CARTA DESDE MANOGUAYABO

Batey Bienvenido, Manoguayabo, 22 de agosto de 2017

¡Hola a todos!

¿Qué tal estáis? Supongo que algunos aún disfrutando de las vacaciones y otros ya de vuelta a la vida cotidiana.

Aquí nos encontramos en el último caso, puesto que el curso escolar empieza en agosto. De hecho, el personal de nuestra escuela está trabajando desde principios de mes y hoy ya se han incorporado los alumnos.

Yo llevo una semana por aquí. Estuve en España visitando a mi familia y, de ahí, me fui a Roma, para participar en el Capítulo General de mi Congregación. Toda una experiencia. Eso sí, ha habido de todo en el tiempo que he estado fuera. Cosas muy buenas, porque el reencuentro con los míos siempre lo es. Pero también ha habido momentos difíciles, por diversos motivos.

Uno de ellos es que, estando allá, me llegó la noticia de la muerte de Roberto, el chico del que os hablaba casi al final de mi última carta. Yo era consciente de que no le iba a aguantar el cuerpo hasta que yo volviera pero, aún así, la noticia fue muy dolorosa. Todavía estos días, caminando por el batey o al entrar en la casita donde damos las clases de alfabetización, pienso que me lo voy a encontrar en cualquier momento. En fin, ya está descansando. Luego ha habido cosas a las que me cuesta adaptarme cuando estoy en el primer mundo. Puede parecer una tontería, y quizá no lo entienda quien no haya vivido al menos una experiencia misionera en algún lugar pobre, o simplemente haya pasado necesidad. Pero el hecho de ver cómo la gente gasta el dinero en caprichos y cosas innecesarias, o cómo se desperdicia la comida en tantos bares y probablemente también en muchas casas, o la cantidad de lámparas que hay en una simple tienda y el despilfarro de energía que eso supone… bueno, me hace pensar en el hambre que pasa aquí la gente o en cómo se alumbran con velas cuando las tres o cuatro horas de luz que nos dan llegan en el día y no en la noche. Ya digo, puede que os parezca una exageración, pero el mundo está tan mal e injustamente repartido, que me duele profundamente. Bueno, el caso es que reconozco que ya tenía ganas de volver al batey y reencontrarme con mi gentecilla. Y si yo tenía ganas, se ve que la gente tenía más ganas aún de que yo volviera. Ha sido y está siendo muy bonito sentirme tan bien acogida, recibir tantas sonrisas, besos y abrazos cuando me ven.

De la semana que llevo aquí, no puedo contaros mucho. Entre limpiar y acondicionar de nuevo la casa y preparar lo de la escuela se me ha ido un tiempito. He visitado algunos enfermos y me he reunido con las maestras de alfabetización para ir poniendo en marcha el nuevo curso. De hecho, esta tarde hemos empezado a recoger las inscripciones para este año. Afortunadamente, hay al menos 8 niños de los que teníamos el año pasado que han conseguido inscripción en la escuela pública, por lo que podemos admitir a otros nuevos. Mañana seguiremos inscribiendo y volveré a reunirme con las maestras para empezar a organizar los grupos y planificar. En este curso se incorporarán a la comunidad otras dos hermanas. Cuando lleguen, ellas llevarán la parte de la que yo estaba encargada en la escuela estos últimos años. Por tanto, aunque tengo otras obligaciones congregacionales, confío poder contar con algo más de tiempo para dedicarme a los enfermos y a las clases de alfabetización, e incluso comprometerme a darles alguna asignatura nueva, como inglés y alguna otra.

Y respecto al proyecto Sin Papeles No Soy Nadie, no paro de recibir llamadas de la gente para venir a verme, pero lo estoy frenando un poco porque tengo un problema grande. Se trata de que, al dejar mi trabajo en nuestra escuela, pierdo mi oficina y, por tanto, el lugar en el que atendía a toda esta gente dos tardes a la semana.

Ayer, después de misa, me estuve pateando el batey buscando algún local pequeño para alquilar. Seguí por la tarde. Y hoy, al terminar de inscribir, también. Lo que encuentro barato son casitas de madera y uralita, pero eso no me sirve porque cualquiera las puede abrir de dos patadas, y es una responsabilidad grande dejar ahí los documentos de la gente. Por tanto, ando buscando algo construido con block y con puerta segura, pero todo lo que hay es más caro. Y si no es tan caro, está bastante escondido o en una zona demasiado ruidosa. Ayer fui a preguntar a un señor, amigo de la comunidad desde hace mucho, que acababa de construir un par de locales cerquita de casa y sabía que los alquilaba. Llegué tarde porque justo los alquiló la semana pasada. El buen hombre me dijo que, si le daba 15 días, se ofrecía a construir otro local en la parte de arriba y me lo alquilaba por un precio de ganga. Pero se ve que la suerte no me acompaña, puesto que esta mañana me ha dicho que lo ha llamado el ingeniero para ofrecerle un trabajo bueno de un par de meses, así que, al aceptarlo e irse lejos, no puede hacer la construcción.

En fin, habrá que seguir buscando sin desesperarse. Estoy segura de que, si Dios quiere que siga adelante con este proyecto, algo encontraré. Os contaré los resultados en la carta del próximo mes.

Hasta entonces, un abrazo grande y todo mi cariño,

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana

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Desde Venezuela

Es verdad que hay personas que por naturaleza mantienen una actitud positiva que les permite establecer relaciones saludables y generar una mejor convivencia.  A esto se le suele valorar como empatía.

Pero cuando nos situamos en el plano cristiano estamos invitados a dar un paso más hacia la fraternidad y esto es posible porque el Señor nuestro, Jesucristo, nos capacita para ello. Entonces nuestros ojos sanados van dejando de ver extraños para ver hermanos.

Y todo no queda allí, en el Seguimiento del Señor siempre hay un paso más hacia adelante. Y el siguiente es unirse con otros que también han dejado que el Señor les ensanche el corazón para dar cabida, sobre todo, a sus hermanos más pequeños. Y es un signo de la presencia del Señor la cantidad de ONG que desde sus integrantes están en constante vigilancia para apoyar a los más frágiles de esta tierra.

 “El Señor le dijo: -He visto la opresión de mi pueblo … he oído sus quejas …, me he fijado en sus sufrimientos…Y ahora, anda, que te envío” (Ex. 3,7.10).

“Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era emigrante y me recibieron, estaba desnudo y me vistieron, estaba enfermo y me visitaron, estaba encarcelado y me vinieron a ver… Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber, emigrante y te recibimos, desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a visitarte? El rey les contestará: Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí.” (Mt. 25, 35 – 40)

Jesús actúa, según ve al Padre y nosotros actuamos según vemos a Jesús. Esa es la dinámica.

Como Claretiana es para mí muy alentador que Korima esté oyendo el clamor que sale desde Venezuela, escuche nuestras quejas, se fije en nuestros sufrimientos, y oiga al Padre que dice: “anda que te envío”.

La situación del país es de permanente decadencia.

En lo económico hay que apuntar que la inflación es cada vez mayor generando una rápida devaluación de la moneda. Expropiación de empresas. Control de divisas. Los precios de los alimentos, productos higiénicos y otros artículos están fuera del alcance de las mayorías por sus altos costos.

En el área educación las universidades están paradas y los colegios privados, sobre todo de religiosos están siendo controlados a través de la presencia permanente de supervisores y obligados a recibir y funcionar de acuerdo a sus lineamientos. Es cada vez mayor la ausencia (o numerosas inasistencias) de los estudiantes de las aulas escolares por falta de dinero para inscribirse, falta de útiles, de uniformes y de alimentos.

En el campo social. Pérdida de valores. Hay mucha inseguridad: asaltos a mano armada a cualquier hora del día, dentro y fuera de la casa; especulación, sobornos, corrupción, expropiaciones, invasiones. Separación de la familia por causa de la emigración. Un número significativo de jóvenes se ha ido del país, otros están en la denominada resistencia y otros en las cárceles. Las nuevas generaciones no tienen campo de proyección. No hay posibilidad de ascenso social. Sólo la participación activa en el partido de gobierno abre puertas de progreso para algunos. Atentado a los DDHH, cierre de medios de comunicación, control de servicios como internet…

Y el área salud pasa por la peor de las crisis. Los hospitales sin recursos. Para una intervención quirúrgica el paciente sólo cuenta con el médico y el quirófano (ahora con frecuencia contaminados), recibe una lista de implementos para su operación, además de todas las pruebas de laboratorio. No se consiguen las medicinas, especialmente para tratamientos como cáncer, diabetes, tensión alta, problemas cardiacos, …también suelen faltar reactivos para pruebas químicas.

Aumenta la proliferación de enfermedades que habían sido erradicadas del país. La desnutrición es cada vez mayor

Toda esta realidad lleva a estados psicológicos preocupantes: depresiones, incertidumbre, ira, violencia, desesperanza…

Estamos trabajando para mantener las motivaciones altas, por encima de todo. La Iglesia ha tomado posturas definidas a favor del pueblo que sufre. Sobre todo, en las parroquias se está atendiendo desde lo psicológico y espiritual. Las ayudas materiales, como alimentos y medicinas, son cada vez más precarias. Por eso andamos en busca de recursos que nos ayuden a solventar algunas situaciones, especialmente en las zonas donde realizamos nuestra misión.

El agradecimiento a Korima que pone su corazón en Venezuela y desde sus posibilidades nos ayuda. En este momento nos sentimos muy apoyadas con el financiamiento del proyecto “Juntos a favor del acompañamiento escolar y familiar de estudiantes con Dificultades para el Aprendizaje y/o Trastornos de Conducta”. Igualmente, con el apadrinamiento de 5 estudiantes.

El año escolar comienza en septiembre, ya en el mes de julio se realizaron inscripciones. Ahora es el tiempo de adquirir los útiles escolares y comprar uniformes. Para quienes trabajamos en la docencia es el momento de comprar recursos para el aula, en mi caso un aula especial en la que este año podré tener algunos implementos adquiridos con el apoyo económico de Korima.

Desde nuestra oración encomendamos todos los proyectos solidarios que tienen entre manos. El Señor les recompense con muchos benefactores para que lleguen a tantas realidades a las que el Padre les dice: “Y ahora, anda, que te envío” …

Desde Venezuela,

Hna. Marisol Bonier Torrealba.

Misionera Claretiana

17 de agosto de 2017

 

 

 

 

CARTA DESDE MANOGUAYABO

Manoguayabo, 16 de noviembre de 2014

Queridos amigos:
Un saludito lleno de cariño desde esta parte del mundo. Parece increíble que ya estemos a mediados de noviembre, ¿verdad? El tiempo pasa volando…
Espero que todo os vaya bien. Por aquí, la vida transcurre con su cotidianeidad habitual. Bueno, la verdad es que tenemos buenas nuevas en el Batey, y es que por fin nos han asfaltado las calles, al menos las principales. ¿Recordáis que empezaron a hacerlo en enero? Pues quedó el proceso a medias y, lógicamente, no sirvió para nada, porque a los pocos días ya estaba todo estropeado. Se ve que no terminaron de pagar al ingeniero que estaba encargado de la obra y por eso se paralizó. Pero deben haber llegado “los cuartos”, porque la semana pasada volvieron a rellenar y asfaltaron, ¡por fin! Ahora el barrio parece otra cosita, al menos, como digo, las zonas principales, porque las calles secundarias siguen estando como siempre. Esperemos que el buen aspecto dure al menos un tiempito y que la gente colabore con la limpieza y el buen trato al pavimento.

calle asfaltada
Además de eso, aquí, en República Dominicana, noviembre se considera el mes de la familia, creo que ya os lo comenté el año pasado por estas fechas. Son muchas las actividades que, desde la Iglesia Católica, se organizan en torno a la familia. Todo bueno, y necesario, especialmente por la realidad que existe en el país, en el que es demasiado frecuente encontrar hombres con hijos de varias mujeres, padres y madres que abandonan o no cuidan a sus hijos… y otras muchas situaciones que claman al cielo e inciden de manera negativa en la sociedad y, de manera especial, en la población infantil, que siempre es la que más sufre estas circunstancias.

15 Vulnerabilidad de la infancia
Por la parte que me toca, desde la Pastoral Social, seguimos haciendo todo lo posible por mejorar la situación de las familias más vulnerables del Batey. Como siempre, hemos estado repartiendo las bolsas con alimentos básicos, a unos de manera mensual, a otros de manera quincenal porque necesitan más, y a otros incluso semanalmente. También son muchas las medicinas que hemos repartido, especialmente vitaminas y antigripales que hemos conseguido gracias a la generosidad de unos donantes. Afortunadamente, para el próximo sábado estamos organizando una actividad en la que vamos a poder vacunar a unas 200 personas contra la gripe. Seguro que más de uno piensa que es un poco tarde a estas alturas, pero es cuando han llegado las vacunas… Lo importante es que podemos hacerlo y va a ser un gran bien para el barrio, porque aquí la gente se agripa con dos gotitas de agua que caen.
Además de esto, en lo que llevamos de mes estamos ayudando a varias familias a gestionar el tema de sus papeles. Se trata de población haitiana que ha ido llegando, algunos con su cédula o con el pasaporte haitiano, pero la mayoría sin ningún papel que acredite su identidad. Con el plan de regularización que se está llevando a cabo en el país, es el momento de aprovechar, pero aún así las cosas no son fáciles, porque los requisitos son demasiados para algunos de ellos. Eso, por no hablar de la falta de organización que existe. Para que os hagáis una idea, un día fui con un chico, que tiene mujer y tres hijas. Ninguna de las tres tiene acta de nacimiento y, por lo tanto, “es como si no existieran”. Él tiene solamente acta de nacimiento haitiana, pero su mujer, ni eso. Para poder registrar a las niñas, el primer paso es que ellos estén documentados, así que empezamos por ahí. Fuimos donde nos dijeron que teníamos que ir, pero cuando llegamos y preguntamos nos dijeron que no era allí sino en el consulado de Haití. Fuimos al consulado –que quedaba lejos de donde estábamos- y de ahí nos mandaron a otro sitio, también lejano de donde estábamos (y si incido en el tema de la lejanía es porque no solo supone dedicar mucho tiempo, sino también gastar dinero en el transporte). En ese sitio nos asustamos, porque había unas colas inmensas, pero estuvimos poco tiempo porque al preguntar nos dijeron que antes de ir allí teníamos que ir a otro sitio. Cuando llegamos a ese último lugar, donde también había unas colas aplastantes, nos dijeron que tanto él como ella podían hacerse su pasaporte allí, por el “módico” precio de 1.100 pesos (unos 20 euros), que para nosotros puede parecer poco, pero para esta gente, que no tiene para comer, es mucho. La cuestión es que quien lo tramita ahora, no recibe su pasaporte hasta finales de febrero. Y para tramitarlo hay que hacer filas que están durando dos días. Tal como lo cuento. La gente va un día, temprano, pasa el día haciendo cola, duerme allí mismo en el suelo, pasa otro día haciendo cola y, con suerte, al segundo día llega al mostrador donde atienden. Puede sonar increíble, pero es así de cierto. El caso es que aquel día que os contaba, después de pasar cinco horas de aquí para allá, volvimos a casa con información pero sin haber llegado a gestionar nada.
Claro que, como en todas partes, funciona el mercado negro. Una semana después nos enteramos por casualidad que, en ese mismo sitio, si conoces los contactos oportunos, te pueden llevar por un pasillo a través del cual llegas a un cuartucho en el que está una persona que te hace las gestiones por 2.500 pesos (algo menos de 50 euros) y, según me han dicho, supuestamente tienes el pasaporte en tres semanas. Pero eso no está al alcance de todos, sino solo de los afortunados que consiguen el contacto y que pueden reunir esa cantidad de dinero. Y también hay otra posibilidad, que es viajar a Santiago, al sitio donde hacen los pasaportes, pagar 80 dólares y volver a las tres semanas a recogerlo. La pena es que ambas opciones son poco viables para el común de la gente que anda sin papeles y, sobre todo, “sin cuartos”. Y conseguir el pasaporte y el acta de nacimiento es solo el primer paso, luego hay que conseguir una carta de la junta de vecinos y legalizarla en el ayuntamiento, una carta de antecedentes penales, un acta de legalización de convivencia firmada por un abogado, un certificado de estudios, una carta de trabajo, un recibo de compra o el contrato de alquiler de la casa donde viven, el papel del hospital de los hijos… La carta de antecedentes penales sé que cuesta 350 pesos, de lo demás no tengo aún idea. Pero, como siempre, para todo se necesita dinero. Es la pescadilla que se muerde la cola.
De cualquier manera, se van abriendo caminos, lentos, pero caminos al fin y al cabo. Es cuestión de recorrerlos con paciencia y con esperanza. Y reconozco que acompañar el camino de estos hermanos es una gozada que forma parte de mi vida cotidiana. Porque cualquier cosa que se pueda hacer por intentar que vivan con la dignidad que merecen, alegra el corazón y genera esperanza, en ellos y en mí.

15 foto con Chelina
El evangelio de hoy es el de los talentos. Cuando lo meditaba esta mañana, pensaba en la cantidad de talentos que mucha gente posee y que quedan desaprovechados por las circunstancias que les toca vivir. Porque no es lo mismo que uno desaproveche los dones que Dios le ha regalado por pereza o por miedo, a que no los ponga a rendir porque realmente no tiene opción a ello. Por eso creo que es fundamental que todos ayudemos, en la medida de nuestras posibilidades, a que cualquier persona pueda vivir una vida lo más digna posible, a que todos aquellos con quienes nos relacionemos se sientan reconocidos, valorados, amados… independientemente de su raza, su condición social o económica, incluso de su pasado, su temperamento… Todos hemos recibido muchos dones y son para ofrecerlos al mundo. Pero el mejor don es el de nuestra persona. Por eso, lo mejor que podemos ofrecer a los demás es a nosotros mismos, nuestro tiempo, nuestra alegría, nuestro estar ahí para ellos cuando nos necesitan. Creo que una de las cosas más bonitas que alguien nos puede decir es que somos un regalo de Dios para él o para ella. Sinceramente, no sé si hay un piropo mejor. Por eso quiero terminar la carta de este mes invitándoos a ser regalo de Dios para los demás, a transmitir con vuestra vida esa ternura, esa compasión misericordiosa y ese deseo de justicia verdadera que caracterizan al Dios del que nos habló Jesús. Así, experimentaremos lo que dice el final del evangelio de los talentos, “al que tiene se le dará y le sobrará”. Porque solo cuando ponemos nuestros talentos al servicio de los demás, es cuando se multiplican, cuando experimentamos en nuestra vida que podemos llegar a mucho más de lo que nunca hubiéramos soñado.
Un abrazo grande para cada uno y hasta el próximo mes.

Lidia Alcántara Ivars, misionera claretiana