DEDICAS?

En este TIEMPO me he dedicado a aprender español con Cáritas, cuando aprendí un poquito, más o menos durante seis meses, Cáritas me envío a un curso – taller de Hostelería, también estoy estudiando la ESA (ENSEÑANZA SECUNDARIA PARA ADULTOS).

Para sobrellevar mejor todo lo que he vivido me he dedicado a dos de mis “hobbys”: la pintura y el fútbol. Me gusta mucho pintar, cuando pinto me siento libre, satisfecho, feliz y pienso solo en cosas bonitas. Me gusta mucho pintar paisajes de África, montañas, bosques… He recibido la ayuda de una profesora de pintura que me ha ayudado a mejorar mi técnica.

El fútbol me ayuda a olvidar algunas cosas que no me dejan crecer como persona, participo en un equipo que se llama África “for live”, en la liga “BRAVO 7” formado por personas de distintos países africanos y dos españoles.

¿QUE DESEA HACER EN EL FUTURO?

Mi sueño es conseguir legalizar mi situación jurídica para poder pasar al siguiente paso que es un TRABAJO DECENTE. Pero si pudiera dedicarme por vida a la pintura sería mi verdadera vocación.

Agradezco a todos los socios y amigos de KORIMA que han hecho posible que mi situación sea un poco mejor y los animo a seguir apoyando el proyecto Berakah- Betania, porque supone una ayuda inestimable para todos los que vivimos esta situación como migrantes.

GRACIAS, MUCHAS GRACIAS DESDE EL CORAZÓN.

Dauda Hamed Sako

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 22 de noviembre de 2018

¡Hola a todos, espero que estéis bien!

Siento no haber enviado carta el mes pasado. La verdad es que, mentalmente, os he contado muchas cosas que he ido viviendo, pero… ¡me ha faltado el tiempo para ponerlas por escrito! 😉

El mes de octubre estuvo lleno de actividades, todas fantásticas. Así, de manera resumida para no cansaros, os cuento que en la primera semana del mes, organicé una charla para todos los haitianos del Batey a los que les han cancelado su carnet de regularización migratoria. La charla la dieron los de la Mesa de Inmigrantes, con quienes contacté en septiembre para que me ayudaran con estos casos. Vinieron 140 personas y fue todo un éxito por toda la información que recibieron sobre diferentes cuestiones.

Del 8 al 10 participé en la Asamblea de Superiores Mayores de la CONDOR (como la CONFER de España). El lema fue “Hagan lo que Él os diga” y la verdad es que, a nivel personal, me vino muy bien la charla que se dio. También estuvo genial conocer a tantos religiosos de otras congregaciones y compartir nuestras inquietudes.

El viernes de la semana siguiente, por fin, tuvimos la primera eucaristía en nuestra nueva capilla. Como creo que os conté, de febrero a mayo estuvimos construyendo la segunda planta de nuestra casa. Era algo urgente y necesario, no solo por la falta de espacio, sino porque por algunas partes (como mi habitación) el techo ya se caía y me llovía dentro. Hasta ahora no habíamos tenido la posibilidad de bendecir la nueva construcción, pero ese día lo hicimos mediante una sencilla celebración presidida por el padre Ronal, gran benefactor nuestro, de hecho, gracias a quien conseguimos la donación para la construcción…

Una semana después, Karla y yo participamos en el Encuentro Nacional de Jóvenes de la Familia Claretiana, que tuvo lugar en el norte del país, y que este año llevaba de lema “Somos Familia”, por ser la primera vez que los claretianos lo abrían al resto de la Familia Claretiana. Fue un día estupendo, en el que cada rama de la Familia puso su stand para darse a conocer; los jóvenes iban pasando por grupos, y teníamos la posibilidad de compartir con ellos nuestro carisma y nuestra misión. Nuestros jóvenes llegaron muy contentos de la experiencia, y con ganas de repetir el próximo año…

Luego, el primer sábado de noviembre, tuvimos en casa la celebración del 25 aniversario de nuestra presencia en República Dominicana. Comenzamos con una eucaristía, seguimos con un paseo por una exposición fotográfica de estos 25 años, continuamos con un compartir familiar recordando eventos y a las hermanas que han pasado por aquí en este tiempo, y terminamos con un piscolabis. Nos acompañaron personas cercanas, la mayoría del batey, que con sus recuerdos emotivos crearon un precioso homenaje a hermanas que han dejado verdadera huella en sus corazones y en sus vidas.

A la semana siguiente, el miércoles, viajé a San Francisco de Macoris, donde estuve hasta el sábado, en la casa de formación de los aspirantes claretianos. Tuvimos semana vocacional con los jóvenes de la zona, y una mañana, a petición de su formador, estuve dando formación a los aspirantes. Los encuentros fueron muy buenos, y vine contenta porque hay algunas chicas interesadas en conocer nuestra vida misionera…

Como os podéis imaginar, todas estas actividades no salen sin preparación previa… y, además, entre todo eso he seguido con los proyectos, con mis responsabilidades comunitarias y congregacionales… así que espero podáis disculpar mi silencio durante este tiempo.

De la Escuelita os cuento que el curso va funcionando estupendamente. Los niños están muy motivados y van aprendiendo poco a poco según los niveles en los que están. Hace unas semanas contactó conmigo un chico que vive en la ciudad, con ganas de venir a organizar algo para el tiempo de navidad junto con sus compañeros de trabajo. Aún estamos viendo qué, cómo y dónde, pero creo que va a ser una actividad que va a gustar a los niños y que puede impactar a este grupo que viene a darlo. Ya os contaré el próximo mes…

El proyecto Sin Papeles No Soy Nadie también sigue adelante. Ayer fui a la embajada de Haití con 16 personas para hacerse pasaportes. Solo 10 pudieron hacerlo, a los otros 6 les pusieron problemas. Llevaba un mes y medio sin ir porque me pasaron una información que me asustó un poco. La verdad es que en esa embajada hay muchos problemas. En julio, antes de irme a Honduras, me entregaron los pasaportes que hice en octubre del 2017. Desde entonces, no ha vuelto a llegar ningún pasaporte a la embajada. La gente que estaba antes empezó a acusar a los que están ahora de estar quedándose con el dinero sin enviar los papeles para que se hagan los pasaportes… en fin, unas historias feas. Yo no sé cuánto de cierto hay en esas acusaciones, pero la realidad es que hace más de cuatro meses que no llegan documentos, y eso es, cuanto menos, sospechoso. Gracias a ciertas acciones, ya han cambiado a la embajadora que había, pero sigue habiendo dentro mucha gente que no ofrece buen servicio y que lo dificulta todo. Siempre que voy, me digo que es la última vez que paso por eso, pero luego pienso en toda esta gentecilla desesperada y, al orarlo, siento la llamada a seguir llevándolos. Por tanto, no me queda otra que seguir apelando a la paciencia y al buen hacer, soportar lo que haya que soportar, y seguir acompañándolos en sus esperanzas de poder conseguir algún día sus documentos.

La Pastoral de la Salud también va funcionando. Estos días hay un virus de gripe que está afectando a niños y adultos. Y, lamentablemente, en estos momentos tenemos a varios enfermos de cáncer. Con ellos vivimos la impotencia y la frustración del mal funcionamiento del hospital oncológico, que da citas demasiado espaciadas y poco provechosas.

En fin, que ahí seguimos, acompañando como podemos todas estas realidades dolorosas, cargando con las cruces de muchos. Pero, como compartía con alguien la semana pasada, la realidad también está preñada de signos de resurrección, momentos de vida, de alegría compartida, de resultados conseguidos (a menudo con actas de nacimiento, o con sonrisas de gente llena de problemas…). Lo importante es ir viviendo el día a día, con lo que va trayendo, haciendo lo que se puede, ofreciéndonos cada mañana al Señor de la Vida para colaborar en Su Obra en la medida de nuestras posibilidades. En eso estoy y a eso os invito.

Del 4 al 12 de diciembre estaré haciendo mis Ejercicios Espirituales. Me encomiendo a vuestra oración. Os envío un abrazo muy grande y mis mejores deseos para el tiempo de Adviento que ya pronto comenzaremos. Hasta dentro de un mes,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 23 de septiembre de 2018

¡Hola a todos, espero que estéis bien!

El 31 de diciembre es el día en el que uno suele echar la mirada atrás y recordar lo que ha sido el año. Hoy no es 31 de diciembre sino 23 de septiembre, pero para mí casi ha sido lo mismo. ¿Por qué? Pues porque hoy hace cinco años que llegué a estas tierras dominicanas y, como hemos tenido retiro en la comunidad, ha sido un día tranquilo de orar, reflexionar, recordar…

Me doy cuenta que en estos cinco años he vivido muchas cosas. De hecho, no soy la misma que llegó, con dos maletas en la mano y el corazón lleno de ilusión. Sigo teniendo las dos maletas y sigo ilusionada, pero me siento diferente.

Recuerdo que me recibió en el aeropuerto mi hermana Mercedes. La trajo Alfredo en su guagua, la misma que ahora llevo cada jueves a la embajada de Haití cargada de gente con el corazón ilusionado porque va a hacerse por fin su pasaporte. Si esa guagua pudiera hablar… ¡creo que hablaría de corazones ilusionados!

Por el camino Mercedes no paró de contarme cosas de esta realidad, y yo lo absorbía todo como una esponja. Cuando estábamos a unos 5 kilómetros de casa, al pararnos en un semáforo, me sorprendió oír algo que ya se ha convertido en lo más normal: un señor evangélico estaba parado en una esquina, con un megáfono, predicando a viva voz. Su cara se me quedó grabada… A ese hombre lo he vuelto a encontrar con frecuencia, y siempre me recuerda esa noche de mi llegada.

Nidia nos esperaba en casa, con Lisa y Canela, nuestras perritas. Esa noche apenas pude dormir por el calor, por la emoción, por el cambio de horario… supongo que por una mezcla de todo.

Una semana después llegó Patricia, la última hermana que formaba la comunidad. Había tenido que ir a visitar a su mamá por un problemita que tuvo. Y esos fueron los comienzos… En este momento, de esa comunidad soy yo la única que queda.

Recuerdo que empecé a llevar la secretaría de la escuela y que fue ahí, justamente, donde, en una conversación con Ana, que entonces era la cocinera de la escuela, vi la oportunidad de visitar enfermos con ella en el batey y de buscar comida para llevar a la gente más necesitada. Al constatar las dificultades para encontrar lo que necesitábamos en el mismo batey, fue que presentamos el proyecto “Son Nuestros Hermanos” a KORIMA. Luego, detectando otras necesidades, fuimos presentando los otros proyectos.

Haciendo memoria, soy consciente de que no son solo esas hermanas de comunidad las que ya no están aquí. Hay otra mucha gente que ha pasado por mi vida en estos cinco años y ya no están: algunos porque tener su pasaporte les ha dado la oportunidad de irse a trabajar a otros países donde hay mejores condiciones, otros porque ya murieron. Y estos últimos no son pocos: Enrique, la pequeña Chipi, Yiliena, Tatá, la otra Tatá, Nelson, Ramona, Luisito, Roberto y otros varios de los que creo que no os he hablado. Sirvan estas palabras como homenaje a todos ellos. Espero que desde el cielo sonrían y celebren conmigo estos cinco años.

Mentiría si dijera que todo ha sido bonito y fácil. No lo ha sido. Ha habido momentos muy duros, momentos de mucha soledad, momentos de toma de decisiones difíciles, momentos de sentir impotencia y frustración por cómo funcionan algunas cosas aquí y por cómo afecta eso a la gente… Pero también ha habido mucha felicidad, mucho gozo, mucha alegría por poder dedicarme a servir a esta gente tan pobre y necesitada. Creo que nunca el cansancio me frenó, y espero que nunca lo haga. Mi actividad ha ido variando a lo largo de los años, tanto en la escuela (en la que ahora ya tampoco estoy) como en el batey e incluso dentro de la Congregación. Me veo ahora incluso dedicándome a cosas que siempre esperé que no me tocaran… Sin embargo, no puedo más que dar gracias a Dios porque realmente disfruto con todo. Es más, si pudiera cambiar algo, creo que ni siquiera cambiaría todos esos momentos difíciles que me tocó vivir, puesto que de todo aprendí algo y con todo me fortalecí como persona y como misionera.

La semana pasada celebré 15 años de consagración religiosa dentro de esta Congregación de Misioneras Claretianas. Lo mismo que he dicho de estos 5 años de vida dominicana puedo decirlo de mi vida en la Congregación. Solo espero ser cada día más fiel a mí misma, a Dios y a ese regalo de la vocación que Él me hizo desde pequeña.

Por hoy no os cuento más. Un abrazo grande para cada uno y mi recuerdo agradecido por todo lo que cada cual me ha aportado con su vida.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 30 de agosto de 2018

¡Hola a todos!

Como siempre, espero que os encontréis bien. Imagino que, según la parte del mundo en la que os encontréis, algunos seguiréis de vacaciones, otros las estaréis comenzando o terminando y otros, como nosotros, os encontraréis “en plena faena”.

Mucho ha ocurrido desde mi última carta. Como os decía al final de la misma, a mediados de julio celebramos nuestro primer Capítulo Provincial. Fueron días bonitos de compartir entre todas las hermanas, revisar el camino recorrido en los dos últimos años y proyectar el próximo trienio, en función de lo que consideramos que Dios nos está pidiendo. Las hermanas me volvieron a encomendar el servicio de la Economía Provincial para el próximo trienio, así que ando viendo cómo organizarme para poder llevar todo adelante de la mejor manera.

Nada más volver, urgía abrir el plazo para inscripciones en La Escuelita, porque aquí las clases empiezan en la segunda quincena de agosto. La verdad es que nos hemos visto desbordadas por la cantidad de niños y adolescentes que han querido inscribirse. Una de las pocas escuelas que hay en el batey cerró el curso pasado por el lamentable estado en el que se encuentra. Se ve que el Ministerio de Educación no piensa gastar dinero en arreglarla. Hicieron un apaño enviando algunos cursos a otra de las escuelas (obviamente, reduciendo considerablemente la jornada escolar de todos los alumnos), pero hay otros cursos que se han quedado en la calle. Así que vienen a La Escuelita con la esperanza de poder seguir aprendiendo…

Además de empezar a inscribir, hubo que hacer algunas obras en la casita donde damos las clases, pintar, limpiar, ordenar, ¡y comprar más sillas para que puedan sentarse todos los inscritos!… Gracias a Dios conseguimos tenerlo todo a punto para comenzar las clases en la fecha prevista.

Los otros proyectos siguen adelante. Últimamente han llegado casos muy tristes. Varias mujeres y hombres de los que ayudo han sido atrapados en los dos últimos meses por los de Migración y llevados a Haití. Realmente pasan muchas miserias para conseguir volver aquí a reunirse con su familia…

Otro caso que me ha conmovido mucho es el de Magarette, una mujer que vivía con su marido y sus 5 hijos en Haití. Hace tres semanas, de pronto, el marido murió y quedó allá totalmente desamparada. Como su madre vive en el batey, envió a los dos hijos mayores (de 11 y 9 años) para acá solos, y ella se vino tres días más tarde con los pequeños. Sus pocas pertenencias se las trajeron varios días después porque ella no podía cargar nada aparte de los niños. Tardaron varios días en llegar porque es mucho lo que tuvieron que caminar. Ella totalmente destrozada por la pérdida inesperada de su esposo, sin un céntimo… Le inscribí a los niños en la Escuelita y la estamos ayudando con comida. También la próxima semana la llevaré a la embajada para que se haga su pasaporte. Está muy agradecida, pero el dolor lo sigue llevando por dentro: su rostro no engaña.

Por último, me llegó al alma lo que vino a contarme una mujer sobre una de sus hijas adolescentes. La teníamos el curso pasado en la Escuelita. Resulta que un vecino que vive enfrente de ellos la agarró, le tapó la boca con un trapo y la escondió en su casa. Nadie la encontraba, los padres estaban preocupados, fueron a la policía… y nada. Al día siguiente, una vecina vio algo raro y se imaginó dónde estaba la niña. Por fin pudieron rescatarla, pero… la había violado. La muchacha estaba deshecha, y los padres decidieron enviarla a la capital con una tía, por alejarla un poco del lugar. Ya os podéis imaginar el dolor de esa familia…

Por lo que toca al proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, siguen llegando todos los días casos de niños sin declarar y sigo llevando cada jueves gente a la embajada para hacer sus pasaportes… ¡esto no tiene fin!

Eso sí, ellos van y hacen sus pasaportes, pero luego les toca esperar meses y meses hasta que llegan (eso, los que tienen suerte, porque a algunos ni siquiera les llega). Cuando en julio me fui a Honduras, acababan de llegar los pasaportes que hicimos en el mes de octubre de 2017. A fecha de hoy no han vuelto a llegar más pasaportes.

Por otra parte, el proceso de entrega de los carnets renovados de regularización migratoria ha terminado esta semana, pero a más de 20.000 personas le han cancelado el proceso o han sido puestos en observación. Es una injusticia grande, porque es gente que realmente depositó todos los requisitos que se pidieron hace dos años y medio, y gastaron mucho dinero para poder hacerlo. Y ahora se ven todos sus esfuerzos frustrados. Además, la corrupción se metió de nuevo en el proceso y alguien de dentro se ha dedicado a “vender identidades” de gente que se inscribió en el Plan de Regularización. Me enteré que las estaban vendiendo a 8000 pesos dominicanos, unos 150 euros. Es lo que gana el personal de apoyo de la escuela pública y el doble de lo que gana una empleada doméstica, así que, aquí, es una suma considerable. Por supuesto, en cuanto supe la noticia fui a la embajada de Haití y lo denuncié. La amiga que tengo allí me dijo que ya eran conscientes de la situación y que lo iban a resolver pidiendo las huellas digitales a la gente. Quien haya cometido fraude tendrá que pagar las consecuencias. Lo malo es que los corruptos que se han dedicado a eso quedarán impunes, como suele pasar.

Cuando pregunté en la embajada de Haití qué iba a pasar con la gente a la que han cancelado, me dijeron que van a volver a revisar los expedientes y probablemente a aquellos que tienen pasaporte se lo acepten.

Allí mismo me pasaron el contacto de una organización que está presionando al Gobierno para que arregle estos asuntos. Ya les estoy haciendo una recogida de datos de los casos que hay en el batey, y también los convencí para montar un operativo aquí y que vengan a dar información de todos estos temas. Esperemos que todo salga bien y que ayude a muchos.

Bueno, pues ya os seguiré contando. ¡Un abrazote grande y hasta el próximo mes!

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 31 de mayo de 2018

¡Hola a todos!

Espero que os encontréis bien. Aquí estoy de nuevo para contaros cosas. No sé vosotros, pero yo he tenido un mes muy intenso desde mi última carta, con actividades muy variadas y muchos viajes.

A la semana siguiente de escribiros viví una experiencia muy bonita. En realidad, es algo simple, pero a mí me hizo mucha ilusión. Es que tuvimos las confirmaciones de la parroquia y Regina, una de las jóvenes de la capilla de Bienvenido me pidió que fuera su madrina. La verdad es que desde que estoy aquí mucha gente me ha pedido que sea la madrina de bautizo de sus hijos y siempre he dicho que no, por el simple hecho de que es una responsabilidad grande y las misioneras hoy estamos aquí y mañana allá, por lo que no podría cumplir adecuadamente con esa obligación cuando esté en otro sitio. Sin embargo, cuando Regina vino a pedirme que fuera su madrina de Confirmación, le dije que sí. Me pareció algo distinto. Ella es una joven haitiana que vivió con su madre en Haití hasta hace unos años, cuando su padre fue a buscarla y se la trajo acá. Es muy buena chica, sencilla y responsable. Ese día tuvimos la celebración en la parroquia de Manoguayabo y luego le organizamos una pequeña fiestecilla para comer. Todo muy sencillo y familiar, y lo disfrutamos mucho. Ojalá pueda siempre cuidar de su fe, independientemente de la parte del mundo en la que me encuentre… Una semana después, el 29 de abril, tocaba Día de Familias en San Pedro de Macoris, en la institución donde tenemos a Sandro y Alfredo, los niños que quedaron huérfanos hace un par de años. Como siempre, organicé una guagua para ir a visitarlos. Les hizo mucha ilusión. Una vez más, constatamos lo importante que es para estos niños saber que hay gente fuera que se acuerda de ellos y para quienes siguen siendo importantes.

Esa misma semana viajé a San Francisco de Macoris, para dar un taller de formación sobre los sacramentos a los aspirantes de los Claretianos. Fue una experiencia bonita poder compartir con ellos, no sólo la formación específica, sino otras cuestiones de fe y nuestra propia historia vocacional. Dentro del taller, tuvimos una celebración sencilla pero profunda en la que renovamos nuestro Bautismo. La semana siguiente viajé a Miami. Primero tuve reunión de Consejo Provincial para preparar nuestro primer Capítulo Provincial, que tendremos en julio en Honduras, y luego me quedé unos días para que me pasaran auditoría a la Administración Provincial. Fueron días intensos. Y desde Miami viajé directamente a Puerto Rico. Los misioneros claretianos de allá nos pidieron a los encargados de la Pastoral Vocacional de Santo Domingo que ofreciéramos una convivencia vocacional a los jóvenes de sus tres parroquias. Al final no fue solo la convivencia, sino que aprovechamos para asistir a dos reuniones de jóvenes que había los días previos. Fue una gozada todo lo que allí compartimos, tanto con los jóvenes como con mis hermanos claretianos y con Nancy, seglar claretiana. La acogida que nos brindaron fue estupenda y yo me sentí como en casa.

 

Y hace dos días hemos tenido el último de los encuentros con jóvenes planificados para este curso. Ha sido en Jimaní, en otra parroquia de los Claretianos. El lema del encuentro era “Dios nos regala la vida”, y los jóvenes disfrutaron mucho con las dinámicas que llevábamos preparadas. He de deciros que Jimaní se encuentra en la frontera con Haití. De hecho, la comunidad de los claretianos está a cinco minutos de la frontera. Personalmente, tenía muchas ganas de ir. Muchos no lo sabréis, pero para mí Haití es como un imán que me atrae desde enero del 2010. Recuerdo a la perfección la noche del 10 de enero. Yo estaba en Carcaixent, viendo las noticias con mis hermanas de comunidad, cuando anunciaron el terremoto que asoló el país. A lo largo de mi vida había visto muchas imágenes de terremotos y desastres naturales, pero, por algún motivo, esa situación me impactó profundamente. Recuerdo que, a pesar de lo tarde que era, bajé al despacho de KORIMA y me puse como una loca a enviar correos lanzando una campaña de emergencia para ayudar a los damnificados por el terremoto. Luego canalizamos la ayuda de manera organizada con las Proclades y Promicla, de tal manera que pudimos tener un buen impacto en una parte del país. Pero la verdad es que, si me hubiera sido posible, en ese momento yo me hubiera ido directamente allá a quitar escombros y ofrecer ayuda de primera mano. No pudo ser, y me conformé con hacer lo que podía desde España. Pero, desde ese momento, Haití se instaló en mi corazón.

Cuando me destinaron a República Dominicana pensé “que bien, ya estoy más cerquita de Haití”. Y luego Dios me hizo el regalo de encontrarme con este batey en el que vivo, llenito de haitianos a los que ayudo mediante los diferentes proyectos sociales que tenemos en la comunidad. Para mí, el batey es “mi pequeño Haití”. Sin embargo, ayer estaba ahí, a cinco minutos de la frontera y, lógicamente, no pude resistir la tentación de cruzarla y pisar tierra haitiana. Mis dos hermanos claretianos que me acompañaban fueron buenos y me concedieron el capricho, así que entramos en la zona que llaman Mal Paso, una tierra de nadie entre los dos países, continuamos caminando hasta donde está la bandera haitiana, nos hicimos una foto y nos volvimos. Fue cosa de media hora lo que tardamos, pero me hizo ilusión. Ojalá algún día pueda conocer de verdad algo más de ese país que sigue siendo el más pobre del mundo.

Y entre medias de tanto viaje, he seguido atendiendo gente en el local, continuando la declaración de los niños, llevando gente a la Embajada de Haití a hacerse pasaportes… lo cotidiano.

También la Escuelita sigue con sus actividades. Este lunes tuvimos la celebración del día de las madres. Aquí en Santo Domingo se celebra el último domingo de mayo, por lo que nosotros preparamos algo especial para ellas: una manualidad de regalito, unas poesías, canciones… y luego se les dio refresco y unas galletitas. Los niños estaban nerviositos por las actuaciones que tenían preparadas, pero disfrutaron de lo lindo pudiendo homenajear a sus madres. Ya queda poco para que termine el curso. De hecho, el lunes 11 de junio empiezan sus exámenes, el 15 nos los llevamos de excursión de fin de curso a la playa, y la semana siguiente convocamos a los padres para entregarles las notas. Ciertamente, este curso ha pasado volando.

Bueno, pues esto es todo lo que hoy os cuento. Eso sí, no quiero terminar esta carta sin recordaros que hoy las Misioneras Claretianas celebramos el día de la Vocación Claretiana. Felicito a todas mis hermanas y a todos aquellos de vosotros que compartís nuestro carisma. Pedid a Dios por nuestra Congregación, para que seamos buenas misioneras, estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos. Y pedid también por aquellas chicas a las que Dios pueda haberles regalado el don de esta vocación claretiana, para que lo descubran, lo acepten, lo asuman y formen pronto parte de esta familia.

Ya sí, me despido. Un abrazo grande y feliz mes de junio.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

EXPERIENCIA SOLIDARIA EN NÍJAR – MATER IMMACULATA MADRID

¿Alguna vez has abierto los ojos y te has dado cuenta de lo que te rodea?  No me refiero a los árboles, a las casas, a los coches… estoy hablando de ese momento en el que te das cuenta de que el sueño que habías tenido cuando eras pequeño se quedo en eso, un sueño. Te has fijado en que ya no eres tú el dueño de tu vida sino la rutina. Te levantas, vas al trabajo, comes, trabajas otra vez, estás con el móvil o la televisión y te vas a la cama. Eso sin contar con el tiempo que dedicas a tus propias preocupaciones que vuelven a cobrar vida día tras día. Que triste es pensar que nuestro tiempo, el bien mas preciado que tenemos, es desperdiciado continuamente. Has notado que tu vida gira entorno al yo, a ese ladrón de segundos, minutos, horas…. ¿Qué sería de tu vida si la compartieras con alguien más? Si en lugar de levantarte pensando en ti mismo, rompieras las reglas y te dedicaras un poquito más a los demás.

El viaje a San Isidro de Níjar es una buena forma de salir de la rutina, de coger las riendas de tu propia vida y encauzarla en un camino mejor. Al principio nos apuntamos a esta experiencia para pasar tiempo con nuestros amigos, sin saber que cambiaría nuestra forma de pensar y ver la vida. Los días que hemos pasado aquí se han  convertido en un regalo, el que das, y en uno mayor y más gratificante, el que recibes, en forma de sonrisas y amistades

Entre ayudar en el banco de alimentos, colaborar en el taller ocupacional y la impactante visita a los asentamientos, podría parecer que no hubo tiempo para reflexionar sobre aquello que teníamos delante. Sin embargo, tuvimos la oportunidad de conectar con Kwesi, Mussa y Mammadu, personas completamente distintas a nosotros llenas de historias. Nos impactó que siendo tan pequeños tuvieran que afrontar obstáculos tan grandes como atravesar un continente, vivir solos en un país donde no conocen el idioma y que conflictos armados ajenos a ellos, les hayan robado la infancia para siempre. A pesar de esto, son capaces de combatir estas adversidades con una gran dosis de positividad, amor y fe. Volvemos de esta experiencia como personas diferentes y con estos héroes en nuestros corazones.

Durante estos días nos hemos dado cuenta de la importancia de dar y de compartir nuestro tiempo con aquellos que no reciben ni la mitad del cariño que nosotros. Como muchas veces dicen nuestros padres, somos unos afortunados, pero a veces nos hace falta ver la situación de otros para darnos cuenta de ello. Nosotros no podemos mejorar su situación, pero sí podemos sacarles una sonrisa e intentar ayudarles en lo que podamos. Nunca hemos tenido que cruzar un océano para conseguir nuestros sueños y lo único que nos diferencia de aquellos que sí lo han tenido que hacer es el lugar de nacimiento.

(Elaborado por los alumnos de 1º de Bachillerato que vivieron la experiencia durante el mes de marzo del presente curso)